6 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
Como el movimiento separatista ha sobrepasado el ámbito político para ingresar en el de la delincuencia, la sección Anotaciones del blog incluirá desde hoy —trigésimo sexto aniversario del intento de golpe de Estado perpetrado en 1981—, junto con los enlaces a la Constitución Española y otras leyes (Estatuto de Autonomía de Cataluña, Ley de normalización lingüística en Cataluña, Ley del CAC, etc.), un enlace hacia nuestro Código Penal. Y en concreto, hacia el Título XXI y el Título XXII, relativos a la rebelión («Delitos contra la Constitución») y la sedición («Delitos contra el orden público») respectivamente. En Cataluña, a 23 de febrero de 2017.
El comentario magnífico de un lector (Lorenzo De Ara. 26/02/2017, 14:16 horas) a la columna de Arcadi Espada de hoy domingo, titulada: «Por una retirada honorable»:
«Pero Homs dice que si hay penas por el 9-N “será el fin del Estado español”. No temen. Es más, las armas son la arrogancia, la soberbia, la fuerza bruta del paleto que emplea el mamporro porque no está solo. Hay millones como él. Dispuestos a ocupar la calle. Ser la calle. Insisten en que lo único que quieren es votar. Y mienten. Pero la mentira es ya, como en la Alemania nazi, un arma valiosísima. Como la hambruna en muchas guerras. Homs no es inteligente, pero una democracia cobarde hace que mediocres, junto a una sociedad enferma, enseñe músculo y dientes. Muerda e intimide. Madrid vuelve a vivir su 1898».
En el autocomplaciente XVIII Congreso Nacional del Partido Popular, que acaba de celebrarse en Madrid, entre el 10 y el 12 de febrero, Mariano Rajoy ha asegurado que su gobierno impedirá la próxima parodia de democracia que los separatistas planean perpetrar con un cínico atrezo de urnas («No vamos a permitir la celebración de un referéndum que prohíbe la Constitución, busca la independencia de Cataluña y la ruptura de España»). Y esa es la mejor garantía de que los de la esvastelada volverán a salirse con la suya, saltándose la legalidad. Porque ya el 9 de noviembre de 2014 nadie lo impidió, y encima el Presidente del Ejecutivo salió públicamente a negar la evidencia, declarando ante los medios:
«Les dije que ese referéndum no se celebraría y no se ha celebrado».
Entonces, ¿por qué el TSJC está juzgando estos días a Artur Mas, a su vicepresidenta Joana Ortega y a la Consejera Irene Rigau?

La mayoría de los españoles, catalanes y no catalanes, necesitamos que el recién reelegido presidente del PP abandone el lenguaje florido con que habitualmente envuelve la palabrería hueca de sus discursos, y que adopte las medidas prescritas en la Ley frente a un proceso de rebelión como el puesto en marcha. Medidas que podrían comenzar por interrumpir la financiación de este golpe de Estado, que todos estamos pagando con cargo al FLA. Miles de millones de euros, destinados por la Generalidad a propaganda e inoculación de odio, además de a la persecución social de quienes discrepamos.

5 de febrero de 2017

Cuento: ‘Procesus interruptus’

Gonzalo Guijarro Puebla es un apasionado de la literatura. Y del mar, que sale a surcar en velero siempre que puede. Autor de numerosos artículos en prensa y de libros, ha ganado el Certamen de Cuentos Villa de Mijas 2002, las ediciones IX (2001) y XXI (2014) del Certamen de Relato Breve Fantástico de la Universidad del País Vasco; el primer premio Vigía de la Costa de Benalmádena en 2001, con el relato breve Involución, y el tercero al año siguiente, con Desalmados; se ha alzado en dos ocasiones con el Premio Nostromo de narrativa marítima: en 2007, por Memorias difusas de Isidro Blanco, y en 2012 por Faro Villano, una novela de aventuras ambientada en la Costa de la Muerte, en la Galicia de posguerra, donde se entreteje una intrigante trama de espionaje, nazis, submarinos y oscuros intereses internacionales. Y fue distinguido con la mención de honor en el XXIX Premio Nacional de Cuentos José Calderón de Reinosa.

«Divertidísima. Ya era hora de que alguien se atreviera a ironizar con tanta gracia y valentía sobre la corrección política», opina en Internet un lector de Hispacíborg, su última obra de ficción publicada, una delirante sátira escrita «con brillantez» —valora otro— sobre el sistema educativo. Sector este, el de la enseñanza, que conoce bien porque ha ejercido la docencia durante más de 35 años y fue portavoz de la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía (APIA).

Nostromo, una expresión náutica con la que
el concurso quiere homenajear al escritor
y marino Joseph Conrad (1857-1924) por
su celebérrima novela así titulada
Don Gonzalo es también seguidor de este blog. Y ha tenido la gentileza de ponerse en contacto conmigo para regalarnos una creación inédita y desternillantemente cáustica. Me comenta en su carta que encontró inspiración en un suceso luctuoso protagonizado en Cataluña por un menor de edad y acerca del cual escribió un razonado análisis en el diario El Mundo, que cuestionaba la versión oficial dada por las autoridades desde la Generalidad («¿Un brote psicótico?», 24-04-2015).

Seguro que todos disfrutarán leyendo este retrato fiel del nacionalismo, y de nuestra sociedad en general, logrado merced al delicioso prisma del humor. Y que se lo agradecerán tanto como yo:

Procesus interruptus
Todavía falta más de una hora para la llegada del Molt Honorable, pero la Ciutat Vella de Barcelona es ya un hervidero de hombres, mujeres y niños que portan pancartas triunfales y tremolan esteladas en el aire claro y sereno de la mañana de otoño. La multitud enfervorizada converge desde la periferia de la ciudad hacia la ya abarrotada plaza de Sant Jaume, que será el epicentro del alborozado advenimiento que está a punto de producirse; el mágico lugar en que ha de proclamarse, urbi et orbi, la inminente buena nueva. En las hermosas calles del barrio gótico resuenan los jubilosos cánticos coreados por una muchedumbre que se compacta por momentos: Ánim companys, que aquesta vegada sí que és la bona!
Aferrándose con tenacidad a una de las farolas que enmarcan la puerta principal del Palau de la Generalitat, dos parejas de mediana edad defienden su privilegiada posición, resistiendo como pueden los embates de quienes, no habiendo madrugado tanto como ellos, intentan ahora con malas artes hacerse un hueco en primera fila.
Jordi escolta, que es volen colar! —le advierte con alarma Remei a su pareja de hecho.
A veure, home, no empenyi, que aquí tots som patriotes però nosaltres hem arribat abans —se encara Jordi civilizadamente con el que empuja, que resulta ser un venerable y atildado anciano de blanca barba.
—Usted perdone, es por mi nieto —replica en perfecto catalán el anciano, haciendo gala de una beatífica expresión y señalando al chaval que lo acompaña—. Sólo deseo que las imágenes de este día inolvidable se graben para siempre en su joven memoria, y así, dentro de cincuenta años, pueda contarle a sus nietos que su abuelo lo trajo a contemplar el feliz nacimiento de la patria. Si fueran ustedes tan gentiles de hacerle un hueco, yo le esperaría en el bar más próximo, que ni mis piernas ni mi corazón están ya para estos trotes.
Conmovido en lo más hondo por tan entrañable súplica, Jordi consulta democráticamente con la mirada a sus tres acompañantes, que se avienen de inmediato a conceder lo demandado.
—No faltaría más —le dice con voz quebrada la Remei al anciano, al tiempo que se enjuga con disimulo una lágrima—. Váyase usted tranquilo a ese bar y descanse, que bien ganado se lo tiene; y descuide, que su nieto verá el nacimiento de la patria en primera fila, como corresponde a los que han de ser su futuro.
—Sí, y no se preocupe, que nosotros cuidaremos de su nieto —le aseguran al unísono la Dolors y su marido, también emocionados.
—Se llama Antoni. —les informa el anciano, y se despide muy digno con un amago de cortés reverencia, antes de desaparecer entre la muchedumbre.
—¿Tienes sed, quieres un zumo? —le pregunta solícita la Dolors al chaval, que mira tímidamente al suelo—. Aleix, dame la nevera.
El muchachito acepta con expresión desconfiada el pequeño recipiente que le ofrecen, chupa un poco de zumo a través de la pajita de plástico y se sitúa junto a la valla portátil que delimita el espacio destinado al público. Los cuatro espontáneos encargados de su protección lo observan con arrobo e intercambian miradas de tierna complicidad.
—Tienes un abuelo maravilloso, Antoni, se nota que te quiere muchísimo —le dice Remei—. ¿Sois de Barcelona o habéis venido de fuera?
El chico farfulla algo incomprensible y hace un vago gesto que los otros interpretan como que vive fuera de la ciudad.
—No seas tan vergonzoso, Antoni, que nosotros queremos ser tus amigos —lo anima con maternal dulzura Dolors.
—Claro, hombre —tercia Jordi con viril aplomo—, que hoy no es día de timideces. Todo lo contrario; hoy es día de alegría y de decir en voz bien alta para qué hemos venido aquí.
Por toda respuesta, el chaval cabecea afirmativamente, se bebe de una larga chupada el resto del zumo y le entrega el recipiente vacío a Dolors.
—Pobrecillo —comenta ésta en voz baja a sus amigos—; es comprensible que esté un poco cohibido de verse solo entre desconocidos.
—Oye —le dice Aleix con expresión dubitativa—, y no será que es... Ya sabes, un poco...
—¿Retrasado? —completa la frase Jordi.
—¡Jordi! Mira que eres burro —se escandaliza su compañera sentimental—. En todo caso tendrá alguna pequeña discapacidad, padecerá algún síndrome, habrá sufrido un trauma debido a la opresión mesetaria.
Un lejano clamor interrumpe la interesante discusión terminológica. Repentinamente electrizada, la muchedumbre que desborda la plaza alza las pancartas y prorrumpe con renovado entusiasmo en apasionados cánticos. Un par de minutos más tarde, la comitiva oficial hace su entrada en la plaza. La reluciente hilera de automóviles se detiene y el Molt Honorable desciende solemnemente de uno de ellos. Los cánticos arrecian en un éxtasis de fervor colectivo. El President, tras recorrer con su complacida mirada la primera línea de patriotas, saluda levemente, compone un vigoroso gesto épico alzando su poderoso mentón y comienza a avanzar hacia la puerta principal del Palau de la Generalitat, pasando revista al destacamento de Mossos que rinde honores.
—Mira Antoni, ya viene el President. Y va a pasar a nuestro lado, casi le vamos a poder tocar. ¿No le quieres decir algo? —anima cariñosamente Remei al chaval.
El chico ni la mira, está pegado a la valla y parece totalmente absorto en el espectáculo. Algo molesta, Remei se desentiende de él y se suma a los aplausos y vítores de sus compañeros; el Molt Honorable, acompañado por sus más íntimos colaboradores y rodeado por una nube de agentes de seguridad, continúa avanzando majestuosamente y ya casi está frente a ellos. Es en ese preciso instante cuando el chaval se cuela entre dos tramos de la valla, da una breve carrera mientras saca del bolsillo y empalma una navaja automática, y le tira al President un golpe que tiene muy entrenado: la clásica puñalada trapera, que secciona la femoral y es mortal de necesidad. Sin embargo, en el último momento, los buenos reflejos de uno de los de seguridad alcanzan a desviar ligeramente la trayectoria de la estocada y el acero se hunde en el pantalón del mandatario a unos centímetros de su inicial destino. Un alarido de dolor descompone el semblante patricio del Molt Honorable, que adquiere de inmediato una lividez alarmante. Tras una fracción de segundo de aterrado estupor, la comitiva reacciona y se activan de inmediato los protocolos previstos para casos de intento de magnicidio. El precoz sicario es fulminantemente reducido a la postura de decúbito prono sobre el empedrado por un experimentado agente de seguridad de noventa kilogramos, al tiempo que el que ha desviado la puñalada le retuerce el brazo para que suelte la navaja. Otros cuatro de seguridad se llevan en volandas hacia el Palau al maltrecho President, que va dejando un reguero de manchas de sangre. Los Mossos del destacamento de honores se apresuran a crear un cordón a lo largo de las vallas que contienen al espantado público, entre el que ya se alzan algunas voces airadas:
—Ha sido un mesetari; seguro que es de Madrit.
Entretanto, en primera línea, Jordi, Remei y sus amigos ya están hablando con el Jefe de seguridad.
—...lo trajo un señor mayor que dijo que era su abuelo. Nos pidió que le dejáramos un sitio... —le relata ordenadamente y con rigor Jordi a los de seguridad.
—Nos dio pena, era tan mono... —le interrumpe Remei.
—Tenía pinta de charnego —comenta uno de la segunda fila.
—¿El abuelo? —se desorienta el de seguridad.
—Usted cállese, que el niño nos lo dejó a nosotros —le dice la Dolors al de la segunda fila.
—Por algo sería —deja caer la esposa del de la segunda fila.
—Oiga, oiga, ¿qué insinúa? —se alarma Aleix.
—A ver, ustedes cuatro acompáñennos —concluye el Jefe de seguridad.
Diez minutos más tarde, las añosas y emblemáticas dependencias del Palau de la Generalitat contemplan la febril actividad de otra jornada histórica. En una pequeña sala de la planta baja, tres médicos, que estaban entre el público y se han presentado de inmediato para ayudar, examinan la entrepierna del President.
—La hemorragia ya está contenida y la herida limpia y desinfectada. Afortunadamente no ha alcanzado la femoral. No es que la herida sea leve, pero desde luego no hay que temer por la vida de su excelencia —Tranquiliza al corro de altos cargos uno de los doctores.
—Pero le ha cortado un huevo... ¿No? —precisa con voz espantada un Conseller.
—Bueno, por desgracia... Sí, así es; pero ha sido un corte limpio que no... —empieza a explicar en tono apesadumbrado el galeno.
—¡Quééé! ¡Que me ha cortado un huevo ese fill de cabra! ¡A mí, al President! ¡Niñato de mierda! ¡Me cago en la madre que lo parió! ¡Y en la hora H del día D del proceso! Ara sí que m'ha fotut! —estalla de pronto el President, que va recuperando la color y las dotes de mando—. Y cúbranme los bajos con algo, coño, que con corbata y sin calzoncillos estoy haciendo un papelón.
Tranquilizados respecto a la gravedad de las heridas del Molt Honorable, los altos cargos, tras breve conciliábulo, se dispersan por los pasillos del vetusto e histórico edificio, en pos del cumplimiento de las complejas tareas que la delicada situación demanda. Seguir de cerca la investigación policial es competencia del Conseller de Interior, pero dada la edad escolar del frustrado magnicida, se ha considerado oportuno que su homóloga de Enseñanza lo acompañe, y ambos se dirigen presurosos a una amplia sala del sótano en la que se ha instalado provisionalmente la oficina en la que se realizarán las primeras pesquisas.
—A ver, ¿qué han averiguado? —le espeta el de Interior al Jefe de seguridad, tan pronto abre la puerta.
—De momento, poco —reconoce el experimentado funcionario—. Por lo visto al chico lo trajo un anciano de barba blanca y lo dejó al cuidado de esos cuatro. Pero del anciano no hay ni rastro. Al chico, por lo demás, no ha habido manera de sacarle más que tiene trece años. Incluso nos ha entregado una copia certificada de su inscripción en el Registro Civil, para que no hubiera dudas. Se llama Antoni Carmona Arrizabalaga, y es de Palafrugell. Los Mossos ya están buscando a sus padres.
—¡Maldita sea! No podemos esperar a encontrar a sus padres, hay que sacarle quiénes están detrás de esto antes de que puedan volver a interferir en el proceso —se irrita el Conseller.
—Entonces... ¿Se lo dejo a los Mossos para que lo interroguen? —inquiere dubitativo el de seguridad.
—No, por Dios, que es un menor —tercia horrorizada la de Enseñanza.
—¡Ah! Pues yo lo que ustedes decidan, pero que conste que por las buenas no dice ni pío —se desentiende el de seguridad.
—¡Pero qué menor ni qué ocho cuartos! Ese niñato le ha cortado un huevo al President. Y precisamente, el día en que iba a declarar la independencia. Hay que sacarle quiénes han sido los instigadores como sea —se desespera el máximo responsable de la seguridad ciudadana.
—¡Ay! Bueno, claro, que se trata de una cuestión de estado... Pero, en todo caso, que lo interrogue un pedagogo... O un psicólogo. O uno de cada. ¿Quieren que llame al presidente de la asociación de orientadores de secundaria, que tiene mucha empatía con los alumnos disruptivos? A lo mejor a él sí se lo dice —aporta su colaboración la de Enseñanza.
—Escuche, ¿de verdad que el crío le ha cortado un huevo al President? —interviene la Dolors.
—Señora, eso es un secreto de estado —se alarma el de Interior—. Apelo a su patriotismo y a su discreción para no divulgarlo; el futuro de la patria podría depender de ello.
—¡Uy! Pues yo ya lo he guasapeado —reconoce, contrita, la Remei, con el móvil todavía en la mano.
—¡Me cago en la leche! —explota el Conseller—. ¿Pero es que intentan ustedes sabotear el proceso? ¡Estamos rodeados de idiotas y de botiflers!
—Hombre, pues a estos cuatro sí que los podríamos interrogar a fondo —apunta el de seguridad—, que ya son cuarentones.
—¡Uy, nosotras qué va, no señor! Es solo que estamos un poco demacradas por el madrugón y el disgusto —protestan al unísono Remei y Dolors, al tiempo que extraen de sus bolsos las barras de carmín.
—¡Cállense! —truena el Conseller, y dirigiéndose a su homóloga de Enseñanza, añade—: Está bien, dejo en tus manos lo del interrogatorio, pero quiero resultados antes de una hora. Y que investiguen los posibles antecedentes de esos cuatro. Yo tengo que ir a leer ante los medios el comunicado oficial sobre el atentado.
Cinco minutos más tarde, el de Interior está repasando el comunicado oficial que han redactado entre sus cuarenta y nueve asesores, antes de salir a leerlo al balcón de las grandes solemnidades.
—Disculpe Señor Conseller —le interrumpe con expresión precavida un funcionario, presentándole un móvil—. El coronel de la Guardia Civil don Mandonio Arribas España al teléfono. Dice que es de la máxima importancia.
—¡Vaya hombre, lo que faltaba! —alza al cielo los ojos el de Interior—. El brazo de la opresión centralista que se aprovecha de nuestra momentánea debilidad. Seguro que gracias a esas taradas lo del huevo del President está ya hasta en el Facebook.
Y, armándose interiormente de sus más firmes convicciones, acepta el aparato y se dispone a rebatir cualesquiera insidias con que el poder central intente retrasar todavía más la anhelada culminación del proceso.
—Coronel, le ruego que vaya al grano y sea breve —dice secamente—. ¡Cómo! Que los padres del puñetero crío se han marchado hace dos días a Siria a luchar a favor del Estado Islámico. ¿Pero está seguro? Sí, sí. Ya, ya. ¡Hay que ver lo que son las cosas! ¡Ah! Pues sí, tiene usted razón, lo más raro es lo de la madre; porque siendo ella vasca... Oiga, ¿y de un anciano con barba blanca no saben ustedes nada? ¡Ah! Claro, que eso es ya competencia de la policía autonómica... Sí, sí, por supuesto que lo sabía, coronel; en realidad lo he dicho solo para ver si picaba. Pues muy amable, muchas gracias. Adéu, adéu.
Tras colgar, el de Interior devuelve el móvil maquinalmente al funcionario, mientras reflexiona sobre las consecuencias de lo que acaba de escuchar. Unos segundos más tarde, expone a sus expectantes subordinados la conclusión a la que ha llegado.
—¡Jodíos picoletos! Que preparen otro comunicado en el que no se insinúe que han sido los del Real Madrid, que ahora eso ya no va a colar —ordena, al tiempo que tira a la papelera el rimero de folios.
—Entonces, ¿le echamos la culpa directamente al gobierno central? —Pregunta el portavoz de los asesores.
—Hombre, eso tampoco Garriga, eso tampoco... Todavía no es el momento... Hasta que esto no se aclare un poco más, yo creo que lo mejor es la indefinición. Escriban algo que hable de la España negra. Ya sabe —matiza ecuánime el Conseller.
—Muy bien, como usted diga —asiente el asesor—. ¿Qué le parece un comunicado hablando del machismo del Cid Campeador y de los crímenes de Puerto Hurraco?
Da su beneplácito el de Interior a la idea y corre a informar al Molt Honorable de la situación, pero se encuentra con que el mandatario ya ha sido trasladado a un hospital, para ver de recoserle la gónada, que ha sido felizmente encontrada en una pernera del pantalón. Consciente de que el timón del proceso está momentáneamente en sus manos, comunica las últimas novedades a tres consellers que encuentra en el bar tomándose unas barreges y retorna al sótano para seguir de cerca los progresos de la investigación.
—Los padres del mocoso se han ido hace dos días a Siria a luchar por el Estado Islámico —le suelta abruptamente a la de Enseñanza.
—¡Ah! Pues entonces haré que lo interrogue también la Jefa del Departamento de Interculturalidad —decide de inmediato la Consellera, y le hace seña de que la avisen a un subordinado.
—Pero... ¿Le han sacado ya algo? —inquiere esperanzado el de interior.
—Bueno, estamos en ello. Pero ya tenemos aquí su expediente escolar completo. La criatura tuvo al principio algunos problemas de integración en su centro, debido a que sólo hablaba euskera y a su empeño en bailar zapateados y tocar las castañuelas en la clase de música. Afortunadamente, la inmersión lingüística surtió su efecto y actualmente el alumno Antoni Carmona Arrizabalaga es perfectamente capaz de repetir cualquier consigna, por absurda que sea, en correcto catalán. También puedo decirle que, según reza el informe del orientador de su centro, las agresiones de Antoni a sus profesores están bastante por debajo de la media. A mi entender, está claro que la criatura ha sufrido un brote psicótico —concluye la de Enseñanza.
—¡Pero qué brote ni brote! —se rebota el de Interior—. ¿Es que estás sorda? Te he dicho que sus padres se han ido con los del Estado Islámico. ¿Suena eso a brote psicótico?
—¡Anda este, con lo que me sale ahora! —exclama alzando la nariz su compañera de gobierno—. Pues cuando aquel otro chaval se cargó al profesor de un machetazo, tú fuiste el que se empeñó en decir lo del brote, a pesar de que estaba claro que lo había planeado.
—¡Ay! Sí que lo había planeado, ¿verdad? —interviene la Remei—. A nosotros ya nos sonó a cuento aquello del brote psicótico, pero como nos dijeron que era por el bien del proceso...
—¡Pero todavía están estos aquí! —se desespera el Conseller—. Venga, envíenlos a su casa y vamos a ver cómo marcha el interrogatorio —le ordena al Jefe se seguridad.
El de seguridad traslada con un gesto la orden a un subordinado y conduce a los dos Consellers hasta el recóndito cuartucho en que se lleva a cabo el interrogatorio. En su interior, encuentran al chaval y a dos adultos manejando muy excitados sendas play stations.
—¡Toma ya! Otro invasor desintegrado, y este tenía cañón de rayos. Ya casi pasamos al tercer nivel, Antoni —proclama entusiasmado el presidente de la asociación de orientadores.
—Sí, y en cuanto yo me cargue el súper tanque cuántico que guarda la puerta de la fortaleza de Mordor, podrás enfrentarte al emperador con tu espada láser —proclama el psicólogo, pulsando febrilmente su teclado.
—¿Se puede saber qué cojones están haciendo? —pregunta exasperado el de Interior.
—Calla, calla, no les interrumpas —le dice al oído la Consellera—. Están empatizando con el muchacho, haciéndole ver que están de su parte, que comparten intereses, ganándose su confianza, vamos.
—Mira guapo —ruge el Conseller, arrebatándole al chaval su teclado—, ahora mismo me vas a responder a lo que te pregunte, o te arreo una guantá que te desencuaderno. ¿Tú sabes que tus padres te han abandonado y se han ido a Siria?
—Mis papás no me han abandonado, mis papás son muy buenos —declara indignado el mozalbete—. Y se han ido a Siria para realizarse vitalmente como seres humanos, para cumplir lo que para ellos es una obligación moral.
—¿Sí, eh? ¿Y tú por qué le has cortado un huevo al President? ¿También por obligación moral?
—No, lo he hecho porque mis papás me dijeron que así la Generalitat me llevaría a un albergue en el podría estudiar y en el que me cuidarían hasta que sea mayor y pueda irme con ellos si me apetece.
—Hombre, señor Conseller —tercia el pedagogo—, la verdad es que el chico tiene razón; estrictamente no puede hablarse de abandono. Los padres del muchacho han sido responsables, han respetado las preferencias de su hijo y se han preocupado de dejarlo en buenas manos.
—Es cierto —lo apoya el psicólogo—. Y preciso es reconocer que, equivocados o no, los padres han obrado de manera consecuente con sus más íntimas convicciones, lo que habla en favor de su calidad humana. Está claro que no es un caso de familia desestructurada.
Salam Aleikum —saluda desde el interior de su burka la Jefa del Departamento de Interculturalidad, que llega en ese momento—. ¿En qué puedo ayudarles?
—¡Pero es que me quieren volver loco! —lloriquea el de Interior.
—Hombre, señor Conseller, es que mi obligación es aproximarme en lo posible a la cultura de la familia del muchacho; no querrá usted que peque de eurocentrista —se justifica la de Interculturalidad.
—¿Y quién es el anciano que te trajo? —prosigue el interrogatorio el responsable de la seguridad ciudadana, desentendiéndose de los demás.
—No sé. Mis padres me dijeron que esperase en casa, que vendría un señor a recogerme, y ese es el que vino.
—Pues sí que estamos bien —concluye el Conseller—. Bueno, encárguense ustedes del puñetero crío, que yo tengo que ir a leer el comunicado oficial.
Ante la puerta del balcón de las grandes solemnidades, el portavoz de los asesores ya está esperando con un nuevo rimero de folios.
—Aquí tiene, señor Conseller —le dice al entregárselos—. Además de lo del Cid y lo de Puerto Hurraco, también hemos puesto que don Pelayo era de Manresa. Espero que le parezca adecuado.
—Pero hombre, Garriga, no se da cuenta de que eso podría indisponernos con los inmigrantes magrebíes, que ahora empiezan a apoyarnos.
—¡Ah! Pues es verdad, no lo había pensado. No se le pasa a usted una, señor Conseller. Hay que ver qué visión política la suya. Bueno, entonces pondremos que el de Manresa era Almanzor.
—Deje, deje, ya lo corregiré yo sobre la marcha, que no podemos hacer esperar más a las masas —se impacienta el President en funciones, y sale al balcón.
Para su asombro, en la plaza de Sant Jaume apenas quedan unas docenas de personas, que se entretienen bailando sardanas y haciendo castellets.
—¡Pero bueno! ¿Y esto? —exclama decepcionado el de Interior.
—Pues ya ve usted —le dice, compungido, el asesor—. Es que como lo del huevo ha trascendido, los mesetaris y los botiflers han montado tal rechifla en las redes sociales que se están riendo de nosotros en medio planeta. Ahora sí que nos han puesto en el mapa. Por lo demás, las feministas radicales nos han retirado su apoyo, porque dicen que haber interrumpido el proceso por un huevo más o menos es una clara muestra de machismo. Los transexuales también nos han retirado el suyo, por lo menos mientras el President no se corte también el otro huevo. Y por si fuera poco, el Barça va perdiendo en casa tres a uno contra el Rayo Vallecano. Como usted comprenderá, eso no hay espíritu soberanista que lo soporte.
—¡Pues sí que estamos buenos! ¡Otra vez vuelta a empezar!
Por Gonzalo Guijarro Puebla.

9 de enero de 2017

Inocencia perdida

Rodeado de pasajeros enfrascados en las pantallas de sus dispositivos electrónicos, soy el único en el vagón del tren que prefiere viajar leyendo un periódico de papel, el ABC. Por su negro cauce de tinta me deslizo, hasta recalar en un artículo firmado por el presidente de Sociedad Civil Catalana, Mariano Gomà, quien, sonriente, comparece en fotografía a un lado, con la mirada extraviada hacia algún futuro tan ilusionante como el título que se ha buscado: «Un nuevo escenario es posible». Y que inaugura una retahíla de despropósitos:
«La nueva estructura del gobierno [sic] español con las responsabilidades de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría que derivan su confianza en Enric Millo como Delegado del Gobierno en Cataluña abre, a mi entender, una ventana a la esperanza y a la posibilidad de ventilar el actual enrarecido ambiente renovando el aire de la comunicación fluida».
Y esa frase tan larga y tan enrevesada, para decir que le mola cantidad que Mariano Rajoy humille a la nación que representa —o sea, a todos nosotros— rebajándose a transigir con delincuentes empeñados en destruirla.
«El hecho es una buena noticia para Cataluña y el pueblo catalán que anda a la deriva, perdido en el laberinto del camino inexistente o cortado, el circuito sin fin o el regreso a la puerta de entrada; y a sabiendas de que la ya fracturada sociedad sufrirá la dolorosa frustración de unos y el camino de la alegría y la esperanza de otros, lo cierto es que se abrirá la senda del progreso, el crecimiento y la credibilidad para y con España y sus comunidades.
»Vamos a asistir en breve a nuevos gestos de aproximación, guiños y manos tendidas puesto que básicamente ese desbloqueo es sin duda de interés general así como también lo es el tema de la financiación, inversiones, reconocimientos culturales y lingüísticos, junto con otros temas de especial sensibilidad para los catalanes».
¡«Reconocimientos culturales y lingüísticos», dice! Quienes no tenemos “reconocidos” nuestros derechos lingüísticos somos los castellanohablantes, sometidos como estamos a un férreo monolingüismo en catalán, inconstitucionalmente multados por no rotular a gusto del régimen tresporcientista, e inquiridos por una policía lingüística que coadyuva en la extirpación del español para cercenar los lazos culturales y afectivos que nos unen con el resto de España. Nosotros, privados de escolarización pública en nuestra lengua materna, la cual ha sido ya eliminada —pese a ser idioma oficial— de los paneles informativos y las señales de tráfico, proscrita en las numerosas televisiones y radios al servicio de la Generalidad y, en general, erradicada de cuantas comunicaciones dirigen las distintas Administraciones locales al ciudadano. ¿A qué reconocimientos se refiere entonces Gomà?

El adoctrinamiento nacionalista empieza ya en la edad
infantil, a través de los libros de texto en las escuelas
y de los medios de comunicación, así como mediante
actividades lúdicas aparentemente inocuas pero con
carga política dirigida a mentes todavía sin formar
Pero es que, en cierto modo, también asume las reivindicaciones y los plañidos derivados del falso “expolio fiscal”, al proponer mejoras en la «financiación» y las «inversiones» públicas como posibles bazas a esgrimir por el Ejecutivo en su negociación. ¿De verdad cree que esto se arregla con más dinero?
«Y en ese escenario es imprescindible que el gobierno catalán y las formaciones que abogan por la secesión, aunque sepan de su imposibilidad, en lugar de organizar aquelarres y foros de gran toxicidad bien aireados por algunos medios, respondan de forma abierta y sincera a ese llamamiento».
Las palabras sinceridad y secesión jamás pueden ir dentro de la misma oración. Porque el movimiento separatista no es otra cosa que un inmenso —y carísimo— tinglado de naturaleza cínica, sustentado sobre mentiras e impúdicas falsificaciones de nuestra historia común, que explota afrentas inventadas mientras promete paraísos de ficción. ¡Pero quién ha elegido a este señor para ese cargo! Recordemos que desde el pasado 25 de octubre, Mariano Gomà (antes Gomá) preside una organización supuestamente dedicada a combatir el secesionismo. O eso reza al menos el manifiesto fundacional de SCC (23 de abril de 2014).
«Puesto que si por el contrario cierran la puerta en las narices al diálogo después de haber torturado a todo el mundo con el discurso del victimismo por sentirse abandonados, robados, insultados y vilipendiados; nadie les creerá ya más, el pueblo catalán no les entenderá el gesto y consecuentemente les dará la espalda. Y todo ello será la estocada final al procés y a las aspiraciones de mucha gente, pues no hay nada peor que la rebelión de los propios creyentes y seguidores».
¿Por qué engloba al «pueblo catalán» si sabe que los pesados de la estelada son minoría? Y la adoctrinada multitud de «creyentes»y «seguidores» no «dará la espalda» a sus líderes, porque para eso lleva décadas digiriendo propaganda destinada a su emocionalidad en lugar de al intelecto. De ahí que el nivel de debate de cualquiera de ellos se reduzca a una invariable repetición de eslóganes y dogmas, sin atisbo de autocrítica, que a menudo apuntalan con descalificaciones personales para amedrentar al interlocutor (fatxa, mesetari, invasor, colono, imperialista). Es el fruto del meticuloso plan pujolista, desvelado por la prensa con el nombre de Programa 2000 (El Periódico de Catalunya, 28-10-1990), para fanatizar a las masas inoculándoles odio («Memorial de agravios: Cataluña es una nación discriminada que no puede desarrollar libremente su potencial cultural y económico. Descubrimiento, constatación, ponderación y divulgación de los hechos discriminatorios, carencias, etcétera, de forma clara, contundente y sistemática. Remarcando la incidencia negativa que esto tiene para el conjunto del pueblo catalán y para cada uno de sus ciudadanos») e infiltrando a aguerridos adeptos en los puestos clave de todos los estamentos: sindical, empresarial, periodístico, artístico, deportivo... Y con particular intensidad, en el sector educativo («Impulsar el sentimiento nacional catalán de los profesores, padres y estudiantes. […] Reorganizar el cuerpo de inspectores de forma y modo que vigilen el correcto cumplimiento de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza. Vigilar de cerca la elección de este personal. […] Incidir en las asociaciones de padres, aportando gente y dirigentes que tengan criterios nacionalistas. […] Potenciar a personalidades de ideología nacionalista en los órganos rectores de las tres universidades catalanas»). Merece la pena leérselo entero.

Los objetivos declarados de los nacionalistas son dos, e irrenunciables: la secesión de Cataluña y la anexión de otros territorios (los mal llamados Països Catalans). Y jamás cejarán hasta culminar ambos, hay que pararles. De manera que, lejos de desactivar sus intenciones, cualquier concesión económica o de poder —como sugiere este Mariano, tan proclive a la claudicación y la componenda como ese otro que nos gobierna— las alentaría. Aumentando además sus recursos para embestir contra la nación.
«La sociedad está ya muy cansada de tanto inútil forcejeo y pérdida de energía, máxime cuando los problemas verdaderamente importantes son la superación de la crisis, la incertidumbre de la nueva política americana, los efectos del brexit y tanta demanda social».
No, el principal problema es la ausencia de seguridad jurídica. Porque desde la Transición, el Estado ha renunciado a exigir el cumplimiento de la Ley e incluso de la Constitución en Cataluña. La impune, la sostenida conculcación de derechos y libertades acarrea o agrava otras muchas lacras, al tiempo que ahuyenta la inversión privada debido a la incertidumbre que genera. Y concluye nuestro inspirado pensador:
Ante todo ello, al Sr. Puigdemont se le diluyen sus aspiraciones como la gota de agua en el lago, y una inútil insistencia solo le conducirá al ridículo ante propios y extraños.
Por todo ello creo que el diálogo debe ser necesariamente posible.
Quizás la fecha de publicación no sea casual: 28 de diciembre. Y esté el autor tomándonos por inocentes; o lo sea él en grado sumo. Pero la cara y la cruz: porque sin salir de esa misma edición del diario, en la página 3, el académico Javier Rupérez nos previene contra «la inmensa pléyade de bienintencionados bobos que en España pululan, siempre dispuestos a presumir de su capacidad para dialogar con quienes no quieren hacerlo», en un magnífico artículo que a nadie conviene perderse: «Reformistas constitucionales».

10 de diciembre de 2016

No somos Otegi


«Ya a la edad de quince años pude comprender la diferencia entre
el “patriotismo” dinástico y el nacionalismo propio del pueblo,
y, desde aquel momento, sólo el segundo existió para mí».
Adolf Hitler (1889-1945).
Mi lucha. Primera parte, capítulo I.


19 de septiembre de 2015: Fernando Trueba pronuncia un controvertido discurso en el Festival de San Sebastián al recoger el Premio Nacional de Cinematografía de manos del ministro de Educación, Cultura y Deportes, dotado con 30.000 euros:
«Nunca he tenido ningún sentimiento nacional. Siempre he pensado que, en caso de guerra, yo iría con el enemigo; siempre. Cuando leía la historia, siempre decía: “Qué pena, qué pena que España ganara la Guerra de la Independencia”. A mí me hubiera gustado muchísimo que la ganara Francia. Entonces, ¡claro!, digo: "¡Uf!, que me [sic] den un premio nacional a una persona como yo, es medio incorrecto, ¿no? […] La verdad es que yo nunca me he sentido español. Nunca, en mi vida, jamás. Ni cinco minutos de mi vida me he sentido español. En los Mundiales, siempre iba con las selecciones de otros países».
Atendiendo sobre todo al hecho de que ha sido uno de los cineastas más favorecidos por las subvenciones que concede el Ministerio de Cultura (más de cuatro millones de euros), se desata contra él una oleada de indignación, que a la semana siguiente intenta desactivar pidiendo disculpas desde los micrófonos de Onda Cero e invocando a Kant para matizar sus palabras (Más de uno, 24-09-2015):
«A nadie se le puede juzgar porque diga lo que siente o lo que no siente. […] Yo no he dicho que no me guste España ni que no ame a este país. Lo único que he dicho es que yo no tengo sentimientos nacionalistas. Y que no me gusta darle a la gente con España en la cabeza como hacen algunos».
Y acusó a los medios de descontextualizar sus frases, las cuales pretendía humorísticas (juzgue el lector en el vídeo de su discurso completo, abajo a la derecha).

25 de noviembre de 2016: Trueba estrena La reina de España. Es continuación del exitoso largometraje La niña de tus ojos, que recaudó 9.500.000 euros —casi el doble de su coste—, y reúne al mismo elenco de actores 18 años después. Aunque precedida de una amplia campaña publicitaria, la cinta sólo recupera en su debut 400.000 euros de los once millones presupuestados. Apenas 1.200 euros de promedio por sala. Unas cifras muy alejadas de las de otras comedias producidas también este año en nuestro país, como, Kiki, el amor se hace; Cuerpo de élite, o la que está arrasando ya desde su irrupción en las carteleras (1'6 millones de euros): Villaviciosa de al lado.

Considerando que, según los analistas, los ingresos finales de una película suelen rondar en torno al cuádruple de la taquilla obtenida el primer fin de semana, y que una remontada parece improbable (como así sucedería: en su segunda semana de exhibición, ha perdido un 56% de espectadores respecto de la primera y únicamente ha ingresado 180.000 euros), el panorama para el oscarizado director y productor madrileño se presenta poco menos que catastrófico.

Mientras unos culpan del fracaso al estruendoso boicot promovido en las redes sociales por enfadados internautas, otros apuntan como causa la ínfima calidad de una obra que incurre en la repetición de tópicos archimanidos y encauzada a seguir explotando el filón de su sobrevalorada predecesora. Por si acaso, el autor de El año de las luces y Belle Époque acude al programa Espejo Público, de Antena 3 (30-11-2016), para notificarnos su incomprensible romance con esa patria que él hubiera preferido en manos galas:
«Yo soy español. Yo amo este país, vivo en este país. Vivo aquí además por elección, porque me gusta, […] A mí me encanta mi país. Lo que yo estaba intentando decir ahí, y quizá justo los que me atacan deberían haberse apropiado de eso, es que el nacionalismo es malo. Que no hay que ser nacionalista. Pero de ningún nacionalismo. O sea, que no es que haya uno que es el malo, o dos; y los demás sean buenos, no: todos son malos».
Pues bien fácil lo tenía para haber empezado por criticar el nacionalismo vasco ya que estaba en las Vascongadas, cuna de ETA y la kale borroka. Pero lo que viene a continuación es peor, porque Trueba participa en la trampa que extiende la presentadora barcelonesa Susanna Griso (minuto 15:56 del programa):
«―Estaba echando una mano en el tema del nacionalismo, que es un tema que a mí me preocupa muchísimo. Y creo que el nacionalismo, todos, son un atraso. Son una muestra de atraso mental...
―El español, el catalán y el vasco. No discriminas ahí, ¿no?
―Y el francés, y el inglés, y... ¡Todos, todos me lo parecen! Y el húngaro. Y el americano».
Y esto sí que es ofensivo. Porque si piadosamente podrían interpretarse aquellas declaraciones que originaron la polémica como la ocurrencia sin gracia de un inopotuno que se cree genial, estas en cambio las ha proferido con total seriedad.


Primer mapa de los Países Catalanes (Països
Catalans
) como concepto político y no sólo
como mera referencia cultural, publicado
en 1947 por Estat Català, que muestra
sus objetivos anexionistas
No renegar de España y defenderla, que es tanto como proteger el legado de quienes nos precedieron, nuestras raíces y leyes, y nuestra forma de vida, no es ningún nacionalismo.

El nacionalismo ha desencadenado dos guerras mundiales, genocidios, e innumerables contiendas bélicos y formas de terrorismo. Fabrica agravios y rompe la convivencia enfrentando en lugar de unir. Atiza el resentimiento señalando falsas amenazas externas. Fanatiza y manipula la emocionalidad de las multitudes ufanándolas y obnubilando su razón. Aspira al privilegio y la desigualdad entre las personas en virtud de su procedencia y condición. Populismo engalanado con banderas. Basa su supremacismo en la impúdica falsificación de la historia, contando sucesos como jamás sucedieron para construir un discurso maniqueo de oprimidos y opresores generador de odio: utiliza la mentira como materia prima. Y es además un movimiento político imperialista, que planea anexionarse otros territorios: los «Países Catalanes» (Països Catalans) en un caso, la fantasía sabinoaranista de las «siete provincias vascas» en el otro.

Sí, definitivamente, llamarnos nacionalistas es insultarnos. Y cada vez que alguien argumenta en los mismos términos que Fernado Trueba, los que pintarrajean la cara de sus niños con esteladas babean de gusto y experimentan una erección en la barretina. Porque ha vuelto a triunfar su relato fraudulento, que reduce el problema a una vulgar confrontación entre dos nacionalismos: el nacionalismo español contra uno periférico.

Y se nos equipara con Carod-Rovira y Carles Puigdemont. Con Artur Mas y Xabier Arzalluz e Ibarretxe. Con Jordi Pujol y la Ferrusola. Con Heribert Barrera, con Pilar Rahola y con la imputada por desobediencia judicial Carme Forcadell. Somos colocados al mismo nivel que Arnaldo Otegi. Y eso sí que no.

20 de noviembre de 2016

Carta de amor

Contenido textual del correo electrónico recibido en la dirección de este sitio web:
«Y quien [sic] eres tu? [sic].
Para hablar así de Catalunya [sic] y su gente fomentando el odio y la xenofobia.
Voy a cursar una petición para que os cierren el blog y si no más os mostreis [sic] más respetuosos . [y deja un enigmático espacio entre la última palabra y su punto y aparte].
En el artículo definiendo a un catalán no se puede mostrar más bajeza moral».
Lo firma Juan nosequé (omito su nombre compuesto completo) Fernández y un segundo apellido que también termina en ez, y comienza por p. Como el Ratoncito. Mediante una rápida búsqueda en Internet, compruebo la existencia real de alguien llamado de ese modo, joven, muy joven. No parece que haya proporcionado una identidad ficticia. Tal vez sea uno de esos “charnegos abducidos” a lo Eduardo Reyes o Gabriel Rufián, pero encima sin cobrar, gratis total, que de tanta utilidad están resultando para la excluyente oligarquía tresporcientista (nótese su bajísimo nivel gramatical, igual de alarmante que el de los mensajes de aquel otro iracundo comunicante reproducidos hace ahora cuatro años en El bloguero tiene quien le escriba).

Manifestación contra una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que tumbaba la inmersión lingüística, el 24 de junio
de 2014. Décadas de sistemática erradicación del español de la enseñanza y de la vida pública en general han generado una legión
de ágrafos que, como el autor de la amenaza, ni siquiera saben despotricar correctamente en nuestra lengua común

Y deduzco que el “artículo” al cual se está refiriendo el instruido caballero es una antigua crónica titulada Bestiario (07-10-2014) —aquella de: «Un nacionalista catalán es alguien que no quiere ser solidario con Cáceres pero pretende hacer creer que dentro de la Unión Europea, sí lo sería con Chipre. […] que llama derecho a decidir (dret a decidir) a hurtar a los demás españoles su derecho a votar sobre cuestiones de soberanía nacional, que nos afectan a todos, […] que se aprovecha de las sentencias judiciales y leyes españolas que le convienen, y se salta las que no», etcétera—, ya que su jovial misiva llega apenas 24 horas después de que yo me entretuviese en colgarla en Facebook. O quizá no, quizá se refiriera a la descripción satírica de la sección ¿Qué es un catalibán?, ¡cualquiera sabe!

Sólo unos minutos mediaron hasta que le di afectuosa respuesta:
«Ese truquito de fingir que criticar el nacionalismo y a los nacionalistas es promover el odio contra Cataluña y contra los catalanes, está ya muy sobado y no cuela. Y es además lo mismo que hacía Adolf Hitler: tachar públicamente de “enemigo de Alemania” a todo aquel que disintiera de sus políticas.
»Venga, majete, cúrratelo un poco e inténtalo de nuevo con alguna otra argucia más ingeniosa».
Y es que la triquiñuela no es ni mucho menos novedosa. En la subsección El estigma de ‘anticatalán’ explico en detalle su perverso funcionamiento, y en octubre de 2014 relaté un ataque parecido a este en la crónica In fraganti (28-10-2014): consiste en la continua usurpación de la voz del pueblo de Cataluña perpetrada por los separatistas, quienes impúdicamente se arrogan su representatividad.

Recientemente, Empar Moliner, aquella pséudohumorista del Régimen que quemó una Constitución española en TV3, volvía a incendiar con este tuit alusivo a la declaración separatista aprobada en la Cámara autonómica:
«Un parlamentario catalàn que acata lo que dice el TC por encima de lo que su Parlamento ha aprobado no sirve a los catalanes».
Otra usuaria de Twitter le recordó lo obvio:
«Supongo que se refiere usted a algo menos de la mitad de los catalanes».
La bien pagada pirómana (cobra 46.000 euros anuales en la televisión de la Generalidad) sigue sin contestarle.

18 de octubre de 2016

¿Levitaron alguna vez 100.000 separatistas?

En la noche del 11 de septiembre, un eufórico Gabriel Rufián se homenajeaba a sí mismo y a la secta colgando en su muro de Facebook este mensaje tan cursi, junto con una captura del momento en que la manifestación de la Diada desarrollada horas antes en Barcelona llegaba a Arco de Triunfo:

El controvertido portavoz adjunto de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados es especialmente activo
en la red social de Mark Zuckerberg y en Twitter, donde cuenta con 59.000 y 96.000 seguidores respectivamente

Su épica ocurrencia recaudó cuatrocientos comentarios; la mayoría de ellos jubilosos, de correligionarios suyos puestos de catalaína, intercambiándose mensajes de ánimo para mantener erguida la moral. Mas no le faltaron varias decenas de acusaciones de trucar la escena atiborrándola de gente mediante un programa de retoque informático, en lo que jocosamente algunos bautizaron como: el Caso de los separatistas voladores.


Montaje sarcástico en Internet
Efectivamente desconcierta en la foto ese cúmulo de personas sospechosamente agolpadas hacia la parte superior de la puerta, en un ángulo que no parece concordar con las líneas verticales del decimonónico monumento de estilo neomudéjar. Bien sabido es que los secesionistas poseen superpoderes, como el de la transcorporeidad. Sólo así puede comprenderse que mientras los matemáticos advierten del límite de manifestantes que una superficie dada puede albergar, año tras año los organizadores de la Asamblea Nacional Catalana y de Òmnium aseguren reunir en sus aquelarres a cuatro veces más. Pero el don de suspenderse en el vacío aún no les ha sido concedido. ¿Se le fue entonces la mano a Rufián con el Photoshop?

La verdad es que no. Entre la veintena de imágenes del reportaje sobre la conmemoración nacionalista publicado ese día en la edición digital del Mundo Deportivo, aparece una idéntica, incluso en proporciones, cuyos créditos atribuyen la autoría al periodista Alberto Estévez, de la agencia EFE: la posición y la forma de las banderas ondeantes coinciden, así como el resto de los elementos contenidos. Aunque definitiva para la resolución del asunto resulta el sitio web de la Corporación de Radio y Televisión Española (RTVE) porque, también firmada por EFE, muestra la misma fotografía con un encuadre mayor, que permite comprender el curioso efecto óptico producido.

La toma debió de realizarse desde gran altura usando un teleobjetivo, sistema de lentes que reduce la sensación tridimensional y proporciona una imagen más plana porque tiene mayor distancia focal. En otras palabras: comprime la perspectiva, la aplasta.

Podemos concluir por tanto, sin temor a equivocarnos, que el diputado de ERC y miembro de la plataforma secesionista de castellanohablantes Súmate no nos ha engañado. Esta vez. Quizás haya sido víctima de su merecidísima fama de trolero, que ha jugado en su contra.

La panorámica de la web de RTVE incluye en su parte inferior el escenario frente al cual acabó la manifestación, que en esta cita
anual había discurrido por el Paseo de San Juan (dos kilómetros de longitud) bajo el lema: ‘A punto’ para la República Catalana

A la Antiespaña que él representa le gusta mucho restregarnos las instantáneas de sus multitudinarias movilizaciones callejeras. Y jactarse comparándolas con las de las concentraciones convocadas en Cataluña un mes después con motivo del Día de la Hispanidad, a todas luces mucho menos numerosas. Con la fiesta celebrada el lluvioso miércoles pasado no han hecho una excepción.


Al fondo, edificio donde probablemente
se situó el fotoperiodista con su cámara
Nació Digital, por ejemplo, titula despreciativamente «El unionismo no es capaz de llenar la plaza Cataluña el 12-O» su información sobre el acto programado en el centro de la Ciudad Condal. Y enfatiza que la Guardia Urbana, al servicio del consistorio de Ada Colau, estimó en tan sólo 5.000 los asistentes. Pero a mí esa cifra me parece muy meritoria. Sobre todo en una maltrecha región como esta, campada por la intolerancia y el totalitarismo, donde por acudir a una manifestación y no a la otra, en lugar de una subvención de la Generalidad te puede caer una hostia. Un lector del hipersubvencionado panfleto (205.484,28 euros) se atreve a razonarles a contracorriente:
«Si los que queréis cambiar el estado actual sois vosotros y no nosotros, ¿por qué tenemos que salir a la calle a hacer nada?
»Bien tranquilo que he estado en casa sin mojarme, viendo la charlotada de Badalona por la televisión [se refiere al desacato cometido por seis concejales que se presentaron a trabajar y escenificado ante los periodistas por el teniente de alcalde José Téllez, quien rompió la resolución judicial que obligaba a cerrar las dependencias del Ayuntamiento debido a la festividad] y con la bandera española en el balcón. Y como yo la mayoría de gente no secesionista. ¿U os creéis que los 5.000 o los que fuesen hoy en la calle son los únicos que no quieren la secesión? ¿De verdad lo creéis? :D
»Las performances y charlotadas son vuestras, a nosotros no nos hacen falta. Ni tampoco el victimismo perenne».
Similar opinión expresa otro comentarista:
«No necesitamos salir a la calle, ya tenemos lo que queremos, una Cataluña buena, dentro de una España plural».
A continuación, un “pueblo” que, parafraseando a Gabriel Rufián, también “estaba haciendo historia”; durante el congreso del NSDAP en la Núremberg de 1937, más concretamente:


Esta es otra imagen a cuyo lado también languidece la ritualística con que los de la estelada se empeñan machaconamente en obsequiarnos, y que sería muy de su agrado porque rebosa colorines, mosaicos humanos y obediente marcialidad:


Las demostraciones de fuerza mediante la exhibición de masas siempre plantean el interrogante sobre si revisten de razón una reivindicación, o si, por el contrario, no logran otra cosa que evidenciar el grado de adoctrinamiento conseguido por la propaganda en una población convenientemente acrítica.

26 de septiembre de 2016

Reyes y bufones

Cuando el 25 de julio fue dado a conocer el nombramiento de Javier Pérez Andújar como pregonero de la fiesta mayor de Barcelona, celebrada en honor de la Virgen de la Merced, desató la secta uno de sus habituales huracanes totalitarios rebosando las redes sociales y los medios de comunicación con llamadas al boicot e insultos. ¿Cuán grave era la circunstancia que le invaliba para tal honor?, ¿qué horrenda mácula observaron en el escogido escritor y periodista?: disentir del procés. El 15 de mayo de 2015 había osado elevar su voz junto a otros tres firmantes en el artículo «Marina y la catalanofobia», para denunciar «la presión que se ejerce sobre quienes no comulgan con la causa independentista» haciéndoles «objeto de acosos y linchamientos verbales colectivos», desplegando una «campaña de intimidación inquisitorial» semejante a la del «ayatolá Jomeini»:
«Cataluña vive actualmente en un clima democrático que no es normal y que está dando lugar a graves casos de intolerancia».
Reflexiones estas que fueron recibidas con irritación y que ahondaban el malestar provocado el año anterior con la confección, también en El País y esgrimiendo tono satírico, de una crónica donde definió la Diada como un «parque temático del independentismo».

Aprovechando su bien pagada tribuna en La Vanguardia, Pilar Rahola azuzó de manera especial contra él, y contra la alcaldesa Ada Colau por haberle elegido, acusándoles de —literalmente— «defecar encima del independentismo». Sólo el concejal y presidente del Grupo Municipal de ERC en el Consistorio, Alfred Bosch, se desmarcó de sus correligionarios resumiendo su postura respetuosa y tolerante en el título de una carta que dirigió a la directora del diario Ara: «Yo te quiero escuchar, Pérez Andújar». Y publicada el mismo día que la columna de la Belén Esteban del secesionismo aparecía en el rotativo del Conde de Godó: el 27 de julio.

Pese a que en un primer momento Toni Albà había anunciado por Twitter su intención de acudir «a silbar al pregonero», cambió luego de parecer. Y el pasado jueves, mientras en el Salón de Ciento del Ayuntamiento el intelectual evocaba en su discurso la «ciudad escrita con la caligrafía de los sueños, con las letras que salen del humo de las fábricas», el comediante de TV3 contraprogramaba cerca de allí una astracanada callejera a base de pelucones, disfraces, escenografía bufa... y la gama completa del fetichismo separatista, desde chilliditos de “indapandénsia!” hasta banderas. «Este pregón alternativo surgió como reacción a unas declaraciones del señor Pérez Andújar. Vaya por delante que no dudo en absoluto de su talento como escritor o como periodista. Pero sus declaraciones faltaban al respeto e insultaban a la mayoría de catalanes», protestaba ante el millar de asistentes el mismo que ha tachado de enfermos (26-01-2014) e ignorantes (21-07-2010) a los españoles, y a España de burdel (28-07-2012).

El periodista del Diari de Girona Albert Soler no le escatimó descalificaciones en un corrosivo artículo, cuya traducción del catalán dice así:
«Madrid y Barcelona se parecen más cada día. En Madrid, los casposos antiguos legionarios se movilizan porque el Ayuntamiento cambió el nombre de la calle Millán Astray por el de calle de la Inteligencia. En Barcelona, ​​los casposos actuales legionarios se movilizan porque el ayuntamiento eligió un pregonero inteligente. Los fanáticos, catalanes o españoles, prefieren siempre la estulticia a la inteligencia. Por eso invocan a Millán Astray o a Toni Albà, para dejar bien claro que la inteligencia merece la muerte. Astray la intentó matar a tiros, y Albá la asesina poco a poco, un poquito cada vez que abre la boca.
»Toni Albà, con el apoyo histérico de Pilar Rahola, llevará a cabo el jueves un pregón alternativo al oficial del gran Pérez Andujar. Explicado así, hace reír. Viene a ser —para continuar con el paralelismo— como si Madrid eligiera a Javier Marías de pregonero, y Arévalo anunciara un pregón alternativo, con el apoyo histérico de Eduardo Inda. Quizás en Madrid se sorprenderían, pero los catalanes ya estamos acostumbrados a charlotadas así. El problema de fondo, más serio, es que el pregón alternativo lo hacen porque Pérez Andújar no es de los suyos: es charnego y no independentista. Dos características que si por separado están mal vistas, juntas son imperdonables. Este es el país que quieren construir, de catalanes buenos y malos. Imagínense a esta tropa con Estado propio, con jueces y policía a su servicio.
»Toni Albà no es nadie. Es un actorcillo que de no ser por TV3 estaría ganándose la vida de manera precaria, con suerte actuaría en alguna comunión. Incluso a pesar de TV3 debe recurrir al enfrentamiento, a la rabia y —sobre todo— a un artista de verdad como Pérez Andújar, para hacerse un poco de promoción, que Polònia [1] no durará toda la vida. Consciente de que no puede competir en talento —¿con quién podría?—, intenta competir en concurrencia, pidiendo a sus legionarios que le vayan a escuchar. Y si son más, habrá ganado, como un niño pequeño. Pobre diablo. Como si a alguien le importara a cuánta gente reúne. Como si a la Filarmónica de Berlín le importase cuántos discos vende Paquirrín».
Por otra parte, en El Periódico de Catalunya del 21 de septiembre, Luis Mauri ha titulado «Sonrisas y colmillos» el análisis donde clasifica este asunto como «cacería de brujas» y advierte contra «la seria amenaza que el fundamentalismo rampante proyecta»:
«¡Nunca más!, clamó Europa tras el horror del nazismo. ¿Nunca más? No habían pasado 50 años y la sangre de un nuevo genocidio anegaba los Balcanes. […] Aquí también tenemos lo nuestro. […] El acoso al que están sometidos el pregonero, el ayuntamiento que lo ha designado y aquellos que han plantado cara al hostigamiento sectario que sufre el escritor resulta inquietante. […] Ya se sabe cómo funciona este negociado. Primero se boicotea a quien no comulga con la Religión Única y Verdadera, a continuación se niega su calidad humana y después... ¿qué viene después? ¿La negación de la condición humana misma? El siglo XX está lleno de escalofriantes recordatorios de lo que viene después».

Toni Albà, caracterizado como Felipe V, dando
un pregón con tergiversaciones, victimismo,
desprecio y ¡cómo no!, mención de Franco,
sin cuyo permanente recuerdo parece que
los de la ‘estelada’ no saben vivir
Una peligrosa actitud que trasciende la mera y natural divergencia de opiniones políticas, como la existente en cualquier otra sociedad:
«La cuestión de fondo, pues, no es esa, sino el perturbador auge de las manifestaciones totalitarias y de la tendencia a señalar y linchar a quienes no comulgan con el dictado del soberanismo. […] ¿Cuánto tiempo llevamos aparentando que no sucede lo que está sucediendo a nuestro alrededor? ¿Cuánto tiempo maquillando con eufemismos condescendientes la violencia verbal y las bravatas cavernarias? […] Aún resuena el eco de la ignominiosa máxima del actor e icono soberanista Joel Joan: “Cuando la tortilla dé la vuelta, quien no sea independentista será un traidor” (2010). O el llamamiento del cómico cortesano Toni Albà —‘alma mater’ del oprobio a Pérez Andújar— a boicotear una obra de la actriz Carmen Machi por haberse declarado federalista (2012). O los abucheos a la escritora gaditana, madrileña y neoyorquina Elvira Lindo por pregonar en castellano la Mercè en el 2006».
Olvida el autor a otra importante víctima: el eminente cardiólogo del Hospital Monte Sinaí, de Nueva York, y Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Tècnica, Valentín Fuster, a quien un sector del nacionalismo encabezado por el entonces concejal de CiU Xavier Trias le recriminó que en la Merced de 2002 leyera un pregón bilingüe.

Tomando en consideración que tanto El Periódico como El Diari de Girona han sido subvencionados por la Generalidad en el segundo semestre de 2015 con 463.987,34 y 146.192,25 euros respectivamente (Resolución PRE/440/2016, de 18 de febrero), que los subsidios a la prensa previstos para este 2016 —bajo el mandato de Carles Puigdemont— prometen ser todavía más suculentos, y que ambos medios participaron en la difusión del bochornosamente conocido como “editorial único” en señal de sometimiento al poder nacionalista («La dignidad de Cataluña», 26 de noviembre de 2009), estas críticas permiten albergar la leve esperanza de que quizás algo está cambiando.

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1. Nombre del programa humorístico de la televisión autonómica catalana, presentado por Toni Soler, donde Albà lleva años trabajando.

26 de agosto de 2016

Raza

Anda la secta en vísperas de conmemorar mañana el aniversario del fallecimiento de Heribert Barrera. Habrá lagrimeo, sensiblería y apoteosis del ídolo ausente desde 2011. E incluso algún que otro emotivo artículo recordatorio en la prensa mejor subvencionada.

La despedida a quien fuera líder de ERC durante dos décadas, y presidente del Parlamento autonómico de Cataluña entre 1980 y 1984, arrancó en su momento encendidas alabanzas de los ayatolás tresporcienteros. Para la entonces presidenta de la Cámara regional, Núria de Gispert, su antecesor en el cargo «debía ser un referente para todos». Como «maestro de patriotas», le definió Artur Mas. Y cuando todavía faltaban casi tres años para su inverosímil confesión pública a través de carta y su posterior imputación judicial, el ex presidente de la Generalidad Jordi Pujol elogió de manera intensa su trayectoria:
«Fue siempre un nacionalista, un patriota. Amó al país con pasión y con generosidad. Y lo defendió con tenacidad y con mucha clarividencia».
Y es que, efectivamente, tan grande y peculiar era el amor de Barrera por su terruño, que en El Periódico del 1 de marzo de 2001 había llegado a afirmar:
«Antes hay que salvar a Cataluña que a la democracia».
La pervivencia de Cataluña, que creía indefectiblemente ligada a la de la lengua. Por lo que combatió la convivencia entre el catalán y el español basándose en las razones que expuso en La Vanguardia del 15 de junio de 1997:
«Cataluña desaparecerá el día que el catalán desaparezca o quedase reducido a lo que son los dialectos occitanos en el Mediodía de Francia. […] Todo lo que sea defender el bilingüismo simétrico significa defender una situación de hecho favorable al castellano. Y el castellano se irá comiendo el catalán».
Y las cuales llevó hasta sus últimas consecuencias negándose a hablar en español en el programa de radio La ventana, de la Cadena SER, y convirtiendo así en necesaria la intervención de un traductor.

Militantes de Identidad Catalana portando una pancarta con el lema ‘¡Heribert Barrera tenía razón!’, en la manifestación de la Diada
del 11 de septiembre de 2011. La web de esa formación recibía al visitante con la siguiente advertencia: ‘No es catalan quien vive
y trabaja en Cataluña. Es catalán quien habla catalán, se siente catalán, sigue las tradiciones del país y lucha por su libertad’

Partidario de la energía nuclear y de «esterilizar a los débiles mentales de origen genético», otras opiniones suyas tampoco permanecieron exentas de polémica:
«No tiene ningún sentido el principio de que para que Cataluña vaya bien España debe ir bien. No. Cataluña ha de ir bien; si España también va bien, mejor, pero si para que Cataluña vaya bien España ha de ir mal, pues que vaya mal». (El 9 de julio de 2011, en el transcurso de una marcha separatista, hizo un llamamiento a «boicotear al Estado español»).
«Cuando un país está dominado por otro, debe considerar que moralmente está en estado de guerra, y, por tanto, nunca ha de darle facilidades».
Pero fueron sin duda las declaraciones consideradas como xenófobas y racistas de este admirador de las tesis del ultraderechista austriaco Jörg Haider sobre extranjería, las que mayor rechazo generaron:
«Si continúan las corrientes inmigratorias actuales, Cataluña desaparecerá».
«Es evidente que cualquier persona que quiera españolizar Cataluña tiene interés en que la inmigración venga aquí».
«Lo que complica bastante las cosas es que es más difícil integrar a un latinoamericano que a un andaluz».
«No pretendo que un país haya de tener una raza pura; esto es una abstracción. Pero hay una distribución genética en la población catalana que estadísticamente es diferente a la de la población subsahariana, por ejemplo. Aunque no sea políticamente correcto decirlo, hay muchas características de la persona que vienen determinadas genéticamente, y probablemente la inteligencia es una de ellas».
«El cociente intelectual de los negros de Estados Unidos es inferior al de los blancos».
Hasta el punto de que Ediciones Proa y Dèria Editors suspendieron el acto de presentación del libro-entrevista de Enric Vila Què pensa Heribert Barrera (‘Qué piensa Heribert Barrera’) programado en el Ateneo Barcelonés para la tarde del 1 de marzo de 2001, por temor a diturbios. Aquel día había amanecido con la publicación de una conversación con el histórico dirigente ya octogenario en la contraportada de La Vanguardia, donde volvía a dar rienda suelta a sus obsesiones recurrentes:
«Si desaparece el catalán, desaparece la identidad catalana: desaparece Cataluña».
«¿Y por qué ha de ser bueno que se bailen sevillanas en Cataluña si con eso se pierde alguna tradición propia? Las sevillanas, en Sevilla».
Aunque es en el tramo final del artículo, a raíz de una pregunta que el periodista Víctor Amela le formula sobre la pena capital, cuando la charla deriva hacia el tema del terrorismo y alcanza su cota más tenebrosa:
«―Llega un momento en que te dices, a ver..., si alguien premeditadamente coge un arma y entra en casa de dos viejecitos para matarlos y robarles... ¡pues puede que merezca la pena de muerte! Hablo de asesinos.
¿Como los asesinos de ETA?
―Me merece más respeto el asesino de ETA que el que ha ido a matar a los viejos. […] Porque, equivocado o no, el de ETA mata por ideales. El otro, sólo por dinero».
Precisamente sobre la barbarie etarra ofreció el político republicano, y eurodiputado en los años 90, un auténtico recital de indecencias en (S)avis (minuto 45:28 del vídeo en adelante), uno de una serie de programas de entrevistas a escogidos personajes de avanzada edad, que fue emitido por TV3 el 28 de septiembre de 2009, y cuyo título jugaba tipográficamente con las palabras avis y savis (traducidas como ‘abuelos’ y ‘sabios’).
«ETA no mata a personas, mata enemigos políticos. […] Yo no puedo, no soy capaz de condenar incondicionalmente a ETA. […] Hacen una guerra con los medios que tienen. No son un Estado; por lo tanto, tienen que hacer la guerra de esta forma. Una guerra repugnante, evidentemente. Horrible. Pero hacen una guerra. […] Creo que muchas víctimas de ETA son víctimas colaterales de la guerra que hacen unos patriotas vascos equivocados contra el Estado español».
En 2012, y con apenas dos meses de diferencia, el Ayuntamiento de Barcelona, regido por Xavier Trias (CiU), y la Generalidad de Cataluña, le concedieron a título póstumo la máxima distinción de sus respectivas instituciones: la Medalla de Oro.

A fin de cuentas, resulta lógico que se galardone y que se añore la figura de Heribert Barrera. Es lo propio de una sociedad enferma que en la Ciudad Condal le tiene dedicada una calle al protonazi y misógino Sabino Arana, que erige monumentos al conspirador y golpista Francesc Macià. Y que la madrugada de cada 15 de octubre, eriza Montjuich de antorchados ascendiendo hasta la cima cual tribu cavernaria para homenajear a Lluís Companys, quien en 1934 provocó un baño de sangre alzándose en armas contra la República.
Los separatistas son esos señores tan democráticos que como cabeza de lista electoral presentaron a un candidato, Raül Romeva, aunque a quien en realidad tenían intención de investir presidente de la Generalidad era a Artur Mas, el cual iba agazapado en la lista como número 4; y que finalmente han colocado al frente del Gobierno autonómico a alguien que el pueblo no eligió: Carles Puigdemont.

Amén de haber estado años haciéndose pasar por filólogo sin tener la correspondiente licenciatura y de alguna otra “hazaña” más, en 1999 Puigdemont cofundó la Agencia Catalana de Noticias (ACN), una empresa financiada con fondos públicos y que ha llegado a tomarnos el pelo hasta el punto que puede comprobarse en este vídeo:
Vamos a ver: parece mentira que después de tantos años elaborándolo, me sienta obligado a realizar esta aclaración. Pero diría que resulta necesaria, según deduzco del comentario de un gentil aunque confundido lector:
    ◦ Este blog no va contra los catalanes ni contra Cataluña.
    ◦ ‘Catalibán’ es una contracción de los términos ‘talibán’ y ‘catalanista’ (¡catalanista!, que no ‘catalán’).
    ◦ Por si quedase alguna duda, el blog lleva por subtítulo: “Crónicas de la yihad separatista”.
    ◦ Pero es que además dedico una sección entera, titulada ¿Qué es un catalibán?, a describirles detalladamente
      (siempre con animus iocandi, claro está). Y donde, entre otras cosas, puede leerse lo siguiente:
«Según la Necional Geographic, un catalibán es un homínido bípedo, originario de Cataluña o acomplejado por
no haber nacido allí».
A estas alturas, el nacionalismo se nutre de casi tantas personas de fuera como de dentro de Cataluña. De hecho, muy destacadas figuras públicas de dicho movimiento político ni siquiera proceden de esta región. Tal es el caso de, por ejemplo: Eduardo Reyes, presidente de Súmate (cordobés); Patrícia Gabancho, escritora y articulista (argentina); Justo Molinero, magnate de los medios de comunicación (cordobés); Muriel Casals, presidenta de Òmnium Cultural (francesa); Josep Antoni Duran i Lleida, líder de UDC (oscense); Sor Lucía Caram, religiosa y activista pro secesionista (argentina); Juan Carlos Moreno Cabrera, lingüista (madrileño); Alfons López Tena, líder de Solidaritat Catalana per la Independència (saguntino); Raül Romeva, Consejero de Asuntos Exteriores de la Generalidad y cabeza de lista de Junts pel Sí en las autonómicas del 27-S (madrileño); Marcela Topor, mujer del presidente de la Generalidad Carles Puigdemont y redactora del portal separatista en Internet Catalonia Today (rumana); Ana Surra, diputada en el Congreso por ERC (uruguaya); Matthew Tree, articulista y escritor —«Em defineixo com un independentista». Directe!cat, 28-05-2007— (londinense); Diego Arcos, secretario de la Casa de Argentina en Barcelona (argentino); Belén Murillo, representante de la ANC en Madrid (madrileña); Vicent Partal, director del panfleto Vilaweb (valenciano); Isabel-Clara Simó, escritora y ex candidata del partido separatista SI (alcoyana)... Y así podríamos seguir.