13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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9 de septiembre de 2019

El hundimiento

“¡Me lo quitan de las manos, oigaaaaaa! ¡Y no lo vendo ni por 10, ni por 9, ni por 8! ¡Ni por 7, ni por 6! ¡A 5 euritos solamente! ¡A 5! ¡Por poco más de lo que...! Toma este globito, niño. ¡Por poco más de lo que vale un café, ahora puede ser suyo! ¡El milagroso Linimento del doctor Puchi contra el reuma, la calvicie, el acné, los dolores de espalda y las hemorroides; que sirve también para engrasar las bisagras y quitar el óxido de la bicicleta! ¡Me quedan pocos frascoooos!”.

Concentración organizada por Carles Puigdemont el domingo 8 de septiembre de 2019, en Bruselas, delante del emblemático
monumento Atomium. Con motivo de la mal llamada ‘Diada nacional [sic] de Catalunya’, una victimista conmemoración anual
de la invasión española de Cataluña que jamás sucedió. ¡Atención a las del tutú, atención!

18 de octubre de 2016

¿Levitaron alguna vez 100.000 separatistas?

En la noche del 11 de septiembre, un eufórico Gabriel Rufián se homenajeaba a sí mismo y a la secta colgando en su muro de Facebook este mensaje tan cursi, junto con una captura del momento en que la manifestación de la Diada desarrollada horas antes en Barcelona llegaba a Arco de Triunfo:

El controvertido portavoz adjunto de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados es especialmente activo
en la red social de Mark Zuckerberg y en Twitter, donde cuenta con 59.000 y 96.000 seguidores respectivamente

Su épica ocurrencia recaudó cuatrocientos comentarios; la mayoría de ellos jubilosos, de correligionarios suyos puestos de catalaína, intercambiándose mensajes de ánimo para mantener erguida la moral. Mas no le faltaron varias decenas de acusaciones de trucar la escena atiborrándola de gente mediante un programa de retoque informático, en lo que jocosamente algunos bautizaron como: el Caso de los separatistas voladores.


Montaje sarcástico en Internet
Efectivamente desconcierta en la foto ese cúmulo de personas sospechosamente agolpadas hacia la parte superior de la puerta, en un ángulo que no parece concordar con las líneas verticales del decimonónico monumento de estilo neomudéjar. Bien sabido es que los secesionistas poseen superpoderes, como el de la transcorporeidad. Sólo así puede comprenderse que mientras los matemáticos advierten del límite de manifestantes que una superficie dada puede albergar, año tras año los organizadores de la Asamblea Nacional Catalana y de Òmnium aseguren reunir en sus aquelarres a cuatro veces más. Pero el don de suspenderse en el vacío aún no les ha sido concedido. ¿Se le fue entonces la mano a Rufián con el Photoshop?

La verdad es que no. Entre la veintena de imágenes del reportaje sobre la conmemoración nacionalista publicado ese día en la edición digital del Mundo Deportivo, aparece una idéntica, incluso en proporciones, cuyos créditos atribuyen la autoría al periodista Alberto Estévez, de la agencia EFE: la posición y la forma de las banderas ondeantes coinciden, así como el resto de los elementos contenidos. Aunque definitiva para la resolución del asunto resulta el sitio web de la Corporación de Radio y Televisión Española (RTVE) porque, también firmada por EFE, muestra la misma fotografía con un encuadre mayor, que permite comprender el curioso efecto óptico producido.

La toma debió de realizarse desde gran altura usando un teleobjetivo, sistema de lentes que reduce la sensación tridimensional y proporciona una imagen más plana porque tiene mayor distancia focal. En otras palabras: comprime la perspectiva, la aplasta.

Podemos concluir por tanto, sin temor a equivocarnos, que el diputado de ERC y miembro de la plataforma secesionista de castellanohablantes Súmate no nos ha engañado. Esta vez. Quizás haya sido víctima de su merecidísima fama de trolero, que ha jugado en su contra.

La panorámica de la web de RTVE incluye en su parte inferior el escenario frente al cual acabó la manifestación, que en esta cita
anual había discurrido por el Paseo de San Juan (dos kilómetros de longitud) bajo el lema: ‘A punto’ para la República Catalana

A la Antiespaña que él representa le gusta mucho restregarnos las instantáneas de sus multitudinarias movilizaciones callejeras. Y jactarse comparándolas con las de las concentraciones convocadas en Cataluña un mes después con motivo del Día de la Hispanidad, a todas luces mucho menos numerosas. Con la fiesta celebrada el lluvioso miércoles pasado no han hecho una excepción.


Al fondo, edificio donde probablemente
se situó el fotoperiodista con su cámara
Nació Digital, por ejemplo, titula despreciativamente «El unionismo no es capaz de llenar la plaza Cataluña el 12-O» su información sobre el acto programado en el centro de la Ciudad Condal. Y enfatiza que la Guardia Urbana, al servicio del consistorio de Ada Colau, estimó en tan sólo 5.000 los asistentes. Pero a mí esa cifra me parece muy meritoria. Sobre todo en una maltrecha región como esta, campada por la intolerancia y el totalitarismo, donde por acudir a una manifestación y no a la otra, en lugar de una subvención de la Generalidad te puede caer una hostia. Un lector del hipersubvencionado panfleto (205.484,28 euros) se atreve a razonarles a contracorriente:
«Si los que queréis cambiar el estado actual sois vosotros y no nosotros, ¿por qué tenemos que salir a la calle a hacer nada?
»Bien tranquilo que he estado en casa sin mojarme, viendo la charlotada de Badalona por la televisión [se refiere al desacato cometido por seis concejales que se presentaron a trabajar y escenificado ante los periodistas por el teniente de alcalde José Téllez, quien rompió la resolución judicial que obligaba a cerrar las dependencias del Ayuntamiento debido a la festividad] y con la bandera española en el balcón. Y como yo la mayoría de gente no secesionista. ¿U os creéis que los 5.000 o los que fuesen hoy en la calle son los únicos que no quieren la secesión? ¿De verdad lo creéis? :D
»Las performances y charlotadas son vuestras, a nosotros no nos hacen falta. Ni tampoco el victimismo perenne».
Similar opinión expresa otro comentarista:
«No necesitamos salir a la calle, ya tenemos lo que queremos, una Cataluña buena, dentro de una España plural».
A continuación, un “pueblo” que, parafraseando a Gabriel Rufián, también “estaba haciendo historia”; durante el congreso del NSDAP en la Núremberg de 1937, más concretamente:


Esta es otra imagen a cuyo lado también languidece la ritualística con que los de la estelada se empeñan machaconamente en obsequiarnos, y que sería muy de su agrado porque rebosa colorines, mosaicos humanos y obediente marcialidad:


Las demostraciones de fuerza mediante la exhibición de masas siempre plantean el interrogante sobre si revisten de razón una reivindicación, o si, por el contrario, no logran otra cosa que evidenciar el grado de adoctrinamiento conseguido por la propaganda en una población convenientemente acrítica.

19 de febrero de 2016

El Comando Pedales

En la madrugada del pasado día 14, la diputada autonómica Muriel Casals fallecía a la edad de 70 años como consecuencia de las lesiones sufridas dos semanas antes al ser arrollada por una bicicleta. Aunque había obtenido su escaño en los últimos comicios regionales tras presentarse en las listas del contubernio electoral que CiU y ERC montaron con el nombre de Junts pel Sí (‘Juntos por el Sí’), fue entre 2010 y 2015 cuando obtuvo notoriedad: como presidenta de Òmnium Cultural, organización fundada en pleno franquismo, en 1961, que ha devenido en hipersubvencionado instrumento de agitación social al servicio de los intereses de la Generalidad.

Junto con la ahora también diputada, y presidenta del Parlamento autonómico de Cataluña, Carme Forcadell, Casals coorganizó los más sonados aquelarres del mal llamado procés soberanista para fomentar la división y el enfrentamiento (Vía Catalana, Marcha sobre Barcelona, Concierto por la Libertad, etc.), así como el referéndum ilegal de autodeterminación, celebrado el 9 de noviembre de 2014 a pesar de la prohibición del Tribunal Constitucional. Y en una entrevista televisada, llegó a tachar de “maltratadores infantiles” a los padres que reclaman el derecho a educación bilingüe para sus hijos (TV3, 8 de julio de 2011).

13 de mayo de 2015: manifestación convocada por Òmnium Cultural a través de su plataforma Som Escola delante de la Escuela Pía
Santa Anna de Mataró, donde una familia había solicitado el cumplimiento de la sentencia del TSJC que resuelve impartir el 25%
de las clases en español. Amedrentados por las fuertes presiones, los padres del niño finalmente desistieron

Según varios testigos presenciales, la diputada provocó el accidente cruzando indebidamente una concurrida intersección del Ensanche barcelonés (calles Provenza y Urgel) con el semáforo para los peatones en rojo. Su cabeza recibió un fuerte impacto contra la del ciclista y otro después contra el bordillo de una acera, a resultas de todo lo cual fue ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Clínico en estado grave, con traumatismo craneoencefálico y fractura de pelvis.

La noticia del fatal desenlace ha ocasionado las lógicas muestras de condolencia del entorno nacionalista, y del mundo de la política en general, a través de las redes sociales y de los foros de opinión en Internet. Pero también ha inflamado los ánimos de gente que acostumbra a opinar sin saber —o sin querer saber—:
«Un ciclista ha atropellado a alguien y no hay ni investigación por homicidio, ni fiscalía ni juicio ni nada». (Nació Digital. 15-02-2016, 15:15).
«EL PEATÓN SIEMPRE TIENE PREFERENCIA, ¡¡¡SIEMPRE!!!». (Vozpópuli. 14-02-2016, 13:29).
«Al ciclista espero que le crujan porque eso que ha hecho es un homicidio». (Vozpópuli. 14-02-2016, 09:46).
Y peor aun: ha desbocado hasta el patetismo la truculenta fantasía de aquellos que se sienten objeto permanente de una malvada conspiración de los servicios secretos españoles, del CNI:
«No creo que sea una casualidad su muerte». (Nació Digital. 14-02-2016, 19:18).
«¿ACCIDENTE? Pensad que Gaudí también fue atropellado... Como muchos otros...». (Nació Digital. 15-02-2016, 09:30).
«¿Se ha abierto una investigación sobre el “accidente” este? ejem [sic], ejem...». (Nació Digital. 15-02-2016, 09:33).
«A mí me huele a asesinato, la muerte de Muriel.
Un ciclista que dicen ser tan frágiles, la embiste, casi mortalmente.
Y de repente, en pocos días, está muerta...
Alguien al que no le interesaba que estuviera viva, por todo lo que representaba para Cataluña, se la ha cargado. ¿España?
¿Cuándo sabremos la verdad?
Descansa en Paz... —no puede descansar porque los muertos no sienten...—.
En cualquier caso: Quien [sic] haya hecho esta atrocidad: NI OLVIDO NI PERDÓN».
(Racó Català. 14-02-2016, 15:35).
Porque es que el nacionalismo en realidad consiste en eso, en el permanente y caro cultivo del victimismo; en una angustiante manía persecutoria inducida desde arriba por quienes sacan provecho particular de ella, como ya se trató en la crónica titulada Paseo por el rencor y la paranoia, y de la cual hay numerosas muestras en la espeluznante sección Flores del desierto.

1 de septiembre de 2015

Déjà vu

Ante la intolerable oleada de difamaciones que pueblan Internet ―junto con otros espacios donde también florece el siempre deseable debate público como producto de la convergencia de diferentes corrientes de opinión―, y actuando en mi calidad de autor y administrador únicos del blog, me siento en la obligación moral de precisar lo siguiente: que NO existen similitudes entre el nacionalismo catalán y el nazismo alemán fundado por Adolf Hitler.


Ninguna, ni la más remota; por mucho que algunos se obstinen en buscarlas.


No son en absoluto comparables, ni en sus métodos ni en la escenificación de sus multitudinarias movilizaciones.


Tampoco en su iconografía.


Desconozco a quién puede habérsele ocurrido tan disparatadas ignominias.


Pero albergo el convencimiento de que tales acusaciones responden, sin duda, a un ánimo infamante contra esa nobilísima y democrática opción ideológica de la Cataluña de nuestros días.


Y creo que es así porque resulta imposible encontrar puntos en común entre ambos movimientos políticos.


¡Como si alguna vez hubiera podido alguien demostrar lo contrario, vamos!


Nuestra postura ética, la mía y la de todos, no debe ser otra que la de hacer prevalecer la verdad negando cualquier semejanza.


Combatir esas malintencionadas analogías sin descanso, con denuedo, vigorosamente... más aun, ¡febrilmente! En todo momento, circunstancia y lugar.


Desmentirlas, sea cual sea la clase de mentes calenturientas de las que provengan.


A mí se me hace muy difícil comprender cómo puede haber gente capaz de inventar maledicencias así, la verdad.


Sirva la presente aclaración como comunicado oficial de este sitio web y procúrese en adelante su máxima divulgación a iniciativa de los amables lectores que lo deseen.

En Cataluña, a primero de septiembre del año de Nuestro Señor de dos mil quince.

5 de agosto de 2015

2

Anda la secta muy silenciosa últimamente. Apenas se les oye. El año pasado por estas fechas ya estaban anunciando a bombo y platillo el show con que tenían pensado amenizarnos en la Diada del 11 de septiembre: un gigantesco mosaico humano a lo norcoreano en forma de v, con adultos y niños —¡muchos niños, muuuchos!— obedientemente uniformados, con camisetita amarilla unos; de color rojo la otra mitad.

Este año en cambio ni siquiera me he enterado de qué preparan. Alguna mamarrachada de las suyas, eso seguro, profusa en grititos histéricos, chutes de victimismo y semblantes con mirada perdida. Pero el caso es que su ímpetuosa omnipresencia de antaño en los medios parece haberse esfumado. No se les ve organizar hitlerianas marchas nocturnas con antorchas, ni conciertos “por la libertad” en el estadio del Barça. Los referéndums con urnas de cartón son cosa del pasado. Y en las carreteras uno ya sólo se cruza con vehículos y no con cadenas humanas. Todo lo cual abona en bastantes optimistas la convicción de que cayeron abatidos por la derrota. ¡Nada más lejos de la realidad!


Además de para adoctrinar políticamente al pasaje,
el reparto gratuito de periódicos en los transportes
públicos sirve a la Generalidad para subvencionar
encubiertamente a la prensa afín
Los admiradores de los golpistas Lluís Companys y Francesc Macià están, simplemente, agazapados, al acecho. En paciente espera de su oportunidad... tras las elecciones. Pero de las generales más que de esas autonómicas convocadas anteayer para el próximo 27-S, porque es cuando planean extorsionar a placer al previsiblemente débil Gobierno de la nación emergido de las urnas.

Lo que se ha dado en mal llamar «proceso soberanista [sic]» no es sino un acelerón imprimido por Artur Mas a la operación separatista puesta en marcha 35 años atrás por Jordi Pujol («hoy paciencia, mañana independencia», coreaban sus colaboradores directos y sus acólitos, mientras en Madrid el Molt Honorable cleptócrata fingía contribuir a la estabilidad del Estado con su interesadísimo apoyo parlamentario y era elegido «El español del año»).

E intuyo que el chulesco desafío de Mas, o pisotón de gas a fondo, viene siendo apoyado desde el principio por dos clases de nacionalistas: los líderes iluminados y el populacho persuadido por la propaganda, de una parte; y un segundo grupo, más realista, integrado por políticos catalanistas de diversas tendencias y por determinada élite empresarial, que pese a haber atisbado la improbabilidad de una secesión inmediata, con la agitación provocada buscan arrancarle al Gobierno todavía más privilegios a través de un estatus especial para esta Autonomía (el blindaje de competencias en materia lingüística y educativa, el reconocimiento oficial de Cataluña como “nación”, unas estructuras judiciales desconectadas de las del resto de España ―para garantizarse la impunidad de sus corruptelas perpetradas y por cometer― y derecho de veto en ciertas decisiones del Ejecutivo son algunas de las reivindicaciones que ya intentaron colar en la elaboración del último Estatuto).

Así como un pacto fiscal o concierto económico, por supuesto; con una agencia tributaria propia. ¿Para conseguir definitivamente el famoso “encaje de Cataluña en España” con el que tanto nos han machacado? No, al revés: para poder sufragar los enormes costes que conlleva una secesión.

Porque para crear una nación de la nada y ponerla en el mundo (esto es: obtener la aceptación de la ONU y de las potencias de mayor peso, incluirla en los principales foros y tratados internacionales habiéndola dotado antes de sus preceptivas estructuras de Estado para cubrir las apariencias, establecer acuerdos comerciales con otros países, emitir deuda pública con posibilidades de éxito, etc.) hay que comprar muchas, pero que muchas voluntades. Y a muy caro precio.

Ni existe ese espejismo de una versión moderada del nacionalismo, ni resulta posible contentar a este con nada. Quienes proponen soluciones a base de fórmulas federales y asimetrías se engañan o nos engañan. Porque es un movimiento político con dos objetivos irrenunciables: desgajar Cataluña de España y anexionarse después otros territorios (fantasmagoría imperialista de los «Países Catalanes»). Y no parará hasta alcanzarlos, sin reparar en tiempo ni en gastos.

Mientras tanto seguirá creciendo en número de adeptos, fanatizando a las masas, inoculando odio cainita, acaparando cuotas de poder político y social, y colonizando culturalmente las regiones de las que pretende apropiarse. Continuará sobornando a medios de comunicación mediante subvenciones. Y las escuelas catalanas nunca dejarán de proveer generaciones de fieles con la mente convenientemente programada, merced a la competencia de Enseñanza que hace décadas fue transferida a la Generalidad.

18 de marzo de 2015

50 sombras de Rajoy Brey

No olvido lo mucho que me impactó una escena de la cadena humana en la Diada de 2013: la mal llamada Vía Catalana. Durante toda la tarde seguí su retransmisión en directo a través de TV3% o como se llame eso que tanto dinero nos cuesta de nuestros impuestos. Sería injusto no reconocer que la cobertura informativa del evento era impresionante: unidades móviles, conexiones simultáneas, reporteros desplegados por múltiples puntos del trazado, mapas, banderas, infografía, analistas, comentaristas y tertulianos en el estudio. Sintonías musicales, entrevistadores y entrevistados, micrófonos para registrar el jacarandoso sonido ambiente, helicópteros sobrevolando. Puede que algún que otro dron. Y niños, muchos niños. Algunos de ellos, animados por sus mayores a colocarse ante la cámara para echarse un precioso canturreo antiespañol.

El caso es que cuando al fin arribó la mágica hora de las 17:14, repleta de simbolismo para esta grey, repicaron las campanas de las iglesias y todos se agarraron de las manos con ridícula solemnidad. La mirada, perdida. Seriedad absoluta en sus rostros. Impasible el ademán. Y bastantes de ellos, vistiendo las camisetitas amarillas que al módico precio de doce eurazos cada una, tita Carme Forcadell les había endilgado en nombre de la causa.

Cadena humana, el 11 de septiembre de 2013. Un análisis
de la ‘gigafoto’ tomada ese día revelaría posteriormente
que de los 793.683 participantes (no dos millones como
dijeron los organizadores), más de 130.000 eran niños
Permanecieron en esa pose exactamente un minuto. Después del cual sobrevino la consabida explosión de grititos histéricos (In-inda-indapandanchi-á!! GÑÑÑÑ!!), seguida de un sonoro aplauso que se dedicaron a ellos mismos.

Y ahí es cuando vino lo bueno. Porque tras esos escasos dos minutos que la astracanada tardó en concluir, la mayoría quedaron desconcertados, mirándose unos a otros, sin querer marcharse pero sin saber tampoco lo que hacer. Como preguntando para sí: ¿ya está, esto ha sido todo? Habían hecho un montón de kilómetros hasta aquella carretera en medio de la nada, ¿y sólo para eso? Así, unos optaron por sentarse en el arcén, esperando no se sabe qué, mientras los demás deambulaban de un lado a otro entre desconocidos, tratando de hacer tiempo y resistiéndose a regresar. Yo diría que aguardaban el milagro: el anuncio por megafonía de la proclamación de la República Catalana en aquel preciso instante. Y que quizás no fuese hasta entonces cuando comprendieron la futilidad de su acción. Que tanto esfuerzo y tanto gasto en el desplazamiento (despilfarro de tiempo, y también de dinero en esta terrible época de crisis) no habían dado los frutos inmediatos que imaginaban. Que las cosas continuaban exactamente igual.

Aquella fue sólo una de tantas movilizaciones, entre las que cabe citar: una gran marcha sobre Barcelona, la creación de una gigantesca V, un soporífero recital musical en el estadio del Barça con cantantes olvidados u olvidables, un adulterado tricentenario, mosaicos humanos norcoreanos, desfiles de antorchas a lo hitleriano, misivas de súplica a altos mandatarios europeos, lloriqueos a la ONU, una declaración de soberanía del Parlamento autonómico tan fraudulenta como esperpéntica... hasta culminar con el ilegal referéndum de autodeterminación del pasado 9 de noviembre, que ninguna autoridad impidió.

Pero tras tan monumental despliegue escenográfico y litúrgico, parece que el cansancio y el desaliento cunde entre las bases. Varias fuentes informan que incluso podrían estar produciéndose agrias disensiones en el núcleo dirigente del proceso separatista: los políticos y las bien engordadas entidades agitadoras. Han jugado ya todas sus bazas. Salvo una declaración unilateral de independencia (a lo cual todavía no se atreven; todavía), ninguna otra provocación más les queda por intentar. Y sistemáticamente toparon en cada ocasión con la pasividad del Gobierno, que se limitó a ir traspasándole el problema al Tribunal Constitucional.

Unos, han criticado severamente esta ausencia de respuesta de Mariano Rajoy, y no descartan que sea fruto del miedo o de un bastardo interés por mantener la puerta abierta a futuros pactos con CiU tras las elecciones. Para otros en cambio, la inacción de nuestro presidente obedece a una inteligente estrategia de desgaste del secesionismo, consistente en ignorar su creciente nivel de afrentas y rehuir toda confrontación para evitar que se victimice.

Enigmático personaje este tal Brey, quien pese a la intención anunciada por Artur Mas de abrir por el mundo 50 nuevas pseudoembajadas en los próximos meses, sigue pagándole ―entre otras― las facturas de las farmacias catalanas.

10 de septiembre de 2014

La abuelita narcotraficante

Hace mucho, mucho tiempo, un suceso conmocionó a la sociedad. Los medios de comunicación se hicieron eco de la penosa situación padecida por una compatriota nuestra de avanzada edad en un lejano país asiático y España entera pareció movilizarse en pos de su liberación. Una poderosa organización internacional dedicada al tráfico de drogas, había deslizado un comprometedor cargamento dentro de su equipaje de turista sin que se percatase. Los jueces, inclementes, no tuvieron en cuenta su versión ni la inofensiva apariencia de la septuagenaria y le impusieron una severa condena, que llevaba años pagando en condiciones infrahumanas.

Extranjera en aquel remoto lugar, sin conocimiento del idioma e incesantemente mordida de día y de noche por la abundante variedad de insectos que todo clima tropical produce, vivía hacinada en una angosta celda «entre ladronas y asesinas», según sus propias palabras. Dormía directamente sobre el duro pavimento, donde a menudo era atacada por ratas. Y las nulas condiciones higiénicas junto con una alimentación deficiente tenían corroído su cuerpo, mientras que la tristeza por la injusticia cometida se había apoderado de su alma.

A menudo atacada por ratas e incesantemente mordida por
la abundante variedad de insectos que todo clima tropical
produce, vivía hacinada en una angosta celda «entre
ladronas y asesinas», según contaba en su carta
Mas no acababa ahí su infierno particular. Debido a la miseria económica y moral de la nación que la retenía, sufría desde hacía varios meses una fractura ósea sin que de las autoridades carcelarias recibiera ni la asistencia médica más elemental. De modo que los dolores habían tornado inservible uno de sus brazos. Sintiendo próximo el final de su vida, la desesperada anciana destinó sus últimas fuerzas a escribir a su sobrina para pedirle ayuda.

Apenas esta recibió su carta, en Madrid, emprendió con ímpetu cuantas gestiones se le ocurrieron. Contactó con la embajada, con el cuerpo diplomático. Cursó peticiones al Ministerio del Exterior y al de Justicia, a las más altas instancias del Gobierno de España. Incluso mandó una misiva al Rey donde le solicitaba su influyente intercesión. Pero no fue hasta que acudió a los medios, en especial a la televisión, cuando su campaña adquirió un impulso definitivo. Participó como entrevistada en diversos programas de gran audiencia, leyendo conmovedores pasajes de la carta de su tía con detalles del terrible encierro que la aniquilaba. Transmitiendo a la audiencia que ella no albergaba ya ningún otro deseo que morir, al menos, cerca de su tierra. En el plató y desde sus casas, los espectadores vibraban de emoción. Seguían con efervescente intensidad la descripción de ese calvario hasta que en el tramo final de cada emisión estallaban en una auténtica explosión de emotividad, cuando la cámara mostraba antiguas fotografías de la ahora cautiva posando en el madrileño Parque del Retiro. No cabía duda, aquella señora mayor de aspecto bondadoso y venerable era la abuela que cualquiera hubiera deseado tener. Debíamos traerla de vuelta como fuera.

Y el milagro se produjo. Los esfuerzos dieron su fruto y el sentimiento de satisfacción se generalizó: lo habíamos conseguido entre todos. Pero casi al mismo tiempo en que se conocía la noticia de su inminente puesta en libertad, un equipo de televisión regresó de allí con una sorprendente verdad.

La repercusión alcanzada por el caso y su indiscutible interés humano, habían animado a una importante cadena privada a costear el caro envío de reporteros al lugar, que contra todo lo esperado descubrieron una realidad muy distinta. Fueron recibidos por una vivaracha mujer, que no mostraba heridas ni signo alguno de maltrato. Ni rastro existía tampoco de huesos rotos en su cuerpo, cuya obesidad delataba una continuada sobrealimentación. Apenas nada coincidía con lo contado. Tras seis años de encierro, su más grave problema de salud consistía en lucir una sonrisa mellada después de que a su dentadura postiza se le desprendiera un incisivo superior.

Disfrutaba de una especie de mini-apartamento, donde ni siquiera faltaba una rudimentaria cocina, que se había procurado a base de alquilar la celda contigua a la suya e interconectarlas. Otra reclusa, contratada como sirvienta, iba cada día para hacerle la cama y la colada, barrer, fregar, coser e incluso guisar platos a su gusto; para realizarle todas las tareas domésticas que fuesen menester. Sucedía que, al cambio con la débil moneda local, la pensión de jubilación que el Estado español nunca había dejado de enviarle mensualmente suponía allí una pequeña fortuna con la cual poder agenciarse importantes comodidades y privilegios dentro del recinto penitenciario.

Pero aún aguardaban más sorpresas.

Lejos de correr al encuentro de su amorosa pariente y de los medios que más habían hecho por ella para agradecerles el gesto, la recién excarcelada vendió la exclusiva de su historia a la revista Interviú a cambio de una sustanciosa cantidad antes de regresar. Cruzó la frontera española en secreto a bordo de un tren, acompañada por dos redactores del semanario sensacionalista. Y se mantuvo oculta en algún lugar indeterminado hasta la fecha de publicación del reportaje, buscando proteger la primicia por la que tanto dinero le habían pagado. Una vez que comprendió la manipulación y el engaño de los cuales había sido objeto, la sobrina, la más cándida en este lamentable asunto, despotricó y le lanzó los peores improperios públicamente a través de los micrófonos. Para entonces, la anciana por fin se había dejado ver y terminó acudiendo como invitada a un par de programas televisivos. Pero la actitud chulesca y desafiante que mostró en las entrevistas, unida a lo incoherente de sus explicaciones, inspiró en la gente serias dudas sobre su inocencia en la comisión del delito que la condujo a prisión.

Esta historia, 100% verídica, nada tiene que ver con el tema de este blog: el totalitarismo separatista. La he relatado, simplemente, porque me apetecía. Aunque... bien mirado... sí tiene relación, sí. Nos enseña cuán provechoso resulta en ocasiones mentir y hacerse la víctima.

Mañana —¡ya sabía yo que me ha venido a la memoria precisamente ahora por alguna razón!— presenciaremos la gran ceremonia del victimismo y de la manipulación: la Diada, o lagrimeante conmemoración de la invasión castellana de Cataluña que jamás sucedió. Y no será una convocatoria cualquiera, porque este año coincidirá con el tercer centenario de la supuesta colonización a manos de Espanya, la falacia épica de lo del 1714. Y servirá además de preámbulo del referéndum ilegal anunciado para el próximo 9 de noviembre. Habrá lloriqueos y embustes como para parar un camión. No faltarán la agitación ni la mendacidad. Propagandistas generosamente regados por la Generalidad con nuestro dinero contarán una vez más el pasado como no fue, la narración de decisivos episodios bélicos será tergiversada y una turba de exaltados desfilarán vestidos con innumerables agravios inventados. Volveremos a vivir lo mismo de siempre pero este año, en cantidades industriales.

Y al igual que en la historia de la viejecita, también habrá tontos útiles y sinvergüenzas que se aprovecharán.

10 de marzo de 2014

Arthur More

Que a la Generalidad la «internacionalización del conflicto» (expresión copiada del lenguaje de ETA) no le está saliendo como esperaba es algo estruendosamente notorio, por mucho que se esfuercen en disfrazarlo. La mayoría de los líderes europeos han ignorado la misiva enviada el pasado diciembre donde, en un inglés de menú de chiringuito de playa para guiris, el mandamás de la taifa catalana les pedía colaboración en el golpe de Estado que planea dar. Angela Merkel y David Cameron evitaron pronunciarse, mientras que François Hollande se desentendió a través de un portavoz de la embajada francesa en Madrid (no obstante, el fin último de la carta en realidad no era otro que el de incomodar a Rajoy ante sus homólogos para forzarle a negociar).

Apenas uno de los principales dirigentes, Durão Barroso, exhibió la cortesía de despacharle una respuesta. Y fue muy concisa, de tan solo tres párrafos, con los cuales el presidente de la Comisión Europea (CE) aludió al carácter interno del asunto y recordaba contundentemente a Mas las consecuencias que la legislación comunitaria prevé para los territorios secesionados de un Estado miembro de la UE.


Ante el rechazo de los mandatarios rusos, que
declinaron recibirle, Artur Mas se conformó
con fotografiarse a lo Doctor Zhivago en la
Plaza Roja de Moscú y regresó
Tremendo escozor ha provocado otro reciente —y poco divulgado— capítulo del patético periplo internacional: los escoceses, que ya habían rechazado jugar contra la selección catalana de fútbol el pasado 30 de diciembre (lugar que finalmente fue ocupado por una representación de Cabo Verde), se han negado también a disputar un partido en 2014. Buscaban los estelados presentar ese enfrentamiento deportivo como un festivo preludio de sus respectivos referéndums separatistas: el de Escocia, y el ilegalmente convocado aquí para el 9 de noviembre por CiU. Pero los paisanos de William Wallace han culminado su desprecio argumentando que dicho encuentro no aportaría nada al currículum de su selección porque Cataluña no es miembro de la FIFA ni de la UEFA.

Este 2 de marzo, el periódico portugués Público sacó un artículo muy gráficamente titulado «Mitos tóxicos del nacionalismo catalán», donde se demuestra lo bien que ya han calado a esta gente por ahí fuera.

La pieza periodística arranca con el evento recientemente organizado por la incipiente diplomacia catalana (Diplocat) en la Facultad de Derecho de la Universidad de Lisboa y que el autor, Jorge Almeida Fernandes, define como un nuevo acto de «propaganda» en «la batalla por la opinión pública». El Consejero de la Generalidad Francesc Homs, junto con Francesc Vendrell, ex miembro del cuerpo diplomático de la ONU y venturoso poseedor de la Cruz de Sant Jordi, se empeñaron en explicar a los lusos su proceso rupturista, así como los supuestos «derechos históricos» que les asisten.

Almeida Fernandes alerta sobre la utilización que de la fecha del 11 de septiembre, «día místico», realizará el Ejecutivo autonómico para plantear un pulso al Gobierno mediante una gran movilización en la Diada, dentro de «un clima de máxima exaltación nacional». Y subraya «el intento de “reinvención de la historia” por el nacionalismo catalán»:
«Hay dos cuestiones fundamentales. La primera es una alucinación: la idea de que Cataluña fue un Estado soberano durante 700 años. Para ello borra la existencia del Reino de Aragón, del cual Cataluña formaba parte. La Corona de Aragón se transmuta en “Corona Catalano-aragonesa”».
Y prosigue:
«La segunda es la tesis de los “300 años de expolio” de España a Cataluña desde 1714, expolio que todavía hoy continúa. Lo que los nacionalistas no explican es por qué, en estos 300 años, Cataluña se ha convertido en la región más rica y dinámica de España».
Entre las múltiples iniciativas separatistas planteadas —que van desde una marcha por 52 municipios que fueron escenario de la Guerra de Sucesión, hasta el lanzamiento de un videojuego infantil—, el artículo menciona el simposio España contra Cataluña, celebrado por la Generalidad en noviembre:
«Decenas de historiadores criticaron el simposio. Ricardo Garcia Cárcel, de la Universidad Autónoma de Barcelona y experto en los siglos XVII y XVIII, denunció el título —“históricamente indefendible, absurdo y poco científico”— y la manipulación nacionalista “impulsada por pseudohistoriadores que montan un discurso al servicio de una causa”.
»El británico John Elliott, historiador de Cataluña y del Imperio español, resume: “Es un disparate”. Y añadió: “Una sociedad necesita de sus mitos, pero esos mitos condicionan y entorpecen la auténtica investigación hasta el punto de que un pueblo se encierra en sí mismo y adopta una postura victimista, culpando a los demás de sus desgracias”».
Tras lo cual, trae a la memoria el lamentable episodio relatado por este en una entrevista:
«Los jóvenes catalanes aprenden una Historia falsa. Me chocó encontrar, en una universidad catalana, a un joven que incluso estudiaba Historia y creía que la Guerra Civil [1936-1939] había sido un conflicto entre España y Cataluña».
Por su parte, el sociólogo Enrique Gil Calvo, de la Universidad Complutense de Madrid, se pregunta cómo es posible que «el pueblo más culto, moderno e ilustrado de la Península Ibérica» haya experimentado una «irracional regresión» hacia «un nacionalismo étnico, victimista y antiespañol». Y califica las causas como «enigmas culturales perturbadores».

El lúcido analista del diario lisboeta concluye:
«La victimización produce nacionalismos infelices que inventan un enemigo para poder sobrevivir».

22 de enero de 2014

Carmen de España

Por mucho que ella lo niegue, Carme Forcadell es española. Y doblemente: primero, porque nació en la tarraconense villa de Cherta; pero además porque preside la Asamblea Nacional Catalana (ANC), organización dedicada a promover algo tan nuestro como es el cainismo.

A ella le debemos el montaje de los más sonados aquelarres separatistas de los últimos tiempos, teñidos con tintes épicos y magnificados hasta el paroxismo por la maquinaria de propaganda de la Generalidad: la cadena humana de la Diada, el 11 de septiembre de 2013 (mal llamada Vía Catalana, pues no representaba a Cataluña ni a los catalanes); en la misma fecha del año anterior, la Marcha sobre Barcelona (nombre que evoca la célebre Marcha sobre Roma de Benito Mussolini); y —juntamente con Òmnium Cultural y otras entidades subvencionadas— la macroconcentración de este verano en el estadio del Barça, bautizada como Concierto por la Libertad.


Josep Maria Vila d'Abadal y Carme Forcadell,
dando una rueda de prensa conjunta
Desde mayo de 2012, la ANC mantiene un acuerdo de colaboración con la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), otra porción de eso que el Régimen denomina con cinismo societat civil. Su presidente y fundador, Josep Maria Vila d’Abadal, ha hecho dos grandes servicios a la Humanidad: anunciarnos la buena nueva de que Nuestro Señor Jesucristo «sería claramente independentista» (Nació Digital, 11-05-2011) y llevar años negándoles un homenaje a las víctimas del atentado contra la casa-cuartel de Vich (10 muertos y 44 heridos), localidad que regenta como alcalde. Muy recientemente, el 18 de noviembre de 2013, Vila d’Abadal ha levantado generalizada indignación al reclamar al Ministerio del Interior los 180.000 euros con que su Ayuntamiento compró los ataúdes para los asesinados por el coche-bomba de ETA aquel día de 1991.

Pero volvamos a Carme: cuando sus importantísimas ocupaciones profesionales se lo permiten, pocas cosas le gustan más que encaramarse hasta un micrófono para señalar al prójimo y conceder certificados de catalanidad; como hizo en un mitin en Barcelona, el pasado 26 de mayo:
«Nuestro adversario es el Estado español, hemos de tenerlo muy claro. Y los partidos españoles que hay en Cataluña, como Ciudadanos y el Partido Popular, que no debería llamarse Partido Popular “de” Cataluña, sino Partido Popular “en” Cataluña. Por lo tanto, estos son nuestros adversarios. El resto, somos el pueblo catalán; y el resto somos quienes conseguiremos la independencia».
Meses después, Forcadell amplió su catálogo y ahora expide carnés de demócrata también. Esto es lo que el 27 de diciembre del año que se nos acaba de ir escribía en su cuenta de la red social Facebook:
«El presidente del Gobierno español ha dicho que trabajará para que no podamos celebrar la consulta, nosotros los demócratas trabajaremos para que todos podamos votar, porque no hay nada más democrático que unas votaciones y somos independentistas porque somos demócratas».
Como ya informaba la anterior crónica de este blog —Mentirosos compulsivos—, el movimiento separatista despidió el 2013 difundiendo un fotomontaje (en formato JPG) de una falsa sentencia del Tribunal Internacional de Justicia sobre la declaración unilateral de independencia de Kosovo, con un texto apócrifo que avalaría las tesis del secesionismo catalán, y que corrió como la pólvora por toda Internet (en apenas dos días, entre el 17 y el 19 de diciembre, el número de usuarios de Facebook que lo compartieron en sus muros desde el grupo Jo dic sí a la independència, por ejemplo, creció de 130 a 1.200: casi un 1.000%).

Incluso Pilar Rahola a través de la televisión, y el lánguido presentador de TV3 Jaume Barberà por la radio, personajes ambos que en ninguna entrevista que se les realiza desaprovechan la ocasión para presumir de ser periodistas rigurosos, dieron solemne lectura al embuste como si de algo verídico se tratase (su impostura quedó magistralmente retratada en dos reportajes de Marcus Pučnik, Así construye sus bulos el nacionalismo y “La Haya, La Haya, La Haya” —divertidísima, en este, la parte sobre el abogado chungo «de Huelva» invocado por Barberà—, y también en el artículo Albert Rivera, Pilar Rahola y Kosovo, de Sonia Sierra). Resulta difícil creer que todo fuese fruto de un error, pues la opinión consultiva —que no sentencia— de la Corte de La Haya salió hace hoy tres años y medio, el 22 de julio de 2010. Y mucho, y en muchos medios, ha sido públicamente analizada por reconocidos expertos en la materia.

Carme Forcadell figura entre quienes propagaron tal infundio. El 16 de diciembre de 2013, lo colgó en su blog personal bajo el grandilocuente título de: La democracia prevalece sobre la legalidad. A los cuatro días, el 20, cuando el asunto había saltado por los aires gracias a la pericia de las múltiples y versadas voces que detectaron el engaño, Carme corrió a borrarlo. Pero lejos de pedir disculpas —o callarse, sin más—, lo sustituyó (en la misma página, con la misma fecha e igual dirección URL) por el siguiente comunicado:
«A partir de ahora las mentiras, difamaciones y tergiversaciones sobre la Asamblea Nacional Catalana irán en aumento, pero nosotros debemos mantener la calma y la serenidad.
No podemos perder el tiempo contestando a informaciones falsas, elaboradas con la intención de provocarnos y distraernos de nuestro objetivo. Todos nuestros recursos y energías a convencer a los indecisos, a hacer que los demócratas dispuestos a votar sí a la primera pregunta voten también sí a la segunda. Este es el único objetivo que debe movernos.
No contestaremos a provocaciones, ni perderemos nuestro tiempo desmintiendo falsedades.
Nosotros trabajamos por el sí a la democracia y por el sí a la independencia.
Sí y Sí».
¡Sí y sí, hemos leído bien! Con qué asombrosa capacidad le da la vuelta a la situación simulando sufrir algún tipo de maligna campaña de desprestigio y presentándose encima como víctima, cuando no había habido aquí otras «mentiras», «tergiversaciones» ni «informaciones falsas»... que las contenidas en el bodrio que ella misma colaboró en esparcir.

Son los nuevos “demócratas”. Vayamos acostumbrándonos.

12 de septiembre de 2013

El eslabón perdido

11 de septiembre, festividad por antonomasia del nacionalismo catalán. Conmemoración de la invasión castellana de Cataluña que jamás sucedió. Barra libre de falsedades históricas y mentiras. Exhibición del peor folclorismo. Victimismo a gogó.

Como eso de una marcha multitudinaria o trashumancia a favor de la secesión ya lo hicieron el año pasado, para esta Diada la Sección de Coros y Danzas de la Generalidad eligió formar una gigantesca cadena humana. ¡Eso sí!, colándonosla como si de una iniciativa popular espontánea canalizada por la Assemblea Nacional Catalana se tratase, igual que en anteriores ocasiones.

Vía Catalana es el nombre que los organizadores dieron a esa especie de macrocorro de la patata, para seguir cultivando la perversa sinonímia entre los conceptos catalán y antiespañol. Y allí estuvieron los de siempre: subvencionados, subvencionables, fanáticos de mirada perdida, catetos levitando, tresporcientistas y cuatroporcientistas, cantantes olvidados, artistillas de rodillas, cuentatrolas, exaltados poniendo los ojos en blanco, zampacalçots con cargo al erario, intelectuales de la talla de Joel Joan, 1.714 iluminados, charnegos agradecidos, justomolineristas, gente lavando sus orígenes, el humorista Alfons López Tena ―detenido tras protagonizar un altercado―, magos capaces de convertir dinero público en privado, adictos a la catalaína, uno que quería ligar, chamanes de la nación en ciernes, tribalistas de hoy, caciquistas de ayer, subsaharianos con barretina, políticos sonrientes, robahuevos con escolta, un hijo de Pujol... y mucho, mucho gaznápiro timado con los espejuelos y las cuentas de vidrio brillantes que el régimen separatista vende como piedras preciosas.


Publicidad de un zurrón con productos autóctonos y
etiquetados en catalán, al precio de 12 euros, para
avituallar a los participantes en la cadena humana
Conectar los extremos norte y sur de Cataluña constituía un objetivo muy ambicioso. Y más así, a base de voluntarios en vez de con enfermos apuntados en las listas de espera de la sanidad catalana. Una distancia de 400 kilómetros, divididos por la organización en 78 tramos de 500 metros cada uno, que quedó finalmente cubierta de manera exitosa por cientos de miles de personas. No llegaron a ser tantas como las que consigue reunir el régimen de Corea del Norte o como las que desfilaban en Roma ante Mussolini, pero casi. Todo se andará, que por algo los métodos de propaganda y adoctrinamiento son los mismos.

No obstante, en el colorista evento de ayer pesó una importantísima ausencia: la de Artur Mas. ¿Por qué no fue el principal beneficiario e instigador del numerito?, se habrá preguntado más de uno. ¿Estaría en Liechtenstein? Si hasta parece que actúa como algunos otros presidentes de la Generalidad, que con sus encendidas arengas enviaban a los demás a luchar mientras ellos corrían en dirección contraria hacia lugar seguro. Bueno, pues no. El Molt Honorable i molt endeudado Artur rehusó acudir a entrelazar sus manos con las de sus abnegados súbditos por la sencilla razón de que él prefiere hacer las cadenas de otra manera: dando 893 millones de euros (150.000 millones de pesetas) a la cadena TV3 en los últimos tres años para que no deje de suministrar burundanga a la población. Y todo ello mientras cierra servicios hospitalarios, reduce la disponibilidad de las ambulancias, se salta las pagas extra de los funcionarios, no abona los medicamentos a las farmacias...

15 de marzo de 2013

Deprisa, deprisa

La secta no sólo pretende la secesión de Cataluña: además la quiere inmediatamente. Rápido, con urgencia, ya. A principios de semana, el diario e-Notícies informaba sobre la premura por acelerar la agenda separatista bajo el titular: «ERC presiona a CiU para adelantar la consulta al 2013». En la coalición de ambas formaciones para repartirse el poder de la Generalidad, Esquerra Republicana de Catalunya es la que realmente gobierna esta Comunidad y va marcándole la pauta al presidente Artur Mas en estas cuestiones.

El mismo día de la aparición de esa noticia, el pasado 11 de marzo, Ramon Carner compartía su ansiedad con los lectores de El Singular Digital a través de una entrevista. Es presidente del Cercle Català de Negocis (‘Círculo Catalán de Negocios’), una asociación de empresarios unidos por su interés común en darle una patada al principal cliente de Cataluña: el resto de España. Entre un cúmulo de victimismo y memeces clásico («la trayectoria del Estado siempre ha sido expoliar los territorios que no eran Castilla», «nosotros siempre hemos tenido en nuestro ADN el sacrificio y el esfuerzo», «España es sinónimo de país no democrático», etc.), Carner mostró el camino hacia el paraíso y nos dijo que corriéramos:
«Si no conseguimos el Estado en seis u ocho meses, los empresarios padeceremos mucho. La única solución para devolver la confianza es que Cataluña sea un nuevo Estado de la UE y que nuestros recursos sirvan para fortalecer nuestra economía y hacerla competitiva. […] Tenemos que trabajar todos juntos para alcanzar la independencia antes de 2014. Aunque la fecha del 11 de septiembre de 2014 sería una fecha emblemática, no podemos esperar. Las empresas están capitalizadas y no hay recursos para aguantar más tiempo».
Esa data posee una importante carga emocional y movilizadora porque es la del tercer centenario de la invasión castellana de Cataluña que jamás sucedió. Pero también viene siendo tomada desde antiguo por los catalanistas como un límite u horizonte temporal que de ninguna manera debe traspasarse sin haber proclamado el Estado propio.

Para Carner, así como para los socios republicanos de CiU y una gran masa de adoctrinados impacientes, es un asunto de la máxima prioridad.


Tuit del 26-12-2012: ‘¡Cuando tengamos Estado propio
crearemos una oficina de actividades anticatalanas y
juzgaremos a personajes como el Cañas [Jordi Cañas,
diputado autonómico y portavoz de Ciudadanos]
y le [sic] condenaremos a muerte!’
Los motivos parece que son varios. Convencidos por la costosísima propaganda oficial, muchos millares de súbditos tradicionalmente refractarios a la sentimentalidad de las pamemas identitarias y de los tribalismos, han terminado abrazando las tesis separatistas por interés pecuniario. Se han tragado hasta el fondo lo de que en la independencia reside la solución a la crisis y cándidamente esperan la prometida prosperidad. Sería lógico pensar que esa gran bolsa de adeptos sobrevenidos irá desinflándose de forma gradual, hasta rozar la insignificancia, en cuanto empiece la recuperación de la economía española, cosa que, tarde o temprano, llegará. Y eso preocupa a los gerifaltes regionales.

No dejar escapar esta oportunidad de grave deterioro de nuestras instituciones surge como otra poderosa razón para precipitar el proceso rupturista. Con un presidente y un partido inanes en el Gobierno, el PSOE buscando todavía su sitio tras sus pésimos resultados electorales y la Corona noqueada por la cantidad de escándalos que han aflorado, se dibuja un panorama propicio para todo tipo de carroñeros. Gerard Figueras es aquel diputado autonómico de Convergència que, el 15 de junio de 2011, entró en la fama chillando Auxili! con voz trémula cuando una turba de indignados asedió el Parlamento catalán. Casi un año después, a finales de mayo de 2012, y ya aparentemente repuesto del susto, el gallardo Gerard instaba a los militantes de la rama juvenil de su partido, la JNC, a aprovechar la «debilidad de un Estado español que se tambalea y se hace insostenible». Debilidad que, según sigue relatando en su crónica el digital Ara, definió como «económica, institucional y democrática».

Josep Maria Terricabras es catedrático de Filosofía en la Universidad de Gerona y un icono intelectual dentro del secesionismo. En las últimas elecciones autonómicas decidió dar el salto a la política presentándose como candidato en las listas de ERC. Él se ha mostrado igualmente partidario de imprimir celeridad a las acciones a lo largo de una conversación publicada en el número de enero de Esquerra Nacional, boletín de su partido:
«Creo que las emociones, la rabia, la ilusión también son efímeras. Lo comparo siempre con el entusiasmo sexual. Tanto el entusiasmo sexual como el entusiasmo patriótico o nacional tienen una duración determinada, no pueden durar días y días. Tenemos que aprovechar este momento».
No era la primera vez que recurría a símiles “románticos” para ilustrar sus deducciones. El 13 de noviembre de 2012, en plena campaña electoral, este distinguido activista y cofundador de la Assemblea Nacional Catalana ―entidad que organizó la célebre manifestación separatista de la última Diada― había declarado lo siguiente en el número 22 de la revista Òmnium:
«Los procesos de independencia siempre son rápidos, porque si se ralentizan, se corrompen y se complican. Los procesos de emancipación son como los orgasmos, una vez lo empiezas tienes que acabarlo y no lo puedes alargar mucho».
La petite morte, como diría un francés. Abraham Lincoln aseguraba que nadie puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. El tinglado nacionalista es de tal endeblez ideológica, están tan trufado de burdas adulteraciones y mentiras, que corre serio peligro de desmoronamiento en cualquier instante. Ahí podría radicar otra de las causas de tanta prisa.

22 de noviembre de 2012

Asaltador de caminos

Por una Barcelona hecha cañada, las masas trashumaron el 11 de septiembre hasta convertir en clamoroso éxito la manifextorsión de la Diada. Esa misma sociedad que no se concentra para protestar por treinta años de despilfarro y corrupción nacionalista institucionalizada (comisionismo del 3% y el 4% de empresas adjudicatarias de obras públicas, agujero de Banca Catalana, pago de informes de dudosa utilidad, trama de concesiones de ITV, Caso Millet o de presunto saqueo del Palau de la Música para Convergència Democràtica de Catalunya y sus dirigentes, Caso Pallerols o de presunto desvío a Unió Democràtica de Catalunya de fondos para subvenciones, Caso Casinos de financiación de Convergència, Caso Estevill, Caso BFP, Caso Pretoria, informe policial sobre cuentas en Liechtenstein y Suiza, y un larguísimo etcétera), sí lo hizo, en cambio, para dejarse pastorear ordenadamente aquella tarde. Una sociedad enferma, en definitiva.

Pletórico, henchido de felicidad por el amplio seguimiento logrado, el presidente de la Generalidad no dudó en pasarles la mano por el lomo a tan numerosos y obedientes asistentes: «Creo que hemos ofrecido al mundo y a Europa la imagen de la mejor Cataluña», diría en comparecencia pública al día siguiente.

Es decir, que la Cataluña peor la compusimos los ausentes.

No transcurrieron ni nueve días cuando el bandolero Mas, con la secesión bien afilada, bajó de Sierra Moreneta para asaltar al asustadizo señorito del cortijo monclovita. A amenazarle con la independencia si no le entregaba dinero para pagarse... la independencia.

Cartel electoral de CiU representando a Artur Mas con ademán mesiánico sobre un oleaje de banderas catalanas y separatistas, objeto
de mofa en las redes sociales por su similitud con Moisés separando las aguas del Mar Rojo en la película Los diez mandamientos

La represalia ante la negativa fue un tremendo trabucazo de elecciones autonómicas anticipadas que han traído todavía más gasto público y una hemorragia de inestabilidad. Es la táctica de Mas, consistente en agitar violentamente para ver cuánto saca. Con propagandismo del odio, con desacatos judiciales, con sistemáticos desafíos y el uso de recursos autonómicos contra el orden constitucional. Agitar, como lo hizo con la Marcha sobre Roma en Cataluña de hace dos meses —que él mismo organizó pero no osó encabezar—. Y con este plebiscito separatista vestido de convocatoria electoral. Sabe que en algún punto del recorrido el Gobierno cederá. Es la estrategia del miedo.

Democracia para destruir la democracia. Demolición del Estado desde dentro. Como en 1933 en Alemania. Pero con atraco primero.

16 de septiembre de 2012

Artículo: ‘Independencia y mentiras’

Magistral artículo de Antonio Robles titulado «Independencia y mentiras», que mi buen amigo Quim ha tenido la gentileza de enviarme. Nadie debería perdérselo. Es el análisis más inteligente y valiente que he leído desde la "manifextorsión" del pasado 11 de septiembre. Desde la Marcha sobre Roma en Cataluña.

Con suma lucidez, el autor da las claves del conflicto, así como también las de su única solución posible:
- Independencia y mentiras, por Antonio Robles.
(Solicito máxima difusión del artículo a través de las redes sociales. Sólo de nosotros depende no dejarnos doblegar por ellos).

9 de septiembre de 2012

Mussolini 2.0

Anda la secta excitadísima y muy atareada, ultimando los preparativos de la manifestación de pasado mañana en la Ciudad Condal. Como cada 11 de septiembre, conmemorará el aniversario de la invasión castellana de Cataluña que jamás sucedió, la célebre Diada. Pero la de este año viene revestida de una trascendencia incomparablemente mayor. Porque, a pesar de que las mentiras históricas serán las mismas de siempre, el aparato propagandístico está alimentando la creencia de que marcará un hito en el inexorable avance hacia la secesión y significará algo así como el día menos uno de la victoria, su preludio.


Cartel de la convocatoria con una figura femenina en actitud orgásmica
Razón por la cual no se va a escatimar en gastos ―que para eso la Generalidad acaba de pedir al Gobierno un rescate financiero de Cataluña por importe de 5.023 millones de euros― y, como ya sucediera cuando el numerito del 10 de julio de 2010 contra el Tribunal Constitucional, desde todos los lugares se fletarán cientos de autocares (1.078 confirmados, por el momento) a precios reducidos (entre 5 y 12 euros el billete de ida y vuelta, según la localidad catalana de salida; los asistentes desplazados desde Osona, comarca tradicionalmente prolija en adhesiones a la causa, además recibirán un regalo a bordo valorado en 3 euros) y varios trenes, hasta un total de cuatro, para llevar gente a hacer bulto. Cuanta más, mejor. Que ya luego en los despachos oficiales se encargarán del resto y donde las fotografías aéreas reflejen una participación de apenas 70.000 almas, la cifrarán los amos en un millón y medio, y tan contentos. Si no en tres millones... ¡o en cinco! Pues menudos son. Desde luego, de dos millones doscientas mil personas no bajará el recuento que piensan hacer de ésta, eso seguro.

De la organización está encargándose la Assemblea Nacional Catalana (ANC), flamante buque insignia ―se constituyó el pasado 10 de marzo― de un extenso y caro entramado de asociaciones y plataformas separatistas creadas a la sombra de la Generalidad, pero aparentemente promovidas por particulares. Todas juntas conforman lo que el Régimen y sus recaderos disfrazados de periodistas llaman cínicamente societat civil (‘sociedad civil’).

Hoy, estas agrupaciones ciudadanas artificiales son el instrumento, el arma más poderosa de que CiU dispone para provocar agitación social sin que su papel institucional quede comprometido. Para la ejecución del trabajo sucio. Pues todas coinciden en presentar sus ruidosas actuaciones como espontáneamente surgidas de la iniciativa popular, y no del estamento político.

La movilización es declaradamente separatista, llevará por lema Catalunya, nou Estat d'Europa (‘Cataluña, nuevo Estado de Europa’). Y, aunque a los manipulados que acudirán no se les ha dicho, tiene como objetivo primordial proporcionar a Artur Mas unos infladísimos datos de asistencia que poder estrellarle en la barba a Rajoy cuando ambos se sienten a discutir un concierto económico el día 20 de este mes: o más dinero, o secesión; o financiación al gusto, o el virrey catalán deja de taponar las reivindicaciones de su pueblo dejando que las aguas de la Historia se desborden hacia el despedazamiento de España. Bien a las claras lo ha amenazado el diputado de Convergència i Unió Carles Campuzano en una entrevista:
«Si una mayoría de la sociedad catalana, como fruto del rechazo del Gobierno español al pacto fiscal, se plantea el Estado propio, así deberá ser».
Chantaje a lo bestia. Matonismo de guante blanco. Los del 3% en acción. De ahí los estrepitosos e insistentes llamamientos a manifestarse este año como nunca antes.

Pero, de entre todo, lo más asombroso es el nombre que le han puesto a la cosa ésta del martes, certificación definitiva de que los nacionalistas carecen ya de reparos en darse a mostrar abiertamente y sin tapujos: la han bautizado como Marcha sobre Barcelona. Viéndose incapaces de conseguirlo por la vía democrática, los fascistas de Benito Mussolini realizaron la Marcha sobre Roma hace ahora exactamente nueve décadas, en 1922, una intimidante demostración de fuerza mediante exhibición de masas con la que arrebataron el poder en Italia y desarticularon el parlamentarismo.

Curiosa casualidad que, en realidad, no lo es tanto.