13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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22 de noviembre de 2012

Asaltador de caminos

Por una Barcelona hecha cañada, las masas trashumaron el 11 de septiembre hasta convertir en clamoroso éxito la manifextorsión de la Diada. Esa misma sociedad que no se concentra para protestar por treinta años de despilfarro y corrupción nacionalista institucionalizada (comisionismo del 3% y el 4% de empresas adjudicatarias de obras públicas, agujero de Banca Catalana, pago de informes de dudosa utilidad, trama de concesiones de ITV, Caso Millet o de presunto saqueo del Palau de la Música para Convergència Democràtica de Catalunya y sus dirigentes, Caso Pallerols o de presunto desvío a Unió Democràtica de Catalunya de fondos para subvenciones, Caso Casinos de financiación de Convergència, Caso Estevill, Caso BFP, Caso Pretoria, informe policial sobre cuentas en Liechtenstein y Suiza, y un larguísimo etcétera), sí lo hizo, en cambio, para dejarse pastorear ordenadamente aquella tarde. Una sociedad enferma, en definitiva.

Pletórico, henchido de felicidad por el amplio seguimiento logrado, el presidente de la Generalidad no dudó en pasarles la mano por el lomo a tan numerosos y obedientes asistentes: «Creo que hemos ofrecido al mundo y a Europa la imagen de la mejor Cataluña», diría en comparecencia pública al día siguiente.

Es decir, que la Cataluña peor la compusimos los ausentes.

No transcurrieron ni nueve días cuando el bandolero Mas, con la secesión bien afilada, bajó de Sierra Moreneta para asaltar al asustadizo señorito del cortijo monclovita. A amenazarle con la independencia si no le entregaba dinero para pagarse... la independencia.

Cartel electoral de CiU representando a Artur Mas con ademán mesiánico sobre un oleaje de banderas catalanas y separatistas, objeto
de mofa en las redes sociales por su similitud con Moisés separando las aguas del Mar Rojo en la película Los diez mandamientos

La represalia ante la negativa fue un tremendo trabucazo de elecciones autonómicas anticipadas que han traído todavía más gasto público y una hemorragia de inestabilidad. Es la táctica de Mas, consistente en agitar violentamente para ver cuánto saca. Con propagandismo del odio, con desacatos judiciales, con sistemáticos desafíos y el uso de recursos autonómicos contra el orden constitucional. Agitar, como lo hizo con la Marcha sobre Roma en Cataluña de hace dos meses —que él mismo organizó pero no osó encabezar—. Y con este plebiscito separatista vestido de convocatoria electoral. Sabe que en algún punto del recorrido el Gobierno cederá. Es la estrategia del miedo.

Democracia para destruir la democracia. Demolición del Estado desde dentro. Como en 1933 en Alemania. Pero con atraco primero.

25 de diciembre de 2011

Cuento de Navidad

Hay gente que cree que existe el nacionalismo moderado. Que Artur Mas es un moderado. Que al nacionalismo se le puede contentar a base de darle y darle continuamente. Hay gente que cree.

Que cree que en Cataluña no hay dictadura porque cada cuatro años votamos. Que cada minuto que pasa nos roba España. Pero que el nacionalismo, no. Que Laporta es honesto y que tiene ideales catalanistas. Hay gente que cree que Laporta tiene ideales.

Hay gente que cree que Millet desviaba fondos del Palau en solitario para su exclusivo beneficio personal. Que el pueblo es sabio y que nunca se equivoca al elegir a sus gobernantes. Que el catalán está en extinción y por eso se impone. Que lo del 23-F fue un golpe de Estado, y que el Rey nos salvó de él.

Es gente que cree.

Gente que cree que la ETA ha dejado las armas y ahora es bondadosa. Que los atentados del 11-M los cometió Al Qaeda. E incluso que esto es una democracia.

Que Pujol no se llevó el dinero de Banca Catalana. Y que contribuyó valiosísimamente a la gobernabilidad de España. Que no es un mero negocio el nacionalismo, y que Rajoy meterá en cintura a los nacionalistas. Que con un concierto económico se acabaría el separatismo catalán para siempre. Se lo creen.

Por lo significativo de las fechas en que estamos, a ninguno de ellos, absolutamente a ninguno, le contaremos quiénes son en realidad los Reyes Magos para no pervertirle la inocencia.