7 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 

9 de julio de 2015

Fábrica de monstruos

Estoy leyendo Auschwitz: los nazis y la “solución final”, del periodista e historiador Laurence Rees. El libro pertenece a una serie del mismo autor dedicada a los principales genocidios perpetrados en la Segunda Guerra Mundial y al cual se suma El holocausto asiático, sobre los crímenes del ejército imperial japonés (que también me he comprado y cuya portada trae una espeluznante instantánea), y otro más donde describe con desasosegadora crudeza los asesinatos en masa estalinistas.


Los textos y audiovisuales de Rees son
utilizados como material didáctico
en las escuelas británicas
Los tres volúmenes son la versión impresa, en papel, de varios documentales realizados por Rees para la prestigiosa cadena de televisión BBC.

En su ardua labor de investigación, el autor se entrevistó con testigos y con víctimas supervivientes. Pero también con sus verdugos. Y dentro del prólogo de Auschwitz, el escritor destaca un dato que le llamó poderosamente la atención durante sus conversaciones con estos: todos trataron de justificar sus atrocidades presentándolas como fruto de la ineludible obediencia que debían a las órdenes de sus superiores... excepto los criminales del Tercer Reich, quienes no mostraron arrepentimiento alguno y estaban convencidos de haber actuado bien.

¿Por qué esa abismal diferencia? El régimen de Hitler les había inculcado con asombrosa eficacia una visión perversa y deshumanizada de los judíos. Millones de alemanes fueron adoctrinados en la creencia de que, lejos de resultar abominable, la erradicación del pueblo semita era necesaria para salvar a la nación. Que constituía un encomiable acto higiénico. En nada diferente de una desratización o del limpio proceder de un ama de casa empleada a fondo en exterminar una plaga de cucarachas recién detectada en su cocina, y a quien solo cabría felicitar por ello.

Dos fueron las técnicas empleadas para lograr tan aberrante programación mental: el bombardeo ideológico de la población mediante una potentísima maquinaria propagandística con abundante recurso audiovisual, por un lado, y el control de la educación por el otro.

En especial el control de la educación, de los valores morales que se les impartían a la infancia y a la juventud, y que en cualquier sociedad lo representan todo. A fin de cuentas, la única cosa que distingue a, pongamos por caso, un antropófago nacido en una tribu de Nueva Guinea de nosotros consiste en que desde pequeñitos nos han enseñado que eso de devorar al prójimo no es del todo correcto.
Los separatistas son esos señores tan democráticos que como cabeza de lista electoral presentaron a un candidato, Raül Romeva, aunque a quien en realidad tenían intención de investir presidente de la Generalidad era a Artur Mas, el cual iba agazapado en la lista como número 4; y que finalmente han colocado al frente del Gobierno autonómico a alguien que el pueblo no eligió: Carles Puigdemont.

Amén de haber estado años haciéndose pasar por filólogo sin tener la correspondiente licenciatura y de alguna otra “hazaña” más, en 1999 Puigdemont cofundó la Agencia Catalana de Noticias (ACN), una empresa financiada con fondos públicos y que ha llegado a tomarnos el pelo hasta el punto que puede comprobarse en este vídeo:
Vamos a ver: parece mentira que después de tantos años elaborándolo, me sienta obligado a realizar esta aclaración. Pero diría que resulta necesaria, según deduzco del comentario de un gentil aunque confundido lector:
    ◦ Este blog no va contra los catalanes ni contra Cataluña.
    ◦ ‘Catalibán’ es una contracción de los términos ‘talibán’ y ‘catalanista’ (¡catalanista!, que no ‘catalán’).
    ◦ Por si quedase alguna duda, el blog lleva por subtítulo: “Crónicas de la yihad separatista”.
    ◦ Pero es que además dedico una sección entera, titulada ¿Qué es un catalibán?, a describirles detalladamente
      (siempre con animus iocandi, claro está). Y donde, entre otras cosas, puede leerse lo siguiente:
«Según la Necional Geographic, un catalibán es un homínido bípedo, originario de Cataluña o acomplejado por
no haber nacido allí».
A estas alturas, el nacionalismo se nutre de casi tantas personas de fuera como de dentro de Cataluña. De hecho, muy destacadas figuras públicas de dicho movimiento político ni siquiera proceden de esta región. Tal es el caso de, por ejemplo: Eduardo Reyes, presidente de Súmate (cordobés); Patrícia Gabancho, escritora y articulista (argentina); Justo Molinero, magnate de los medios de comunicación (cordobés); Muriel Casals, presidenta de Òmnium Cultural (francesa); Josep Antoni Duran i Lleida, líder de UDC (oscense); Sor Lucía Caram, religiosa y activista pro secesionista (argentina); Juan Carlos Moreno Cabrera, lingüista (madrileño); Alfons López Tena, líder de Solidaritat Catalana per la Independència (saguntino); Raül Romeva, Consejero de Asuntos Exteriores de la Generalidad y cabeza de lista de Junts pel Sí en las autonómicas del 27-S (madrileño); Marcela Topor, mujer del presidente de la Generalidad Carles Puigdemont y redactora del portal separatista en Internet Catalonia Today (rumana); Ana Surra, diputada en el Congreso por ERC (uruguaya); Matthew Tree, articulista y escritor —«Em defineixo com un independentista». Directe!cat, 28-05-2007— (londinense); Diego Arcos, secretario de la Casa de Argentina en Barcelona (argentino); Belén Murillo, representante de la ANC en Madrid (madrileña); Vicent Partal, director del panfleto Vilaweb (valenciano); Isabel-Clara Simó, escritora y ex candidata del partido separatista SI (alcoyana)... Y así podríamos seguir.