5 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
Para empezar bien el año, tres interesantes vídeos de un español afincado en Australia, Santiago Acera, desde su canal en YouTube:

16 de enero de 2016

Presidente por accidente

Anda la secta cabreada porque al “desconocido” elegido por el dedazo de Artur Mas —que no por el pueblo— para sustituirle al frente de la Generalidad como resultado de su rendición ante el chantaje de la CUP, pronto han empezado a desenterrarle su pasado. Y eso de mostrar la tramoya de cartón piedra de la nacioncita de pitiminí en ciernes, donde todo se nos ha venido presentando como pacífico, democrático, sonriente y dulzón, es cosa que les descompone sobremanera.

La presidenta del Parlamento regional, Carme Forcadell, inviste presidente a Puigdemont mediante una fórmula
de juramento del cargo ilegal y mamarrachenta, en un
salón del Palacio de la Generalidad donde previamente
se había tapado el retrato del Rey con un velo negro
De Carles Puigdemont —así se llama— estamos enterándonos de alarmantes aspectos; como que durante años ha estado vendiéndose en su currículum como filólogo cuando en realidad jamás obtuvo esa titulación universitaria, según explica Carles Enric López desde Crónica Global en su artículo: «Puigdemont, ¿un licenciado o un bachiller?» (15-01-2016).

Pero la peor irritación, aquello que con mayor cólera ha lanzado a cuantos ideólogos y periodistas orgánicos cobran del Régimen a arroparle entre histéricos bramidos, en los medios subvencionados (¡hipersubvencionados!) y a través de las redes sociales, está siendo la recuperación y circulación de declaraciones suyas, reveladoras de una mentalidad tan fanática como radical. En especial, una frase proferida dos años antes de su investidura, el 16 de marzo de 2013:
«Los invasores serán expulsados de Cataluña».
Cínicamente alegan en su defensa que no hacía sino recitar un texto ajeno, del escritor Carles Rahola, referidos a la participación militar extranjera en el bando franquista. Pero es que el ahora presidente de la Generalidad no soltó eso precisamente en un simposio sobre la Guerra Civil; ni rodeado de historiadores, dentro de una didáctica tertulia sobre nuestra más reciente contienda. Puigdemont pronunció estas palabras en un marco y un contexto bien distintos. Así que el endeble argumento no cuela.

Un lector habitual de Dolça Catalunya que firma sus comentarios bajo el nombre F:Llopis, ha elaborado un formidable análisis del asunto en dicho blog:
«Esta es, textualmente, la frase de Carles Rahola que, citada por el nuevo President de la Generalitat [sic], tanta polémica ha despertado.
»“Els alemanys, junt amb els italians, es dediquen avui a la destrucció metòdica, científica i sistemàtica de Catalunya i les altres terres germanes. I avui, com ahir, la nostra esperança d’alliberament és ferma i fervorosa. Els invasors seran foragitats de Catalunya, com ho foren de la pacífica Bèlgica, i la nostra terra tornarà a ésser, sota la República, en la pau i el treball, senyora de la seva llibertat i els seus destins”. [‘Los alemanes, junto con los italianos, se dedican hoy a la destrucción metódica, científica y sistemática de Cataluña y las otras tierras hermanas. Y hoy, como ayer, nuestra esperanza de liberación es firme y fervorosa. Los invasores serán expulsados de Cataluña, como lo fueron de la pacífica Bélgica, y nuestra tierra volverá a ser, bajo la República, en la paz y el trabajo, señora de su libertad y sus destinos’]. — Carles Rahola, “L’Heroisme”, L’Autonomista, 6 d’agost de 1938.
»En referencia a la misma, cabría hacer varias consideraciones:
»- Es significativo que Rahola (tío abuelo de Pilar Rahola) hablara de que Catalunya [sic] estaba siendo ‘invadida’ por los alemanes y los italianos, sin hacer la más mínima mención a los soviéticos o a los brigadistas internacionales (¿ó [sic] es que estos últimos eran catalanes de ‘socarrel’, de pura cepa?).
»- Es significativo que Rahola hable de los bombardeos sobre Girona [sic] como si de una guerra internacional se tratase. Son los alemanes y los italianos los que están invadiendo nuestra tierra, y no se trata de una guerra civil —por bien que ambos bandos buscasen sus respectivos apoyos en el exterior— que divide a hermanos contra hermanos, a compatriotas contra compatriotas. Y es que, si Rahola no hubiese falseado la realidad en sus artículos, hubiese necesariamente tenido que reconocer que los bombardeos de los que se quejaba formaban parte de un conflicto en el que los españoles luchaban contra los españoles y los catalanes contra los catalanes. Esto es lo que Carles Rahola y demás fanáticos nacionalistas (los de antes y los de ahora) jamás querrán reconocer. Rahola jamás podía admitir que muchos catalanes, muchos gerundenses, varios miembros incluso de su propia familia. dieran soporte al bando de los ‘malos’, al de los ‘invasores’. Para Rahola Cataluña era unívoca. No podía existir una Cataluña distinta a la suya. Sólo quien como él pensaba era un auténtico catalán. El resto eran ‘invasores’. O, peor aún, ni siquiera existían.
»- Obviamente, cuando Carles Puigdemont sacó a relucir esta frase en un acto de la ANC en 2013 no lo hizo pensando en los alemanes ni en los italianos de 1938. Ni en ningún otro peligro inminente de invasión extranjera de Cataluña. ¿Quiénes son, pues, los ‘invasores’ actuales a los que Puigdemont implícitamente se refería y a los que habría que expulsar de nuestra tierra? Está clarísimo: Los [sic] catalanes (y resto de españoles) que no pensamos como él. Los que no somos independentistas. Por desgracia, el tiempo pasa, pero ciertas ideas (desde Carles Rahola a Carles Puigdemont) permanecen inalterables. Y aún son más graves en el caso del segundo pues, en el caso del primero, por lo menos podríamos esgrimir como excusa que, efectivamente, su ciudad estaba siendo bombardeada (toda mi familia sufrió dichos bombardeos, pues residía en Girona, y podría dar muchos detalles en torno a los mismos, así como en torno al ‘terror rojo’ en la ciudad, del cual nadie ahora quiere acordarse)».
Efectivamente el sucesor de Mas en el cargo y por aquel entonces alcalde de Gerona por CiU, estaba discursando, el 16 de marzo de 2013, en la segunda convención de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Organización que un año después redactó y aprobó en Tarragona una “hoja de ruta” de carácter golpista encaminada a la proclamación unilateral de la secesión, que, junto con otras acciones insurreccionales, había «de concretarse en elementos como el control, por parte de las autoridades [autonómicas, se entiende], de las grandes infraestructuras y fronteras —puertos, aeropuertos,...—, la seguridad pública, las comunicaciones, etc.»; y cuya máxima dirigente, Carme Forcadell, delimitó públicamente con diáfana claridad en un mitin quiénes eran catalanes y quiénes de ningún modo merecían ostentar tal condición:
«Nuestro adversario es el Estado español, hemos de tenerlo muy claro; y los partidos españoles que hay en Cataluña, como Ciudadanos y el Partido Popular, que no debería llamarse Partido Popular “de” Cataluña, sino Partido Popular “en” Cataluña. Por lo tanto, estos son nuestros adversarios. El resto, somos el pueblo catalán. Y el resto somos quienes conseguiremos la independencia».

16 de diciembre de 2015

Ayer no había mantequilla en Moscú


«Demagogo: uno que predica doctrinas que sabe que son falsas
a hombres que sabe que son idiotas».
Henry-Louis Mencken (1880-1956).


Cuando hace más de cinco años fundé este blog, me propuse convertirlo en un lugar de encuentro donde todos aquellos preocupados por los desmanes del separatismo pudiesen sentirse a gusto: los de izquierdas y los de derechas, los ricos y los pobres, los humildes y los poderosos, los creyentes y los impíos, los pecadores y los temerosos de Dios, las mentes privilegiadas y los que escuchan Reggaetón; los heterosexuales, los gays, las casquivanas y las virtuosas... ¡Todos sin excepción! Porque aquí no se va contra ninguno de ellos, al contrario: todo el mundo es bienvenido. De ahí, entre otras razones, que siempre haya yo evitado significarme desde estas páginas con siglas de ningún tipo y he criticado por igual a todos los partidos políticos cada vez que lo he estimado necesario.

Pero hay cosas ante las cuales no puedo permanecer callado. El último sondeo publicado por El Mundo (16-12-2015) sitúa a Podemos como cuarta fuerza parlamentaria tras el 20-D, con una intención de voto del 16%, capaz de otorgarle entre 56 y 60 escaños de los 350 con que cuenta la Cámara baja. Aún más triunfal es la irrupción en el hemiciclo que le pronostica hoy El Periòdic d'Andorra, diario extranjero, y no sujeto por tanto a la prohibición de difundir nuevas encuestas cinco días antes de las elecciones que establece la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (BOE-A-1985-11672): aúpa a esa formación hasta la tercera posición merced al 19'6% de los sufragios, y le augura de 66 a 70 diputados; un significativo aumento por efecto de la campaña, pero sobre todo del insatisfactorio debate recientemente televisado entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy.

El anunciado auge del populismo, que encarna la formación de Pablo Iglesias, sin duda debería movernos a todos a profunda y preocupada reflexión.

El desabastecimiento de alimentos y de medicinas, así como las interminables colas para adquirirlos y el racionamiento,
han sido una constante en Venezuela durante los largos años de Revolución Bolivariana

La frase que da título a esta crónica de Catalibanes está extraída de una muy comentada advertencia que Felipe González bramó en un mitin electoral para descalificar el programa político defendido por Izquierda Unida en plena era soviética («Señores, ayer no había mantequilla en Moscú»), el 26 de octubre de 1989.

Pues bien, ayer en Caracas no había mantequilla. Ni carne, ni harina, ni jabón, ni pasta dentífrica, ni papel higiénico. Fruto de fórmulas económicas desastrosas, ayer en Venezuela entera faltaban productos básicos. Aunque abundaban el despotismo y la corrupción. ¿Y esa es la solución milagrosa que nos proponen los chicos con el logotipo morado, chavismo pasado por el barrio de Lavapiés? ¿Las mismas medidas que Fidel Castro ha exportado al continente sudamericano, aunque hábilmente maquilladas? ¿Cómo puede algo así haber encandilado a las masas?

Pero es que además, Pablo Iglesias, para quien la mera existencia de medios de comunicación privados supone un ataque a «la libertad de expresión» —según afirmó el 21 de noviembre de 2013 en la televisión de Galiza Ano Cero, ¡tal es su concepción de la democracia!—, representa una seria amenaza para la unidad de España. Partidario declarado del derecho de autodeterminación («Frente a los que plantean el inmovilismo como PP, PSOE o Ciudadanos, nosotros decimos que estamos orgullosos de ser una formación política plurinacional»; 09-12-2015), en los mítines está comprometiéndose a autorizar un referéndum si llega a La Moncloa:
«Son los catalanes los que tienen que decidir».
Lo cual es tanto como decir que piensa hurtarnos a todos los españoles nuestra soberanía sobre el territorio nacional. Y el pasado 26 de octubre, la sucursal podemita Catalunya Sí que es Pot (‘Cataluña Sí que se Puede’) invistió presidente del Parlamento autonómico a la ex lideresa de la ANC, Carme Forcadell, con el apoyo de cinco de sus once diputados. De ahí que muchos capitostes e ideólogos del separatismo catalán y del vasco, anden enfrascados estos días en pedir públicamente el voto para Iglesias con denodado entusiasmo.

Completamente de acuerdo creo que estaríamos todos en que los partidos tradicionales, aquellos provenientes de la Transición, se tienen bien ganado su desprestigio. Por indiscutibles merecimientos se han hecho acreedores de un sonoro desprecio en las urnas, de un revolcón. Pero lanzarse en brazos del primer embaucador que se presenta prometiendo imposibles sólo puede empujarnos al abismo. De hecho el nacionalismo no es más que eso: un populismo con tintes palurdistas y terruñeros.

Miles de años desde que los sabios atenienses alumbraron la democracia, para terminar así, con un cardumen de desavisados eligiendo sin criterio.

8 de noviembre de 2015

En casa de Pujol

El 17 de septiembre de 2012, TV3 emitió un programa que con el curso del tiempo y de los acontecimientos ha adquirido una especial significación. Formaba parte de una serie de reportajes titulada El convidat (‘El invitado’), que a través de la convivencia con distintos personajes durante un fin de semana pretendía mostrar su intimidad. Andreu Buenafuente, Josep-Lluís Carod-Rovira, Pedro Ruiz, Pilar Rahola, Lluís Llongueras, Ferran Adrià, Jorge Javier Vázquez, Sor Lucía Caram, Eduard Punset, Boris Izaguirre, Marc Gasol, Xavier Sala i Martín, Xavier Sardà, Miquel Calçada, Santiago Dexeus y Andrés Iniesta fueron algunos de los 63 nombres elegidos para protagonizar el espacio en sus cinco temporadas de duración. Pero ninguno de ellos batió el récord histórico del 32'4% de audiencia logrado en Cataluña por el capítulo 27, que como estreno de la tercera temporada estuvo dedicado a Jordi Pujol.

Grabado en el verano de ese año, faltaban todavía 24 meses para la sonadísima confesión pública con que el ex mandatario autonómico se autoinculpó de ocultar cuentas bancarias en paraísos fiscales (25 de julio de 2014), en un desesperado e ineficaz intento de exonerar de responsabilidad a su extensa prole, así como de acallar las investigaciones sobre el origen de su fabuloso patrimonio descubierto en el extranjero. Y más de tres años para el registro en su vivienda, realizado el pasado 27 de octubre por la Policía Nacional en busca de pruebas.

El sábado de buena mañana, el equipo de televisión se presenta en el domicilio del Molt Honorable y le pilla ¡cómo no! desayunando butifarra. Numerosos portarretratos con fotos de sus siete hijos habitan el salón comedor. Y de sus 17 nietos. El orgulloso patriarca asegura saberse el nombre de cada uno. La voz en off del sosaina presentador, Albert Om, avisa de que los muebles siguen siendo los mismos que cuando se casó, en 1956, algo sumamente creíble dado su vetusto aspecto. El tramo de la Ronda del General Mitre donde vive está en una espléndida zona de Barcelona. Aunque no es ni mucho menos la mejor. Y a fin de cuentas lo suyo no deja de ser un piso, con los típicos inconvenientes y molestias que toda vecindad en un mismo edificio comporta. Orientado además a una de las arterias más transitadas, contaminantes y ruidosas de la capital. Nada que ver con el fastuoso palacete en Pedralbes de Cristina e Iñaki.

Tras varias tediosas conversaciones de corte intimista («A mí los nervios desde siempre se me han manifestado mucho en los ojos, siempre he parpadeado mucho»), entrevistador y entrevistado parten hacia la segunda residencia de este en Premiá de Dalt (¿por qué un ex presidente continúa teniendo a su disposición un coche oficial con chófer?), donde les aguarda el otro pilar de tan preeminente familia: Marta Ferrusola.

La llegada nos descubre que su chalé en la tranquila localidad situada a escasos kilómetros de la costa tampoco es ninguna maravilla. ¡Eso sí!, goza de un coqueto jardín con la bandera catalana izada en un mástil.

Tres menos cinco de la tarde: la pareja decide agasajar a su huésped llevándoselo a comer a un bar (minuto 20:12). Sorprende que quien ha sido el máximo representante del Estado en Cataluña durante 23 años, se cuelgue la servilleta sobre el pecho como Charlot.

Dios, Cataluña, el futuro, los Evangelios, las generaciones venideras... El sentido de la vida y la frecuencia de la oración. Reflexiones en tono trascendental después de asistir píamente a la misa de las siete y media en el santuario de la Cisa (min. 27:16), «un lugar que une fe y país, los dos grandes puntales de su vida», según describe la omnipresente voz superpuesta del reportero-visitador.

Pujol se revela como un infatigable lector, constantemente enfrascado en seguir la actualidad por la prensa de papel. Las anotaciones las escribe a mano. No utiliza tableta ni ordenador. Tampoco aparece nunca escuchando la radio o pendiente del televisor. Marido y mujer se muestran en todo momento como un apacible par de ancianos de gustos sencillos y una existencia marcada por una rutina rayana en la monotonía.

Diez de la noche: la Ferrusola debuta ante las cámaras como ama de casa cocinando. Se hace muy difícil creer que los Pujol carezcan habitualmente de un servicio doméstico que les atienda. Sobre todo después de presenciar los apuros que la señora experimenta para encender el fogón de su propia cocina (min. 32:38). Considerando el hecho de que el periodista está allí en calidad de invitado —tal como el espacio televisivo advierte ya desde su comienzo—, servirle para cenar tortilla española con pinta de reseca además de un poco quemada por arriba (que mucho se cuidan de no denominarla de ese modo y presentan como «truita de patates»), y unas pijotas fritas de segundo («llucets»; están a 5'50 euros el kilo), así, sin guarnición ni nada, resulta un poco cutre. Una de dos: o los anfitriones se esforzaron exageradamente por ofrecer una imagen austera de sí mismos a los 950.000 espectadores que de media registró la emisión, o son unos tacaños de mucho cuidado.

Entre fuertes dispositivos de seguridad e
increpados por una multitud, Jordi Pujol
y su esposa llegan el pasado 27 de enero
a la Ciudad de la Justicia para declarar
ante la juez que instruye el caso
A medida que el domingo avanza hacia el ocaso, también lo hace el periodo estipulado para la visita. Om interroga al político sobre la proximidad de la muerte, acerca del lugar y la forma en que imagina su entierro:
«—¿Ha dejado escrito cómo quiere que lo hagan?
—No, no, no, no. No he dejado nada escrito.
—Ya se espabilarán.
Escolti!, esto es un poco macabro, ¿no?».
El Ministerio del Interior estimó en su día en 1.800 millones de euros el patrimonio del clan Pujol. Una fortuna que, según el borrador de un informe de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Judicial, publicado el 19 de noviembre de 2012 en El Mundo, procedería de las comisiones sistemáticamente cobradas por Convergència Democràtica de Catalunya a las empresas a cambio de la adjudicación de obras públicas durante su periodo al frente de la Generalidad, entre 1980 y 2003. Pero una reciente noticia dada a conocer la semana pasada elevaría sensiblemente esa cifra, tras el descubrimiento de movimientos bancarios por valor de 2.400 millones desde Andorra hacia Panama a través de sociedades instrumentales y argucias financieras de lo más sofisticado, para salvaguardar el “botín” de un previsible embargo. Cantidad que viene a sumarse a los 900 millones de euros detectados por los investigadores policiales en Belice, según informaciones del diario La Razón en la víspera, el 30 de octubre. Jordi Pujol y su mujer (acusada esta como «cómplice y encubridora») están actualmente imputados en el Juzgado de Instrucción nº 31 de Barcelona por presunto delito fiscal y blanqueo de capitales, a raíz de la querella criminal presentada contra ambos y contra tres de sus hijos: Marta, Mireia y Pere.

Josep Pujol Ferrusola, residente en Miami y único miembro de la extensa estirpe sobre quien aún no pesaba ninguna imputación —pues contra los otros tres hermanos, Oleguer, Oriol y Jordi, se instruyen diversas causas judiciales, que abarcan desde el tráfico de influencias y la falsedad documental, hasta el cohecho por el Caso de las ITV—, ha sido recientemente acusado por la Audiencia Nacional de un supuesto delito de blanqueo de capitales.

Independientemente de si el matrimonio Pujol impostó o no su comportamiento durante la grabación de aquel exitoso programa con vocación de reality, lo cierto es que ninguno de los dos ha hecho jamás ostentación de grandes lujos ni extravagancias en su cotidianidad —no así sus vástagos, alguno de los cuales, Jordi, el primogénito y alias El Nen (‘El Niño’), disfruta de una escudería de automóviles deportivos y de alta gama que harían salivar al mismísimo James Bond pese a no tener oficio conocido—. Da la impresión de que más allá de una codicia insaciable, si finalmente los tribunales determinan la culpabilidad del otrora caudillo catalán y ahora evasor fiscal confeso, podría haber sido la cleptomanía lo que le impulsase a actuar así. El placer de afanar.

7 de octubre de 2015

Anatomía de la sinrazón

Desde luego «Psicopatología del nacionalismo», publicado el pasado 8 de septiembre en el diario Vozpópuli, no es un artículo al uso. Con una precisión que se diría casi quirúrgica, su autor, José Manuel Blanco, describe la sintomatología del fenómeno, identifica sus mecanismos de propagación y emite un diagnóstico tan certero como inquietante. Pero no se detiene ahí el columnista. Profesor de universidad y economista de profesión, amplía su ámbito de estudio al tejido necrótico circundante: quienes, desde las más altas instituciones del Estado, llevan décadas consintiendo el cronificado chantaje del movimiento separatista y eludiendo atajar su virulencia.

El texto constituye, en definitiva, un formidable análisis como pocos he leído. Y de ningún modo podía yo dejar de compartirlo íntegramente aquí con todos los seguidores del blog:
«Artur Mas continúa, no ceja en su proceso hacia la independencia acompañado de esa oligarquía de políticos, empresarios e “intelectuales” que vislumbran un horizonte con más poder, favores, mercados cautivos, prebendas e impunidad. Myores [sic] ventajas a costa de los crédulos. Más difícil resulta comprender los motivos que llevan a muchos ciudadanos corrientes a sucumbir ante esos cantos de sirena, a comulgar con ruedas de molino, a emprender la marcha, obnubilados por la melodía del nuevo flautista de Hamelín, a caminar por una senda peligrosa para la convivencia, la libertad y el pluralismo político. ¿Cómo puede explicarse este fenómeno?
»En The Psychology of Nationalism, Joshua Searle-White señala que la potenciación de la identidad y la autoconfianza, en un mundo de dudas e inseguridades interiores, es el mecanismo psicológico que alimenta el nacionalismo. Identificarse con una nación, inventada o imaginada, permite al individuo ganar autoestima, atribuirse las cualidades, nunca defectos, que el discurso nacionalista asigna a esa idealizada colectividad. Para ello es necesario crear un enemigo contra el que definirse, alguien a quien traspasar todos los males, vicios, defectos y, por supuesto, la culpa.
»No intenten discutir, aportar datos objetivos. Como conjunto de ideas fanáticas, cerradas en sí mismas, el nacionalismo se muestra refractario a argumentos razonados. Sus conceptos no van dirigidos al intelecto, a la parte racional de los individuos, sino a las vísceras, a los impulsos más básicos, a esa parte primitiva, impulsiva e irracional que todos llevamos dentro. Pertenece al grupo de doctrinas que recurren a retorcidas técnicas de propaganda, tergiversan la educación, la historia, manipulan las emociones de la masa fomentando odio, desprecio, transferencia de culpa hacia otros».

La noche, fanatismo y desfiles de antorchados: una siniestra combinación que nos devuelve a épocas muy oscuras de la historia;
imagen colgada en el sitio web de la sección local de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en Lloret de Mar, Gerona

«Una creencia mesiánica
»Como nueva religión laica, como creencia mesiánica, el nacionalismo hace creer a la gente que goza de cualidades excelsas, superiores, tan sólo por pertenecer al grupo. El paraíso se encuentra a la vuelta de la esquina, solo a falta de liberarse del yugo de los opresores. Profesar la nueva fe constituye un atajo, una vía muy cómoda, exenta de esfuerzo, para sentirse justo, cabal, repleto de razón. Para considerarse víctima, adquiriendo enorme superioridad moral y derecho a un trato de favor. No es necesario esforzarse, emprender el largo y costoso camino de la auténtica superación personal. Basta con convertirse, identificarse, ser, comulgar con la tribu, con sus jefes, para recibir instantáneamente los dones del Espíritu Santo.
»Lauren Langman, en The Social Psychology of Nationalism sostiene que “el nacionalismo presenta una visión torticera de las relaciones entre grupos, distorsiona las intenciones de los otros y promueve una elevada visión del ‘nosotros’ frente a un deshumanizado, psicopatológicamente peligroso ‘ellos’, con el fin último de lograr una adhesión total a sus líderes. Los dirigentes nacionalistas, a través del control de los medios, tratan de manipular al público presentando a los ‘otros’ como un peligro inminente para ‘el pueblo’, su bienestar, honor y dignidad. Cuando el nacionalismo cae en el ‘pensamiento de grupo’, se vuelve impermeable a la razón”.
»Muchos pensarán que, con tan burdos argumentos, el nacionalismo sólo podría manipular a patanes, necios e ignorantes. Pero no es así. También atrapa a muchas personas inteligentes y cultas porque no se trata de una mentira cualquiera sino de una fábula que contiene todo el delicado material con que se tejen las fantasías, los sueños, el miedo, la angustia, las dudas sobre la propia identidad. Ese cuento de hadas que todo niño desea escuchar. Un enfoque maniqueo, de buenos y malos, que arrincona la responsabilidad individual, diluyéndola en la dinámica de grupos.
»Los auténticos héroes
»El nacionalismo no se limita a alentar una identidad colectiva, a crear en el individuo una afinidad hacia sus cercanos, una identificación con la comunidad en la que vive. Si todo quedase ahí, sería hasta loable. El peligro surge cuando la identidad que promueve es excluyente, cuando no sirve para cohesionar la sociedad sino para dividirla en mitades irreconciliables. Es nocivo, extremadamente dañino, cuando difunde una distorsionada imagen del “otro”, inventa viejos agravios, fomenta la enemistad, el enfrentamiento. Cuando inocula en las gentes maldad, odio, menosprecio del vecino, conduciendo a la discriminación, a la xenofobia, a una quiebra de la convivencia. Una conducta que sería perseguida como grave delito en cualquier país menos acomplejado y pusilánime que el nuestro.
»Pero el Régimen de la Transición creó el caldo de cultivo perfecto para la difusión de estas creencias. El pacto entre oligarquías corruptas otorgó a los nacionalistas manga ancha para actuar a voluntad en sus territorios... siempre que guardaran las formas, la apariencia de legalidad. Mientras, la ideología nacionalista quedaría blindada contra la crítica por un terrible tabú, el único, de los muchos establecidos, que todavía permanece en pie. Y se beneficiaría de la extendida impunidad de los poderosos, la de quienes pertenecen a un importante grupo de presión. Con su llamada a la independencia, Artur Mas no ha vulnerado exactamente el fondo, pues en la práctica puede hacer lo que le viene en gana, con independencia de lo que señalen las leyes. Pero sí las formas, la apariencia, ese decorado de cartón piedra en que se basó el Régimen. Nuestros miopes y acomplejados gobernantes se apestarán [transcrito así del original; salvando el posible error tipográfico, del sentido de la frase se deduce que debería poner “se aprestarán”] a negociar para que las aguas regresen al acostumbrado cauce, para que la independencia se produzca de tapadillo, por la vía de los hechos, de facto pero no de iure.
»Mas y sus adláteres no pretenden sólo el poder: también la gloria. Pasar a la historia como héroes, titanes de un nuevo mito fundacional. Pero su comportamiento muestra poco heroísmo o valentía; más bien egoísmo, abuso, mezquindad y, sobre todo, falta de escrúpulos. Los verdaderos héroes, aquellos que merecen admiración, respeto y reconocimiento de todos los españoles son esos catalanes no nacionalistas que, abandonados a su suerte por los sucesivos gobiernos de España, han osado levantar la voz, resistido la manipulación, la interesada presión de oligarcas y caciques, preservando las ideas que inspiraron la Ilustración, hoy denostadas y pisoteadas. Han levantado la antorcha de la razón allí donde su ausencia produce auténticos monstruos».
Más recientemente, desde su columna en El Mundo, David Jiménez ha escrito unos párrafos memorables que muy bien podrían servirnos como colofón y con los que denuncia la gravedad del proceder de «quienes manipulan irresponsablemente los sentimientos nacionalistas», así como el de aquellos que por acción u omisión ―de su deber― han colaborado:
«¿Acaso desconocen que una vez plantas la semilla de un conflicto éste crece aunque después dejes de alimentarlo? ¿Que convertir enemigos imaginarios en reales es el primer paso para hacer aceptable lo que antes no lo era? ¿Que la historia está llena de ejemplos de sociedades civilizadas que se dejaron contagiar por el fanatismo y sus líderes iluminados?
»Lo sorprendente en el caso catalán no es tanto el fervor independentista ―todo el mundo tiene derecho a sentirse lo que le plazca―, sino que ese sentimiento haya sido despertado de manera tan eficaz por una casta política corrupta, inculta y egoísta a la que el futuro de Cataluña le importa bien poco, comparado con el suyo propio. Pero la responsabilidad del momento que vivimos no es sólo de quienes han utilizado la mentira y el dinero de todos para enfrentar a catalanes y españoles, poniendo los recursos públicos al servicio de la propagación de un mensaje que ha ido degenerando hacia la xenofobia, sino a los gobiernos que desde Madrid han respondido con desidia a ese desafío soberanista.
»No hablo de los últimos días o meses, porque este viaje no empezó con la llegada de Artur Mas, sino al día siguiente mismo de lograrse el pacto constitucional que dio a Cataluña competencias que serían la envidia de cualquier movimiento de secesión. Hemos llegado hasta aquí después de décadas en las que los nacionalistas han utilizado escuelas, instituciones y medios de comunicación para adoctrinar a la población, marginar metódicamente a quienes se atrevían a disentir y burlar a un Estado que ha sido incapaz de garantizar derechos tan básicos para una parte de sus ciudadanos como estudiar en castellano si así lo desean. [...] Y, ¿qué han hecho los partidos nacionales mientras todo esto sucedía? Pactar con los promotores de esa agenda, cuando necesitaban sus votos. Legitimar su victimismo al asumir como natural la deslealtad permanente hacia España. Y ceder, una y otra vez, en la creencia de que llegaría el día en que el nacionalismo quedaría satisfecho. La ingenuidad no puede ser un atenuante en este caso: la historia, si alguien se hubiera molestado en leerla, debería haber bastado para despejar sus ilusiones».
Y critica el autor a continuación las reacciones que se están produciendo a última hora, cuando quizás ya no haya remedio:
«Así que es sólo ahora, ante el desafío final, cuando nos han entrado a todos las prisas, primas hermanas de la improvisación. Empresarios que durante años han permanecido callados ante el rodillo nacionalista hablan al fin de las consecuencias de la independencia, ciudadanos que vivían con pasividad el monopolio del discurso público crean organizaciones cívicas para expresarse con libertad y los partidos nacionales hacen el esfuerzo por articular, aunque sea tarde y mal, un discurso sobre la importancia de lo mucho que une a catalanes y españoles, frente a quienes quieren levantar una frontera de ignorancia entre nosotros. Esperemos que no sea demasiado tarde».
Con el expresivo título «En la frontera de la ignorancia», la pieza periodística de Jiménez apareció publicada el mismo día de las elecciones autonómicas: el domingo 27 de septiembre.

1 de septiembre de 2015

Déjà vu

Ante la intolerable oleada de difamaciones que pueblan Internet ―junto con otros espacios donde también florece el siempre deseable debate público como producto de la convergencia de diferentes corrientes de opinión―, y actuando en mi calidad de autor y administrador únicos del blog, me siento en la obligación moral de precisar lo siguiente: que NO existen similitudes entre el nacionalismo catalán y el nazismo alemán fundado por Adolf Hitler.


Ninguna, ni la más remota; por mucho que algunos se obstinen en buscarlas.


No son en absoluto comparables, ni en sus métodos ni en la escenificación de sus multitudinarias movilizaciones.


Tampoco en su iconografía.


Desconozco a quién puede habérsele ocurrido tan disparatadas ignominias.


Pero albergo el convencimiento de que tales acusaciones responden, sin duda, a un ánimo infamante contra esa nobilísima y democrática opción ideológica de la Cataluña de nuestros días.


Y creo que es así porque resulta imposible encontrar puntos en común entre ambos movimientos políticos.


¡Como si alguna vez hubiera podido alguien demostrar lo contrario, vamos!


Nuestra postura ética, la mía y la de todos, no debe ser otra que la de hacer prevalecer la verdad negando cualquier semejanza.


Combatir esas malintencionadas analogías sin descanso, con denuedo, vigorosamente... más aun, ¡febrilmente! En todo momento, circunstancia y lugar.


Desmentirlas, sea cual sea la clase de mentes calenturientas de las que provengan.


A mí se me hace muy difícil comprender cómo puede haber gente capaz de inventar maledicencias así, la verdad.


Sirva la presente aclaración como comunicado oficial de este sitio web y procúrese en adelante su máxima divulgación a iniciativa de los amables lectores que lo deseen.

En Cataluña, a primero de septiembre del año de Nuestro Señor de dos mil quince.

12 de agosto de 2015

Golpismo del caro

Es el último artículo de Josep-Lluís Carod-Rovira, aparecido el 6 de agosto bajo el título «Contra la legalitat» (‘Contra la legalidad’), de una repugnancia tal que empujaría a cualquiera a agotar la gama completa de antieméticos disponibles en las farmacias catalanas, esas a las que Artur Mas no les paga los medicamentos desde ni se sabe cuándo. Y constituye además un claro llamamiento a la rebelión, que difícilmente quedaría sin respuesta de la fiscalía en otros países de nuestro entorno:
«Buena parte de los argumentos recurrentes contra la independencia de Cataluña, por el lado español, da igual en Madrid que en Barcelona, ​​se basan en la afirmación de que este propósito es incompatible con la legalidad. Y, por tanto, que será el uso de esta legalidad lo que impedirá las aspiraciones nacionales de nuestro pueblo. Lo dicen y se quedan tan anchos pensando, tal vez, que tan solo mencionando la ley ya nos tiemblan las piernas. Curiosa legalidad esta que va contra los intereses de los ciudadanos cuando, de hecho, es la ley la que debe estar al servicio de la gente y no la gente al servicio de la ley. Las leyes deben facilitar la vida a las personas y contribuir a hacer posibles sus objetivos, no complicárselos o bien impedirlos u obstaculizarlos. Se habla de la ley como si fuera del libro en mayúscula en las religiones monoteístas (la Torá, la Biblia, el Corán), con lo que se llega a sacralizar, como es el caso de la constitución [sic] española, cuando resulta, además, que la Alianza Popular de la época no votó a favor...».
Las leyes democráticas se han revelado, con el transcurso del tiempo, como la única fórmula comprobada de convivencia pacífica en sociedad. Salvaguardan nuestras vidas y haciendas, garantizan nuestros derechos y nos protegen frente a arbitrariedades o abusos del poder. Son lo único que consigue alejarnos de la barbarie. Y merecen el máximo respeto de todo demócrata auténtico.

Por otra parte, Carod-Rovira no es el primer separatista en propalar esa falacia sobre AP: precisamente fue Manuel Fraga Iribarne (1912-2012), fundador de Alianza Popular —el 9 de octubre de 1976—, uno de los siete ponentes encargados de la redacción del anteproyecto de Constitución por la Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas del Congreso de los Diputados. El texto definitivo (Boletín Oficial de las Cortes, número 170) fue aprobado en el Congreso el 31 de octubre de 1978, por 325 votos afirmativos, con 6 votos en contra, 14 abstenciones y 5 ausencias (Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, núm. 130). De los 16 representantes de la formación antecesora del Partido Popular en la Cámara Baja, 8 votaron a favor, 5 en contra y 3 se abstuvieron. Los dos senadores del partido, Abel Matutes y Francisco Cacharro, manifestaron su apoyo en la votación celebrada ese mismo día en la Cámara Alta (Diario de Sesiones del Senado, núm. 68).
«Y se hace pasando por alto, generalmente, el origen de la legalidad, quién la ha hecho, quién la ha aprobado, con qué objetivos, en qué contexto histórico y con qué condicionantes».
El “origen de la legalidad” reside y residía entonces en la nación española, que el 15 de junio de 1977 había elegido libremente a sus representantes políticos en las Cortes Constituyentes y que, posteriormente, el 6 de diciembre de 1978, refrendó con el 87,78% de votos afirmativos (15.706.078) el Proyecto de Constitución aprobado por estas, con una elevada participación del 67,11% (17.873.301); el respaldo obtenido en Cataluña rebasó la media española: 90,46% (2.701.870 sufragios), con una participación que fue también más alta, del 67,91%. Los “objetivos” no eran otros que dejar atrás el franquismo y construir un sistema democrático. Y el “contexto histórico” lo conoce él perfectamente: transitar hacia el régimen actual, donde ha podido defender sus ideas políticas sin cortapisas y con total libertad (y vivir muy bien de ello), a pesar de que su partido, ERC, fue responsable de la tortura y el asesinato de miles de civiles en Cataluña durante la Guerra Civil.

En octubre de 2011, hizo el siguiente
balance de la reunión que en 2004
había mantenido con la cúpula de
ETA en Francia: «Valió la pena»
El que fuera vicepresidente de la Generalidad en el primer tripartito continúa con su manida artimaña de contraponer legalidad a voluntad popular, cuando en las democracias aquella emana siempre de esta:
«Las leyes, en democracia, siempre son el resultado de la correlación de fuerzas establecida por los ciudadanos en las urnas. La democracia es, en buena parte, una cuestión de demografía, demografía de las ideas, si se quiere, pero demografía al fin. En este caso, pues, es obvio que la opinión del pueblo catalán nunca podrá ser tenida en cuenta y respetada, en España, porque siempre seremos minoría demográfica. Y en caso de que consigamos alguna victoria parcial, como el último estatuto, para lo cual tienen su tribunal constitucional pensado para filtrar la voluntad popular, siempre que les plazca».
“La opinión del pueblo catalán”, por lo demás diversa y —afortunadamente— nunca única, recibe la misma consideración que la del resto de españoles cada vez que somos convocados a unas elecciones, sean municipales, autonómicas, generales o europeas; así como también en los referendos. Y resulta lógico que las minorías no puedan imponer su voluntad a la mayoría. En ninguna nación sucede lo contrario, de hecho. Un burdo intento de confundir el suyo, luego del cual Carod-Rovira enarbola otro clásico del separatismo: la invocación de la sentencia del Estatuto como casus belli y eterno motivo para la falsa victimización. Los artículos modificados, y los total o parcialmente derogados por el Tribunal Constitucional, lo fueron porque colisionaban con nuestra Carta Magna. El principio de la jerarquía normativa impide que las normas contravengan a aquellas de mayor rango. Teniendo el Estatuto de Cataluña, de 2006, carácter de Ley Orgánica, no podía vulnerar la Constitución, de donde emanan todas las leyes, las instituciones y los poderes del Estado. Los políticos nacionalistas no cumplieron su deber de elaborar un texto estatutario conforme a esta.

Como al parecer no tenía pendiente reunirse con ningún jerarca etarra, siguió escribiendo:
«No tener en cuenta el origen de la legalidad vigente en un territorio, en cada momento, es hacer trampa. Durante el franquismo, el derecho de asociación era inexistente porque iba contra la legalidad y afiliarse a un partido político o a un sindicato era ilegal, el derecho de reunión también lo era, como la libertad de expresión, de manifestación o el derecho de huelga, justamente porque iban en contra de la legalidad vigente. Era tras el amparo de esta legalidad antidemocrática donde se refugiaban los capitostes de la dictadura. Ahora que hay derechos básicos individuales reconocidos, pero no colectivos, el pueblo catalán se ve impedido para avanzar en su proceso de emancipación nacional porque este es ilegal, según la constitución española. Y quizá sea necesario que recordemos el origen del actual sistema institucional español: una monarquía nombrada a dedo por el dictador y una constitución que fue hecha en inferioridad de condiciones por parte de los partidos de tradición democrática, bajo la mirada atenta de los militares, “padres de la constitución”, también, en algunos artículos fundamentales. Fingir que todo esto no existe es esconder la cabeza bajo el ala».
Por cuarta vez en su pieza periodística escribe el término Constitución con la c en minúscula, lo cual podría ser intencionado: siendo el autor licenciado en Filología Catalana por la Universidad de Barcelona, y habiendo desempeñado el puesto de Técnico superior de planificación lingüística de la Generalidad entre 1981 y 1988, sin duda conocerá los preceptos ortográficos del catalán, lengua original del artículo, que señalan su incorrección. La psicología infantil ha estudiado cómo en sus dibujos los niños tienden a representar mediante figuras más pequeñas (y alejadas del centro del papel) a las personas que detestan. Curiosamente, no resulta infrecuente encontrar en foros de Internet a separatistas que, en su afán despreciativo, incluso llegan a poner, literalmente, «espanya».
«Desde el punto de vista legal, pues, estamos en un callejón sin salida, porque, además, el tribunal constitucional ha frenado, frena y frenará cualquier aspiración colectiva que, a su juicio, no encaje en el marco constitucional. Un tribunal, recordémoslo, profundamente político y con miembros designados por los mismos partidos que usan la constitución como amenaza y como freno. Hay momentos en que la democracia y la legalidad no van por el mismo camino. Hay momentos en que legalidad y justicia tienen muy poco que ver».
¿Y quién decide qué leyes son justas y cuáles, injustas? ¿Cada uno escoge las que más le gusten y las que no, simplemente, se las salta? Las normas pueden cambiarse, pero nunca transgredirse. Independientemente de la palabrería con que adorne sus intenciones, desde el momento en que alguien se cree legitimado para violentar el orden constitucional estamos ante un vulgar golpista.
«Hay que ser conscientes, pues, de que se acerca el momento en que el pueblo catalán tendrá que actuar de acuerdo con sus intereses y aspiraciones, diga lo que diga la legalidad española. Y que el camino que decidimos recorrer sólo podrá ser hecho contra la legalidad actual, una legalidad que sustituiremos por una propia, catalana y democrática. La legitimidad de esta nueva legalidad catalana se levantará frente a la legalidad española hija de la transición. Cuando es todo un pueblo el que va contra la legalidad es que ya ha llegado el momento en que, precisamente, se puede decir en voz alta que es la legalidad la que va contra todo un pueblo».
Recurre impúdicamente Carod-Rovira a suplantar la voz de Cataluña, ocultando a los lectores la polarización, la profunda división de opiniones existente en la sociedad sobre este asunto de la secesión.

La bajísima factura intelectual de sus razonamientos esgrimidos de ningún modo justificaría que se le tildase de golpista barato, por cuanto la maquinaria propagandística y de agitación de la que forma parte el medio que publica su torticero artículo nos cuesta a todos los contribuyentes un dineral: Nació Digital, un Egin en versión catalanista que incluso aventaja en la cantidad y en el tono de las aberraciones al extinto periódico batasuno, recibió durante el segundo semestre de 2014 del departamento de la Presidencia de la Generalidad 132.325,71 euros (22.017.146 pesetas) en subvenciones (Resolución PRE/725/2015, de 13 d'abril; DOGC núm. 6858, 24/04/2015).

Una cifra en la que, obviamente, no están incluidas las cantidades cobradas además por la inserción de publicidad institucional del Gobierno autonómico.

5 de agosto de 2015

2

Anda la secta muy silenciosa últimamente. Apenas se les oye. El año pasado por estas fechas ya estaban anunciando a bombo y platillo el show con que tenían pensado amenizarnos en la Diada del 11 de septiembre: un gigantesco mosaico humano a lo norcoreano en forma de v, con adultos y niños —¡muchos niños, muuuchos!— obedientemente uniformados, con camisetita amarilla unos; de color rojo la otra mitad.

Este año en cambio ni siquiera me he enterado de qué preparan. Alguna mamarrachada de las suyas, eso seguro, profusa en grititos histéricos, chutes de victimismo y semblantes con mirada perdida. Pero el caso es que su ímpetuosa omnipresencia de antaño en los medios parece haberse esfumado. No se les ve organizar hitlerianas marchas nocturnas con antorchas, ni conciertos “por la libertad” en el estadio del Barça. Los referéndums con urnas de cartón son cosa del pasado. Y en las carreteras uno ya sólo se cruza con vehículos y no con cadenas humanas. Todo lo cual abona en bastantes optimistas la convicción de que cayeron abatidos por la derrota. ¡Nada más lejos de la realidad!


Además de para adoctrinar políticamente al pasaje,
el reparto gratuito de periódicos en los transportes
públicos sirve a la Generalidad para subvencionar
encubiertamente a la prensa afín
Los admiradores de los golpistas Lluís Companys y Francesc Macià están, simplemente, agazapados, al acecho. En paciente espera de su oportunidad... tras las elecciones. Pero de las generales más que de esas autonómicas convocadas anteayer para el próximo 27-S, porque es cuando planean extorsionar a placer al previsiblemente débil Gobierno de la nación emergido de las urnas.

Lo que se ha dado en mal llamar «proceso soberanista [sic]» no es sino un acelerón imprimido por Artur Mas a la operación separatista puesta en marcha 35 años atrás por Jordi Pujol («hoy paciencia, mañana independencia», coreaban sus colaboradores directos y sus acólitos, mientras en Madrid el Molt Honorable cleptócrata fingía contribuir a la estabilidad del Estado con su interesadísimo apoyo parlamentario y era elegido «El español del año»).

E intuyo que el chulesco desafío de Mas, o pisotón de gas a fondo, viene siendo apoyado desde el principio por dos clases de nacionalistas: los líderes iluminados y el populacho persuadido por la propaganda, de una parte; y un segundo grupo, más realista, integrado por políticos catalanistas de diversas tendencias y por determinada élite empresarial, que pese a haber atisbado la improbabilidad de una secesión inmediata, con la agitación provocada buscan arrancarle al Gobierno todavía más privilegios a través de un estatus especial para esta Autonomía (el blindaje de competencias en materia lingüística y educativa, el reconocimiento oficial de Cataluña como “nación”, unas estructuras judiciales desconectadas de las del resto de España ―para garantizarse la impunidad de sus corruptelas perpetradas y por cometer― y derecho de veto en ciertas decisiones del Ejecutivo son algunas de las reivindicaciones que ya intentaron colar en la elaboración del último Estatuto).

Así como un pacto fiscal o concierto económico, por supuesto; con una agencia tributaria propia. ¿Para conseguir definitivamente el famoso “encaje de Cataluña en España” con el que tanto nos han machacado? No, al revés: para poder sufragar los enormes costes que conlleva una secesión.

Porque para crear una nación de la nada y ponerla en el mundo (esto es: obtener la aceptación de la ONU y de las potencias de mayor peso, incluirla en los principales foros y tratados internacionales habiéndola dotado antes de sus preceptivas estructuras de Estado para cubrir las apariencias, establecer acuerdos comerciales con otros países, emitir deuda pública con posibilidades de éxito, etc.) hay que comprar muchas, pero que muchas voluntades. Y a muy caro precio.

Ni existe ese espejismo de una versión moderada del nacionalismo, ni resulta posible contentar a este con nada. Quienes proponen soluciones a base de fórmulas federales y asimetrías se engañan o nos engañan. Porque es un movimiento político con dos objetivos irrenunciables: desgajar Cataluña de España y anexionarse después otros territorios (fantasmagoría imperialista de los «Países Catalanes»). Y no parará hasta alcanzarlos, sin reparar en tiempo ni en gastos.

Mientras tanto seguirá creciendo en número de adeptos, fanatizando a las masas, inoculando odio cainita, acaparando cuotas de poder político y social, y colonizando culturalmente las regiones de las que pretende apropiarse. Continuará sobornando a medios de comunicación mediante subvenciones. Y las escuelas catalanas nunca dejarán de proveer generaciones de fieles con la mente convenientemente programada, merced a la competencia de Enseñanza que hace décadas fue transferida a la Generalidad.
Vamos a ver: parece mentira que después de cinco años elaborándolo, me sienta obligado a realizar esta aclaración. Pero diría que resulta necesaria, según deduzco del comentario de un gentil aunque confundido lector:
    ◦ Este blog no va contra los catalanes ni contra Cataluña.
    ◦ ‘Catalibán’ es una contracción de los términos ‘talibán’ y ‘catalanista’ (¡catalanista!, que no ‘catalán’).
    ◦ Por si quedase alguna duda, el blog lleva por subtítulo: “Crónicas de la yihad separatista”.
    ◦ Pero es que además dedico una sección entera, titulada ¿Qué es un catalibán?, a describirles detalladamente
      (siempre con animus iocandi, claro está). Y donde, entre otras cosas, puede leerse lo siguiente:
«Según la Necional Geographic, un catalibán es un homínido bípedo, originario de Cataluña o acomplejado por
no haber nacido allí».
A estas alturas, el nacionalismo se nutre de casi tantas personas de fuera como de dentro de Cataluña. De hecho, muy destacadas figuras públicas de dicho movimiento político ni siquiera proceden de esta región. Tal es el caso de, por ejemplo: Eduardo Reyes, presidente de Súmate (cordobés); Muriel Casals, presidenta de Òmnium Cultural (francesa); Justo Molinero, magnate de los medios de comunicación (cordobés); Patrícia Gabancho, escritora y articulista (argentina); Josep Antoni Duran i Lleida, líder de UDC (oscense); Sor Lucía Caram, religiosa y activista pro secesionista (argentina); Juan Carlos Moreno Cabrera, lingüista (madrileño); Alfons López Tena, líder de Solidaritat Catalana per la Independència (saguntino); Raül Romeva, cabeza de lista de Junts pel Sí en las autonómicas del 27-S (madrileño); Isabel-Clara Simó, escritora y ex candidata del partido separatista SI (alcoyana)... y así podríamos seguir.