13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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20 de noviembre de 2016

Carta de amor

Contenido textual del correo electrónico recibido en la dirección de este sitio web:
«Y quien [sic] eres tu? [sic].
Para hablar así de Catalunya [sic] y su gente fomentando el odio y la xenofobia.
Voy a cursar una petición para que os cierren el blog y si no más os mostreis [sic] más respetuosos . [y deja un enigmático espacio entre la última palabra y su punto y aparte].
En el artículo definiendo a un catalán no se puede mostrar más bajeza moral».
Lo firma Juan nosequé (omito su nombre compuesto completo) Fernández y un segundo apellido que también termina en ez, y comienza por p. Como el Ratoncito. Mediante una rápida búsqueda en Internet, compruebo la existencia real de alguien llamado de ese modo, joven, muy joven. No parece que haya proporcionado una identidad ficticia. Tal vez sea uno de esos “charnegos abducidos” a lo Eduardo Reyes o Gabriel Rufián, pero encima sin cobrar, gratis total, que de tanta utilidad están resultando para la excluyente oligarquía tresporcientista (nótese su bajísimo nivel gramatical, igual de alarmante que el de los mensajes de aquel otro iracundo comunicante reproducidos hace ahora cuatro años en El bloguero tiene quien le escriba).

Manifestación contra una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que tumbaba la inmersión lingüística, el 24 de junio
de 2014. Décadas de sistemática erradicación del español de la enseñanza y de la vida pública en general han generado una legión
de ágrafos que, como el autor de la amenaza, ni siquiera saben despotricar correctamente en nuestra lengua común

Y deduzco que el “artículo” al cual se está refiriendo el instruido caballero es una antigua crónica titulada Bestiario (07-10-2014) —aquella de: «Un nacionalista catalán es alguien que no quiere ser solidario con Cáceres pero pretende hacer creer que dentro de la Unión Europea, sí lo sería con Chipre. […] que llama derecho a decidir (dret a decidir) a hurtar a los demás españoles su derecho a votar sobre cuestiones de soberanía nacional, que nos afectan a todos, […] que se aprovecha de las sentencias judiciales y leyes españolas que le convienen, y se salta las que no», etcétera—, ya que su jovial misiva llega apenas 24 horas después de que yo me entretuviese en colgarla en Facebook. O quizá no, quizá se refiriera a la descripción satírica de la sección ¿Qué es un catalibán?, ¡cualquiera sabe!

Sólo unos minutos mediaron hasta que le di afectuosa respuesta:
«Ese truquito de fingir que criticar el nacionalismo y a los nacionalistas es promover el odio contra Cataluña y contra los catalanes, está ya muy sobado y no cuela. Y es además lo mismo que hacía Adolf Hitler: tachar públicamente de “enemigo de Alemania” a todo aquel que disintiera de sus políticas.
»Venga, majete, cúrratelo un poco e inténtalo de nuevo con alguna otra argucia más ingeniosa».
Y es que la triquiñuela no es ni mucho menos novedosa. En la subsección El estigma de ‘anticatalán’ explico en detalle su perverso funcionamiento, y en octubre de 2014 relaté un ataque parecido a este en la crónica In fraganti (28-10-2014): consiste en la continua usurpación de la voz del pueblo de Cataluña perpetrada por los separatistas, quienes impúdicamente se arrogan su representatividad.

Recientemente, Empar Moliner, aquella pséudohumorista del Régimen que quemó una Constitución española en TV3, volvía a incendiar con este tuit alusivo a la declaración separatista aprobada en la Cámara autonómica:
«Un parlamentario catalàn que acata lo que dice el TC por encima de lo que su Parlamento ha aprobado no sirve a los catalanes».
Otra usuaria de Twitter le recordó lo obvio:
«Supongo que se refiere usted a algo menos de la mitad de los catalanes».
La bien pagada pirómana (cobra 46.000 euros anuales en la televisión de la Generalidad) sigue sin contestarle.

18 de octubre de 2016

¿Levitaron alguna vez 100.000 separatistas?

En la noche del 11 de septiembre, un eufórico Gabriel Rufián se homenajeaba a sí mismo y a la secta colgando en su muro de Facebook este mensaje tan cursi, junto con una captura del momento en que la manifestación de la Diada desarrollada horas antes en Barcelona llegaba a Arco de Triunfo:

El controvertido portavoz adjunto de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados es especialmente activo
en la red social de Mark Zuckerberg y en Twitter, donde cuenta con 59.000 y 96.000 seguidores respectivamente

Su épica ocurrencia recaudó cuatrocientos comentarios; la mayoría de ellos jubilosos, de correligionarios suyos puestos de catalaína, intercambiándose mensajes de ánimo para mantener erguida la moral. Mas no le faltaron varias decenas de acusaciones de trucar la escena atiborrándola de gente mediante un programa de retoque informático, en lo que jocosamente algunos bautizaron como: el Caso de los separatistas voladores.


Montaje sarcástico en Internet
Efectivamente desconcierta en la foto ese cúmulo de personas sospechosamente agolpadas hacia la parte superior de la puerta, en un ángulo que no parece concordar con las líneas verticales del decimonónico monumento de estilo neomudéjar. Bien sabido es que los secesionistas poseen superpoderes, como el de la transcorporeidad. Sólo así puede comprenderse que mientras los matemáticos advierten del límite de manifestantes que una superficie dada puede albergar, año tras año los organizadores de la Asamblea Nacional Catalana y de Òmnium aseguren reunir en sus aquelarres a cuatro veces más. Pero el don de suspenderse en el vacío aún no les ha sido concedido. ¿Se le fue entonces la mano a Rufián con el Photoshop?

La verdad es que no. Entre la veintena de imágenes del reportaje sobre la conmemoración nacionalista publicado ese día en la edición digital del Mundo Deportivo, aparece una idéntica, incluso en proporciones, cuyos créditos atribuyen la autoría al periodista Alberto Estévez, de la agencia EFE: la posición y la forma de las banderas ondeantes coinciden, así como el resto de los elementos contenidos. Aunque definitiva para la resolución del asunto resulta el sitio web de la Corporación de Radio y Televisión Española (RTVE) porque, también firmada por EFE, muestra la misma fotografía con un encuadre mayor, que permite comprender el curioso efecto óptico producido.

La toma debió de realizarse desde gran altura usando un teleobjetivo, sistema de lentes que reduce la sensación tridimensional y proporciona una imagen más plana porque tiene mayor distancia focal. En otras palabras: comprime la perspectiva, la aplasta.

Podemos concluir por tanto, sin temor a equivocarnos, que el diputado de ERC y miembro de la plataforma secesionista de castellanohablantes Súmate no nos ha engañado. Esta vez. Quizás haya sido víctima de su merecidísima fama de trolero, que ha jugado en su contra.

La panorámica de la web de RTVE incluye en su parte inferior el escenario frente al cual acabó la manifestación, que en esta cita
anual había discurrido por el Paseo de San Juan (dos kilómetros de longitud) bajo el lema: ‘A punto’ para la República Catalana

A la Antiespaña que él representa le gusta mucho restregarnos las instantáneas de sus multitudinarias movilizaciones callejeras. Y jactarse comparándolas con las de las concentraciones convocadas en Cataluña un mes después con motivo del Día de la Hispanidad, a todas luces mucho menos numerosas. Con la fiesta celebrada el lluvioso miércoles pasado no han hecho una excepción.


Al fondo, edificio donde probablemente
se situó el fotoperiodista con su cámara
Nació Digital, por ejemplo, titula despreciativamente «El unionismo no es capaz de llenar la plaza Cataluña el 12-O» su información sobre el acto programado en el centro de la Ciudad Condal. Y enfatiza que la Guardia Urbana, al servicio del consistorio de Ada Colau, estimó en tan sólo 5.000 los asistentes. Pero a mí esa cifra me parece muy meritoria. Sobre todo en una maltrecha región como esta, campada por la intolerancia y el totalitarismo, donde por acudir a una manifestación y no a la otra, en lugar de una subvención de la Generalidad te puede caer una hostia. Un lector del hipersubvencionado panfleto (205.484,28 euros) se atreve a razonarles a contracorriente:
«Si los que queréis cambiar el estado actual sois vosotros y no nosotros, ¿por qué tenemos que salir a la calle a hacer nada?
»Bien tranquilo que he estado en casa sin mojarme, viendo la charlotada de Badalona por la televisión [se refiere al desacato cometido por seis concejales que se presentaron a trabajar y escenificado ante los periodistas por el teniente de alcalde José Téllez, quien rompió la resolución judicial que obligaba a cerrar las dependencias del Ayuntamiento debido a la festividad] y con la bandera española en el balcón. Y como yo la mayoría de gente no secesionista. ¿U os creéis que los 5.000 o los que fuesen hoy en la calle son los únicos que no quieren la secesión? ¿De verdad lo creéis? :D
»Las performances y charlotadas son vuestras, a nosotros no nos hacen falta. Ni tampoco el victimismo perenne».
Similar opinión expresa otro comentarista:
«No necesitamos salir a la calle, ya tenemos lo que queremos, una Cataluña buena, dentro de una España plural».
A continuación, un “pueblo” que, parafraseando a Gabriel Rufián, también “estaba haciendo historia”; durante el congreso del NSDAP en la Núremberg de 1937, más concretamente:


Esta es otra imagen a cuyo lado también languidece la ritualística con que los de la estelada se empeñan machaconamente en obsequiarnos, y que sería muy de su agrado porque rebosa colorines, mosaicos humanos y obediente marcialidad:


Las demostraciones de fuerza mediante la exhibición de masas siempre plantean el interrogante sobre si revisten de razón una reivindicación, o si, por el contrario, no logran otra cosa que evidenciar el grado de adoctrinamiento conseguido por la propaganda en una población convenientemente acrítica.

3 de junio de 2016

Pido la palabra, señorías

2 de junio de 2016, ayer: Gautier Sabrià y Jordi Borràs conferencian en el Parlamento europeo para alertar sobre el auge de la extrema derecha en el Viejo Continente. Sabrià es dirigente de la CUP en Perpiñán (Catalunya del Nord); mientras que Borràs es periodista y colabora en diversos diarios separatistas, como Nació Digital (subvencionado por la Generalidad con 205.484,28 euros en el segundo semestre de 2015, según DOGC nº 7067 de 26-02-2016), El Singular Digital (ahora El Món, que recibió 40.615,89 euros de subvención en el mismo período) y Ara (216.213,27 euros). Dos de los cuatro coorganizadores del debate celebrado en Bruselas son los eurodiputados Josep Maria Terricabras y Jordi Sebastià, de ERC y de Compromís respectivamente.

A la izquierda: cartel del evento. A la derecha: manifestaciones nacionalistas en Cataluña.


1 de septiembre de 2015

Déjà vu

Ante la intolerable oleada de difamaciones que pueblan Internet ―junto con otros espacios donde también florece el siempre deseable debate público como producto de la convergencia de diferentes corrientes de opinión―, y actuando en mi calidad de autor y administrador únicos del blog, me siento en la obligación moral de precisar lo siguiente: que NO existen similitudes entre el nacionalismo catalán y el nazismo alemán fundado por Adolf Hitler.


Ninguna, ni la más remota; por mucho que algunos se obstinen en buscarlas.


No son en absoluto comparables, ni en sus métodos ni en la escenificación de sus multitudinarias movilizaciones.


Tampoco en su iconografía.


Desconozco a quién puede habérsele ocurrido tan disparatadas ignominias.


Pero albergo el convencimiento de que tales acusaciones responden, sin duda, a un ánimo infamante contra esa nobilísima y democrática opción ideológica de la Cataluña de nuestros días.


Y creo que es así porque resulta imposible encontrar puntos en común entre ambos movimientos políticos.


¡Como si alguna vez hubiera podido alguien demostrar lo contrario, vamos!


Nuestra postura ética, la mía y la de todos, no debe ser otra que la de hacer prevalecer la verdad negando cualquier semejanza.


Combatir esas malintencionadas analogías sin descanso, con denuedo, vigorosamente... más aun, ¡febrilmente! En todo momento, circunstancia y lugar.


Desmentirlas, sea cual sea la clase de mentes calenturientas de las que provengan.


A mí se me hace muy difícil comprender cómo puede haber gente capaz de inventar maledicencias así, la verdad.


Sirva la presente aclaración como comunicado oficial de este sitio web y procúrese en adelante su máxima divulgación a iniciativa de los amables lectores que lo deseen.

En Cataluña, a primero de septiembre del año de Nuestro Señor de dos mil quince.

10 de septiembre de 2014

La abuelita narcotraficante

Hace mucho, mucho tiempo, un suceso conmocionó a la sociedad. Los medios de comunicación se hicieron eco de la penosa situación padecida por una compatriota nuestra de avanzada edad en un lejano país asiático y España entera pareció movilizarse en pos de su liberación. Una poderosa organización internacional dedicada al tráfico de drogas, había deslizado un comprometedor cargamento dentro de su equipaje de turista sin que se percatase. Los jueces, inclementes, no tuvieron en cuenta su versión ni la inofensiva apariencia de la septuagenaria y le impusieron una severa condena, que llevaba años pagando en condiciones infrahumanas.

Extranjera en aquel remoto lugar, sin conocimiento del idioma e incesantemente mordida de día y de noche por la abundante variedad de insectos que todo clima tropical produce, vivía hacinada en una angosta celda «entre ladronas y asesinas», según sus propias palabras. Dormía directamente sobre el duro pavimento, donde a menudo era atacada por ratas. Y las nulas condiciones higiénicas junto con una alimentación deficiente tenían corroído su cuerpo, mientras que la tristeza por la injusticia cometida se había apoderado de su alma.

A menudo atacada por ratas e incesantemente mordida por
la abundante variedad de insectos que todo clima tropical
produce, vivía hacinada en una angosta celda «entre
ladronas y asesinas», según contaba en su carta
Mas no acababa ahí su infierno particular. Debido a la miseria económica y moral de la nación que la retenía, sufría desde hacía varios meses una fractura ósea sin que de las autoridades carcelarias recibiera ni la asistencia médica más elemental. De modo que los dolores habían tornado inservible uno de sus brazos. Sintiendo próximo el final de su vida, la desesperada anciana destinó sus últimas fuerzas a escribir a su sobrina para pedirle ayuda.

Apenas esta recibió su carta, en Madrid, emprendió con ímpetu cuantas gestiones se le ocurrieron. Contactó con la embajada, con el cuerpo diplomático. Cursó peticiones al Ministerio del Exterior y al de Justicia, a las más altas instancias del Gobierno de España. Incluso mandó una misiva al Rey donde le solicitaba su influyente intercesión. Pero no fue hasta que acudió a los medios, en especial a la televisión, cuando su campaña adquirió un impulso definitivo. Participó como entrevistada en diversos programas de gran audiencia, leyendo conmovedores pasajes de la carta de su tía con detalles del terrible encierro que la aniquilaba. Transmitiendo a la audiencia que ella no albergaba ya ningún otro deseo que morir, al menos, cerca de su tierra. En el plató y desde sus casas, los espectadores vibraban de emoción. Seguían con efervescente intensidad la descripción de ese calvario hasta que en el tramo final de cada emisión estallaban en una auténtica explosión de emotividad, cuando la cámara mostraba antiguas fotografías de la ahora cautiva posando en el madrileño Parque del Retiro. No cabía duda, aquella señora mayor de aspecto bondadoso y venerable era la abuela que cualquiera hubiera deseado tener. Debíamos traerla de vuelta como fuera.

Y el milagro se produjo. Los esfuerzos dieron su fruto y el sentimiento de satisfacción se generalizó: lo habíamos conseguido entre todos. Pero casi al mismo tiempo en que se conocía la noticia de su inminente puesta en libertad, un equipo de televisión regresó de allí con una sorprendente verdad.

La repercusión alcanzada por el caso y su indiscutible interés humano, habían animado a una importante cadena privada a costear el caro envío de reporteros al lugar, que contra todo lo esperado descubrieron una realidad muy distinta. Fueron recibidos por una vivaracha mujer, que no mostraba heridas ni signo alguno de maltrato. Ni rastro existía tampoco de huesos rotos en su cuerpo, cuya obesidad delataba una continuada sobrealimentación. Apenas nada coincidía con lo contado. Tras seis años de encierro, su más grave problema de salud consistía en lucir una sonrisa mellada después de que a su dentadura postiza se le desprendiera un incisivo superior.

Disfrutaba de una especie de mini-apartamento, donde ni siquiera faltaba una rudimentaria cocina, que se había procurado a base de alquilar la celda contigua a la suya e interconectarlas. Otra reclusa, contratada como sirvienta, iba cada día para hacerle la cama y la colada, barrer, fregar, coser e incluso guisar platos a su gusto; para realizarle todas las tareas domésticas que fuesen menester. Sucedía que, al cambio con la débil moneda local, la pensión de jubilación que el Estado español nunca había dejado de enviarle mensualmente suponía allí una pequeña fortuna con la cual poder agenciarse importantes comodidades y privilegios dentro del recinto penitenciario.

Pero aún aguardaban más sorpresas.

Lejos de correr al encuentro de su amorosa pariente y de los medios que más habían hecho por ella para agradecerles el gesto, la recién excarcelada vendió la exclusiva de su historia a la revista Interviú a cambio de una sustanciosa cantidad antes de regresar. Cruzó la frontera española en secreto a bordo de un tren, acompañada por dos redactores del semanario sensacionalista. Y se mantuvo oculta en algún lugar indeterminado hasta la fecha de publicación del reportaje, buscando proteger la primicia por la que tanto dinero le habían pagado. Una vez que comprendió la manipulación y el engaño de los cuales había sido objeto, la sobrina, la más cándida en este lamentable asunto, despotricó y le lanzó los peores improperios públicamente a través de los micrófonos. Para entonces, la anciana por fin se había dejado ver y terminó acudiendo como invitada a un par de programas televisivos. Pero la actitud chulesca y desafiante que mostró en las entrevistas, unida a lo incoherente de sus explicaciones, inspiró en la gente serias dudas sobre su inocencia en la comisión del delito que la condujo a prisión.

Esta historia, 100% verídica, nada tiene que ver con el tema de este blog: el totalitarismo separatista. La he relatado, simplemente, porque me apetecía. Aunque... bien mirado... sí tiene relación, sí. Nos enseña cuán provechoso resulta en ocasiones mentir y hacerse la víctima.

Mañana —¡ya sabía yo que me ha venido a la memoria precisamente ahora por alguna razón!— presenciaremos la gran ceremonia del victimismo y de la manipulación: la Diada, o lagrimeante conmemoración de la invasión castellana de Cataluña que jamás sucedió. Y no será una convocatoria cualquiera, porque este año coincidirá con el tercer centenario de la supuesta colonización a manos de Espanya, la falacia épica de lo del 1714. Y servirá además de preámbulo del referéndum ilegal anunciado para el próximo 9 de noviembre. Habrá lloriqueos y embustes como para parar un camión. No faltarán la agitación ni la mendacidad. Propagandistas generosamente regados por la Generalidad con nuestro dinero contarán una vez más el pasado como no fue, la narración de decisivos episodios bélicos será tergiversada y una turba de exaltados desfilarán vestidos con innumerables agravios inventados. Volveremos a vivir lo mismo de siempre pero este año, en cantidades industriales.

Y al igual que en la historia de la viejecita, también habrá tontos útiles y sinvergüenzas que se aprovecharán.

15 de marzo de 2013

Deprisa, deprisa

La secta no sólo pretende la secesión de Cataluña: además la quiere inmediatamente. Rápido, con urgencia, ya. A principios de semana, el diario e-Notícies informaba sobre la premura por acelerar la agenda separatista bajo el titular: «ERC presiona a CiU para adelantar la consulta al 2013». En la coalición de ambas formaciones para repartirse el poder de la Generalidad, Esquerra Republicana de Catalunya es la que realmente gobierna esta Comunidad y va marcándole la pauta al presidente Artur Mas en estas cuestiones.

El mismo día de la aparición de esa noticia, el pasado 11 de marzo, Ramon Carner compartía su ansiedad con los lectores de El Singular Digital a través de una entrevista. Es presidente del Cercle Català de Negocis (‘Círculo Catalán de Negocios’), una asociación de empresarios unidos por su interés común en darle una patada al principal cliente de Cataluña: el resto de España. Entre un cúmulo de victimismo y memeces clásico («la trayectoria del Estado siempre ha sido expoliar los territorios que no eran Castilla», «nosotros siempre hemos tenido en nuestro ADN el sacrificio y el esfuerzo», «España es sinónimo de país no democrático», etc.), Carner mostró el camino hacia el paraíso y nos dijo que corriéramos:
«Si no conseguimos el Estado en seis u ocho meses, los empresarios padeceremos mucho. La única solución para devolver la confianza es que Cataluña sea un nuevo Estado de la UE y que nuestros recursos sirvan para fortalecer nuestra economía y hacerla competitiva. […] Tenemos que trabajar todos juntos para alcanzar la independencia antes de 2014. Aunque la fecha del 11 de septiembre de 2014 sería una fecha emblemática, no podemos esperar. Las empresas están capitalizadas y no hay recursos para aguantar más tiempo».
Esa data posee una importante carga emocional y movilizadora porque es la del tercer centenario de la invasión castellana de Cataluña que jamás sucedió. Pero también viene siendo tomada desde antiguo por los catalanistas como un límite u horizonte temporal que de ninguna manera debe traspasarse sin haber proclamado el Estado propio.

Para Carner, así como para los socios republicanos de CiU y una gran masa de adoctrinados impacientes, es un asunto de la máxima prioridad.


Tuit del 26-12-2012: ‘¡Cuando tengamos Estado propio
crearemos una oficina de actividades anticatalanas y
juzgaremos a personajes como el Cañas [Jordi Cañas,
diputado autonómico y portavoz de Ciudadanos]
y le [sic] condenaremos a muerte!’
Los motivos parece que son varios. Convencidos por la costosísima propaganda oficial, muchos millares de súbditos tradicionalmente refractarios a la sentimentalidad de las pamemas identitarias y de los tribalismos, han terminado abrazando las tesis separatistas por interés pecuniario. Se han tragado hasta el fondo lo de que en la independencia reside la solución a la crisis y cándidamente esperan la prometida prosperidad. Sería lógico pensar que esa gran bolsa de adeptos sobrevenidos irá desinflándose de forma gradual, hasta rozar la insignificancia, en cuanto empiece la recuperación de la economía española, cosa que, tarde o temprano, llegará. Y eso preocupa a los gerifaltes regionales.

No dejar escapar esta oportunidad de grave deterioro de nuestras instituciones surge como otra poderosa razón para precipitar el proceso rupturista. Con un presidente y un partido inanes en el Gobierno, el PSOE buscando todavía su sitio tras sus pésimos resultados electorales y la Corona noqueada por la cantidad de escándalos que han aflorado, se dibuja un panorama propicio para todo tipo de carroñeros. Gerard Figueras es aquel diputado autonómico de Convergència que, el 15 de junio de 2011, entró en la fama chillando Auxili! con voz trémula cuando una turba de indignados asedió el Parlamento catalán. Casi un año después, a finales de mayo de 2012, y ya aparentemente repuesto del susto, el gallardo Gerard instaba a los militantes de la rama juvenil de su partido, la JNC, a aprovechar la «debilidad de un Estado español que se tambalea y se hace insostenible». Debilidad que, según sigue relatando en su crónica el digital Ara, definió como «económica, institucional y democrática».

Josep Maria Terricabras es catedrático de Filosofía en la Universidad de Gerona y un icono intelectual dentro del secesionismo. En las últimas elecciones autonómicas decidió dar el salto a la política presentándose como candidato en las listas de ERC. Él se ha mostrado igualmente partidario de imprimir celeridad a las acciones a lo largo de una conversación publicada en el número de enero de Esquerra Nacional, boletín de su partido:
«Creo que las emociones, la rabia, la ilusión también son efímeras. Lo comparo siempre con el entusiasmo sexual. Tanto el entusiasmo sexual como el entusiasmo patriótico o nacional tienen una duración determinada, no pueden durar días y días. Tenemos que aprovechar este momento».
No era la primera vez que recurría a símiles “románticos” para ilustrar sus deducciones. El 13 de noviembre de 2012, en plena campaña electoral, este distinguido activista y cofundador de la Assemblea Nacional Catalana ―entidad que organizó la célebre manifestación separatista de la última Diada― había declarado lo siguiente en el número 22 de la revista Òmnium:
«Los procesos de independencia siempre son rápidos, porque si se ralentizan, se corrompen y se complican. Los procesos de emancipación son como los orgasmos, una vez lo empiezas tienes que acabarlo y no lo puedes alargar mucho».
La petite morte, como diría un francés. Abraham Lincoln aseguraba que nadie puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. El tinglado nacionalista es de tal endeblez ideológica, están tan trufado de burdas adulteraciones y mentiras, que corre serio peligro de desmoronamiento en cualquier instante. Ahí podría radicar otra de las causas de tanta prisa.

22 de noviembre de 2012

Asaltador de caminos

Por una Barcelona hecha cañada, las masas trashumaron el 11 de septiembre hasta convertir en clamoroso éxito la manifextorsión de la Diada. Esa misma sociedad que no se concentra para protestar por treinta años de despilfarro y corrupción nacionalista institucionalizada (comisionismo del 3% y el 4% de empresas adjudicatarias de obras públicas, agujero de Banca Catalana, pago de informes de dudosa utilidad, trama de concesiones de ITV, Caso Millet o de presunto saqueo del Palau de la Música para Convergència Democràtica de Catalunya y sus dirigentes, Caso Pallerols o de presunto desvío a Unió Democràtica de Catalunya de fondos para subvenciones, Caso Casinos de financiación de Convergència, Caso Estevill, Caso BFP, Caso Pretoria, informe policial sobre cuentas en Liechtenstein y Suiza, y un larguísimo etcétera), sí lo hizo, en cambio, para dejarse pastorear ordenadamente aquella tarde. Una sociedad enferma, en definitiva.

Pletórico, henchido de felicidad por el amplio seguimiento logrado, el presidente de la Generalidad no dudó en pasarles la mano por el lomo a tan numerosos y obedientes asistentes: «Creo que hemos ofrecido al mundo y a Europa la imagen de la mejor Cataluña», diría en comparecencia pública al día siguiente.

Es decir, que la Cataluña peor la compusimos los ausentes.

No transcurrieron ni nueve días cuando el bandolero Mas, con la secesión bien afilada, bajó de Sierra Moreneta para asaltar al asustadizo señorito del cortijo monclovita. A amenazarle con la independencia si no le entregaba dinero para pagarse... la independencia.

Cartel electoral de CiU representando a Artur Mas con ademán mesiánico sobre un oleaje de banderas catalanas y separatistas, objeto
de mofa en las redes sociales por su similitud con Moisés separando las aguas del Mar Rojo en la película Los diez mandamientos

La represalia ante la negativa fue un tremendo trabucazo de elecciones autonómicas anticipadas que han traído todavía más gasto público y una hemorragia de inestabilidad. Es la táctica de Mas, consistente en agitar violentamente para ver cuánto saca. Con propagandismo del odio, con desacatos judiciales, con sistemáticos desafíos y el uso de recursos autonómicos contra el orden constitucional. Agitar, como lo hizo con la Marcha sobre Roma en Cataluña de hace dos meses —que él mismo organizó pero no osó encabezar—. Y con este plebiscito separatista vestido de convocatoria electoral. Sabe que en algún punto del recorrido el Gobierno cederá. Es la estrategia del miedo.

Democracia para destruir la democracia. Demolición del Estado desde dentro. Como en 1933 en Alemania. Pero con atraco primero.

16 de septiembre de 2012

Artículo: ‘Independencia y mentiras’

Magistral artículo de Antonio Robles titulado «Independencia y mentiras», que mi buen amigo Quim ha tenido la gentileza de enviarme. Nadie debería perdérselo. Es el análisis más inteligente y valiente que he leído desde la "manifextorsión" del pasado 11 de septiembre. Desde la Marcha sobre Roma en Cataluña.

Con suma lucidez, el autor da las claves del conflicto, así como también las de su única solución posible:
- Independencia y mentiras, por Antonio Robles.
(Solicito máxima difusión del artículo a través de las redes sociales. Sólo de nosotros depende no dejarnos doblegar por ellos).

9 de septiembre de 2012

Mussolini 2.0

Anda la secta excitadísima y muy atareada, ultimando los preparativos de la manifestación de pasado mañana en la Ciudad Condal. Como cada 11 de septiembre, conmemorará el aniversario de la invasión castellana de Cataluña que jamás sucedió, la célebre Diada. Pero la de este año viene revestida de una trascendencia incomparablemente mayor. Porque, a pesar de que las mentiras históricas serán las mismas de siempre, el aparato propagandístico está alimentando la creencia de que marcará un hito en el inexorable avance hacia la secesión y significará algo así como el día menos uno de la victoria, su preludio.


Cartel de la convocatoria con una figura femenina en actitud orgásmica
Razón por la cual no se va a escatimar en gastos ―que para eso la Generalidad acaba de pedir al Gobierno un rescate financiero de Cataluña por importe de 5.023 millones de euros― y, como ya sucediera cuando el numerito del 10 de julio de 2010 contra el Tribunal Constitucional, desde todos los lugares se fletarán cientos de autocares (1.078 confirmados, por el momento) a precios reducidos (entre 5 y 12 euros el billete de ida y vuelta, según la localidad catalana de salida; los asistentes desplazados desde Osona, comarca tradicionalmente prolija en adhesiones a la causa, además recibirán un regalo a bordo valorado en 3 euros) y varios trenes, hasta un total de cuatro, para llevar gente a hacer bulto. Cuanta más, mejor. Que ya luego en los despachos oficiales se encargarán del resto y donde las fotografías aéreas reflejen una participación de apenas 70.000 almas, la cifrarán los amos en un millón y medio, y tan contentos. Si no en tres millones... ¡o en cinco! Pues menudos son. Desde luego, de dos millones doscientas mil personas no bajará el recuento que piensan hacer de ésta, eso seguro.

De la organización está encargándose la Assemblea Nacional Catalana (ANC), flamante buque insignia ―se constituyó el pasado 10 de marzo― de un extenso y caro entramado de asociaciones y plataformas separatistas creadas a la sombra de la Generalidad, pero aparentemente promovidas por particulares. Todas juntas conforman lo que el Régimen y sus recaderos disfrazados de periodistas llaman cínicamente societat civil (‘sociedad civil’).

Hoy, estas agrupaciones ciudadanas artificiales son el instrumento, el arma más poderosa de que CiU dispone para provocar agitación social sin que su papel institucional quede comprometido. Para la ejecución del trabajo sucio. Pues todas coinciden en presentar sus ruidosas actuaciones como espontáneamente surgidas de la iniciativa popular, y no del estamento político.

La movilización es declaradamente separatista, llevará por lema Catalunya, nou Estat d'Europa (‘Cataluña, nuevo Estado de Europa’). Y, aunque a los manipulados que acudirán no se les ha dicho, tiene como objetivo primordial proporcionar a Artur Mas unos infladísimos datos de asistencia que poder estrellarle en la barba a Rajoy cuando ambos se sienten a discutir un concierto económico el día 20 de este mes: o más dinero, o secesión; o financiación al gusto, o el virrey catalán deja de taponar las reivindicaciones de su pueblo dejando que las aguas de la Historia se desborden hacia el despedazamiento de España. Bien a las claras lo ha amenazado el diputado de Convergència i Unió Carles Campuzano en una entrevista:
«Si una mayoría de la sociedad catalana, como fruto del rechazo del Gobierno español al pacto fiscal, se plantea el Estado propio, así deberá ser».
Chantaje a lo bestia. Matonismo de guante blanco. Los del 3% en acción. De ahí los estrepitosos e insistentes llamamientos a manifestarse este año como nunca antes.

Pero, de entre todo, lo más asombroso es el nombre que le han puesto a la cosa ésta del martes, certificación definitiva de que los nacionalistas carecen ya de reparos en darse a mostrar abiertamente y sin tapujos: la han bautizado como Marcha sobre Barcelona. Viéndose incapaces de conseguirlo por la vía democrática, los fascistas de Benito Mussolini realizaron la Marcha sobre Roma hace ahora exactamente nueve décadas, en 1922, una intimidante demostración de fuerza mediante exhibición de masas con la que arrebataron el poder en Italia y desarticularon el parlamentarismo.

Curiosa casualidad que, en realidad, no lo es tanto.

26 de julio de 2011

Un millón y medio de pacíficos

La primera mitad del título es mentira. Y la segunda, también. Ya ha transcurrido un año desde la tan cacareada manifestación contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto —que no para pedir la secesión de Cataluña, como arteramente la han presentado luego; pues no era ése, ni muchísimo menos, el lema de la convocatoria— y los separatistas continúan repitiendo incesantemente la falacia del millón y medio de asistentes, de que en unas pocas calles se congregaron casi tantos manifestantes como habitantes tiene Barcelona (1.621.537 censados, según datos del Instituto Nacional de Estadística a 1 de enero de 2010).

Nadie ha aportado todavía una sola prueba que corrobore tan disparatada cifra: ni un análisis de fotografías aéreas, ni un recuento informático efectuado a partir de imágenes, ni un cálculo de superfícies y densidad humana, ni la cuantificación de un organismo oficial u entidad —del extranjero o de aquí— independiente y medianamente fiable. Nada, absolutamente nada. Sólo la misma gran trola, burda y manoseada, que ya hasta hiede de tanto tiempo como lleva en descomposición. Recordemos que ni llenando de manifestantes la Diagonal de Barcelona, una avenida 7 veces más larga (10,2 kilómetros de longitud) y 8 metros más ancha que el Paseo de Gracia (50 metros), sería posible reunir siquiera a un millón (con una proporción de 1,7 personas/m², muy elevada para una masa en movimiento si aspiramos a que no vayan pisándose los talones unas a otras durante la marcha).

Pero es que tampoco resultó una manifestación tan civilizada y modélica como nos la han querido pintar: se produjeron varios incidentes violentos, el más grave de los cuales fue, sin duda, el intento de agresión al entonces presidente de la Generalidad, José Montilla. Sus cincuenta escoltas pasaron verdaderos apuros para repeler a los energúmenos que se abalanzaron sobre él para obsequiarle unas obleas. Frustrados en su propósito, éstos hubieron de contentarse con perseguir al de Iznájar en su huida por la calle Caspe, chillándole irreproducibles lindezas de las que se aprenden en los clubs de carretera, junto con el peor insulto de todos, aquél que los separatistas reservan sólo para sujetos especialmente odiados: español.

Además de dicho conato de linchamiento, ocurrieron otras acciones reprobables, e incluso ilegales. Entre ellas, el ultraje de banderas nacionales, pisoteándolas (como aparece arriba, en la fotografía tomada ese día y publicada en un hipersubvencionado foro secesionista) y quemándolas, delito contemplado con severas penas en el artículo 543 del Código Penal. En diversos puntos del recorrido de la manifestación, se cometió también apología del terrorismo y fratricida incitación a levantarse en armas contra el resto de la nación al irracional grito de: «¡Guerra por la tierra!».

El vídeo (a la derecha), muestra cómo unos embozados prenden fuego a una bandera española de grandes dimensiones —con bastante torpeza, por cierto—, en la confluencia de la calle Aragón con el Paseo de Gracia. Visiblemente excitados por las llamas —no hay concentración catalanista donde no incendien algo—, los presentes prorrumpen en aplausos, y corean vivas a la extinta organización terrorista Terra Lliure y consignas contra España. Hasta que alguien descubre a unos policías de paisano entre la multitud, y ésta reacciona airadamente contra ellos insultándoles, acorralándoles y lanzándoles objetos.

16 de abril de 2011

En el dolor y en la enfermedad

Anteayer, 14 de abril, Artur Mas padeció su primera gran manifestación como presidente de la taifa. Lo de padecer es un decir, porque quienes padecemos somos los demás desde que ha recortado los gastos en sanidad. Y por ello el jueves protestaron esas diez mil personas ante el Palacio de la Generalidad.

Vivimos una crisis, hay que reducir el bestial déficit heredado del tripartito y las emisiones de bonos para bobos ya no dan más de sí, estamos de acuerdo. Pero don Artur podría haber eliminado dispendios inútiles. Haber cerrado, por ejemplo, cuatro de las cuatro televisiones autonómicas que tiene. Clausurado sus emisoras públicas de radio. Desmantelado sus ridículas pseudoembajadas por el mundo. Cortado el grifo a la miríada de mamandurrieros, voceros, asociaciones nada culturales y alcahuetes varios del Régimen, que vienen abrevando vitaliciamente en el generoso subvencioneo. Podría haber puesto a Joel Joan a trabajar, suspendido las transferencias millonarias a la Comunidad Valenciana para el pancatalanista Eliseu Climent. Artur Mas podría incluso —si nos atrevemos a soñar— haberse bajado el sueldo. Pero, no, él tiene que seguir cobrando el doble que el Presidente del Gobierno de España, que es que eso de Cataluña es mucha nació. Y preferible resulta cerrar quirófanos y plantas enteras en los hospitales.

«Construcción nacional» antes que cirugía de cadera. Embajadores de pacotilla antes que enfermeras. Catalunya Ràdio antes que camas hospitalarias. TV3 antes que vendas, aunque necesitemos las vendas urgentemente para no ver TV3. La “nación” por encima del bienestar y la salud de los ciudadanos. Totalitarismo en vena.

Y mientras, los enfermos en casa, apuntados en kilométricas listas de espera, aguantando como pueden. Y pendientes de no descuidarse cuando por fin les toque operarse, no sea que vayan a dormirles con canciones de Lluís Llach para ahorrar en anestesia.

Y los políticos... los políticos, ahí, debatiendo sobre la secesión en el Parlamento autonómico. Los altavoces del sultán, celebrando como un éxito el mamarrachento referéndum del 10 de abril. Y los niños, sin poder escolarizarse en español todavía, a pesar de las sentencias del Tribunal Constitucional, del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y del Tribunal Supremo. Y Rodríguez Zapatero aplaudiendo el espectáculo. Y Rajoy Brey aplaudiendo también porque sabe que necesitará a CiU para gobernar lo que queda de España.

Después de todo esto, aún hay incautos que creen que con la independencia viviríamos mejor en Cataluña. Son los que están casados con el fanatismo etnicista y le han prometido fidelidad en el dolor y en la enfermedad. Pues bien, la enfermedad y el dolor ya han llegado de la mano de Artur Mas. A esos engañados es fácil reconocerles: acuden a manifestaciones separatistas con una estrella en una bandera, cuando sus caciques prefieren llevarla en el morro de un Mercedes y alojarse en hoteles de cinco estrellas.

Con la independencia quienes vivirían mejor serían los de siempre. Laporta se ducharía con champán francés en las discotecas más a menudo, en los bancos de Liechtenstein habría más dinero y el ático que se ha comprado Carod-Rovira sería todavía mejor. En el mismo sitio, sí, porque ya un barrio más caro no lo hay en Tarragona. Pero hablamos de un piso con más metros cuadrados, con más habitaciones, con más terrazas, con más soláriums. Uno tan amplio que casi llegara hasta Perpiñán y donde, para pactar con Josu Ternera, sólo hubiera que abrir la ventana de la salita de estar.

Es el gran timo del nacionalismo catalán. Un colosal fraude. Más grande que el más grande hospital.

29 de septiembre de 2010

Los señoritos de la guerra

Durante los años difíciles, un buen hombre a quien conocí muy bien alquiló unas tierras para cultivarlas. En ello estaba cuando el apero de labranza tropezó con algo. Le imprimió más fuerza y, del impulso, afloró el cadáver de un soldado que se hallaba semienterrado. Tras la sorpresa por tan horrendo descubrimiento, tiró de él para apartarlo a un lado y continuó la labor mientras pensaba qué destino darle. Unos metros más allá, el instrumento volvió a atascarse. Era otro combatiente muerto. Repitió la penosa operación y no pasó mucho tiempo hasta que apareció un tercero. Luego, el cuarto. Otros después. Al finalizar, los cuerpos apilados sumaban una veintena. Aquella finca, convertida hoy en un polígono industrial a seis kilómetros de Toledo, había sido escenario de una de las más terribles batallas de la Guerra Civil.

Ese suceso y otros mucho peores que se contaban sobre nuestra contienda, han recobrado vida en mi memoria a raíz de los acontecimientos de estos días. En una entrevista a medida que la prensa del régimen nacionalista le ha dedicado al consejero de la Generalidad, Josep Huguet (apodado por su grey como el Lenin del Bages), este republicano escupe su particular fórmula para la obtención de su ansiada independencia:
«Sin tanques, necesitamos ser persistentes».
«Sin tanques», dice. Sin tanques. No sé ni cómo se atreve siquiera a frivolizar con algo así. Cualquiera pensaría que casi que lamenta no tener un ejército a su disposición para conseguir el asunto por la vía rápida, aplastando calaveras. ¿Le gustaría que volviéramos a matarnos entre nosotros, como en el 36? ¿A qué viene entonces hablar de tanques? Por ahora desconocemos si en caso de conflicto armado Huguet se encaramaría a un blindado para derramar hasta la última gota de sangre por su amada Cataluña, o si, por el contrario, seguiría los pasos de su correligionario de ERC, Lluís Companys. Aquel mesiánico y agitador presidente de la Generalidad que con sus discursos incendiarios envió a muchos catalanes a la muerte, pero que luego cargó a la querida en el coche oficial bajo el amparo de la noche y huyó a esconderse en Francia, abandonando a los suyos frente al avance de las tropas franquistas comandadas por el general Yagüe.

En la manifestación del pasado 10 de julio en Barcelona, junto a consignas proterroristas a favor de la banda Terra Lliure, se coreó otra que también pone los pelos de punta:
«¡Guerra, guerra, guerra; guerra por la tierra!», invocaba un amplísimo sector.
¿Llamamientos a matar y morir por un palmo de suelo? Imagino que quienes más alto chillaban tal cafrería debían de ser esos mismos que a la hora de la verdad se asustan hasta de una polilla, los que para quemar una bandera, un símbolo monárquico o encadenarse en la puerta de la COPE, se encapuchan u ocultan tras una careta porque no se atreven si no. O sea, quienes nunca se han distinguido precisamente como valerosos y aguerridos.

Estamos en 2010 y resulta muy triste descubrir que desoímos totalmente las enseñanzas de la Historia, de nuestro pasado común. Seguimos cometiendo los mismos errores y no aprendemos que, en las guerras, casi nunca mueren quienes las provocaron.

27 de julio de 2010

Alucinaciones y agravamiento de su estado

El cuadro clínico de la secta es crítico. Desde la fase convulsiva, en que echaba espumarajos por la boca debido al triunfo de la selección española y la proliferación de banderas nacionales en las calles catalanas, su enfermedad ha cursado hacia desatada euforia e intensas alucinaciones visuales y auditivas: ve millones de manifestantes y oye voces de La Haya.

De nada han servido las desmentidoras fotografías aéreas, ni que hasta tradicionales medios separatistas (Avui, Nació Digital, etc.) terminasen, días después, por rebajar sensiblemente aquellas descaradas, infladísimas cifras de la manifestación del 10 de julio. Todo eso le da igual, continúa con la falacia del millón y medio (incluso he llegado a leer a un forero anónimo clasificarlo de la siguiente absurda manera: «un millón de independentistas eran de Barcelona, y el otro medio millón, del resto de Cataluña»; ¡hala!, así. Y se quedó tan ancho). Para atizar más el fuego, a la semana, el día 18, La Vanguardia publicaba una irrisoria encuesta según la cual el ¡47%! de la población de Cataluña quiere decir adiós a España. No nos conviene caer en la ingenuidad de olvidar que su propietario, el Grupo Godó, viene recibiendo desde hace años sustanciosas subvenciones del tripartito por dicho diario y también por el canal 8tv, del que es accionista mayoritario.

La encuesta de mayor fiabilidad es la del último pseudoreferéndum secesionista, celebrado en Puigcerdà (Gerona) el pasado domingo 19: una ridícula participación del 13,48%. Proporción, ésta sí, concordante con las de otros sondeos —incluidos los encargados por la Generalidad— elaborados antes y después del de La Vanguardia, y que asignan al separatismo sólo entre un 16 y un 18% de apoyo.

Lo de las voces es más preocupante. La secta, la misma que rechaza y desacata el veredicto del Tribunal Constitucional porque no le gusta, enarbola con alborozo la sentencia no vinculante de la Corte Internacional de Justicia de la ONU, establecida en La Haya, que no ha encontrado violación de las leyes internacionales en la secesión de Kosovo. A los separatistas catalanes les ha convenido interpretar esto como un espaldarazo a sus tesis, como un salvoconducto jurídico para la desmembración de cualquier territorio. Ningún efecto les ha causado que el artífice del engendro kosovar, Estados Unidos, despejase a través del portavoz de su Departamento de Estado, PJ Crowley, que la sentencia no es extrapolable a Cataluña, Vascongadas ni a ninguna otra región de Europa. Peor aún, esta decisión judical sorprendería a cualquier estudiante de Derecho o persona bien informada porque contraviene las resoluciones del propio Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en concreto la número 1244.

Kosovo es actualmente un narco-estado que obtuvo su independencia por oscuros y bastardos intereses norteamericanos que quizás algún día conozcamos, como se desprende del reportaje publicado por El Imparcial el 21 de febrero de 2008. La organización terrorista secesionista UÇK, financiada en su génesis por la mafia albanesa, es hoy la que controla el gobierno del país y el paso de la heroína afgana a través de los Balcanes hacia Europa, por un valor de dos mil millones de dólares. En los últimos años, ha extendido también sus tentáculos al tráfico de cocaína colombiana. De lo único que puede ser ejemplo esa bochornosa nación recién surgida de una guerra fratricida es de corrupción política y pobreza. Una comparativa de la CIA refleja que la renta per cápita anual de Kosovo es de apenas 2.500 dólares, sólo 100 por encima de la de Nigeria.

En ese espejo es donde se miran nuestros fascistillas de espardenya y monoceja.

16 de julio de 2010

La ‘manguifestación’

Acostumbrados como están a inventarse naciones, imperios mediterráneos y héroes que huyen, no les debe de costar demasiado a los separatistas inventarse un millón y medio de adeptos en una marcha donde los análisis aseguran que acudió —en realidad— veinte veces menos gente. Además de que el lema de la convocatoria no era a favor de la independencia, sino para defender el Estatuto. Pero les da igual, ellos adelante con la mentira numérica, ufanándose como aquél del “¡mira, mira, mira qué larga la tengo!”, utilizándola estos días como arma política en los parlamentos —el catalán y el nacional—, y también para augurar una pronta e inevitable secesión de España en fechas próximas.

En cualquier democracia lo que cuenta son los resultados salidos de las urnas (cuantificables), y no las exhibiciones callejeras de masas, que es a lo que recurrió Benito Mussolini durante dos días consecutivos para arrebatar el poder en Italia. Además, aunque nos emborrachásemos con vino de Montilla y diésemos por buena la exageración del millón y medio de asistentes, ¿qué importancia tendría frente a los casi siete millones y medio de habitantes de Cataluña, o comparado con los 2.828.332 que en esta región votaron a favor de la Constitución?

Los embusteros no han dado una sola prueba objetiva en la cual apoyar su disparatado cálculo sobre la protesta, que discurrió por una vía (Paseo de Gracia) con sólo ocho travesías. «Es que los manifestantes iban muy juntos y en un m² caben hasta 8 personas», he leído comentar a alguien en los medios. ¡Hombre!, pues, si fue así, preparémonos para recibir una auténtica explosión demográfica dentro de nueve meses, porque con tanto roce...

La cifra definitiva que ha proporcionado la empresa Lynce, especializada en la medición de concentraciones humanas mediante recuento informático de fotografías aéreas, es de 62.000 personas. Con una estimación de error al alza del 20%, que podría elevar la asistencia hasta un máximo de 74.400. Pero no más. Estos datos, así como las imágenes del recorrido y su metodología de contabilización, pueden consultarse en su página www.lynce.es/es/manifadetalle.php?cod=44. Allí encontramos también argumentos que tiran por tierra la falacia, como los siguientes:
«Entendemos el sentimiento de frustración de quienes, obsesionados con el millón “prometido”, no admiten ningún aumento que sólo sea de unas pocas “decenas de miles”. Pero la realidad es una cuestión observable y nosotros mostramos nuestros datos y explicamos el procedimiento por el que llegamos a ellos.
»Nos gustaría que otros “fabricantes” de cifras también pudieran explicar pormenorizadamente sus propios procedimientos».
Pues, ni pío han dicho hasta el momento esos mangantes que fabrican cifras, no. Nada han explicado. Sigamos:
«Lo decimos porque el problema no es esta manifestación de Barcelona, ni cualquier otra de Madrid, Valencia, Bilbao o Zaragoza. El problema reside en quienes propalan la idea de que el millón es fácilmente alcanzable en cuanto vemos que la multitud que podamos tener ante nosotros es realmente MASIVA.
»Créannos, porque es pura física: una foto con un millón de personas en ella es un diamante en bruto. Y mucho me temo (aunque esto es sólo una opinión y no un dato) que ninguno de nosotros ha visto nunca ese diamante en todo lo que llevamos de democracia. Y antes (en la Plaza de Oriente) aún menos.
»Para los aficionados a las cifras millonarias, hemos hecho un pequeño cálculo: la Diagonal es una de las principales avenidas de la ciudad de Barcelona y corta en dos el distrito central del Eixample. Tiene una longitud de unos 11 km y una anchura de 50 metros.
»Pues bien, ni siquiera con una densidad media de 1,7 personas / metro cuadrado (cifra altísima para una multitud en movimiento) podríamos concentrar en todo ese espacio a un MILLÓN de personas».
En fin, lo de siempre cuando hablamos de nacionalismo: muchos fuegos de artificio con pólvora mojada.

13 de julio de 2010

¡Paul Presidente!

Nadie había pedido un cambio estatutario. La población catalana se dedicaba a trabajar y ver crecer a sus hijos, como las demás. Había insatisfechos, sí, los separatistas; pero ésos nacieron así. Y, además, lo que querían era la independencia, sin medias tintas. Quien agitó el avispero y destapó irresponsablemente la caja de los truenos —en comandita con Pasqual Maragall— fue el entonces candidato a la presidencia del Gobierno, Rodríguez Zapatero, impulsando algo no reclamado por la ciudadanía: «Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña», prometió durante un mitin en la Barcelona del 13 de noviembre de 2003, sospecho que con motivos más inconfesables que sólo arañar unos votos. Lo que vino después es ya Historia: la radicalización del envalentonado secesionismo, los agravios entre regiones, el enfrentamiento entre españoles, la llamada de Carod-Rovira a boicotear Madrid 2012, el boicot al cava... La preguerra.

La manifestación nacionalista de este sábado fue un autentico homenaje a la mendacidad:

—Han asistidooooo... un millón cien mil personas —proclamó uno de los organizadores.

—Quita, quita; pocos millones son ésos —le corrigió otro—, ¡millón y medio mejor, con un par!

Pero ni el haber llegado a creerse su propia mentira les hace felices, porque la prensa internacional de lo que ha hablado profusamente ha sido de la victoria española en el Mundial, y no de su show identitario. Y, para colmo, miles y miles de catalanes han tenido la “insolencia” de abarrotar las plazas para ver nuestro triunfo futbolístico en pantallas gigantes, y celebrarlo después con una multicolor marea de rojigualdas. Que ya sabemos que para un separatista son como para Drácula la cruz.

El pasado 9 de julio, Ramón de España escribió al respecto lo siguiente en su inteligente artículo «La Catalunya real sale del armario», en El Periódico:
«Las muestras de júbilo popular ante los triunfos de la selección española en el Mundial de fútbol de Suráfrica tienen muy preocupados a nuestros nacionalistas, siempre dispuestos a sentirse, como los personajes de la novela homónima de Fiodor Dostoievski, humillados y ofendidos. En su opinión, los pérfidos españolistas están saliendo del armario (¿donde ellos han intentado mantenerlos encerrados desde hace más de 30 años?) y hasta se atreven a colgar banderas en los balcones […] ¿Hasta dónde vamos a llegar?, se preguntan nuestros patriotas mientras llevan a cabo acciones tan demenciales como embutirse en una camiseta de la selección alemana y concentrarse en una sede de ERC para dar rienda suelta a su odio al vecino».
Y prosigue en su lúcido diagnóstico:
«Si hubiera manera de razonar con ellos, les diría que las celebraciones catalanas de los triunfos de la selección española son absolutamente lógicas en una comunidad en la que, según las encuestas que se han publicado, más de la mitad de sus habitantes nos sentimos tan catalanes como españoles, sin que ello nos cause la menor esquizofrenia; una comunidad en la que, pese al ruido que hacen y la tabarra que dan, los independentistas no llegan al 20% de la población».
Concluye señalando con precisión los responsables:
«Desde que Jordi Pujol, ese caudillo providencial, decidió que había que potenciar todo lo que nos separaba del resto de los españoles e ignorar convenientemente lo que nos unía, los nacionalistas han ido trabajando con ahínco –y sin encontrar prácticamente resistencia en nuestras fuerzas de supuesta izquierda– en la fabricación de una Catalunya falsa que ha acabado por imponerse a la real. […] han construido un país en el que todo el mundo es independentista, un país más falso que un billete de tres euros, pero que a los nacionalistas les gusta más que el de verdad, pues este no deja de decepcionarles: la gente se queda en casa en vez de acudir a los chuscos referendos independentistas, celebra los triunfos de la selección española y detesta cada vez más a los políticos locales, esos personajes que para cada solución tienen la habilidad de encontrar un problema».
Mortificados como estamos por politicuchos renegados, el pulpo Paul, ese simpatiquísimo octópodo de Oberhausen, sí ha creído en España. Su palmarés de aciertos es impresionante, ha predicho partido tras partido todos los triunfos de nuestros campeones. Nunca nos ha fallado. Por lo que parece obvia la conclusión: deberíamos poner a ese entrañable habitante de acuario en el cargo de quien habita La Moncloa. Aseguro que lo desempeñaría muchísimo mejor.