13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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31 de julio de 2014

Más falso que una confesión de Pujol

Numerosos medios y periodistas, denunciando durante décadas las corruptelas de la casta política catalana, y de repente... “¡Oh, uh!, menuda sorpresa y conmoción ha causado la ‘autoinculpación’ de Jordi Pujol en forma de emotiva carta pública”. ¡Pero si antes de ese engañoso mea culpa —y que no es más que un truco de prestidigitación con que el Molt Honorable cleptócrata pretende timar al personal, contándonos no sé qué de una «herencia»— todas estas cosas ya se sabían! ¡Todas!

El Mundo y Libertad Digital, así como algunos otros destacables diarios y cadenas de radio y televisión no silenciados por el régimen nacionalista, llevan muchos años informando sobre los latrocinios de estos tíos: el desfalco de Banca Catalana; la trama del 3%, que luego resultó ser de un 4; el lavadero de dinero del Palau de la Música; las inversiones millonarias de los Pujol en Argentina, México y otras partes del mundo; sus cuentas en Panamá, los chanchullos de Oriol con las concesiones de ITV, la colección de coches de lujo del primogénito del clan; el e-Mail encontrado sobre su transferencia de un millón y medio de dólares a Gustavo Shanahan, socio argentino, desde Suiza; las siniestras componendas de la matriarca, Marta Ferrusola, a través de su empresa florista Hidroplant; el testaferro con despacho en el número 128 de la londinense Mount Street, el traslado de fajos de billetes de 500 euros a Andorra en el maletero de un coche, las andanzas de Macià Alavedra y de Lluís Prenafeta, el sector negocis de CiU, los informes de la UDEF, Liechtenstein, la función del padre de Artur Mas en el extranjero, etcétera, etcétera, etcétera ¿Y ahora la gente hace como si se sorprendiera?

El libro La Pasta Nostra, por ejemplo, sobre el cual versa la entrevista a su autor en este vídeo de visión indispensable, es sumamente revelador. Y está publicado desde abril del año 2013.

Mercedes-Benz SLR McLaren como el que posee Jordi Pujol Ferrusola. Está dotado con un motor de 5.439 centímetros cúbicos
que le permite alcanzar los 300 km/h y tiene un precio de 435.000 euros, más de 72 millones de pesetas. El juez Ruz investiga
su procedencia, junto con la de otros vehículos de alta gama que componen la escudería del hijo mayor del ex presidente

12 de septiembre de 2013

El eslabón perdido

11 de septiembre, festividad por antonomasia del nacionalismo catalán. Conmemoración de la invasión castellana de Cataluña que jamás sucedió. Barra libre de falsedades históricas y mentiras. Exhibición del peor folclorismo. Victimismo a gogó.

Como eso de una marcha multitudinaria o trashumancia a favor de la secesión ya lo hicieron el año pasado, para esta Diada la Sección de Coros y Danzas de la Generalidad eligió formar una gigantesca cadena humana. ¡Eso sí!, colándonosla como si de una iniciativa popular espontánea canalizada por la Assemblea Nacional Catalana se tratase, igual que en anteriores ocasiones.

Vía Catalana es el nombre que los organizadores dieron a esa especie de macrocorro de la patata, para seguir cultivando la perversa sinonímia entre los conceptos catalán y antiespañol. Y allí estuvieron los de siempre: subvencionados, subvencionables, fanáticos de mirada perdida, catetos levitando, tresporcientistas y cuatroporcientistas, cantantes olvidados, artistillas de rodillas, cuentatrolas, exaltados poniendo los ojos en blanco, zampacalçots con cargo al erario, intelectuales de la talla de Joel Joan, 1.714 iluminados, charnegos agradecidos, justomolineristas, gente lavando sus orígenes, el humorista Alfons López Tena ―detenido tras protagonizar un altercado―, magos capaces de convertir dinero público en privado, adictos a la catalaína, uno que quería ligar, chamanes de la nación en ciernes, tribalistas de hoy, caciquistas de ayer, subsaharianos con barretina, políticos sonrientes, robahuevos con escolta, un hijo de Pujol... y mucho, mucho gaznápiro timado con los espejuelos y las cuentas de vidrio brillantes que el régimen separatista vende como piedras preciosas.


Publicidad de un zurrón con productos autóctonos y
etiquetados en catalán, al precio de 12 euros, para
avituallar a los participantes en la cadena humana
Conectar los extremos norte y sur de Cataluña constituía un objetivo muy ambicioso. Y más así, a base de voluntarios en vez de con enfermos apuntados en las listas de espera de la sanidad catalana. Una distancia de 400 kilómetros, divididos por la organización en 78 tramos de 500 metros cada uno, que quedó finalmente cubierta de manera exitosa por cientos de miles de personas. No llegaron a ser tantas como las que consigue reunir el régimen de Corea del Norte o como las que desfilaban en Roma ante Mussolini, pero casi. Todo se andará, que por algo los métodos de propaganda y adoctrinamiento son los mismos.

No obstante, en el colorista evento de ayer pesó una importantísima ausencia: la de Artur Mas. ¿Por qué no fue el principal beneficiario e instigador del numerito?, se habrá preguntado más de uno. ¿Estaría en Liechtenstein? Si hasta parece que actúa como algunos otros presidentes de la Generalidad, que con sus encendidas arengas enviaban a los demás a luchar mientras ellos corrían en dirección contraria hacia lugar seguro. Bueno, pues no. El Molt Honorable i molt endeudado Artur rehusó acudir a entrelazar sus manos con las de sus abnegados súbditos por la sencilla razón de que él prefiere hacer las cadenas de otra manera: dando 893 millones de euros (150.000 millones de pesetas) a la cadena TV3 en los últimos tres años para que no deje de suministrar burundanga a la población. Y todo ello mientras cierra servicios hospitalarios, reduce la disponibilidad de las ambulancias, se salta las pagas extra de los funcionarios, no abona los medicamentos a las farmacias...

22 de noviembre de 2012

Asaltador de caminos

Por una Barcelona hecha cañada, las masas trashumaron el 11 de septiembre hasta convertir en clamoroso éxito la manifextorsión de la Diada. Esa misma sociedad que no se concentra para protestar por treinta años de despilfarro y corrupción nacionalista institucionalizada (comisionismo del 3% y el 4% de empresas adjudicatarias de obras públicas, agujero de Banca Catalana, pago de informes de dudosa utilidad, trama de concesiones de ITV, Caso Millet o de presunto saqueo del Palau de la Música para Convergència Democràtica de Catalunya y sus dirigentes, Caso Pallerols o de presunto desvío a Unió Democràtica de Catalunya de fondos para subvenciones, Caso Casinos de financiación de Convergència, Caso Estevill, Caso BFP, Caso Pretoria, informe policial sobre cuentas en Liechtenstein y Suiza, y un larguísimo etcétera), sí lo hizo, en cambio, para dejarse pastorear ordenadamente aquella tarde. Una sociedad enferma, en definitiva.

Pletórico, henchido de felicidad por el amplio seguimiento logrado, el presidente de la Generalidad no dudó en pasarles la mano por el lomo a tan numerosos y obedientes asistentes: «Creo que hemos ofrecido al mundo y a Europa la imagen de la mejor Cataluña», diría en comparecencia pública al día siguiente.

Es decir, que la Cataluña peor la compusimos los ausentes.

No transcurrieron ni nueve días cuando el bandolero Mas, con la secesión bien afilada, bajó de Sierra Moreneta para asaltar al asustadizo señorito del cortijo monclovita. A amenazarle con la independencia si no le entregaba dinero para pagarse... la independencia.

Cartel electoral de CiU representando a Artur Mas con ademán mesiánico sobre un oleaje de banderas catalanas y separatistas, objeto
de mofa en las redes sociales por su similitud con Moisés separando las aguas del Mar Rojo en la película Los diez mandamientos

La represalia ante la negativa fue un tremendo trabucazo de elecciones autonómicas anticipadas que han traído todavía más gasto público y una hemorragia de inestabilidad. Es la táctica de Mas, consistente en agitar violentamente para ver cuánto saca. Con propagandismo del odio, con desacatos judiciales, con sistemáticos desafíos y el uso de recursos autonómicos contra el orden constitucional. Agitar, como lo hizo con la Marcha sobre Roma en Cataluña de hace dos meses —que él mismo organizó pero no osó encabezar—. Y con este plebiscito separatista vestido de convocatoria electoral. Sabe que en algún punto del recorrido el Gobierno cederá. Es la estrategia del miedo.

Democracia para destruir la democracia. Demolición del Estado desde dentro. Como en 1933 en Alemania. Pero con atraco primero.

30 de enero de 2011

Rumbo a Kosovo

Artur Mas está henchido de satisfacción con su flamante cargo de presidente de la Generalidad. Si hasta diríase que flota. Por lo pronto, y para que le traiga suerte, en su recién estrenado camarote-despacho se ha colocado un timón que dice perteneció a su bisabuelo.

De él debe de haber heredado ese porte marinero y la mano firme con que piensa gobernar la nave autonómica. Lo que no sabemos es si nos llevará a Serbia, al narcoestado de Kosovo —que tan entusiasmados tiene a los nacionalistas porque creen que sienta un precedente jurídico internacional favorable a cualquier secesión— o a Liechtenstein, diminuto principado donde ciudadanos poco ejemplares evaden capitales para burlar al fisco.

Aunque no nos desvele demasiado, él parece tener claras las ideas. Y es que pasar siete años varado en Puerto Oposición, repasando las cartas marítimas de navegación, dan para mucho. El pasado domingo 9 de enero supimos un poquitín sobre sus náuticas intenciones. Durante una larga entrevista se lo susurró al director del hipersubvencionado diario La Vanguardia, José Antich, quien abría el relato del encuentro con estas palabras:
«Artur Mas i Gavarró (Barcelona, 1956) acaba de asumir la presidencia de la Generalitat coincidiendo con una encrucijada histórica de las relaciones entre Catalunya y España».
Lamentable y harto reveladora introducción. Para empezar, cuando se redacta un texto en lengua española no se escribe Catalunya, sino Cataluña. Del mismo modo que nadie pone London, New York, France, los United States of America o United Kingdom. Es una ridícula reverencia gramatical al nacionalismo. ¿Y qué es eso de «las relaciones entre Catalunya y España»? ¿Es que ya se han separado? Cabría hablar, en todo caso, de las relaciones entre Cataluña y el resto de España, dado que no son dos entidades aparte: la una integra y forma parte de la otra. Que alguien así haya llegado nada menos que a dirigir un periódico de gran tirada evidencia el grado de servilismo y pobreza cultural de esta taifa, donde los intelectuales han sido sustituidos por esbirros.

Metidos ya en la travesía del pregunteo, el almirante Mas se arrancó con respuestas como éstas:
«La transición nacional consiste en virar la nave de la España autonómica de los últimos treinta años hacia el derecho a decidir del pueblo catalán».
Nuestro nuevo dirigente no sólo es avezado navegante en los procelosos mares de la política, sino también en los de la semántica. Razón por la cual se nos hace imprescindible recurrir al Diccionario Arturés-Español/Español-Arturés para comprender que, en realidad, está diciéndonos algo así como: ‘Esto de la transición nacional es un pamplina que se me ha ocurrido a mí para denominar la fase siguiente al pujolismo, y que consiste en terminar de exprimir a España antes de abandonarla’.
«Nosotros estamos dispuestos a seguir colaborando en el Estado español pero con un cambio de registro. Si España pretende que el diseño de las autonomías que se hizo en su momento es inamovible, ahí no hay punto de encuentro sino de ruptura».
Traducción: ‘O el Gobierno central se deja chulear y cede a mis exigencias, o agito a la chusma y provoco la secesión ya mismo’.

Mas acaba de recibir el apoyo de otro insigne marino, Jordi Pujol, aquel opulento superviviente del buque Banca Catalana cuyo naufragio en los años ochenta tan caro nos costó a los contribuyentes españoles: 83.027 millones de pesetas, a través del Fondo de Garantía de Depósitos. El antaño ambiguo expresident por fin se deja de fingimientos y ha alentado la separación de Cataluña en un editorial del boletín del Centro de Estudios Jordi Pujol, que es una fundación dedicada a estudiar de todo excepto el paradero del tesoro del Banca Catalana, todavía sin aparecer.

Veremos cómo termina el viaje.

(En la imagen: don Artur, hecho un Popeye, parece otear inexplorados horizontes de extorsión política al Estado).