13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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29 de octubre de 2018

Décadas fanatizando

Isabel Fernández Alonso ha tenido el valor de publicar «El sketch de ‘Polònia’: medios, escuela y nacionalismo» (El Español, 23-10-2018). Ejerce los cargos de profesora titular y directora del Departamento de Medios, Comunicación y Cultura en la Universidad Autónoma de Barcelona, que es tanto como decir que está en la boca del lobo: recordemos —entre otras— las agresiones sufridas en dicha institución académica por Rosa Díez (05-03-2010), las juventudes de Sociedad Civil Catalana (14-03-2017, 12-12-2016 y 19-04-2016, esta última, incluso con navaja), o por un estudiante que osaba lucir una camiseta con el logo de Ciudadanos (02-11-2006). Y su valentía queda doblemente confirmada al enterarnos de que además es miembro de la Asamblea por una Escuela Bilingüe.

La autora aborda en su texto la cuestión de la inmersión lingüística, piedra angular del nacionalismo catalán, en cuyo sustrato ideológico residen las teorías de Johann Gottfried von Herder. Al calor del Romanticismo, este filósofo y teólogo alemán nacido en 1744, enunció que en Europa las fronteras políticas no siempre se correspondían con las fronteras nacionales; y que la lengua es el principal rasgo definitorio de una nación, por cuanto la existencia de un habla distinta presupone la existencia de una comunidad humana que durante siglos ha evolucionado sin contacto con las de su entorno. Así, la implantación en la sociedad catalana de un monolinguismo en catalán («lengua propia»), paralela a la erradicación, a la extirpación del idioma español, llegando a tacharlo de anomalía («lengua extranjera», «lengua impuesta», etc.), les resulta esencial para reivindicarse como nación. Y para reclamar como propios los territorios que se han anexionado virtualmente en su fastasmagoría imperialista de los Països Catalans (‘Países Catalanes’):
«Nuestra lengua es lo que nos caracteriza como nación». Jordi Pujol, 31-07-2011.
«La lengua, ha de quedar claro, es el nervio de nuestra nación». Josep Antoni Duran i Lleida, 23-07-2011.
«La lengua catalana era como nuestro ADN, el material genético que nos definía. Con él, éramos quienes éramos en cualquier parte. Sin él, no seríamos quienes éramos ni siquiera en Sant Pere de Roda». Pasqual Maragall. Conferencia en la Universidad de Guadalajara (México), 26-11-2004.
«Madre de la nacionalidad, podríamos decir de la lengua. De todos los elementos que forman la nacionalidad, la lengua es el más potente, el más influyente, el más decisivo. […] La lengua constituye la más fuerte señal de la nacionalidad. El mapa lingüístico de Europa es, en sus grandes líneas, y aparte de unas pocas excepciones, el mapa de las nacionalidades». Antoni Rovira i Virgili (1882-1949). El principi de les nacionalitats, 1916.
«La lengua es la manifestación más perfecta del espíritu nacional y el instrumento más poderoso de la nacionalización, y por lo tanto de la conservación y vida de la nacionalidad». Enric Prat de la Riba (1870-1917). La nacionalitat catalana, 1906.
«La lengua catalana es hoy un arma política básica». Josep Armengou i Feliu (1910-1976). Nacionalisme català, 1977.
Una niña con una bandera secesionista ilustra el
acto recientemente celebrado bajo el lema:
‘La República comienza en las aulas’
La lengua como elemento identitario y excluyente. Enmascarando su imposición en las aulas como única lengua vehicular de la enseñanza bajo el falso pretexto de protegerla para evitar su desaparición (el catalán no figura en el Atlas UNESCO de las lenguas del mundo en peligro), cuando en realidad persigue segar todo vínculo cultural y emocional con el resto de España.

Esta es la transcripción del artículo de Isabel Fernández, incluyendo sus interesantísimos enlaces los cuales conviene no dejar de visitar:
«El exitoso programa de TV3 Polònia, supuestamente de sátira política, ha sido noticia por la emisión del sketchFamilia contra el adoctrinamiento” en el que se ridiculiza a un matrimonio castellanohablante, crítico con el monolingüismo y los contenidos que se imparten en la denominada escola catalana.
»El sketch podría tener gracia si no fuera porque ya en el Programa 2000 de Pujol se hablaba literalmente de “impulsar el sentimiento nacional catalán de los profesores, padres y estudiantes”, de “reorganizar el cuerpo de inspectores de forma y modo que vigilen el correcto cumplimiento de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza” o de “incidir en las asociaciones de padres, aportando gente y dirigentes que tengan criterios nacionalistas”.
»El sketch podría tener gracia si no fuera porque la entonces consejera Ponsatí, máxima autoridad en materia de enseñanza en nuestra Comunidad, declaraba literalmente el 27 de julio de 2017, en vísperas del golpe a la democracia de septiembre, que: “En Enseñanza no necesitamos construir estructuras de Estado. Las tenemos listas”.
»El sketch podría tener gracia si no fuera porque la misma consejera destituyó y sustituyó a los directores de las escuelas e institutos que fueron colegios electorales durante el fin de semana del referéndum ilegal, asegurándose así de que los centros educativos, ¡y los menores!, se colocaban en el foco del enorme conflicto que claramente iba a producirse el 1 de octubre.
»El sketch podría tener gracia si no fuera porque un número nada desdeñable de miembros de la “comunidad educativa” catalana (entre ellos, el presidente del sindicato mayoritario de profesores USTEC-STEs) entregaron simbólicamente las llaves de estos centros al entonces presidente Puigdemont, para así facilitar la desobediencia al Tribunal Constitucional.
»El sketch podría tener gracia si no fuera porque existe un informe de la Alta Inspección del Estado que denuncia los contenidos de bastantes de los manuales que se utilizan en Cataluña.
»El sketch podría tener gracia si no fuera porque hay fuentes como este blog de Eduardo González Palomar que documenta, con miles de evidencias, la inaceptable invasión simbólica del espacio educativo por el nacionalismo, con lemas especialmente extendidos como el sectario “Por un país de todos, la escuela en catalán”».
Efectivamente la labor de Eduardo González Palomar es de lo mejor que hay en Internet. Un ingente testimonio fotográfico el suyo, alojado en Flickr, y complementado con una bitácora que lleva su nombre donde escribe desde hace más de doce años.
«El sketch podría tener gracia si no fuera porque hay familias que han sufrido un auténtico acoso por atreverse a exigir algunas horas de clase en español para sus hijos».
El enlace dirige hacia el vídeo sobre la intervención de una madre en el Parlamento Europeo denunciando la situación (a la izquierda). Su caso, paradigmático y representativo, generó los siguientes titulares de prensa: «Acoso a una familia de Balaguer por pedir educación bilingüe para sus hijos. CDC, Unió, ERC, la CUP y el PSC apoyan una concentración que exige el desacato a una sentencia del TSJC que ordena impartir un 25% de las clases en castellano» (Crónica Global, 08-09-2015); «Una familia renuncia al 25% de clases en castellano por el acoso vecinal. La madre de los dos menores de Balaguer asegura que no quiere imponer a nadie una lengua vehicular a la que creía que tenía derecho» (El País, 11-09-2015); «La presión nacionalista hace renunciar a los padres de Balaguer a la educación bilingüe. La familia acosada no pedirá la ejecución de la sentencia del TSJC que ordenaba a un colegio público impartir una asignatura en castellano» (Crónica Global, 11-09-2015).

Mas no ha sido la única familia hostilizada. Hostilizada... Y totalmente desamparada por los sucesivos Gobiernos de España, que con su silencio cómplice y su inacción, vienen colaborando desde los años 80 en esta sistemática violación de lo que son derechos constitucionales fundamentales: «“Pedí el 25% de clases en español y destrozaron la vida a mis niños”. Familias que pidieron la escolarización en castellano denuncian la “marginación social” que sufren» (El Español, 25-04-2016); «Así funciona la inmersión lingüística: amenazas, escraches, insultos y señalamiento de los niños. El testimonio de una madre ante el Parlamento Europeo denuncia las prácticas de la Generalidad, los profesores y las asociaciones de padres» (Libertad Digital, 05-04-2016); «“Mi hijo recibe amenazas por querer estudiar en castellano”. Enrique López ha logrado que los tribunales reconozcan un porcentaje de clases en español en Cataluña» (La Razón, 04-02-2014); «Una madre que denunció la immersión dice recibir amenazas. “Si pudiera cortarles una pierna con un hacha oxidada a los tres fascistas estos lo haría”» (e-Notícies, 09-02-2011).
«En definitiva, el sketch podría tener gracia si no fuera porque todos estos despropósitos (¡y tantos otros, como las concentraciones de menores en los patios de los colegios para reprobar las actuaciones policiales, la multitud de pronunciamientos políticos de las direcciones de los centros y de las AMPAS en nombre de todos sus miembros, o la apertura de un expediente al único inspector que se atrevió a alzar la voz..!) no estuvieran sistematizados en el extenso informe Instrumentalización nacionalista del sistema educativo en Cataluña: el caso del 1 de octubre, elaborado por la Asamblea por una Escuela Bilingüe de Cataluña y la Agrupación de Enseñanza de Societat Civil Catalana.
»Resulta inadmisible que una televisión pública, que tiene una especial obligación de ser respetuosa con la diversidad existente en la sociedad a la que sirve y de contribuir al fomento de la convivencia, haga mofa de una cuestión tan sensible y, además, la haga reiteradamente. Sin ir más lejos, vean los sketchs “El adoctrinamiento en las escuelas”, emitido también en Polònia el 19 de octubre de 2017, y “La escuela controlada”, emitido el pasado 10 de mayo.
»No parece casualidad que el referido Programa 2000 de Pujol subraye la firme voluntad del nacionalismo catalán de controlar también a la prensa. Así, habla textualmente de “introducir a gente nacionalista de una elevada profesionalidad y una gran cualificación técnica en los lugares clave de los medios de comunicación” y, en concreto, de “lograr que los medios públicos dependientes de la Generalitat sigan siendo unos transmisores eficaces del modelo nacional catalán”. Quizás por ello, la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales se ha convertido en el referente de la Cataluña secesionista, siendo percibida por los constitucionalistas como algo completamente ajeno.
»De este modo, un programa de humor, de gran audiencia entre los votantes de los partidos separatistas, puede contribuir muy eficazmente a reforzar un mensaje recurrente del nacionalismo: que la denominada escola catalana (en lengua y contenidos) no se toca. Para ello, ¿qué mejor estrategia que ridiculizar a quien tiene otra mirada sobre una cuestión tan nuclear? Y, por supuesto, mejor hacerlo con una herramienta fiable. En este caso, la productora Minoría Absoluta, de Toni Soler, conocido por sus declaraciones en prensa y en redes, no precisamente ecuánimes con respecto a los diversos actores políticos, y claro beneficiario de las contrataciones externas de TV3.
»En definitiva, en una semana en que la Asamblea por una Escuela Bilingüe de Cataluña presentaba en el Congreso de los Diputados y ante el Defensor del Pueblo el citado informe sobre la instrumentalización de la escuela por el nacionalismo, la cobertura de los medios públicos de “todos” los catalanes consistió en un sketch burlesco. Podría tener gracia si no fuera porque lo que denunciamos en el informe es verdad y, además, es crucial, si es que aún queda alguna opción de articular un modelo de convivencia en Cataluña...».
Hace dos años, Antonio Robles reflexionaba sobre el asunto al final de su memorable artículo «El legado tóxico de Pujol» (Libertad Digital, 28-07-2016):
«El ex presidente de la Generalidad, Jordi Pujol heredó una sociedad dispuesta a convivir con distintas lenguas, con diferentes culturas y el mejor ánimo para defender la lengua y la cultura catalanas. A la vuelta de tres décadas, media Cataluña quiere imponer a la otra una cultura y una lengua; y la otra media, humillada hasta el hastío, ya no está dispuesta a que la pisoteen más. La generosidad de la España Constitucional le otorgó un marco de autogobierno envidiable para cualquier país federal, pero Pujol y su herencia no correspondieron con la lealtad debida. A la vuelta de tres décadas, su delirio ha logrado romper los lazos de afecto con el resto de españoles, ha derruido los pilares de la convivencia con el resto de España, y en su lugar solo queda prevaricación, filibusterismo, amenazas de rupturas unilaterales, y mucho odio. Heredó una Cataluña tolerante y en paz, y nos deja una Cataluña crispada a las puertas de la violencia. Este es su legado tóxico».

5 de febrero de 2017

Cuento: ‘Procesus interruptus’

Gonzalo Guijarro Puebla es un apasionado de la literatura. Y del mar, que sale a surcar en velero siempre que puede. Autor de numerosos artículos en prensa y de libros, ha ganado el Certamen de Cuentos Villa de Mijas 2002, las ediciones IX (2001) y XXI (2014) del Certamen de Relato Breve Fantástico de la Universidad del País Vasco; el primer premio Vigía de la Costa de Benalmádena en 2001, con el relato breve Involución, y el tercero al año siguiente, con Desalmados; se ha alzado en dos ocasiones con el Premio Nostromo de narrativa marítima: en 2007, por Memorias difusas de Isidro Blanco, y en 2012 por Faro Villano, una novela de aventuras ambientada en la Costa de la Muerte, en la Galicia de posguerra, donde se entreteje una intrigante trama de espionaje, nazis, submarinos y oscuros intereses internacionales. Y fue distinguido con la mención de honor en el XXIX Premio Nacional de Cuentos José Calderón de Reinosa.

«Divertidísima. Ya era hora de que alguien se atreviera a ironizar con tanta gracia y valentía sobre la corrección política», opina en Internet un lector de Hispacíborg, su última obra de ficción publicada, una delirante sátira escrita «con brillantez» —valora otro— sobre el sistema educativo. Sector este, el de la enseñanza, que conoce bien porque ha ejercido la docencia durante más de 35 años y fue portavoz de la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía (APIA).

Nostromo, una expresión náutica con la que
el concurso quiere homenajear al escritor
y marino Joseph Conrad (1857-1924) por
su celebérrima novela así titulada
Don Gonzalo es también seguidor de este blog. Y ha tenido la gentileza de ponerse en contacto conmigo para regalarnos una creación inédita y desternillantemente cáustica. Me comenta en su carta que encontró inspiración en un suceso luctuoso protagonizado en Cataluña por un menor de edad y acerca del cual escribió un razonado análisis en el diario El Mundo, que cuestionaba la versión oficial dada por las autoridades desde la Generalidad («¿Un brote psicótico?», 24-04-2015).

Seguro que todos disfrutarán leyendo este retrato fiel del nacionalismo, y de nuestra sociedad en general, logrado merced al delicioso prisma del humor. Y que se lo agradecerán tanto como yo:

Procesus interruptus
Todavía falta más de una hora para la llegada del Molt Honorable, pero la Ciutat Vella de Barcelona es ya un hervidero de hombres, mujeres y niños que portan pancartas triunfales y tremolan esteladas en el aire claro y sereno de la mañana de otoño. La multitud enfervorizada converge desde la periferia de la ciudad hacia la ya abarrotada plaza de Sant Jaume, que será el epicentro del alborozado advenimiento que está a punto de producirse; el mágico lugar en que ha de proclamarse, urbi et orbi, la inminente buena nueva. En las hermosas calles del barrio gótico resuenan los jubilosos cánticos coreados por una muchedumbre que se compacta por momentos: Ánim companys, que aquesta vegada sí que és la bona!
Aferrándose con tenacidad a una de las farolas que enmarcan la puerta principal del Palau de la Generalitat, dos parejas de mediana edad defienden su privilegiada posición, resistiendo como pueden los embates de quienes, no habiendo madrugado tanto como ellos, intentan ahora con malas artes hacerse un hueco en primera fila.
Jordi escolta, que es volen colar! —le advierte con alarma Remei a su pareja de hecho.
A veure, home, no empenyi, que aquí tots som patriotes però nosaltres hem arribat abans —se encara Jordi civilizadamente con el que empuja, que resulta ser un venerable y atildado anciano de blanca barba.
—Usted perdone, es por mi nieto —replica en perfecto catalán el anciano, haciendo gala de una beatífica expresión y señalando al chaval que lo acompaña—. Sólo deseo que las imágenes de este día inolvidable se graben para siempre en su joven memoria, y así, dentro de cincuenta años, pueda contarle a sus nietos que su abuelo lo trajo a contemplar el feliz nacimiento de la patria. Si fueran ustedes tan gentiles de hacerle un hueco, yo le esperaría en el bar más próximo, que ni mis piernas ni mi corazón están ya para estos trotes.
Conmovido en lo más hondo por tan entrañable súplica, Jordi consulta democráticamente con la mirada a sus tres acompañantes, que se avienen de inmediato a conceder lo demandado.
—No faltaría más —le dice con voz quebrada la Remei al anciano, al tiempo que se enjuga con disimulo una lágrima—. Váyase usted tranquilo a ese bar y descanse, que bien ganado se lo tiene; y descuide, que su nieto verá el nacimiento de la patria en primera fila, como corresponde a los que han de ser su futuro.
—Sí, y no se preocupe, que nosotros cuidaremos de su nieto —le aseguran al unísono la Dolors y su marido, también emocionados.
—Se llama Antoni. —les informa el anciano, y se despide muy digno con un amago de cortés reverencia, antes de desaparecer entre la muchedumbre.
—¿Tienes sed, quieres un zumo? —le pregunta solícita la Dolors al chaval, que mira tímidamente al suelo—. Aleix, dame la nevera.
El muchachito acepta con expresión desconfiada el pequeño recipiente que le ofrecen, chupa un poco de zumo a través de la pajita de plástico y se sitúa junto a la valla portátil que delimita el espacio destinado al público. Los cuatro espontáneos encargados de su protección lo observan con arrobo e intercambian miradas de tierna complicidad.
—Tienes un abuelo maravilloso, Antoni, se nota que te quiere muchísimo —le dice Remei—. ¿Sois de Barcelona o habéis venido de fuera?
El chico farfulla algo incomprensible y hace un vago gesto que los otros interpretan como que vive fuera de la ciudad.
—No seas tan vergonzoso, Antoni, que nosotros queremos ser tus amigos —lo anima con maternal dulzura Dolors.
—Claro, hombre —tercia Jordi con viril aplomo—, que hoy no es día de timideces. Todo lo contrario; hoy es día de alegría y de decir en voz bien alta para qué hemos venido aquí.
Por toda respuesta, el chaval cabecea afirmativamente, se bebe de una larga chupada el resto del zumo y le entrega el recipiente vacío a Dolors.
—Pobrecillo —comenta ésta en voz baja a sus amigos—; es comprensible que esté un poco cohibido de verse solo entre desconocidos.
—Oye —le dice Aleix con expresión dubitativa—, y no será que es... Ya sabes, un poco...
—¿Retrasado? —completa la frase Jordi.
—¡Jordi! Mira que eres burro —se escandaliza su compañera sentimental—. En todo caso tendrá alguna pequeña discapacidad, padecerá algún síndrome, habrá sufrido un trauma debido a la opresión mesetaria.
Un lejano clamor interrumpe la interesante discusión terminológica. Repentinamente electrizada, la muchedumbre que desborda la plaza alza las pancartas y prorrumpe con renovado entusiasmo en apasionados cánticos. Un par de minutos más tarde, la comitiva oficial hace su entrada en la plaza. La reluciente hilera de automóviles se detiene y el Molt Honorable desciende solemnemente de uno de ellos. Los cánticos arrecian en un éxtasis de fervor colectivo. El President, tras recorrer con su complacida mirada la primera línea de patriotas, saluda levemente, compone un vigoroso gesto épico alzando su poderoso mentón y comienza a avanzar hacia la puerta principal del Palau de la Generalitat, pasando revista al destacamento de Mossos que rinde honores.
—Mira Antoni, ya viene el President. Y va a pasar a nuestro lado, casi le vamos a poder tocar. ¿No le quieres decir algo? —anima cariñosamente Remei al chaval.
El chico ni la mira, está pegado a la valla y parece totalmente absorto en el espectáculo. Algo molesta, Remei se desentiende de él y se suma a los aplausos y vítores de sus compañeros; el Molt Honorable, acompañado por sus más íntimos colaboradores y rodeado por una nube de agentes de seguridad, continúa avanzando majestuosamente y ya casi está frente a ellos. Es en ese preciso instante cuando el chaval se cuela entre dos tramos de la valla, da una breve carrera mientras saca del bolsillo y empalma una navaja automática, y le tira al President un golpe que tiene muy entrenado: la clásica puñalada trapera, que secciona la femoral y es mortal de necesidad. Sin embargo, en el último momento, los buenos reflejos de uno de los de seguridad alcanzan a desviar ligeramente la trayectoria de la estocada y el acero se hunde en el pantalón del mandatario a unos centímetros de su inicial destino. Un alarido de dolor descompone el semblante patricio del Molt Honorable, que adquiere de inmediato una lividez alarmante. Tras una fracción de segundo de aterrado estupor, la comitiva reacciona y se activan de inmediato los protocolos previstos para casos de intento de magnicidio. El precoz sicario es fulminantemente reducido a la postura de decúbito prono sobre el empedrado por un experimentado agente de seguridad de noventa kilogramos, al tiempo que el que ha desviado la puñalada le retuerce el brazo para que suelte la navaja. Otros cuatro de seguridad se llevan en volandas hacia el Palau al maltrecho President, que va dejando un reguero de manchas de sangre. Los Mossos del destacamento de honores se apresuran a crear un cordón a lo largo de las vallas que contienen al espantado público, entre el que ya se alzan algunas voces airadas:
—Ha sido un mesetari; seguro que es de Madrit.
Entretanto, en primera línea, Jordi, Remei y sus amigos ya están hablando con el Jefe de seguridad.
—...lo trajo un señor mayor que dijo que era su abuelo. Nos pidió que le dejáramos un sitio... —le relata ordenadamente y con rigor Jordi a los de seguridad.
—Nos dio pena, era tan mono... —le interrumpe Remei.
—Tenía pinta de charnego —comenta uno de la segunda fila.
—¿El abuelo? —se desorienta el de seguridad.
—Usted cállese, que el niño nos lo dejó a nosotros —le dice la Dolors al de la segunda fila.
—Por algo sería —deja caer la esposa del de la segunda fila.
—Oiga, oiga, ¿qué insinúa? —se alarma Aleix.
—A ver, ustedes cuatro acompáñennos —concluye el Jefe de seguridad.
Diez minutos más tarde, las añosas y emblemáticas dependencias del Palau de la Generalitat contemplan la febril actividad de otra jornada histórica. En una pequeña sala de la planta baja, tres médicos, que estaban entre el público y se han presentado de inmediato para ayudar, examinan la entrepierna del President.
—La hemorragia ya está contenida y la herida limpia y desinfectada. Afortunadamente no ha alcanzado la femoral. No es que la herida sea leve, pero desde luego no hay que temer por la vida de su excelencia —Tranquiliza al corro de altos cargos uno de los doctores.
—Pero le ha cortado un huevo... ¿No? —precisa con voz espantada un Conseller.
—Bueno, por desgracia... Sí, así es; pero ha sido un corte limpio que no... —empieza a explicar en tono apesadumbrado el galeno.
—¡Quééé! ¡Que me ha cortado un huevo ese fill de cabra! ¡A mí, al President! ¡Niñato de mierda! ¡Me cago en la madre que lo parió! ¡Y en la hora H del día D del proceso! Ara sí que m'ha fotut! —estalla de pronto el President, que va recuperando la color y las dotes de mando—. Y cúbranme los bajos con algo, coño, que con corbata y sin calzoncillos estoy haciendo un papelón.
Tranquilizados respecto a la gravedad de las heridas del Molt Honorable, los altos cargos, tras breve conciliábulo, se dispersan por los pasillos del vetusto e histórico edificio, en pos del cumplimiento de las complejas tareas que la delicada situación demanda. Seguir de cerca la investigación policial es competencia del Conseller de Interior, pero dada la edad escolar del frustrado magnicida, se ha considerado oportuno que su homóloga de Enseñanza lo acompañe, y ambos se dirigen presurosos a una amplia sala del sótano en la que se ha instalado provisionalmente la oficina en la que se realizarán las primeras pesquisas.
—A ver, ¿qué han averiguado? —le espeta el de Interior al Jefe de seguridad, tan pronto abre la puerta.
—De momento, poco —reconoce el experimentado funcionario—. Por lo visto al chico lo trajo un anciano de barba blanca y lo dejó al cuidado de esos cuatro. Pero del anciano no hay ni rastro. Al chico, por lo demás, no ha habido manera de sacarle más que tiene trece años. Incluso nos ha entregado una copia certificada de su inscripción en el Registro Civil, para que no hubiera dudas. Se llama Antoni Carmona Arrizabalaga, y es de Palafrugell. Los Mossos ya están buscando a sus padres.
—¡Maldita sea! No podemos esperar a encontrar a sus padres, hay que sacarle quiénes están detrás de esto antes de que puedan volver a interferir en el proceso —se irrita el Conseller.
—Entonces... ¿Se lo dejo a los Mossos para que lo interroguen? —inquiere dubitativo el de seguridad.
—No, por Dios, que es un menor —tercia horrorizada la de Enseñanza.
—¡Ah! Pues yo lo que ustedes decidan, pero que conste que por las buenas no dice ni pío —se desentiende el de seguridad.
—¡Pero qué menor ni qué ocho cuartos! Ese niñato le ha cortado un huevo al President. Y precisamente, el día en que iba a declarar la independencia. Hay que sacarle quiénes han sido los instigadores como sea —se desespera el máximo responsable de la seguridad ciudadana.
—¡Ay! Bueno, claro, que se trata de una cuestión de estado... Pero, en todo caso, que lo interrogue un pedagogo... O un psicólogo. O uno de cada. ¿Quieren que llame al presidente de la asociación de orientadores de secundaria, que tiene mucha empatía con los alumnos disruptivos? A lo mejor a él sí se lo dice —aporta su colaboración la de Enseñanza.
—Escuche, ¿de verdad que el crío le ha cortado un huevo al President? —interviene la Dolors.
—Señora, eso es un secreto de estado —se alarma el de Interior—. Apelo a su patriotismo y a su discreción para no divulgarlo; el futuro de la patria podría depender de ello.
—¡Uy! Pues yo ya lo he guasapeado —reconoce, contrita, la Remei, con el móvil todavía en la mano.
—¡Me cago en la leche! —explota el Conseller—. ¿Pero es que intentan ustedes sabotear el proceso? ¡Estamos rodeados de idiotas y de botiflers!
—Hombre, pues a estos cuatro sí que los podríamos interrogar a fondo —apunta el de seguridad—, que ya son cuarentones.
—¡Uy, nosotras qué va, no señor! Es solo que estamos un poco demacradas por el madrugón y el disgusto —protestan al unísono Remei y Dolors, al tiempo que extraen de sus bolsos las barras de carmín.
—¡Cállense! —truena el Conseller, y dirigiéndose a su homóloga de Enseñanza, añade—: Está bien, dejo en tus manos lo del interrogatorio, pero quiero resultados antes de una hora. Y que investiguen los posibles antecedentes de esos cuatro. Yo tengo que ir a leer ante los medios el comunicado oficial sobre el atentado.
Cinco minutos más tarde, el de Interior está repasando el comunicado oficial que han redactado entre sus cuarenta y nueve asesores, antes de salir a leerlo al balcón de las grandes solemnidades.
—Disculpe Señor Conseller —le interrumpe con expresión precavida un funcionario, presentándole un móvil—. El coronel de la Guardia Civil don Mandonio Arribas España al teléfono. Dice que es de la máxima importancia.
—¡Vaya hombre, lo que faltaba! —alza al cielo los ojos el de Interior—. El brazo de la opresión centralista que se aprovecha de nuestra momentánea debilidad. Seguro que gracias a esas taradas lo del huevo del President está ya hasta en el Facebook.
Y, armándose interiormente de sus más firmes convicciones, acepta el aparato y se dispone a rebatir cualesquiera insidias con que el poder central intente retrasar todavía más la anhelada culminación del proceso.
—Coronel, le ruego que vaya al grano y sea breve —dice secamente—. ¡Cómo! Que los padres del puñetero crío se han marchado hace dos días a Siria a luchar a favor del Estado Islámico. ¿Pero está seguro? Sí, sí. Ya, ya. ¡Hay que ver lo que son las cosas! ¡Ah! Pues sí, tiene usted razón, lo más raro es lo de la madre; porque siendo ella vasca... Oiga, ¿y de un anciano con barba blanca no saben ustedes nada? ¡Ah! Claro, que eso es ya competencia de la policía autonómica... Sí, sí, por supuesto que lo sabía, coronel; en realidad lo he dicho solo para ver si picaba. Pues muy amable, muchas gracias. Adéu, adéu.
Tras colgar, el de Interior devuelve el móvil maquinalmente al funcionario, mientras reflexiona sobre las consecuencias de lo que acaba de escuchar. Unos segundos más tarde, expone a sus expectantes subordinados la conclusión a la que ha llegado.
—¡Jodíos picoletos! Que preparen otro comunicado en el que no se insinúe que han sido los del Real Madrid, que ahora eso ya no va a colar —ordena, al tiempo que tira a la papelera el rimero de folios.
—Entonces, ¿le echamos la culpa directamente al gobierno central? —Pregunta el portavoz de los asesores.
—Hombre, eso tampoco Garriga, eso tampoco... Todavía no es el momento... Hasta que esto no se aclare un poco más, yo creo que lo mejor es la indefinición. Escriban algo que hable de la España negra. Ya sabe —matiza ecuánime el Conseller.
—Muy bien, como usted diga —asiente el asesor—. ¿Qué le parece un comunicado hablando del machismo del Cid Campeador y de los crímenes de Puerto Hurraco?
Da su beneplácito el de Interior a la idea y corre a informar al Molt Honorable de la situación, pero se encuentra con que el mandatario ya ha sido trasladado a un hospital, para ver de recoserle la gónada, que ha sido felizmente encontrada en una pernera del pantalón. Consciente de que el timón del proceso está momentáneamente en sus manos, comunica las últimas novedades a tres consellers que encuentra en el bar tomándose unas barreges y retorna al sótano para seguir de cerca los progresos de la investigación.
—Los padres del mocoso se han ido hace dos días a Siria a luchar por el Estado Islámico —le suelta abruptamente a la de Enseñanza.
—¡Ah! Pues entonces haré que lo interrogue también la Jefa del Departamento de Interculturalidad —decide de inmediato la Consellera, y le hace seña de que la avisen a un subordinado.
—Pero... ¿Le han sacado ya algo? —inquiere esperanzado el de interior.
—Bueno, estamos en ello. Pero ya tenemos aquí su expediente escolar completo. La criatura tuvo al principio algunos problemas de integración en su centro, debido a que sólo hablaba euskera y a su empeño en bailar zapateados y tocar las castañuelas en la clase de música. Afortunadamente, la inmersión lingüística surtió su efecto y actualmente el alumno Antoni Carmona Arrizabalaga es perfectamente capaz de repetir cualquier consigna, por absurda que sea, en correcto catalán. También puedo decirle que, según reza el informe del orientador de su centro, las agresiones de Antoni a sus profesores están bastante por debajo de la media. A mi entender, está claro que la criatura ha sufrido un brote psicótico —concluye la de Enseñanza.
—¡Pero qué brote ni brote! —se rebota el de Interior—. ¿Es que estás sorda? Te he dicho que sus padres se han ido con los del Estado Islámico. ¿Suena eso a brote psicótico?
—¡Anda este, con lo que me sale ahora! —exclama alzando la nariz su compañera de gobierno—. Pues cuando aquel otro chaval se cargó al profesor de un machetazo, tú fuiste el que se empeñó en decir lo del brote, a pesar de que estaba claro que lo había planeado.
—¡Ay! Sí que lo había planeado, ¿verdad? —interviene la Remei—. A nosotros ya nos sonó a cuento aquello del brote psicótico, pero como nos dijeron que era por el bien del proceso...
—¡Pero todavía están estos aquí! —se desespera el Conseller—. Venga, envíenlos a su casa y vamos a ver cómo marcha el interrogatorio —le ordena al Jefe se seguridad.
El de seguridad traslada con un gesto la orden a un subordinado y conduce a los dos Consellers hasta el recóndito cuartucho en que se lleva a cabo el interrogatorio. En su interior, encuentran al chaval y a dos adultos manejando muy excitados sendas play stations.
—¡Toma ya! Otro invasor desintegrado, y este tenía cañón de rayos. Ya casi pasamos al tercer nivel, Antoni —proclama entusiasmado el presidente de la asociación de orientadores.
—Sí, y en cuanto yo me cargue el súper tanque cuántico que guarda la puerta de la fortaleza de Mordor, podrás enfrentarte al emperador con tu espada láser —proclama el psicólogo, pulsando febrilmente su teclado.
—¿Se puede saber qué cojones están haciendo? —pregunta exasperado el de Interior.
—Calla, calla, no les interrumpas —le dice al oído la Consellera—. Están empatizando con el muchacho, haciéndole ver que están de su parte, que comparten intereses, ganándose su confianza, vamos.
—Mira guapo —ruge el Conseller, arrebatándole al chaval su teclado—, ahora mismo me vas a responder a lo que te pregunte, o te arreo una guantá que te desencuaderno. ¿Tú sabes que tus padres te han abandonado y se han ido a Siria?
—Mis papás no me han abandonado, mis papás son muy buenos —declara indignado el mozalbete—. Y se han ido a Siria para realizarse vitalmente como seres humanos, para cumplir lo que para ellos es una obligación moral.
—¿Sí, eh? ¿Y tú por qué le has cortado un huevo al President? ¿También por obligación moral?
—No, lo he hecho porque mis papás me dijeron que así la Generalitat me llevaría a un albergue en el podría estudiar y en el que me cuidarían hasta que sea mayor y pueda irme con ellos si me apetece.
—Hombre, señor Conseller —tercia el pedagogo—, la verdad es que el chico tiene razón; estrictamente no puede hablarse de abandono. Los padres del muchacho han sido responsables, han respetado las preferencias de su hijo y se han preocupado de dejarlo en buenas manos.
—Es cierto —lo apoya el psicólogo—. Y preciso es reconocer que, equivocados o no, los padres han obrado de manera consecuente con sus más íntimas convicciones, lo que habla en favor de su calidad humana. Está claro que no es un caso de familia desestructurada.
Salam Aleikum —saluda desde el interior de su burka la Jefa del Departamento de Interculturalidad, que llega en ese momento—. ¿En qué puedo ayudarles?
—¡Pero es que me quieren volver loco! —lloriquea el de Interior.
—Hombre, señor Conseller, es que mi obligación es aproximarme en lo posible a la cultura de la familia del muchacho; no querrá usted que peque de eurocentrista —se justifica la de Interculturalidad.
—¿Y quién es el anciano que te trajo? —prosigue el interrogatorio el responsable de la seguridad ciudadana, desentendiéndose de los demás.
—No sé. Mis padres me dijeron que esperase en casa, que vendría un señor a recogerme, y ese es el que vino.
—Pues sí que estamos bien —concluye el Conseller—. Bueno, encárguense ustedes del puñetero crío, que yo tengo que ir a leer el comunicado oficial.
Ante la puerta del balcón de las grandes solemnidades, el portavoz de los asesores ya está esperando con un nuevo rimero de folios.
—Aquí tiene, señor Conseller —le dice al entregárselos—. Además de lo del Cid y lo de Puerto Hurraco, también hemos puesto que don Pelayo era de Manresa. Espero que le parezca adecuado.
—Pero hombre, Garriga, no se da cuenta de que eso podría indisponernos con los inmigrantes magrebíes, que ahora empiezan a apoyarnos.
—¡Ah! Pues es verdad, no lo había pensado. No se le pasa a usted una, señor Conseller. Hay que ver qué visión política la suya. Bueno, entonces pondremos que el de Manresa era Almanzor.
—Deje, deje, ya lo corregiré yo sobre la marcha, que no podemos hacer esperar más a las masas —se impacienta el President en funciones, y sale al balcón.
Para su asombro, en la plaza de Sant Jaume apenas quedan unas docenas de personas, que se entretienen bailando sardanas y haciendo castellets.
—¡Pero bueno! ¿Y esto? —exclama decepcionado el de Interior.
—Pues ya ve usted —le dice, compungido, el asesor—. Es que como lo del huevo ha trascendido, los mesetaris y los botiflers han montado tal rechifla en las redes sociales que se están riendo de nosotros en medio planeta. Ahora sí que nos han puesto en el mapa. Por lo demás, las feministas radicales nos han retirado su apoyo, porque dicen que haber interrumpido el proceso por un huevo más o menos es una clara muestra de machismo. Los transexuales también nos han retirado el suyo, por lo menos mientras el President no se corte también el otro huevo. Y por si fuera poco, el Barça va perdiendo en casa tres a uno contra el Rayo Vallecano. Como usted comprenderá, eso no hay espíritu soberanista que lo soporte.
—¡Pues sí que estamos buenos! ¡Otra vez vuelta a empezar!
Por Gonzalo Guijarro Puebla.

9 de julio de 2015

Fábrica de monstruos

Estoy leyendo Auschwitz: los nazis y la “solución final”, del periodista e historiador Laurence Rees. El libro pertenece a una serie del mismo autor dedicada a los principales genocidios perpetrados en la Segunda Guerra Mundial y al cual se suma El holocausto asiático, sobre los crímenes del ejército imperial japonés (que también me he comprado y cuya portada trae una espeluznante instantánea), y otro más donde describe con desasosegadora crudeza los asesinatos en masa estalinistas.


Los textos y audiovisuales de Rees son
utilizados como material didáctico
en las escuelas británicas
Los tres volúmenes son la versión impresa, en papel, de varios documentales realizados por Rees para la prestigiosa cadena de televisión BBC.

En su ardua labor de investigación, el autor se entrevistó con testigos y con víctimas supervivientes. Pero también con sus verdugos. Y dentro del prólogo de Auschwitz, el escritor destaca un dato que le llamó poderosamente la atención durante sus conversaciones con estos: todos trataron de justificar sus atrocidades presentándolas como fruto de la ineludible obediencia que debían a las órdenes de sus superiores... excepto los criminales del Tercer Reich, quienes no mostraron arrepentimiento alguno y estaban convencidos de haber actuado bien.

¿Por qué esa abismal diferencia? El régimen de Hitler les había inculcado con asombrosa eficacia una visión perversa y deshumanizada de los judíos. Millones de alemanes fueron adoctrinados en la creencia de que, lejos de resultar abominable, la erradicación del pueblo semita era necesaria para salvar a la nación. Que constituía un encomiable acto higiénico. En nada diferente de una desratización o del limpio proceder de un ama de casa empleada a fondo en exterminar una plaga de cucarachas recién detectada en su cocina, y a quien solo cabría felicitar por ello.

Dos fueron las técnicas empleadas para lograr tan aberrante programación mental: el bombardeo ideológico de la población mediante una potentísima maquinaria propagandística con abundante recurso audiovisual, por un lado, y el control de la educación por el otro.

En especial el control de la educación, de los valores morales que se les impartían a la infancia y a la juventud, y que en cualquier sociedad lo representan todo. A fin de cuentas, la única cosa que distingue a, pongamos por caso, un antropófago nacido en una tribu de Nueva Guinea de nosotros consiste en que desde pequeñitos nos han enseñado que eso de devorar al prójimo no es del todo correcto.

20 de abril de 2014

No mienten más porque no tienen más tiempo

Lo ha desentrañado públicamente en su cuenta de Twitter el usuario con el alias Ferran D’Antequera (quien tiene además un excelente blog donde tritura, uno por uno, los timos del secesionismo con abundante e incontestable documentación histórica: Las Barras de Aragón); y Víctor, lector de Catalibanes, ha tenido la gentileza de enviarme por correo electrónico información y enlaces sobre el asunto: se trata de la última estafa, engañifa, falacia, trola, filfa, bribonada, vileza o adulteración separatista.

Versión con el falso colorido en los navíos que
protagonizan el bombardeo naval
La Generalidad de Cataluña y el Centro Cultural Blanquerna —lugar que acogerá el evento hasta finales de abril— anuncian en sus respectivos sitios web la exposición itinerante 1714. Memoria gráfica de una guerra, compuesta por cerca de 80 reproducciones de grabados y diversos textos explicativos, así como material audiovisual. Y que se encuadra en los actos conmemorativos del Tricentenario de la Guerra de Sucesión Española proyectados por el Ejecutivo catalán para mayor cultivo del odio y el victimismo (a esto va parte del dinero público de los recortes en sanidad y educación, y el adeudado por Artur Mas a los farmacéuticos de esta región desde hace meses).

Lo asombroso —y por algo nacionalismo e ignorancia caminan siempre de la mano— es que la propaganda de la exposición y del libro sobre la misma que la complementa (Memòria Gràfica del 1714), está ilustrada con el ataque al puerto de Barcelona de una flota en la cual ondea, roja y gualda, la bandera española. Cuando resulta que en 1714 nuestra enseña nacional ni siquiera existía aún con esos colores y franjas.

No fue hasta tiempos de Carlos III (1759-1788) que dicho monarca, mediante la promulgación del Real Decreto de 28 de mayo de 1785, adoptó el diseño actual tras una elección entre los doce bocetos presentados al concurso público que a tal efecto se convocó:
«Para evitar los inconvenientes, y perjuicios, que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera nacional, de que usa mi Armada naval, y demas Embarcaciones Españolas, equivocándose á largas distancias, ó con vientos calmosos con las de otras Naciones; he resuelto, que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida á lo largo en tres listas, de las que la alta, y la baxa sean encarnadas, y del ancho cada una de la quarta parte del total, y la de en medio amarilla, colocándose en esta el Escudo de mis Reales Armas reducido á los dos quarteles de Castilla, y Leon con la Corona Real encima; y el Gallardete con las mismas tres listas, y el Escudo á lo largo, sobre quadrado amarillo en la parte superior: Y de las demas Embarcaciones usen, sin Escudo, los mismos colores, debiendo ser la lista de en medio amarilla, y del ancho de la tercera parte de la Bandera, y cada una de las restantes partes dividida en dos listas iguales encarnada, y amarilla alternativamente, todo con arreglo al adjunto diseño. No podrá usarse de otros pavellones en los Mares del Norte por lo respectivo á Europa hasta el paralelo de Tenerife en el Océano, y en el Mediterraneo desde primero del año de mil setecientos ochenta y seis: en la América Septentrional desde principio de Julio siguiente; y en los demas Mares desde primero del año de mil setecientos ochenta y siete. Tendréislo entendido para su cumplimiento».
Pero es que además de en esos dos sitios señalados por Ferran D'Antequera, la misma burda manipulación aparece también en Barcelona 1714. Els gravats de la guerra de Successió (‘Barcelona 1714. Los grabados de la Guerra de Sucesión’), libro coeditado en 2013 por el Ayuntamiento de Barcelona, que rige el alcalde Xavier Trias, de Convergència i Unió.

Grabado original, en blanco y negro y unas medidas
de 34 x 51,5 cm; a la derecha, puede observarse
la fortificación de la Ciudadela
La lámina original es en blanco y negro, data de 1750 y fue realizada en París, por el retratista Pierre-Alexandre Aveline (1702-1760) y el estampador Jacques Chéreau (1688-1776).

El libro publicado en 1995 con el título Historia de Barcelona, de Josep L. Roig, contiene una reproducción más verosímil, por cuanto los pabellones de los buques han sido pintados con los colores de la bandera de Holanda y, efectivamente, hubo un ataque naval anglo-holandés a Barcelona en el marco de la Guerra de Sucesión. Ocurrió en 1705, cuando la oligarquía catalana todavía no había traicionado su juramento de lealtad al rey Felipe V y la Ciudad Condal luchaba en el bando borbónico. Mas la trayectoria de Aveline sugiere que ese aguafuerte no reproduce en realidad una batalla de dicha contienda, ni ningún otro episodio histórico en concreto. Y que, simplemente, el artista francés tendía a añadir escenas bélicas en algunas de sus creaciones como mero ornamento. La inclusión de la Ciudadela en el paisaje barcelonés, un fortín cuya construcción no concluyó hasta 1718, cuatro años después del fin del enfrentamiento sucesorio por el trono de España, otorgaría consistencia a esta tesis.

Lo que desde luego no pudo representar es una bandera todavía inexistente.

29 de diciembre de 2010

Amanecer zulú

La Navidad se ha adelantado unos días y les ha traído un preciado regalo: otro agravio imaginario. Llegó envuelto en el papel de la sentencia del Tribunal Supremo donde reconoce inapelablemente el derecho en Cataluña a la enseñanza en español. Tras casi tres décadas termina, al menos en teoría, la inmersión lingüística. ¿Que qué es eso de la inmersión lingüística? Pues algo diseñado en la era Pujol por políticos inmersos en el latisueldo, el cochazo oficial y la mamandurria, que enviaban a sus hijos a caros colegios privados para librarles del monolingüismo en catalán que imponían a los hijos de los demás.

Queda por fin ilegalizada la absurda anormalidad de que en esta parte de España no se pueda estudiar en el idioma oficial, lo cual no ocurre en ningún país del mundo. La reciente sentencia no impedirá a quienes así lo deseen continuar escolarizando a su descendencia en catalán, ni impondrá a ésta absolutamente nada, al contrario. Lo que hace es ordenar a la Generalidad la articulación de un sistema educativo con dos lenguas vehiculares en igualdad, las dos cooficiales en esta comunidad autónoma. Posibilita, en definitiva, la libre elección del ciudadano.

Pero la tribu está que ruge y alzada en pie de guerra. Ha hecho sonar bien fuerte la vuvuzela para congregar a todos, lanza en mano, a entonar el Unga-unga identitario. Y los hechiceros han redoblado sus invocaciones a la secesión con las palabras mágicas de siempre: humillación, agresión cultural, extermino de nuestro pueblo.

Victimismo en estado puro, lo que les gusta y necesitan.

Y mucho de cinismo también, al acusar falsamente a los demás de hacer lo que llevan ellos perpetrando hace años: patear los derechos constitucionales. Patearlos con el consentimiento de los sucesivos gobiernos de la nación, pues ya sabemos que la fuerza del separatismo reside en la debilidad de los políticos que en Madrid le vienen comprando apoyos parlamentarios con la moneda de nuestras libertades.

A la tribu le irrita la libertad de elección lingüística en la escuela. Le irrita profundamente esta sentencia. ¿Por qué? Porque interfiere sus planes de borrar de la faz de su poblado ese habla por ellos considerada extranjera, y que están extirpando para descoyuntar lo que vertebra a España como nación: nuestro idioma común.

Organizaciones tan inútiles como subvencionadas y líderes de opinión abrevados en el fanatismo pecuniariamente rentable están llamando a la chulería colectiva, al boicot comercial y la insumisión judicial; a desacatar a los magistrados del Supremo, a no reconocerles legitimidad alguna en esta región que actúa ya de facto como independiente. Y el recién coronado jefe Artur ha corrido a ponerse al frente del contingente, desafiando públicamente con que mantendrá el excluyente sistema ahora condenado.

No hay duda, estos tipos son verdaderos demócratas.

(En la imagen: noticia publicada el 12 de mayo de 2009, en el diario argentino La Capital).