13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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19 de octubre de 2019

La proposición

—¿Os apetece una velada íntima y una cenita con un buen fuego esta noche, en mi casa?
—¡Venga!

Barcelona, octubre de 2019

29 de septiembre de 2018

Catalunya über alles

Apropiación de símbolos catalanes, del espacio público y de las calles. Omnipresencia visual mediante la imposición de banderería e iconografía política en todo lugar y faceta de la vida social (festejos, celebraciones, eventos culturales y deportivos, conmemoraciones, tradiciones, folclore). Usurpación del sentir popular e identificación del nacionalismo con Cataluña y con lo catalán. Sustitución de la historia por mitología y de la racionalidad por dogmatismo. Fanatización. Invención de un pasado a la medida, consolidado en la mentalidad colectiva mediante la propaganda y la educación. Desplazamiento de cualquier otra ideología hasta convertirla en irrelevante e indeseada: sólo existen ellos. Deshumanización, cosificación del disidente, quien pasa a merecer la consideración de “enemigo” del pueblo y es, por tanto, perseguible. O con nosotros o contra nosotros. Muerte social como antesala de la muerte física, de la eliminación justificada del individuo, quien es presentado como una amenaza en vez de como una persona. Las únicas actitudes toleradas son la apatía y la sumisión, la ausencia de resistencia u oposición a sus maniobras. Estructura de movimiento que va arrollándolo todo: la democracia, las leyes y a los ciudadanos. Los opositores no tienen derechos. Cualquier exceso está justificado por una concepción aviesa del bien común largamente labrada en las conciencias. Agredir es disculpable —¡e incluso necesario!— dada la inacabable lista de falsos agravios soportados durante siglos, y se etiqueta como una reacción defensiva. Institucionalización de la mentira y de la negación de lo evidente como armas políticas. Redefinición de la moral, que queda supeditada a los objetivos. Perversión del lenguaje, adulteración. Acuñación de una nueva terminología subvirtiendo los significados (presos políticos, exiliados, represaliados, encarcelados por sus ideas, persecución judicial, mandamiento democrático, voluntad popular, liberación nacional, fuerzas de ocupación, agresión a Cataluña, colonización, patriotas, colaboracionistas, expolio, esclavitud, etc.). Desobediencia de toda ley o sentencia judicial contraria a los intereses propios: recurso al ordenamiento jurídico sólo cuando este resulte útil para destruir el Estado desde dentro.

Arriba: céntrica calle de Colonia, en 1936. Abajo: Plaza de San Pedro en la localidad barcelonesa de Berga, con el Consistorio
municipal al fondo; año 2015. En la fachada han instalado con dinero público un marcador de cuenta atrás hacia la secesión

31 de julio de 2018

Los miserables

28 de julio de 2018: la Asamblea Nacional Catalana organiza en Palafrugell un homenaje a Jordi Sànchez y a quienes la neolengua acuñada por el nacionalismo califica de «presos políticos», «encarcelados por sus ideas» y «represaliados». El que fuera presidente de esa asociación secesionista permanece en prisión preventiva acusado de un presunto delito de sedición por su actuación en las fechas del golpe de Estado. Su antecesora en el cargo, Carme Forcadell, también está en prisión, imputada por delitos de prevaricación y desobediencia a una sentencia del Tribunal Constitucional. El «concierto cena amarillo», así lo anuncian los carteles, dará comienzo a las seis de la tarde y se prolongará hasta la madrugada. Viendo cómo están algunas cabezas, resulta irónico que el lugar escogido sea precisamente delante del Museo del Corcho, en la Plaza Can Mario de esa turísitica localidad gerundense.

Una veintena de artistas comprometidos con la causa evolucionan sobre el amplio escenario instalado para la ocasión. Algunos, como Marina Rossell, Lluís Llach, La Companyía Elèctrica Dharma o la mallorquina Maria del Mar Bonet, llevan lustros semiolvidados y en declive. Otros son músicos locales o apenas conocidos por su portera, a quienes no vendrá nada mal este espaldarazo mediático. El público saborea cada acorde mientras deglute el menú que “con fines solidarios” les han endilgado por el módico precio de 10 eurazos, y consistente en: bocadillo de butifarra, una bebida y un helado que ¡cómo no!, es de color amarillo.

Consignas y eslóganes entre canciones. Grititos pidiendo libertad. Sensiblería junto con encendidas arengas de activistas y políticos para mantener alta la moral. Y constantes apelaciones al terruño.

Pero el plato fuerte llega cuando un Carles Puigedmont exultante por lo que él considera una «victoria judicial» tras la decisión del tribunal de Schleswig-Holstein de extraditarle a España sólo por malversación, se aparece a todos los presentes a través de una pantalla gigante. Y comienza a despotricar:
«Y esta vergüenza, amigas y amigos, no hay ministro de Exteriores ni embajador español que la pueda tapar. […] Cuando Jordi [Sànchez] salga de la prisión, sus ilusos encarceladores se darán cuenta de su inmenso error. […] Hemos continuado la lucha».
O sea, que soltó lo mismo de siempre, pero a tan altas horas y desde su hogar en Bélgica. Y ahí es donde los ya de por sí siempre predispuestos asistentes, más sensibilizados si cabe tras una velada entera de maceración ideológica y victimismo ambiental, meciéndose entre un oleaje de luces provocado por ellos mismos con las pantallas de sus teléfonos móviles, se funden en una sola voz para entonarle al jefe de Quim Torra:


«Tot el poble cantarà
La melodia dels indignats,
És Catalunya que es rebel·la
I lluita per la llibertat.
Que els batecs dels nostres cors
Ressonin forts com mil tambors
I que un nou dia comenci ara
Quan surti el sol.
Lluitaràs al meu costat,
Serem més forts si estem units;
Més enllà de la mentida
I la violència hi ha la pau;
Somriu, aixeca’t
I lluita per la llibertat!
Tot el poble cantarà...
Si unim les nostres forces
L’enemic no passarà;
El joc brut i els seus abusos
No ens podran mai fer callar;
Colze a colze trenquem
Les cadenes de la repressió!
Tot el poble cantarà...».

«Todo el pueblo cantará
La melodía de los indignados,
Es Cataluña que se rebela
Y lucha por la libertad.
Que los latidos de nuestros corazones
Resuenen fuertes como mil tambores,
Y que un nuevo día comience ahora
Cuando salga el sol.
Lucharás a mi lado
Seremos más fuertes si estamos unidos;
Más allá de la mentira
Y la violencia está la paz;
¡Sonríe, levántate
Y lucha por la libertad!
Todo el pueblo cantará...
Si unimos nuestras fuerzas
El enemigo no pasará;
El juego sucio y sus abusos
No nos podrán nunca acallar;
¡Codo con codo rompemos
Las cadenas de la represión!
Todo el pueblo cantará...».
Puchi que se emociona. Que parece a punto de desmoronarse e incluso de romper a llorar pese a su feroz aspecto de guerrero ario: la tecnología de Skype le está permitiendo contemplar la escena en riguroso directo.

Profusión de lazos amarillos en el decorado del recital, que duró más de ocho horas

El tema se titula Tot el poble cantarà (‘Todo el pueblo cantará’) y circula desde el pasado noviembre. Es una variación del À la volonté du people, del musical Los miserables, adaptada a la épica separatista por unos militantes de la ANC de Tarrasa y que un sector del movimiento pretende implantar como himno (compárese con la versión original en francés, compuesta por Claude-Michel Schönberg y Alain Boublil, sobre la novela homónima de Victor Hugo).

En resumen: reunión de incautos con comportamiento de secta, venerando al tío que les dejó tirados para fugarse al extranjero. Bienvenidos a la Cataluña surrealista.

20 de marzo de 2017

Epopeya de truhanes

08:38 h de la mañana del martes 14 de marzo: Jordi Basté recibe con honores en su mezquita radiofónica de El Món a RAC1 a los tres mártires por la causa, sólo horas después de la sentencia que les inmoló. Ceremonia del victimismo y de la mendacidad. Glorificación de unos golpistas. Narración en tono épico de lo que no es sino una vulgar fechoría.

Artur Mas, alias Gandhi. Alias Martin Luther King. Alias Rosa Parks. Con todos ellos se ha comparado. También con Nelson Mandela, sobre cuya figura cuenta que, casualmente, había visto una película en TVE1 la noche anterior (ya no ve TV3 ni Artur Mas, ha comentado alguien con sorna). Y de la cual extrajo una enseñanza vital que, entusiasmado, quiere transmitir a la audiencia:
«Para levantarte y para tirar adelante y para conseguir lo que quieras, tienes que pensar esto: “soy dueño de mi destino, soy capitán de mi alma”».
Imposible ser más cursi. De eso se nutre él a nivel cultural, de frases chorras escuchadas en escenas del cine. Apenas una semana antes, su antiguo compañero de partido Alfons López Tena ya había advertido contra su inanidad intelectual (El Mundo, 06-03-2017):
«A Mas lo colocó gente que pensaba que lo podía manejar bien como algo transitorio para esperar a Oriol Pujol. Mas es muy limitado: he sido asesor suyo durante siete años. No lee nada, y se jacta en público de ello. El resultado es el que se ve. Autoritario, rencoroso, y un político de cuarta regional. Serviría para cacique de un pueblo de la Sicilia interior».
El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña le ha condenado a dos años de inhabilitación para cargo público por organizar el referéndum separatista el 9 de noviembre de 2014, y a 36.500 euros de multa —que ya hay quien está proponiendo pagar mediante solidaria colecta—. Artur Mas ha reaccionado acusando a España de que «tiene la democracia amputada»; mientras su sucesor en el cargo, Carles Puigdemont, ha ido más allá y amenaza:
«Lo que la Justicia española acaba de condenar lo indultará el pueblo de Cataluña en referéndum, votando».
Y es que el heredero político de Jordi Pujol y líder del PDeCAT personifica como nadie los efectos de la cruel opresión del Estado español, que cada mes le obliga a cobrar 9.122'32 euros de sueldo de ex presidente (BOE nº. 126, de 27 de mayo de 2003).

Quienes pretenden hurtar a los demás españoles su capacidad de decisión sobre un asunto de soberanía nacional, que afecta a todos,
continúan intentando colarnos su engañifa de que la democracia se reduce a votar —lo que sea y como sea—. Pero en realidad un
régimen democrático lo es cuando nadie está por encima de la Ley, empezando por los gobernantes; lo contrario es una tiranía

A su vera en el estudio de la hipersubvencionada emisora, Irene Rigau y Joana Ortega, Consejera de Enseñanza y vicepresidenta de la Generalidad respectivamente en la fecha de autos. Esta última ha acudido al programa aprovechando un momentito en que no estaba inflando su currículum vitae: en 2011, un diario digital destapó que no poseía el título académico con que se presentaba en la web de la Generalidad, en la de su partido (UDC), e incluso en su blog personal («Estudié en el Sagrado Corazón de Sarriá, y me licencié en Psicología en la Universidad de Barcelona»). Ortega —quien zanjó el asunto atribuyéndolo a un «error involuntario»— cumplía así una tradición largamente arraigada entre los nacionalistas; como el antedicho bachiller Puigdemont, que se ha hecho pasar por filólogo, o la tertuliana de Sálvame Deluxe Pilar Rahola, a quien un falso doctorado debió de parecerle poco y se autoadjudicó dos.

La tramposa ex vicepresidenta confiesa al imán Basté sentirse «enfadada, atónita» e «indignada» con la sanción judicial que la inhabilita durante un año y nueve meses, y la obliga al pago de 30.000 euros:
«¿Usted considera que es justa una ley que condena la democracia y que condena la posibilidad de que la gente se exprese de una manera pacífica y democrática? […] Lo que hicimos fue dar voz a la gente».
Una cínica argumentación la suya que únicamente puede calar en los muy desavisados, pues el fallo de la sentencia especifica con claridad que es por un «delito de desobediencia» al Tribunal Constitucional por lo que se les castiga.

También Irene Rigau se muestra desafiante. Los jueces la han encontrado culpable de habilitar centros educativos para la celebración de la «fiesta democrática», que es como ella se refiere al prohibido referéndum. Y niega que vaya a dejar su escaño en el Parlamento autonómico, pese a la pena de un año y seis meses de inhabilitación, con multa de 24.000 euros, que le han impuesto. Según Sueldospublicos.com, el año pasado cobró 71.267 euros como diputada de la candidatura electoral Junts pel Sí.

«Eran las urnas de la ilusión, no las urnas de cartón», corrige Joana Ortega con ridícula afectación cuando el locutor le recuerda la precariedad de medios con que se desarrolló la jornada del 9-N. Y Artur “Braveheart” Mas se apresura a apostillar, poniéndose pomposo:
«De la ilusión, Joana, y de la dignidad».

NOTA: Jordi Montull ha declarado en el juicio por el Caso Palau que Convergència cobraba comisiones del 4% a las empresas por la adjudicación de contratas, y no del 3% como se creía hasta ahora y como Pasqual Maragall denunció públicamente en la Cámara regional hace doce años. En una Cataluña independiente, ninguno de los implicados habría acabado rindiendo cuentas ante un tribunal.

20 de noviembre de 2016

Carta de amor

Contenido textual del correo electrónico recibido en la dirección de este sitio web:
«Y quien [sic] eres tu? [sic].
Para hablar así de Catalunya [sic] y su gente fomentando el odio y la xenofobia.
Voy a cursar una petición para que os cierren el blog y si no más os mostreis [sic] más respetuosos . [y deja un enigmático espacio entre la última palabra y su punto y aparte].
En el artículo definiendo a un catalán no se puede mostrar más bajeza moral».
Lo firma Juan nosequé (omito su nombre compuesto completo) Fernández y un segundo apellido que también termina en ez, y comienza por p. Como el Ratoncito. Mediante una rápida búsqueda en Internet, compruebo la existencia real de alguien llamado de ese modo, joven, muy joven. No parece que haya proporcionado una identidad ficticia. Tal vez sea uno de esos “charnegos abducidos” a lo Eduardo Reyes o Gabriel Rufián, pero encima sin cobrar, gratis total, que de tanta utilidad están resultando para la excluyente oligarquía tresporcientista (nótese su bajísimo nivel gramatical, igual de alarmante que el de los mensajes de aquel otro iracundo comunicante reproducidos hace ahora cuatro años en El bloguero tiene quien le escriba).

Manifestación contra una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que tumbaba la inmersión lingüística, el 24 de junio
de 2014. Décadas de sistemática erradicación del español de la enseñanza y de la vida pública en general han generado una legión
de ágrafos que, como el autor de la amenaza, ni siquiera saben despotricar correctamente en nuestra lengua común

Y deduzco que el “artículo” al cual se está refiriendo el instruido caballero es una antigua crónica titulada Bestiario (07-10-2014) —aquella de: «Un nacionalista catalán es alguien que no quiere ser solidario con Cáceres pero pretende hacer creer que dentro de la Unión Europea, sí lo sería con Chipre. […] que llama derecho a decidir (dret a decidir) a hurtar a los demás españoles su derecho a votar sobre cuestiones de soberanía nacional, que nos afectan a todos, […] que se aprovecha de las sentencias judiciales y leyes españolas que le convienen, y se salta las que no», etcétera—, ya que su jovial misiva llega apenas 24 horas después de que yo me entretuviese en colgarla en Facebook. O quizá no, quizá se refiriera a la descripción satírica de la sección ¿Qué es un catalibán?, ¡cualquiera sabe!

Sólo unos minutos mediaron hasta que le di afectuosa respuesta:
«Ese truquito de fingir que criticar el nacionalismo y a los nacionalistas es promover el odio contra Cataluña y contra los catalanes, está ya muy sobado y no cuela. Y es además lo mismo que hacía Adolf Hitler: tachar públicamente de “enemigo de Alemania” a todo aquel que disintiera de sus políticas.
»Venga, majete, cúrratelo un poco e inténtalo de nuevo con alguna otra argucia más ingeniosa».
Y es que la triquiñuela no es ni mucho menos novedosa. En la subsección El estigma de ‘anticatalán’ explico en detalle su perverso funcionamiento, y en octubre de 2014 relaté un ataque parecido a este en la crónica In fraganti (28-10-2014): consiste en la continua usurpación de la voz del pueblo de Cataluña perpetrada por los separatistas, quienes impúdicamente se arrogan su representatividad.

Recientemente, Empar Moliner, aquella pséudohumorista del Régimen que quemó una Constitución española en TV3, volvía a incendiar con este tuit alusivo a la declaración separatista aprobada en la Cámara autonómica:
«Un parlamentario catalàn que acata lo que dice el TC por encima de lo que su Parlamento ha aprobado no sirve a los catalanes».
Otra usuaria de Twitter le recordó lo obvio:
«Supongo que se refiere usted a algo menos de la mitad de los catalanes».
La bien pagada pirómana (cobra 46.000 euros anuales en la televisión de la Generalidad) sigue sin contestarle.

14 de marzo de 2016

Mintiendo

En un país donde el caprichoso destino ha querido que una ministra de Sanidad se apellidase Mato y que una saga de prósperos banqueros comparta el nombre de familia Botín, surge alguien que hace honor a su apellido: Gabriel Rufián.

El pasado día 4, en la segunda sesión del debate de investidura de Pedro Sánchez, se estrenó en el Congreso de los Diputados con su primer discurso: dio vergüenza ajena. Nadie le había avisado de que ese estilo enfático y parsimonioso que emplea no hace sino subrayar su inanidad. Y su incultura, porque lo cierto es que acuchilló el idioma a placer:
«Uséase» (minuto 2:24 del vídeo).
«Una gente que nos nega ser». (min. 3:47).
«Espero que sea tan benóvelo como con el señor Rajoy» (min. 8:31; en un rifirrafe con el presidente de la Cámara Baja, Patxi López, por haber sobrepasado su tiempo).
Teniendo en cuenta que a un Parlamento se va a parlamentar, a hablar, enviarle a él (número 1 en la lista electoral de ERC por Barcelona), a su compañero de partido Joan Tardà (Ramón de España le llama sarcásticamente «el hombre jabalí»), y al diputado de Democràcia i Llibertat Francesc Homs, con las dramáticas deficiencias expresivas que arrastra («La posición oficial que hay por parte de la Unión Europea es que mientras no se plantee, por parte de un Estado miembro, qué se hace en una circunstancia como esta en el caso que se produjera... produciera, perdón... pues no se va a emitir opinión. Esta es la posición oficial de la Unión Europea. Con lo cual, ya se verá. ¡Tántas cosas se han resuelto! Fíjense un dato: si fuera por los Tratados, España no habría sido rescatada, porque se ha incumplierto todo»; 6 de febrero de 2014, en la La Mañana de COPE), no deja de constituir una falta de respeto a la nacion. Probablemente intencionada. Aunque lo peor es que Rufián encima se dedica en Twitter a afearles pedantemente sus errores ortográficos a otros usuarios de la red social: en concreto, a uno que había colocado mal una tilde en una palabra.

Pero es que además los apenas nueve minutos de duración de su bochornosa intervención rebosan embustes:
«Podríamos seguir hablando de una gente que tiene a mi compañero Santi Vidal impugnado, inhabilitado, por ser independentista».
Gabriel Rufián posa junto a Eduardo Reyes,
presidente de la asociación separatista de
castellanohablantes Súmate y diputado
autonómico de Juntos por el Sí
Dejando de lado este nuevo vapuleo a la gramática ―ya que el verbo impugnar no significa lo que él pretende, está mal escogido―, su señoría se refiere a Santiago Vidal i Marsal, Magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona, a quien en febrero de 2015, el Consejo General del Poder Judicial sancionó con una suspensión de empleo durante tres años y la pérdida de su plaza. Pero no «por ser independentista» como dice, sino debido a su participación en la redacción del esbozo de una futura Constitución catalana y a que apoyó el referéndum de autodeterminación del 9-N (infracción de «ignorancia inexcusable en el cumplimiento de los deberes judiciales», contemplada como muy grave en el artículo 417.14 de la Ley Orgánica del Poder Judicial).

Vidal, que ahora ocupa el cargo de senador de Esquerra Republicana de Catalunya, es también el “inventor” de aquella falsa sentencia del Tribunal de La Haya sobre la secesión de Kosovo (momento recogido en este vídeo de un acto de la ANC de 2013), ampliamente difundida y la cual todavía hoy muchos separatistas intentan colar como auténtica en las discusiones.

Y quizás porque el flamante diputado con maneras de macarrita pomposo no se había quedado a gusto, siguió tergiversando:
«Que digan que el problema del sistema educativo es que los niños estudian catalán en Cataluña, aparte de mentirosos son unos miserables».
Lo que él hace sí que es miserable. Pues sabe perfectamente que la triste realidad —perpetrada con la complicidad de los sucesivos Gobiernos de España— consiste en que en Cataluña sólo se puede estudiar en catalán; que a los niños se les niega el derecho constitucional a recibir educación en español.

A continuación arremetió contra los de Ciudadanos, quienes, según él, «salen pitando del Parlament [sic] de Cataluña para no condenar el franquismo». Por fortuna para la formación de Albert Rivera, una nota de prensa colgada en su sitio web desde hace dos años y medio informa de que en esa fecha, la del 27 de septiembre de 2013, votaron a favor de la propuesta de CiU y ERC para condenar los regímenes totalitarios:
«El Parlament condena solemnemente toda declaración o actividad que comporte algún tipo de trivialización, alusión comparativa injuriosa, exculpación o negación del nazismo, el franquismo y el resto de regímenes fascistas y/o totalitarios» (https://www.ciudadanos-cs.org/prensa...arlament/6255/).
Y cuando creíamos que ya no se podía caer más bajo, nuestro protagonista se empeñó en demostrarnos cuán equivocados estábamos, calumniando desde la tribuna a los presentes en el hemiciclo:
«Yo soy nieto e hijo de andaluces llegados hace 55 años desde Jaén y desde Granada a Cataluña. Soy lo que ustedes llaman charnego y soy independentista. He aquí su derrota y he aquí nuestra victoria».
Xarnego (‘charnego’) es un término acuñado en Cataluña, recogido por el lingüista barcelonés Joan Coromines i Vigneaux (1905-1997) en el Diccionari Etimològic i Complementari de la Llengua Catalana (‘Diccionario Etimológico y Complementario de la Lengua Catalana’) y que no se utiliza en el resto de España. Estas son las dos acepciones que ofrece el Diccionario de la lengua catalana del Instituto de Estudios Catalanes (Institut d'Estudis Catalans, 2ª edición):
«1 m. y f. [LC] Hijo de una persona catalana y de una no catalana, especialmente francesa, dicho despectivamente.
»2 m. y f. [LC] Immigrante castellanoparlante residente en Cataluña, dicho despectivamente».
El Gran Diccionari de la llengua catalana, publicado por el grupo de empresas Enciclopèdia Catalana, que es tradicionalmente conocido por su sesgo nacionalista, contiene una definición aún más racista:
«Persona de lengua castellana residente en Cataluña y no adaptada lingüísticamente a su nuevo país».
Deplorable. La asignación de un escaño a Gabriel Rufián rubrica la implantación en las altas instituciones del Estado del chulopiscinismo y de la mendacidad.

18 de marzo de 2015

50 sombras de Rajoy Brey

No olvido lo mucho que me impactó una escena de la cadena humana en la Diada de 2013: la mal llamada Vía Catalana. Durante toda la tarde seguí su retransmisión en directo a través de TV3% o como se llame eso que tanto dinero nos cuesta de nuestros impuestos. Sería injusto no reconocer que la cobertura informativa del evento era impresionante: unidades móviles, conexiones simultáneas, reporteros desplegados por múltiples puntos del trazado, mapas, banderas, infografía, analistas, comentaristas y tertulianos en el estudio. Sintonías musicales, entrevistadores y entrevistados, micrófonos para registrar el jacarandoso sonido ambiente, helicópteros sobrevolando. Puede que algún que otro dron. Y niños, muchos niños. Algunos de ellos, animados por sus mayores a colocarse ante la cámara para echarse un precioso canturreo antiespañol.

El caso es que cuando al fin arribó la mágica hora de las 17:14, repleta de simbolismo para esta grey, repicaron las campanas de las iglesias y todos se agarraron de las manos con ridícula solemnidad. La mirada, perdida. Seriedad absoluta en sus rostros. Impasible el ademán. Y bastantes de ellos, vistiendo las camisetitas amarillas que al módico precio de doce eurazos cada una, tita Carme Forcadell les había endilgado en nombre de la causa.

Cadena humana, el 11 de septiembre de 2013. Un análisis
de la ‘gigafoto’ tomada ese día revelaría posteriormente
que de los 793.683 participantes (no dos millones como
dijeron los organizadores), más de 130.000 eran niños
Permanecieron en esa pose exactamente un minuto. Después del cual sobrevino la consabida explosión de grititos histéricos (In-inda-indapandanchi-á!! GÑÑÑÑ!!), seguida de un sonoro aplauso que se dedicaron a ellos mismos.

Y ahí es cuando vino lo bueno. Porque tras esos escasos dos minutos que la astracanada tardó en concluir, la mayoría quedaron desconcertados, mirándose unos a otros, sin querer marcharse pero sin saber tampoco lo que hacer. Como preguntando para sí: ¿ya está, esto ha sido todo? Habían hecho un montón de kilómetros hasta aquella carretera en medio de la nada, ¿y sólo para eso? Así, unos optaron por sentarse en el arcén, esperando no se sabe qué, mientras los demás deambulaban de un lado a otro entre desconocidos, tratando de hacer tiempo y resistiéndose a regresar. Yo diría que aguardaban el milagro: el anuncio por megafonía de la proclamación de la República Catalana en aquel preciso instante. Y que quizás no fuese hasta entonces cuando comprendieron la futilidad de su acción. Que tanto esfuerzo y tanto gasto en el desplazamiento (despilfarro de tiempo, y también de dinero en esta terrible época de crisis) no habían dado los frutos inmediatos que imaginaban. Que las cosas continuaban exactamente igual.

Aquella fue sólo una de tantas movilizaciones, entre las que cabe citar: una gran marcha sobre Barcelona, la creación de una gigantesca V, un soporífero recital musical en el estadio del Barça con cantantes olvidados u olvidables, un adulterado tricentenario, mosaicos humanos norcoreanos, desfiles de antorchas a lo hitleriano, misivas de súplica a altos mandatarios europeos, lloriqueos a la ONU, una declaración de soberanía del Parlamento autonómico tan fraudulenta como esperpéntica... hasta culminar con el ilegal referéndum de autodeterminación del pasado 9 de noviembre, que ninguna autoridad impidió.

Pero tras tan monumental despliegue escenográfico y litúrgico, parece que el cansancio y el desaliento cunde entre las bases. Varias fuentes informan que incluso podrían estar produciéndose agrias disensiones en el núcleo dirigente del proceso separatista: los políticos y las bien engordadas entidades agitadoras. Han jugado ya todas sus bazas. Salvo una declaración unilateral de independencia (a lo cual todavía no se atreven; todavía), ninguna otra provocación más les queda por intentar. Y sistemáticamente toparon en cada ocasión con la pasividad del Gobierno, que se limitó a ir traspasándole el problema al Tribunal Constitucional.

Unos, han criticado severamente esta ausencia de respuesta de Mariano Rajoy, y no descartan que sea fruto del miedo o de un bastardo interés por mantener la puerta abierta a futuros pactos con CiU tras las elecciones. Para otros en cambio, la inacción de nuestro presidente obedece a una inteligente estrategia de desgaste del secesionismo, consistente en ignorar su creciente nivel de afrentas y rehuir toda confrontación para evitar que se victimice.

Enigmático personaje este tal Brey, quien pese a la intención anunciada por Artur Mas de abrir por el mundo 50 nuevas pseudoembajadas en los próximos meses, sigue pagándole ―entre otras― las facturas de las farmacias catalanas.

7 de octubre de 2014

Bestiario

Un nacionalista catalán es alguien que no quiere ser solidario con Cáceres pero pretende hacer creer que dentro de la Unión Europea, sí lo sería con Chipre.

... Es alguien que llama derecho a decidir (dret a decidir) a hurtar a los demás españoles su derecho a votar sobre cuestiones de soberanía nacional, que nos afectan a todos, como son: un cambio en la integridad territorial de España y en nuestro modelo de Estado, la modificación de nuestras fronteras, la reestructuración de los poderes legislativo y judicial, la disminución de nuestro peso político y económico en el mundo, el traspaso de titularidad de infraestructuras públicas pagadas por todos los contribuyentes, etc.

... Es alguien que se aprovecha de las sentencias judiciales y leyes españolas que le convienen, y se salta las que no.


Marcha de antorchas por el distrito de Sants-Pueblo Seco,
la pasada noche del 10 de septiembre en Barcelona
... Es alguien que planea violentar el orden constitucional, pero piensa que luego las potencias confiarían en Cataluña a la hora de establecer acuerdos y tratados internacionales.

... Es alguien que llama antidemócratas y fascistas a quienes respetan la legalidad.

... Es alguien que de ningún modo admitiría desobediencia ciudadana a las leyes y la Constitución catalanas en una Cataluña independiente.

... Es alguien que, con victimismo y dolido mohín, invoca el «derecho de autodeterminación de los pueblos», mientras se anexiona virtualmente territorios ajenos en eso que ha acuñado con el nombre de Països Catalans (‘Países Catalanes’) sin antes consultárselo a sus moradores: valencianos, baleares, aragoneses, murcianos, roselloneses, andorranos, alguereses.

... Es alguien que realiza marchas nocturnas con antorchas, pero que después se ofende cuando le llaman nazi.

... Es alguien convencido de que los mismos políticos que han hundido económicamente Cataluña y ni como mera Comunidad autónoma han sabido gestionarla, la harían rica y próspera tras la secesión.

... Es alguien que tiene colgada en el balcón una pseudobandera cubana algo ridícula; no consigue su objetivo, pero se la cagan las palomas cantidad.

... Es alguien que escribe Castella-la Manxa, Castella i Lleó, Saragossa, Barbastre, Tarassona, Calataiud, Osca, Terol, Conca, Àvila, Sòria, Palència, Segòvia, Lleó, Cantàbria, Andalusia, Còrdova, Màlaga, Almeria, Cadis, Algesires, Múrcia, Jumella, Llorca, Iecla, Biscaia, Guipúscoa, Àlaba, Sant Sebastià, Vitòria, Càceres, Mèrida, Canàries, Gran Canària, Galícia, La Corunya, Santiago de Compostel·la, Astúries y Logronyo, pero se encoleriza con quien ose pronunciar Lérida o Gerona.

... Es alguien que llama ladrones a sus compatriotas, para luego sorprenderse de que los insultados dejan de comprar sus productos.

Al nacionalista se le reconoce fácilmente porque tiende a chillar que España “le roba”. Eso sí: no dice ni pío, ¡pero es que ni pío!, sobre lo mucho que le ha robado la banda de los Pujol.

18 de diciembre de 2013

Mentirosos compulsivos

Ha puesto en circulación la secta una sentencia judicial falsificada, que está alcanzando rápida difusión a través de Internet. La burda manipulación, advertida por varios usuarios de las redes sociales ―uno de ellos, Rafael Arenas, Catedrático de Derecho Internacional Privado de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro del colectivo Puerta de Brandemburgo―, brinda una nueva ocasión de sondar la impúdica capacidad de engaño del movimiento separatista:
«Sentencia del 22.07.10 del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya: declaramos que no existe en Derecho Internacional ninguna norma que prohíba las declaraciones unilaterales de independencia. Declaramos que cuando haya contradicción entre la legalidad constitucional de un Estado y la voluntad democrática, prevalece esta segunda, y declaramos que en una sociedad democrática, a diferencia de una dictadura, no es la Ley la que determina la voluntad de los ciudadanos, sino que es esta la que crea y modifica cuando sea necesario, la legalidad vigente».
Otro de los incontables fraudes intelectuales
del nacionalismo catalán, el más reciente
Lo que, el día 22 de julio de 2010, emitió la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, fue una opinión consultiva, a petición de la Asamblea General de las Naciones Unidas; sin carácter vinculante, y exclusivamente referida a un caso concreto: la declaración unilateral de independencia de Kosovo (Is the unilateral declaration of independence by the Provisional Institutions of Self-Government of Kosovo in accordance with international law?), territorio que desde el final de la guerra y de los bombardeos de la OTAN, en junio de 1999, había permanecído bajo administración provisional del Consejo de Seguridad de la ONU, en virtud de la resolución 1244. Y lo que verdaderamente pone en el citado dictamen ―en el punto número 84, para ser precisos― es esto:
«Por las razones anteriormente expuestas, la Corte considera que el Derecho Internacional general no contiene ninguna prohibición de las declaraciones de independencia aplicable».
Comenzamos por observar que de la palabra «unilaterales» no existe ni rastro en esa parte del documento original (y así, en plural, tampoco en otras), el cual añade:
«En consecuencia, llega a la conclusión de que la declaración de independencia de 17 de febrero de 2008 no violó el Derecho Internacional general».
Y los 39 puntos subsiguientes (hasta el total de 123 de que consta) desgranan diversos aspectos legales relativos a los términos de la resolución 1244. El Derecho Internacional no prohíbe las declaraciones de independencia. Ni las prohíbe ni las permite, por la sencilla razón de que no entran en su ámbito de regulación, como se explica en un apartado previo (punto 26):
«Algunos de los participantes en el presente procedimiento [miembros del tribunal] han sugerido que la cuestión planteada por la Asamblea General no es, en realidad, una cuestión jurídica. Según esta postura, el Derecho Internacional no regula el acto de realizar una declaración de independencia, que debe ser contemplado como un acto político; solo los ordenamientos constitucionales nacionales rigen esa clase de declaraciones, mientras que la competencia de la Corte para emitir opiniones consultivas se limita a asuntos de Derecho Internacional».
De manera que todo el texto que en el montaje elaborado por el Goebbels de turno va después de los dos puntos, entrecomillado como si de un fragmento literal se tratase, es una pura invención. Otro bulo secesionista más. Releamos el pegote:
«Declaramos que cuando haya contradicción entre la legalidad constitucional de un Estado y la voluntad democrática, prevalece esta segunda, y declaramos que en una sociedad democrática, a diferencia de una dictadura, no es la Ley la que determina la voluntad de los ciudadanos, sino que es esta la que crea y modifica cuando sea necesario, la legalidad vigente».
La bajeza de los métodos que utilizan, para confundir a los incautos y excitar ―todavía más― los ánimos, da idea, una espeluznante idea, de lo que nos esperaría en una Cataluña independiente, controlada y dirigida por estos individuos.

12 de agosto de 2013

Desmontar embustes

A finales de julio, el día 29, TotTarragona.cat publicó un artículo de enorme valor. Venía firmado por Joaquim Vandellós Ripoll, quien ya había colaborado anteriormente en la sección de Opinión de ese diario digital, así como en la de algunos otros, mediante nada desdeñables aportaciones. En esta, que lleva por título «La falsedad del ‘Derecho a decidir’», reúne los principales y más propagados dogmas del credo secesionista y los pulveriza bajo el peso de una lógica incontestable. Y con gran valentía además, en esta Cataluña de fanatismo y violencia donde se criminaliza toda disidencia del pensamiento único. Lo cual convierte en aún más admirable a este jovencísimo autor que cuenta con tan solo 17 años de edad.


Artículo de Joaquim Vandellós
Esta es la traducción del artículo íntegro, originalmente publicado en catalán:
«En una época necesitada y carente de horizontes, con ideologías reprimidas y dificultades económicas, el independentismo nos ofrece un proyecto de futuro ante la falta de cohesión de la sociedad española. Frente al paro, los recortes en sanidad y educación, y las congelaciones salariales, se nos propone ni más ni menos que romper con el resto de España. De forma maquiavélica y aprovechando la grave situación actual que sufren muchas personas, se nos ha pintado a España de manera falaz como la responsable de todos nuestros males y al supuesto Estado Catalán como la solución a todos nuestros problemas. ¿Qué mejor manera hay de fomentar el odio a España que echándole la culpa de la situación actual?
»El separatismo, creyéndose poseedor de una moralidad superior, ha defendido con una hipotética legitimidad democrática el “Derecho a decidir” y ha convertido en derecho su voluntad de romper la unidad de España, tildando de antidemocráticos a quienes nos oponemos a ese derecho ficticio. La posibilidad de que ganase el en una consulta ficticia nos permitiría alcanzar la “plenitud nacional” y librarnos de España, la culpable de todos nuestros males. Es curioso que se considere que los ciudadanos de Cataluña están capacitados para decidir en qué Estado desean vivir, pero en cambio no se les quiera conceder el mismo derecho a elegir una cosa tan simple como que sus hijos estudien en catalán o en castellano como lengua vehicular en las escuelas. Tampoco se concede el derecho a que Tarragona decida si realmente quiere seguir formando parte de Cataluña o prefiere constituirse en una comunidad uniprovincial, con las ventajas que eso comportaría. Por lo tanto las bases de ese supuesto “Derecho a decidir” no son la legitimidad democrática y la libertad del pueblo como nos intentan hacer creer los separatistas, sino la defensa de sus intereses partidistas y su voluntad de romper con España.
»Un claro ejemplo de esa moralidad democrática superior que se atribuye el nacionalismo es el atrevimiento de la portavoz de CiU en el Ayuntamiento de Tarragona, Victòria Forns, que se atrevió a acusar al pleno de “perpetrar un atentado contra la democracia” por votar contra el Pacto por el Derecho a Decidir. Lo que sin embargo no mencionó la Sra. Forns es el poco respeto que su partido tiene por el Estado de Derecho. Un partido como CiU, que ha incumplido una sentencia del Tribunal Constitucional y cinco del Tribunal Supremo en referencia a la inmersión lingüística y que ha expresado públicamente su insumision a las leyes aprobadas en el Congreso de los Diputados que no le gusten, no creo que sea el más adecuado para dar lecciones de democracia a nadie.
»Si la unidad de España se puede quebrar, la de Cataluña también. Si Cataluña tiene derecho a decidir, también lo tendrán sus municipios. En una hipotética consulta, ¿permitirán los nacionalistas que todos aquellos municipios como Tarragona donde gane el no a la ruptura continúen formando parte de España?
»La soberanía nacional reside en el conjunto de la nación española, no solo en una parte de esta. Resultaría terriblemente injusto que una decisión que afecta al conjunto de la población, fuese tomada por solo unos cuantos. Sería como pretender que Valls por sí misma tomase una decisión que afectase al conjunto de la provincia. Esa soberanía está contemplada en la Constitución Española de 1978, que es la garantía de nuestra democracia. Los que no respetan el ordenamiento jurídico y proponen consultas ilegales son quienes realmente atentan contra la democracia».

30 de agosto de 2011

Zipi y Zapa

Ahora resulta que José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, incapaces durante todo este tiempo de haber aunado esfuerzos para atajar problemas muchísimo más graves, se han puesto de acuerdo en un periquete y van a limitar el gasto de las Administraciones Públicas mediante una reforma constitucional. Hala.

Según se dice, será una ofrenda para aplacar a doña Angela Merkel y demorar un poquillo la intervención de nuestra economía por la Unión Europea. Como ya le ha sucedido a Portugal. Como ya le ha sucedido a Irlanda. Pero, ¿qué valor puede tener ese apresurado apaño del artículo 135 en un país donde la Carta Magna no se cumple? En Cataluña, por ejemplo, hay ya cinco sentencias del Tribunal Supremo que declaran inconstitucional la inmersión lingüística. Y la Generalidad lleva meses desacatándolas sin que, ni el Presidente del Gobierno español actual, ni el supuestamente entrante (ay de quienes confíen en que éste es el que nos salvará), hayan movido un solo dedo al respecto. Como para creerse que ésos, ésos mismos, la panda de facinerosos que dirigen la Autonomía catalana, van a respetar techo alguno de gasto a la hora de derrochar y distraer los dineros del erario.

En España, la Constitución no es más que papel mojado. Mojado en la gasolina con que los separatistas le prenden fuego al final de sus manifestaciones.

Y hablando de gasolina —que fue el arma utilizada en el atentado de Hipercor, en 1987—, las noticias recientes parecen indicar que la ETA montará en breve uno de sus sonados engaños. El mayor, seguramente. Presagio el siguiente y muy posible escenario: a pocos días de las elecciones generales del 20 de noviembre, la organización terrorista finge el abandono definitivo de la “lucha armada” —que es como cínicamente le llaman ellos a asesinar, mutilar, secuestrar y extorsionar; el ex líder de Esquerra Republicana de Catalunya fallecido el sábado, Heribert Barrera, llegó a declarar en una entrevista que le más respeto le merecía un etarra que un delincuente común porque «equivocado o no, el de ETA mata por ideales»— para que el PSOE se apunte el tanto del éxito, rebañe varios cientos de miles de votos en el último instante y el PP no gane por mayoría absoluta. Así, para llegar a La Moncloa el compostelano necesitaría pactar con los partidos secesionistas. Los cuales proseguirían con su chantaje sistemático y su labor de desguace de la nación.

En otras palabras, que al igual que en marzo de 2004, el terrorismo volvería a decidir el Gobierno de España. Cómo deseo equivocarme.

26 de julio de 2011

Un millón y medio de pacíficos

La primera mitad del título es mentira. Y la segunda, también. Ya ha transcurrido un año desde la tan cacareada manifestación contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto —que no para pedir la secesión de Cataluña, como arteramente la han presentado luego; pues no era ése, ni muchísimo menos, el lema de la convocatoria— y los separatistas continúan repitiendo incesantemente la falacia del millón y medio de asistentes, de que en unas pocas calles se congregaron casi tantos manifestantes como habitantes tiene Barcelona (1.621.537 censados, según datos del Instituto Nacional de Estadística a 1 de enero de 2010).

Nadie ha aportado todavía una sola prueba que corrobore tan disparatada cifra: ni un análisis de fotografías aéreas, ni un recuento informático efectuado a partir de imágenes, ni un cálculo de superfícies y densidad humana, ni la cuantificación de un organismo oficial u entidad —del extranjero o de aquí— independiente y medianamente fiable. Nada, absolutamente nada. Sólo la misma gran trola, burda y manoseada, que ya hasta hiede de tanto tiempo como lleva en descomposición. Recordemos que ni llenando de manifestantes la Diagonal de Barcelona, una avenida 7 veces más larga (10,2 kilómetros de longitud) y 8 metros más ancha que el Paseo de Gracia (50 metros), sería posible reunir siquiera a un millón (con una proporción de 1,7 personas/m², muy elevada para una masa en movimiento si aspiramos a que no vayan pisándose los talones unas a otras durante la marcha).

Pero es que tampoco resultó una manifestación tan civilizada y modélica como nos la han querido pintar: se produjeron varios incidentes violentos, el más grave de los cuales fue, sin duda, el intento de agresión al entonces presidente de la Generalidad, José Montilla. Sus cincuenta escoltas pasaron verdaderos apuros para repeler a los energúmenos que se abalanzaron sobre él para obsequiarle unas obleas. Frustrados en su propósito, éstos hubieron de contentarse con perseguir al de Iznájar en su huida por la calle Caspe, chillándole irreproducibles lindezas de las que se aprenden en los clubs de carretera, junto con el peor insulto de todos, aquél que los separatistas reservan sólo para sujetos especialmente odiados: español.

Además de dicho conato de linchamiento, ocurrieron otras acciones reprobables, e incluso ilegales. Entre ellas, el ultraje de banderas nacionales, pisoteándolas (como aparece arriba, en la fotografía tomada ese día y publicada en un hipersubvencionado foro secesionista) y quemándolas, delito contemplado con severas penas en el artículo 543 del Código Penal. En diversos puntos del recorrido de la manifestación, se cometió también apología del terrorismo y fratricida incitación a levantarse en armas contra el resto de la nación al irracional grito de: «¡Guerra por la tierra!».

El vídeo (a la derecha), muestra cómo unos embozados prenden fuego a una bandera española de grandes dimensiones —con bastante torpeza, por cierto—, en la confluencia de la calle Aragón con el Paseo de Gracia. Visiblemente excitados por las llamas —no hay concentración catalanista donde no incendien algo—, los presentes prorrumpen en aplausos, y corean vivas a la extinta organización terrorista Terra Lliure y consignas contra España. Hasta que alguien descubre a unos policías de paisano entre la multitud, y ésta reacciona airadamente contra ellos insultándoles, acorralándoles y lanzándoles objetos.

29 de diciembre de 2010

Amanecer zulú

La Navidad se ha adelantado unos días y les ha traído un preciado regalo: otro agravio imaginario. Llegó envuelto en el papel de la sentencia del Tribunal Supremo donde reconoce inapelablemente el derecho en Cataluña a la enseñanza en español. Tras casi tres décadas termina, al menos en teoría, la inmersión lingüística. ¿Que qué es eso de la inmersión lingüística? Pues algo diseñado en la era Pujol por políticos inmersos en el latisueldo, el cochazo oficial y la mamandurria, que enviaban a sus hijos a caros colegios privados para librarles del monolingüismo en catalán que imponían a los hijos de los demás.

Queda por fin ilegalizada la absurda anormalidad de que en esta parte de España no se pueda estudiar en el idioma oficial, lo cual no ocurre en ningún país del mundo. La reciente sentencia no impedirá a quienes así lo deseen continuar escolarizando a su descendencia en catalán, ni impondrá a ésta absolutamente nada, al contrario. Lo que hace es ordenar a la Generalidad la articulación de un sistema educativo con dos lenguas vehiculares en igualdad, las dos cooficiales en esta comunidad autónoma. Posibilita, en definitiva, la libre elección del ciudadano.

Pero la tribu está que ruge y alzada en pie de guerra. Ha hecho sonar bien fuerte la vuvuzela para congregar a todos, lanza en mano, a entonar el Unga-unga identitario. Y los hechiceros han redoblado sus invocaciones a la secesión con las palabras mágicas de siempre: humillación, agresión cultural, extermino de nuestro pueblo.

Victimismo en estado puro, lo que les gusta y necesitan.

Y mucho de cinismo también, al acusar falsamente a los demás de hacer lo que llevan ellos perpetrando hace años: patear los derechos constitucionales. Patearlos con el consentimiento de los sucesivos gobiernos de la nación, pues ya sabemos que la fuerza del separatismo reside en la debilidad de los políticos que en Madrid le vienen comprando apoyos parlamentarios con la moneda de nuestras libertades.

A la tribu le irrita la libertad de elección lingüística en la escuela. Le irrita profundamente esta sentencia. ¿Por qué? Porque interfiere sus planes de borrar de la faz de su poblado ese habla por ellos considerada extranjera, y que están extirpando para descoyuntar lo que vertebra a España como nación: nuestro idioma común.

Organizaciones tan inútiles como subvencionadas y líderes de opinión abrevados en el fanatismo pecuniariamente rentable están llamando a la chulería colectiva, al boicot comercial y la insumisión judicial; a desacatar a los magistrados del Supremo, a no reconocerles legitimidad alguna en esta región que actúa ya de facto como independiente. Y el recién coronado jefe Artur ha corrido a ponerse al frente del contingente, desafiando públicamente con que mantendrá el excluyente sistema ahora condenado.

No hay duda, estos tipos son verdaderos demócratas.

(En la imagen: noticia publicada el 12 de mayo de 2009, en el diario argentino La Capital).

27 de julio de 2010

Alucinaciones y agravamiento de su estado

El cuadro clínico de la secta es crítico. Desde la fase convulsiva, en que echaba espumarajos por la boca debido al triunfo de la selección española y la proliferación de banderas nacionales en las calles catalanas, su enfermedad ha cursado hacia desatada euforia e intensas alucinaciones visuales y auditivas: ve millones de manifestantes y oye voces de La Haya.

De nada han servido las desmentidoras fotografías aéreas, ni que hasta tradicionales medios separatistas (Avui, Nació Digital, etc.) terminasen, días después, por rebajar sensiblemente aquellas descaradas, infladísimas cifras de la manifestación del 10 de julio. Todo eso le da igual, continúa con la falacia del millón y medio (incluso he llegado a leer a un forero anónimo clasificarlo de la siguiente absurda manera: «un millón de independentistas eran de Barcelona, y el otro medio millón, del resto de Cataluña»; ¡hala!, así. Y se quedó tan ancho). Para atizar más el fuego, a la semana, el día 18, La Vanguardia publicaba una irrisoria encuesta según la cual el ¡47%! de la población de Cataluña quiere decir adiós a España. No nos conviene caer en la ingenuidad de olvidar que su propietario, el Grupo Godó, viene recibiendo desde hace años sustanciosas subvenciones del tripartito por dicho diario y también por el canal 8tv, del que es accionista mayoritario.

La encuesta de mayor fiabilidad es la del último pseudoreferéndum secesionista, celebrado en Puigcerdà (Gerona) el pasado domingo 19: una ridícula participación del 13,48%. Proporción, ésta sí, concordante con las de otros sondeos —incluidos los encargados por la Generalidad— elaborados antes y después del de La Vanguardia, y que asignan al separatismo sólo entre un 16 y un 18% de apoyo.

Lo de las voces es más preocupante. La secta, la misma que rechaza y desacata el veredicto del Tribunal Constitucional porque no le gusta, enarbola con alborozo la sentencia no vinculante de la Corte Internacional de Justicia de la ONU, establecida en La Haya, que no ha encontrado violación de las leyes internacionales en la secesión de Kosovo. A los separatistas catalanes les ha convenido interpretar esto como un espaldarazo a sus tesis, como un salvoconducto jurídico para la desmembración de cualquier territorio. Ningún efecto les ha causado que el artífice del engendro kosovar, Estados Unidos, despejase a través del portavoz de su Departamento de Estado, PJ Crowley, que la sentencia no es extrapolable a Cataluña, Vascongadas ni a ninguna otra región de Europa. Peor aún, esta decisión judical sorprendería a cualquier estudiante de Derecho o persona bien informada porque contraviene las resoluciones del propio Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en concreto la número 1244.

Kosovo es actualmente un narco-estado que obtuvo su independencia por oscuros y bastardos intereses norteamericanos que quizás algún día conozcamos, como se desprende del reportaje publicado por El Imparcial el 21 de febrero de 2008. La organización terrorista secesionista UÇK, financiada en su génesis por la mafia albanesa, es hoy la que controla el gobierno del país y el paso de la heroína afgana a través de los Balcanes hacia Europa, por un valor de dos mil millones de dólares. En los últimos años, ha extendido también sus tentáculos al tráfico de cocaína colombiana. De lo único que puede ser ejemplo esa bochornosa nación recién surgida de una guerra fratricida es de corrupción política y pobreza. Una comparativa de la CIA refleja que la renta per cápita anual de Kosovo es de apenas 2.500 dólares, sólo 100 por encima de la de Nigeria.

En ese espejo es donde se miran nuestros fascistillas de espardenya y monoceja.

22 de julio de 2010

Los sediciosos

Bien podría ser ése el título de una de aquellas inclasificables películas de Mariano Ozores sobre pícaros ibéricos, que tan exitosamente protagonizaron Andrés Pajares y Fernando Esteso: Los liantes, Los bingueros, Los energéticos, Los chulos... El pasado 5 de julio, el pleno del Ayuntamiento de El Port de la Selva aprobó por unanimidad declarar al gerundense municipio «moralmente excluido del ámbito de la Constitución Española», en airada respuesta a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto. Eso sí, ningún miembro del concejo se declaró “excluido” de su sueldo y las prebendas, ni moral ni materialmente. Con tan desagradable retoque del documento estatutario y todo, pero ellos ahí, agarrados a la pasta y al poder, al cargo que ostentan gracias al orden constitucional del cual abominan.

La resolución, además, llamaba a los vecinos a «participar masivamente en los actos públicos contra esta sentencia», y a otros ayuntamientos para que siguieran el mismo ejemplo. Y, como de selva va la cosa, resonó igual a aquel famoso alarido de Tarzán convocando en su auxilio a la fauna, de manera que al día siguiente se sumaron el pueblo de Vilafranca del Penedés y el de Sant Pere de Torelló. Montesquiu, Tarrés y Vich lo hicieron a continuación. Y hasta un alcalde en solitario, el de Calders, Jaume Perarnau i Llorens, escribía el 7 de julio una carta a la Delegación del Gobierno liberándose de «la promesa de fidelidad a la Contitución y al Rey de España» que formalizó cuando tomó posesión de su ilustre empleo. Pocas horas pasaron hasta que cinco colegas de su comarca copiaron la hazaña del súbito héroe rural mediante el envío de misivas similares, y luego se retrataron todos juntos en un balcón consistorial sonriendo. Que es que eso de desacatar da mucha risa. Ya puestos, podrían haberse enredado en un pregón parecido al del gran Pepe Isbert en ¡Bienvenido, Mister Marshall!:

—Como alcalde vuestro que soy, os debo una sedición. Y esta sedición que os debo, os la voy a pagar...

El Código Penal tipifica así dicho delito en su artículo 544:
«Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales».
Y en el posterior artículo, 545, prescribe penas de prisión de diez a quince años para quienes «fueran personas constituidas en autoridad». Aparejadas a la inhabilitación absoluta por el mismo periodo.

El contagio se ha extendido a las más altas instancias. El 15 de julio, el consejero de Interior, Joan Saura, arrojaba esta chulesca y escuetísima respuesta a una interpelación en el parlamento catalán:
«El gobierno [de la Generalidad] no tiene previsto modificar ninguna ley en función de la sentencia del Tribunal Constitucional».
Dos días después, su socio en el tripartito, Joan Puigcercós, proclamaba incendiariamente lo siguiente desde el escenario del festival Acampada Jove, una especie de Woodstock en versión palurda que cada año organizan las Juventudes de ERC:
«No acataremos la sentencia, no transformaremos ninguna de las leyes que nos impone el Tribunal Constitucional. Tenemos el derecho y tenemos la obligación de ser insumisos de la legalidad española».
La última ha sido ayer mismo. Carme Capdevila, consejera de Acción Social y Ciudadanía, anunciando a los medios la plena vigencia de la Ley de Acogida de inmigrantes, pese a incluir varios aspectos de manifiesta inconstitucionalidad.

Sorprendentemente, ni desde el Gobierno de España ni desde la Fiscalía General del Estado se han ordenado detenciones. No se han intervenido judicialmente esos montaraces ayuntamientos, ni se ha suspendido la Autonomía de Cataluña tras tamaños desafíos. Nada de nada. El día que los ciudadanos nos declarásemos moral y pecuniariamente excluidos de nuestros políticos impresentables y dejásemos de pagar impuestos, de obedecer sus arbitrarias leyes, se acabaría toda esta tontería para siempre.

11 de julio de 2010

Reflexiones sobre el desfile

La Pasarela Barcelona albergó ayer la enésima pataleta del nacionalismo. Tras lo cual, he llegado a las siguientes conclusiones:
1.º Que la manifestación era contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto.
2.º Que los separatistas se la han apropiado y hecho creer que todos allí pedían la independencia de Cataluña.
3.º Que la Guardia Urbana, a las órdenes del Ayuntamiento gobernado por el PSC —uno de los convocantes—, ha cifrado la asistencia en un millón cien mil personas.
4.º Que la Ciudad Condal cuenta con una población de sólo 1.621.537 habitantes (datos del Instituto Nacional de Estadística, de 2009).
5.º Que con semejante ojo para los cálculos, como para fiarse de la Guardia Urbana cuando multa por exceso de velocidad a los conductores.
6.º Que en el referéndum, los separatistas votaron en contra del Estatuto, pero ayer salieron muy irritados a protestar por el minirecorte del TC.
7.º Que los organizadores desplegaron autocares semigratuitos para llevar a gente desde todos los rincones de la región.
8.º Que —según denuncia el partido Ciutadans— la organizadora de la manifestación Òmnium Cultural, ha recibido 7,6 millones de euros en subvenciones por su supuesto carácter como entidad «de utilidad pública», pese a estar dedicándose a fines políticos.
9.º Que la inmensa mayoría de cuantos protestaban ni siquiera se ha leído el Estatuto.
10.º Que ninguno de los manifestantes se quejó de la galopante corrupción autonómica.
11.º Que los separatistas intentan conseguir por las bravas lo que no ganan en las urnas, como hizo Mussolini mediante la Marcha sobre Roma, en 1922.
12.º Que quienes presumen de “demócratas”, exhibieron el lema: «El pueblo no acata».
13.º Que todos debemos acatar las leyes y sentencias, menos los nacionalistas.
14.º Que a Montilla casi le dan a probar de la misma “medicina” que muchos catalanistas nos llevan propinando durante años a quienes cometemos la osadía de no pensar como ellos.
15.º Que para ofenderle y vejarle, le gritaron: «¡charnego!».
Y la peor conclusión de todas: los españoles estamos cada día más enfrentados por culpa de estos políticos agitadores, que serán los primeros en huir por la frontera —con el dinero, por supuesto— si esto acaba en guerra civil.

6 de julio de 2010

Premeditada indignación

Si algo caracteriza a los separatistas es el cinismo. Un cinismo proverbial, descarado, sin medida. Están instalados en la mentira, que es el líquido amniótico donde evolucionan hacia formas asombrosas de desvergüenza. Y lo mismo falsean la historia, que tergiversan la actualidad en obsceno ejercicio de lo que han bautizado eufemísticamente como patriotisme català.

En el referéndum celebrado el 18 de junio de 2006, votaron en contra del nuevo Estatuto de Autonomía siguiendo las consignas de la oficina parlamentaria del secesionismo, Esquerra Republicana. Consideraban eso del “estatutet” una engañifa colonialista amasada desde Madrid que de ningún modo les interesaba. Porque a ellos lo que les va es lo hard, lo duro. Quieren directamente una Constitución Catalana subsiguiente a la proclamación de su tan ansiada independencia.

Por ello sorprende la última desfachatez que han protagonizado: el pasado martes 29 de junio, escasas horas después de conocerse que el Tribunal Constitucional les iba a recortar un poquitín su repudiado texto estatutario, varios centenares se echaron a la calle con banderas secesionistas (estelades) para protestar enérgicamente en la Plaza de San Jaime de Barcelona, sede del Palacio de la Generalidad y del Ayuntamiento. Vivir para ver. Y es que acechan cualquier mínima circunstancia que poder aprovechar incendiariamente para la explotación del victimismo, para argüir otra vez:

—¿Veis?, España odia a Cataluña. No respeta nuestro autogobierno ni nuestra voluntad popular. Despertad. No nos dejan otra opción que marcharnos porque no cabemos dentro de su excluyente y fascista concepto de la democracia —ellos, precisamente ellos que votaron en contra.

La cita (en la imagen) tuvo más de Rave Party que de manifestación política, ya que los “indignadísimos” vociferantes escenificaron un multitudinario brindis por la independencia con cava de una entidad autodenominada como Red de Establecimientos con Conciencia Nacional, al nada barato precio de 5 euros cada vaso. Es decir, se aprovechó para hacer caja. Pues no debemos olvidar que, en el fondo, todo esto del nacionalismo no es más que un monumental negocio urdido por cuatro espabilados —y algún robahuevos— y sustentado sobre una masa de tontos útiles.