13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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16 de abril de 2019

Los hijos del odio

11 de abril de 2019: la asociación de estudiantes constitucionalistas S'ha Acabat (‘Se ha acabado’) tiene programada una conferencia sobre nacionalismo y populismo en la Universidad Autónoma de Barcelona. Contará con la participación de Cayetana Álvarez de Toledo, junto a los dirigentes del Partido Popular Alejandro Fernández y Josep Bou; de la eurodiputada de UPyD Maite Pagazaurtundúa y del candidato por Ciudadanos Manuel Valls, así como de miembros de Sociedad Civil Catalana.

Dos centenares de separatistas que aguardaban a las puertas del auditorio, forcejean violentamente para impedirles el acceso. Les chillan, les insultan, les acometen, les empujan, les zarandean. Luchan por aproximarse lo bastante para propinarle a alguno una ración de democracia. Incluso hay tirones de cabello a la susodicha Cayetana. Y escupitajos. Escupir como las llamas es una forma de vejación que se ha popularizado entre estas turbas. Y que descarna el meollo de toda su impostura, porque lo que les brota de los labios no es la tan publicitada revolución de las sonrisas, sino un inmenso gargajo.

Mientras atacan, corean: «Fora feixistes de la universitat!» (‘¡Fuera fascistas de la universidad!’). A modo de consigna, con tintes de excusa. Enarbolando ese grito como una especie de justificante o de salvoconducto hacia la ferocidad. Tachar de fascista al otro es el pretexto que los fascistas se han buscado para partir cabezas.

Son los hijos del Espanya nos roba y del vivimos esclavizados; del somos una nación oprimida bajo un Estado colonizador. Crepitando en un incendio prendido hace décadas por una familia de ladrones, que incesantemente atiza un racista deforme puesto al frente de la Generalidad por otro, que es golpista y está fugado en Waterloo («Llevamos dos generaciones educadas en el odio a lo español y eso es irrecuperable». Albert Boadella. Agencia EFE, 22-05-2018).

Lejos de condenar la agresión, la Consejera del Gobierno autonómico Laura Borràs se jacta públicamente y advierte:
«Hay gente que busca problemas, y cuando buscas problemas, los encuentras».
No cabe más cinismo, resulta imposible exhibir mayor maldad. Según ella, expresarse, opinar, es provocar. Los nacionalismos no tienen disidentes; sólo enemigos, a los que cosifican y para quienes se decreta la eliminación física o la muerte social. Y aquí y en Europa sigue habiendo gente que no se quiere enterar.

Ángel Salazar sangra en el suelo tras sufrir el impacto de una piedra lanzada por terroristas urbanos organizados bajo las siglas CDR,
el pasado 30 de marzo, en Barcelona, cuando se dirigía a un mitin de Vox acompañado de otro miembro de una plataforma
que propone la custodia compartida de los hijos tras la separación conyugal

Al anochecer, la usuaria de redes sociales Vera Plath comparte en su muro su pesar:
«Hoy es un día triste. Pero, a lo mejor, ahora se entiende por qué mucha gente tiene miedo; por qué muchos no protestan; por qué tantos dicen que aquí no pasa nada...
»Vivimos en una dictadura cada vez menos camuflada, con una kale borroka alentada desde el gobierno catalán. Donde se nos castiga por pensar y hablar en nuestro idioma; donde se lava el cerebro a los críos desde su más tierna infancia; donde todos los medios de comunicación están manipulados para enfrentarnos... ya no con el resto de España sino entre los propios catalanes. Te odian por no adorar una bandera ideológica, pura insignia del odio. Te miran mal por comprar el periódico que te apetece. Te rayan el coche por no comulgar con su credo separatista. Desinfectan las calles que pisas. Te amenazan de muerte con una foto tuya acompañada de una bala en tu frente... Estamos envueltos en odio. De mucho odio. Así malvivimos.
»Y luego, desde fuera, nos preguntáis que por qué no nos quejamos.... ¿En serio? ¿EN SERIO?».
Sirve como epílogo de lo que ha pasado. Sirve como prólogo de lo que terminará por pasar.

14 de agosto de 2018

Algunos hombres buenos

La primera vez que supe de él fue hace casi doce años, a través de esta breve noticia sobre el ataque de que había sido objeto (ABC, 01-12-2006):
«Dos jóvenes independentistas agredieron, el pasado miércoles en Santa Coloma de Gramanet, al profesor universitario Francisco Caja […]. Caja se encontraba en esta localidad recogiendo firmas para impulsar una iniciativa legislativa popular en defensa del bilingüismo en la escuela y a favor de la enseñanza en la lengua materna, cuando dos jóvenes que portaban símbolos independentistas increparon a los miembros de la plataforma con gritos com “charnegos de mierda” o “fachas”. Uno de los radicales propinó una patada y un puñetazo en la cara a Caja, “rompiéndole las gafas y provocándole cortes en la cara”».
Mas no era la primera vez que que sufría las iras de ese movimiento político del cual, el pasado día 4, Quim Torra ha loado su «carácter completamente pacífico» y su «civismo ejemplar» en un cínico artículo titulado: Como un solo pueblo contra el fascismo. Dos años antes, ocho individuos encapuchados habían irrumpido en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona (UB), donde Francisco Caja imparte clases, para llenarla de amenazas e insultos contra su persona (El País, 21-10-2004). Era la represalia nacionalista por una reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña adversa para la inmersión lingüística. «Hasta ahora tenía un guardia de seguridad que me había proporcionado la Universidad y que me acompañaba cuando estaba en el campus —explicaría a la prensa el mismo Caja pocas semanas después—. Sin decirme absolutamente nada, se me retiró la protección. Lógicamente, temo que cualquier día se repitan las amenazas. Ahora estoy a pecho descubierto» (ABC, 14-12-2004). Pero no faltaron quienes asumieran su salvaguarda:
«Afortunadamente, tengo buenos alumnos. Siempre he mantenido una relación excelente. Soy un profesor comprometido con la enseñanza. Pese a las dificultades que tengo, nunca he perdido el entusiasmo por la docencia. Como no tengo protección policial, ellos me acompañan al autobús porque me aprecian personalmente. Antiguos alumnos me han llamado, me han enviado mensajes de apoyo y eso produce mucha satisfacción. Sientes que en esta travesía en el desierto no estás solo».
Y es que los separatistas le tienen colocado en el centro de su diana hace décadas. Concretamente desde que en 1998 fundara junto a unos cuantos valientes Convivencia Cívica Catalana, asociación pionera en la defensa de nuestros derechos y libertades. Y que aún preside en la actualidad. Por aquel entonces Jordi Pujol reinaba en Cataluña. Y en toda España, merced al chantaje a los partidos gobernantes cada vez que estos anduvieron necesitados de apoyo parlamentario. Eran los tiempos en que Els Joglars de Albert Boadella iban retratando sarcásticamente por los teatros la megalomanía del ahora confeso evasor fiscal con su obra Ubú, President. La época en que José María Aznar pactaba en el Hotel Majestic de Barcelona la decapitación política de Alejo Vidal-Quadras para que cesara su incordio al cleptómano caudillito catalán.

SCC sigue ofreciendo valiosísimo asesoramiento y soporte jurídico a las víctimas del nacionalismo (espeluznante resulta el caso de la niña de 7 años golpeada y hostigada en la escuela que se relata en el vídeo). Al tiempo que publica exhaustivos estudios en materia lingüística, económica y sociológica para desmentir la propaganda de la Generalidad.

A sus 69 años de edad, Francisco Caja ha concedido una jugosa entrevista repleta de claves para comprender la actualidad al periódico El Español (05-08-2018) que, dado su interés, de ningún modo he querido dejar de transcribir aquí:
«—¿Tenía usted puestas esperanzas en la reunión de la llamada Comisión Bilateral entre el Gobierno y la Generalidad de Cataluña?
―Si esperaba algo, no era nada bueno. El señor Sánchez es un peligro público. Dialogar con un delincuente, con los autores de un delito de rebelión, no tiene ni pies ni cabeza. Es una traición al orden constitucional y a los españoles. Porque a un delincuente se le detiene, se le juzga y se le condena. Que el presidente del Gobierno reciba o se reúna con los golpistas, y lo haga con todos los honores, es increíble.
¿No le llama la atención el uso del término ‘bilateral’?
―Sí. Aceptar el vocabulario del nacionalismo es entrar en su juego. La terminología es muy importante para ellos porque refleja la ficción de la que nos quieren convencer al resto de los españoles. Y, por eso, hablar de bilateralidad es reconocer de alguna manera que ya se ha producido la independencia y que se están reuniendo las delegaciones diplomáticas de dos Estados soberanos.
El bloque independentista está viviendo una guerra civil entre el sector posibilista y el sector delirante o unilateral.
―Sí, pero no es menos delirante Quim Torra que Carles Puigdemont. Los nacionalistas modulan su ficción en función de las circunstancias del momento. Pero modulan la táctica, porque su estrategia sigue siendo la misma. Ellos no van a bajarse del monte.
La política de cesiones, de aceptación de lo inaceptable, de quiebra del orden constitucional, se justificaba tradicionalmente con el argumento de que así los nacionalistas no se echarían al monte. Pero se han echado al monte. Y lo han hecho, precisamente, por esa política de cesiones.

No es un fotograma de una película de Berlanga: pese a su autoproclamada superioridad racial (“Hay algo freudiano en estas bestias.
O un pequeño bache en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos!”. “Aquí hay gente que ha dicho basta y, cada uno a su manera, lucha
por unas ideas y un país. Gente que ya se ha olvidado de mirar al Sur y vuelve a mirar al Norte, donde la gente es limpia, noble,
libre y culta. Y feliz”. “España, esencialmente, ha sido un país exportador de miseria, material y espiritualmente hablando”),
el apolíneo presidente de la Generalidad, Quim Torra, experimenta dificultades para beber de un botijo y se pone perdido

Ellos mismos han reconocido que iban de farol.
―Hay que remitirse a la historia de este país y ver cómo los inventores del nacionalismo catalán, los Prat de la Riba o los Cambó, tampoco creyeron que llegaría tan lejos. Cambó llegó a poner su fortuna personal a disposición de Franco, por ejemplo.
Cambó creó un monstruo.
―Yo siempre lo comparo con la criatura del doctor Frankenstein. Frankenstein crea a su criatura con una intención muy determinada, pero su obra se descontrola y acaba matando a su propio creador. Y eso es, exactamente, lo que está ocurriendo ahora. Así es el nacionalismo.
Por eso fue un disparate, para cualquiera que haya leído la historia de España, incluir en la Constitución una organización territorial del Estado federal o casi federal. Porque la condición de posibilidad para la construcción de una estructura federal es que nadie amenace con irse si no le da lo que pide.
De esas lluvias, estos lodos.
―Entregarle a los nacionalismos vascos y catalán un Estado federal es garantizar que en el plazo de treinta años se produzca una declaración de independencia en uno o en los dos territorios. Territorios que, hay que decirlo claramente, están infectados políticamente por el nacionalismo.
¿Cree que el Estado de las autonomías fue un error?
―Absoluto. Nadie que examine con objetividad la historia reciente de España puede negarlo. Y no es sólo el nacionalismo, sino también lo que se ha derivado de él. La política de inmersión lingüística, por ejemplo, que ha sido, y es, un arma muy eficaz para crear las condiciones que han conducido a que la mitad de los catalanes busquen la independencia. Eso no existía en 1978. Pujol creo un país ficticio. Esto es Pujolandia.
Me llama la atención que se siga considerando al catalán como la lengua propia de Cataluña cuando el español le supera muy claramente como lengua de uso preferente y de identificación primaria de los catalanes.
―Exacto. En Barcelona y su área metropolitana el español es la lengua de uso preferente del 62% de los ciudadanos. La lengua propia de los catalanes es el español. Pero está excluida del ámbito oficial y de las escuelas. Y esa es el arma de propaganda más eficaz del nacionalismo. Dejarla en sus manos ha permitido que crearan las condiciones propicias para una declaración de independencia. Está todo en el famoso Programa 2000 del pujolismo, que es del año 90».
El Programa 2000 es un documento interno elaborado en el seno de Convergència i Unió (CiU), que se filtró a la prensa en 1990. A lo largo de sus 20 páginas, calificaba a Cataluña de «nación europea emergente» y «discriminada». Y marcaba las directrices para impregnar de ideología nacionalista todos los ámbitos de la sociedad catalana, mediante la infiltración de adeptos acérrimos en los puestos clave del profesorado, de las asociaciones de padres, del sistema financiero, de los clubes deportivos y los medios de comunicación («Incidir en la formación inicial y permanente de los periodistas y de los técnicos de comunicación para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana», establecía), principalmente.
«―Todo lo que ha ocurrido estaba anunciado desde hace décadas.
―¿Quién no se alarmaría y adoptaría de inmediato medidas frente a un documento así para evitar que se llevaran a cabo sus propuestas? ¿Por qué no lo hicieron? Ahí están las responsabilidades del PP y del PSOE. Porque el nacionalismo ya sabemos lo que es. Pero el PP y el PSOE... Estamos en manos de una clase política que... En fin, no encuentro el calificativo adecuado para describirla.
No hay ninguno amable.
―Ninguno.
La situación tiene difícil marcha atrás. El PSOE también apoya la inmersión lingüística, es decir la marginación del español en Cataluña.
―La gente no sabe que la inmersión lingüística no es en realidad una invención de Jordi Pujol. Pujol era reacio a ella. Fue en marzo del 81 cuando Marta Mata, que entonces era diputada del Parlamento de Cataluña, presentó la proposición no de ley que defendía la inmersión lingüística. Hasta ese momento, ella había defendido el bilingüismo en la escuela.
¿Fueron los socialistas los que inventaron la inmersión lingüística?
―El invento es en realidad de algunos teóricos como Ninyoles o Aracil, que se ha arrepentido por cierto toda su vida de haber impulsado esa monstruosidad que es la inmersión lingüística. Es en un congreso en Sitges, en el 79, cuando se elabora esa propuesta.
La inmersión lingüística es en realidad un invento comunista que copian los socialistas y que estos presentan por primera vez en el 81. En aquel momento, Convergencia Democrática de Cataluña, ERC y Unión Democrática de Cataluña votaron en contra con el argumento de que los padres no tienen derecho a elegir la lengua de enseñanza de sus hijos.
¿Y cómo logra el PSC convencer a Pujol de imponer la inmersión lingüística obligatoria?
―Es en ese momento cuando Marta Mata se entrevista con Pujol y le convence de que eso del bilingüismo es una antigualla y de que lo que hay que hacer es imponer la inmersión lingüística. Pujol se convence, y convence a su vez a Joaquim Arenas y a los maestros de Òmnium Cultural, esa sociedad civil ficticia creada por el nacionalismo. Y en el 83 aparece la Ley de normalización lingüística [1].
Luego, Pujol va implantando esa inmersión con normas de bajo rango legal hasta que en el 92-93 la impone universalmente. Y eso a pesar de que, luego, en el 94, el Tribunal Constitucional dice que el modelo constitucional es el bilingüismo. Pero les da igual y se lo pasan por el entreforro con el beneplácito de los socialistas.
El invento es, en definitiva, del PSC.
―El del PSC es un tipo de nacionalismo que coyunturalmente no está por la independencia, pero que lo estará dentro de poco. Que no lo dude nadie. El PSC hará todo lo posible para que se produzca el referéndum de independencia. Porque el PSC no es que haya adoptado el lenguaje del nacionalismo: es que ha ayudado a crear esa baba ideológica que ha entrado en las casas hasta la cocina. Hasta el último club de ajedrez está intervenido políticamente en Cataluña. Es el modelo de la Unión Soviética.
Los partidos nacionales también andan divididos en esta cuestión.
―Hace siete u ocho años, mientras gobernaba Rajoy, propusimos un gobierno de concentración con la entrada en él de los socialistas para evitar lo que ocurrió después. Y es que no hacía falta tener un fino instinto político para prever lo que acabó pasando. Algunos llevábamos años anunciándolo.
¿Qué le parece La Crida de Carles Puigdemont? Huele a movimiento caudillista de tintes totalitarios.
―La Crida es un movimiento, si no fascista, sí parafascista. Pero no es nada nuevo. Ya tuvimos la Crida per la Solidaritat, donde se ejercitaron muchos de los que luego acabaron dirigiendo ERC.
La Crida es un movimiento social como el de los fascios. Es una manera característica, de libro, de tomar el poder y de ejercerlo de forma totalitaria. Que esto no lo vean nuestros amigos del resto de Europa es verdaderamente increíble.
En realidad, es otro populismo más.
―El populismo cada vez se extiende más, pero el catalán en concreto tiene todas las características de un movimiento fascista. Esto es un Movimiento Nacional como el de Ramón Serrano Suñer. Del que el franquismo, por cierto, se deshizo muy rápidamente.
¿Qué le pareció la decisión de la Justicia alemana respecto a la extradición de Puigdemont?
―Desde el punto de vista político, es contrario a cualquier idea de europeísmo. Desde el punto de vista jurídico, es un disparate absoluto. No debieron haber entrado jamás en el fondo de la cuestión. Es un torpedo a la línea de flotación del europeísmo».
Violencia. Brutalidad. Además de la sanguinaria actividad terrorista desarrollada por las bandas Terra Lliure y el Exércit Popular Català (EPOCA) entre los años 1970 y 1992, que segó con bombas la vida de dos mujeres y dos hombres, y dejó una veintena de heridos en sus más de 200 atentados, el movimiento nacionalista ha venido perpetrando innumerables agresiones, amenazas y acosos para imponerse, de los que la sección Violencia integrista ofrece una significativa selección, con enlaces a titulares de prensa como: «Mujer derribada de un puñetazo cuando quitaba propaganda separatista» (Crónica Global, 18-02-2018); «Amenazan de muerte al periodista que ha hundido al jefe de los Mossos» (Esdiario, 01-09-2017); «Amenazas de muerte contra Albiol» (e-Notícies, 11-01-2017); «La CUP acosa y amenaza a la Guardia Civil en Manresa ante la pasividad de los Mossos» (Libertad Digital, 14-12-2016); «Agresión al portavoz de Ciutadans en l'Hospitalet de Llobregat» (El Periódico, 13-11-2016); «Una familia es perseguida por gritar “¡Viva España!” en Barcelona» (ABC, 11-09-2016); «Acoso a una familia de Balaguer por pedir educación bilingüe para sus hijos» (Crónica Global, 08-09-2015); «Agreden a un afiliado de C's en Manresa» (Europa Press, 16-05-2015); «Acoso de CiU, ERC, ICV y la CUP a una familia de Mataró por pedir educación bilingüe» (Crónica Global, 14-05-2015); «Simulan el ‘fusilamiento’ de un concejal del PP en Cardedeu» (El Mundo, 23-08-2014); «“Puta España” y “Moriréis”: pintadas amenazantes en una sede el PP catalán» (ABC, 24-02-2014); «Agreden a un padre y a sus hijos por llevar una bandera española» (Libertad Digital, 12-10-2012); «Ciudadanos denuncia que cuatro jóvenes con navajas les destrozan una de sus carpas» (La Vanguardia, 24-11-2010); «‘Se les prende fuego y listo’. Así persiguen los nacionalistas a las empresas que no usan el catalán» (Libertad Digital, 03-11-2010); «Piden “un tiro en la nuca” para Albert Rivera desde el partido de Laporta» (Libertad Digital, 02-09-2010); «Rosa Díez da una conferencia entre agresiones en la Autónoma de Barcelona» (La Nueva España, 06-03-2010); «Boicotean en Terrassa la retransmisión de La Roja. Un independentista tiró un cóctel molotov a la pantalla» (As, 21-06-2009); «Boadella demanda al partido independentista Estat Català por pedir la “cámara de gas” para el dramaturgo» (Libertad Digital, 27-02-2008); «Unos desconocidos escriben una amenaza en el comercio familiar del presidente de Ciutadans» (El Periódico, 07-01-2008); «Albert Rivera recibe una foto suya con una bala sin percutir incrustada en la frente» (Libertad Digital, 21-09-2007); «Boadella denuncia amenazas de muerte dentro de una “escalada de integrismo”» (Periodista Digital, 07-06-2005); o, «Herida en Tarragona una dirigente de la coordinadora de defensa del castellano» (El País, 11-09-1994).
«―Usted ha sido, y sigue siendo, una de las bestias negras del nacionalismo catalán. ¿Alguna vez ha pensado en irse de Barcelona, como se fueron Azúa, Losantos o Vidal-Quadras?
―Sí. Pero es ya una cuestión sentimental. A mí me jubilan el año que viene y ahí acaba mi vida profesional como profesor de universidad. Y por primera vez me lo estoy pensando. Los profesores lo tenemos muy difícil para desplazarnos a otra universidad, hemos de volver a opositar incluso. Quizá si hubiera habido más facilidades me lo habría pensado.
Ahora el papel de demonio del nacionalismo lo ocupan otros, como Inés Arrimadas. ¿Cómo lo vivió usted en su momento?
―El papel está más repartido, sí. Yo lo viví... bueno, a la fuerza ahorcan. ¿Con qué cara me presento yo frente a mis alumnos si no soy capaz de defender mis ideas fuera del aula y comprometerme con ellas?
Yo lo viví con graves dificultades personales porque en Cataluña se decreta la muerte civil de cualquier opositor al nacionalismo. Y también hay que decir que así como en el País Vasco los intelectuales se mantuvieron críticos frente al nacionalismo, en Cataluña se han vendido por un plato de lentejas. Se pueden contar con los dedos de una mano los que se han atrevido a denunciar este delirio. ¡Qué pocos libros críticos con el nacionalismo hay en Cataluña! Caben en una pequeña estantería.
El nacionalismo se está contagiando a Valencia, Baleares, Galicia, Asturias...
―Es normal. Volvemos al pal de paller [2] del nacionalismo: la lengua. La lengua es lo que hace nación para un nacionalista. Eso es el Pacto del Majestic, donde se cedió más incluso de lo que pedía Pujol. Aznar tenía prisa por ocupar el poder y vendió lo invendible. Entre otras cosas, aquellas partes de la Constitución que afectan a la lengua. El PP tiene una responsabilidad enorme por la situación actual.
La fontanería del PP, sí.
―Yo me entrevisté, por ejemplo, con el ministro Wert. Porque la Lomce era una oportunidad fantástica para acabar con la inmersión lingüística. Wert incluso me dijo que estaba dispuesto a elaborar el reglamento para arreglar en la medida de lo posible el desastre de la inmersión lingüística. Y añadió: “Yo no temo a los abogados del Estado. Temo a una abogada del Estado”.
Se refiere a Soraya Sáenz de Santamaría, claro.
―En aquel momento, Soraya ya determinaba la política respecto a Cataluña. Y eso es responsabilidad directa del PP. Soraya guisó todo lo relativo a Cataluña, hasta el punto de tener controlado a todos los ministros. A Wert, de hecho, lo demonizaron y lo estigmatizaron, pero en realidad era un manso corderito a las órdenes de Soraya».
Preguntado sobre el nuevo líder del Partido Popular, Francisco Caja recurre con elegante ironía a las desoladoras palabras con que el Infierno recibía a las almas condenadas en La Divina Comedia de Dante:
«―¿Tiene puestas algunas esperanzas más en Pablo Casado?
Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate [abandonad toda esperanza, vosotros los que entráis]. Eso es lo que hay que tener en cuenta cuando cruzas el umbral del PP. Uno entiende cómo funciona la política, pero hay límites. Y son los límites prescritos por la Constitución. Lo que ha hecho el PP es entregar el artículo de la Constitución que dice que la lengua oficial del Estado es el español y que no puede ser discriminado.
¿Y en Ciudadanos?
―Lo que ocurre es que cuando Ciudadanos ha tenido la oportunidad de presionar al PP en un sentido contrario a la inmersión lingüística en Cataluña, se ha puesto de perfil y no ha puesto freno a los desmanes. Y eso cuando el PP necesitaba sus votos. En el momento de la verdad, se han olvidado. Y tengo buenos amigos en Ciudadanos, pero les reprocho su tibieza en este asunto.
¿Cree que la derecha y el centro-derecha se reorganizarán de una forma diferente a la de los últimos dos años después de la elección de Pablo Casado como líder del PP?
―No parece que haya excesiva coordinación en la derecha. VOX intenta captar una clientela que es incapaz de captar el PP. Y el PP ha demonizado a VOX porque Santiago Abascal procede del PP. Y Ciudadanos, ¿qué intereses representa?
¿Es el nacionalismo una religión?
―La religión de una sociedad secularizada y que ya no persigue intereses reales económicos o materiales, sino una idea. El lema es “pensamiento hecho realidad”. Y eso es Jordi Pujol, un personaje paranoico. Porque no a todos los paranoicos se los llevan a Sant Boi [3]. Hay algunos que acaban gobernando.
¿Cómo fue capaz Hitler de conducir a la catástrofe a un pueblo tan admirable como el alemán? Era un paranoico de libro. Y lo que está ocurriendo en Cataluña es el sueño de Jordi Pujol. El sueño de un paranoico tenaz que ha sido capaz de corromper a la mitad de los catalanes, de imponerles una misión, para llevarlos al desastre, a la locura.
Y todo eso a cambio de nada: están donde estaban, pero con la sociedad catalana rota.
―¿Han construido algo? ¿Han construido una nación? No, han construido una monstruosidad, una casa de locos.
Lees los escritos de Pujol de los años 60 y ves cómo llama “ejército de ocupación” a los porteros y las monjas del Sagrado Corazón. Es un paranoico. Como otro paranoico ilustre, Jean Jacques-Rousseau. Lo que no le evitó, por cierto, influir sobre toda la sociedad del siglo XIX y XX, y muy especialmente en el terreno de la enseñanza. Algo paradójico si se tiene en cuenta que abandonó a sus cinco hijos y fue incapaz de asumir su condición de educador. Y fíjate: para Pujol, lo suyo no ha sido corrupción, ha sido compensación. Compensación por todo lo que ha hecho él por Cataluña.
Cualquiera baja ahora del burro a ese casi 50% de los catalanes que quieren la independencia, señor Caja. Cataluña está rota.
―Pero fíjate. La manifestación de un millón de catalanes constitucionalistas en las calles de Barcelona ha sido una novedad radical. Y, a pesar de ello, no hay cauces políticos para esa rebeldía. El mal es muy profundo y ese malestar debería ser el germen de un movimiento social en Cataluña. Quiero hablar claro y no engañar a nadie. Ahora ha surgido rápidamente un invento llamado Sociedad Civil Catalana [4]. Eso es un invento de Soraya Sáenz de Santamaría.
¿De Soraya? ¿Seguro? Me sorprende.
―Pero no lo digo yo. Lo he oído de boca de varios diputados del PP en el Parlamento. Se subvencionó con un golpe de teléfono de Soraya a cinco empresas del IBEX porque había que crear un Òmnium Cultural constitucionalista. Y ahí dentro hay gente de todas las ideologías porque se pretende dar la sensación de que eso es transversal».
(Agradezco a Quim el envío que me ha hecho de esta magnífica entrevista).

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1. Ley 7/1983, de 18 de abril, de normalización lingüística en Cataluña (Diario Oficial de la Generalidad de Cataluña, nº. 322, de 22 abril de 1983).
2. Expresión popular que en catalán viene a significar: eje o núcleo alrededor del cual se vertebra algo.
3. Municipio barcelonés donde desde antiguo se ha radicado un importante manicomio.
4. Véase la crónica Inocencia perdida, del 09 de enero de 2017.

1 de febrero de 2018

Tractoruña

23 de enero del corriente: una usuaria publica en Facebook un vídeo denuncia sobre una de las tantas mamarrachadas de Carles Puigdemont en la capital belga, donde el ex presidente golpista permanece huido desde hace ya tres meses. Apenas cuatro minutos transcurren hasta que un separatista escocido asoma en el muro de esta para despotricar:
«Como chinchan dejar en paz s Cataluña y luchar por lo vuestro que bastante tenéis la spain disney [sic]».
Sin nada mejor que hacer en aquellos momentos, me lanzo a responderle; y con no poca sorna:
«“Ayyyyyy, jooooo. ¡Dejadle en paaaaz!”. Mira, Santi: como todavía no he hecho mi buena acción del día voy a demostrarte que, pese a vuestras falsas acusaciones, los no nacionalistas no somos “catetos” y corregiré gramaticalmente tu deposición para que aprendas a escribir: “Cómo chinchan. Dejad en paz a Cataluña y luchad por lo vuestro, que bastante tenéis la Spain Disney”. Y una vez corregido te diré que eso de identificar “Cataluña” con “separatismo”, de manera que presentáis toda crítica al prófugo de la Justicia Puigdemont, El Dioni de Gerona, como ataques contra Cataluña y contra los catalanes, es un truquito casposo que ya está muy visto y no cuela. No pierdas más tiempo en Facebook y vuelve al cole».
De este modo amaneció la Plaza del Ayuntamiento de San Feliú de Llobregat (Barcelona), el 21 de diciembre de 2017, fecha de
las últimas elecciones autonómicas en Cataluña. Para exigir la liberación de los golpistas encarcelados, a quienes, cínicamente,
el movimiento separatista, así como los medios de comunicación públicos de la Generalidad y los subvencionados por esta,
califican de ‘presos políticos’ y también de ‘represaliados’

Lo cual originó entre él y yo algo parecido a un diálogo, grotesco, que transcribo textualmente a continuación y donde el significado de numerosas palabras de mi interlocutor (a quien por piedad mantendré en el anonimato) a menudo es necesario inferirlo del contexto debido a su catastrófica ortografía:
LA CRIATURITA: «Los catalanes pasamos de la España cobarde llena de parásitos. Mucha banderita pero no defendéis lo vuestro».
MENDA: «¿“Los catalanes”? ¿Quién te ha dado a ti permiso para hablar en nombre de los catalanes? ¿Les representas acaso? Y “cobarde”, cobarde... lo que se dice cobarde... más bien ese del vídeo, que ha salido huyendo a esconderse en Bruselas».
C: «Es muy fácil criticar lo que no se entiende».
M: «Yo entiendo perfectamente la situación de Cataluña porque vivo en Cataluña. Y te la explico enseguida: una panda de garrulos totalitarios se han alzado contra la legalidad. Explicado queda».
C: «Mucho 155 mando y ordeno».
M: «Exactamente, un artículo constitucional plenamente legal, similar al que existe en otras muchas Constituciones del mundo para este tipo de desobediencias. Como por ejemplo, en la Carta Magna de Alemania».
C: «Hay que respetar las ideas con el gobierno que tenemos no vamos bien hay que cambiar».
M: «“Hay que respetar las ideas”. ¡Ah!, ¿sí? ¿Igual que las respetáis vosotros los nacionalistas? [y le enlazo la escalofriante sección de este blog Violencia integrista, que recopila numerosas agresiones y amenazas perpetradas por sus correligionarios]. Hay que respetar las ideas. Y se os respetan. Y no solamente son respetadas vuestras ideas secesionistas sino que hasta pagamos auténticos dinerales a gente como Gabriel Rufián y Joan Tardà para que vayan a Madrid, al Congreso de los Diputados, a exponerlas. Pero que una minoría nos impongáis a una mayoría vuestro ideario supremacista y tractoril es cosa distinta. ¡Vosotros los de la banderita estrellada sois quienes no respetáis las ideas de la mayoría!».
C: «Pues nada a callar y sufrir. Es la España del futuro».
M: «Te fastidias. Vete a Bruselas con Puchi si no te gusta esto».
C: «Pues eso parásitos pero cada vez hay mas y no se pone remedio».
M: «¿Por “parásitos” te refieres por ejemplo al Presidente de la Generalidad, que cobra el doble que el Presidente del Gobierno de España? ¿O a los Consellers quizás, que cobran bastante más que Rajoy?».
C: «Prefiero quedarme en Cataluña y luchar por lo nuestro. Por lo menos hvemos aigop. Hacer si nos sacamos el lastre de encima. Alos del pp. Tu presidente. Y a tu rey».
M: «Mi rey y mi presidente, sí. Como en muchos países donde también hay monarquía (Gran Bretaña, Dinamarca, Suecia, Holanda, Noruega, etc.), y como en todos los países del mundo, donde tienen presidente del Gobierno o del Ejecutivo. ¿Este es siempre tu nivel dialéctico, tu capacidad de debatir? ¿O es que te has tomado algo?».
C: «Pues eso pa ti la perra gorda».
M: «Eres de pena, chaval. Sinceramente, no entiendo en qué os basáis para creeros superiores al resto de los españoles. Jamás lo comprenderé».
C: «Superiores no mas éticos. Y mas guapos. Bueno me boy a trabajar un rato ya abkamos luego».
M: «¡Vaya tela! Sí, chaval: “Bete” (con B) a trabajar, sí. Y ya luego si acaso “Ablamos” (sin H). Este es el nivel que imparte la Generalidad en Cataluña en los colegios e institutos: tíos que no saben ni siquiera escribir para que permanezcan lo más ignorantes posible, y así poder manipularlos con facilidad. Tipos incapaces de razonar y debatir; que se limitan a ir saltando de eslogan en eslogan y de mantra en mantra a medida que se los vas desmintiendo con datos. Masa aborregada por el régimen nacionalista desde su más tierna infancia a través del sistema educativo. Qué lástima de región».
Una hora y media después, tan agudo oponente regresó para hacerse la víctima expresando resignación y paciencia con esta especie de suspiro mal escrito:
«Hay señor».
Impresionante, señores. Pero ¡atención!, atención a lo que viene ahora porque no es asunto menor: a la derecha, en el vídeo, unos reporteros de Antena 3 que andaban por Barcelona captan con su cámara una fulminante conversión al separatismo para el programa Espejo Público: «No la quería [la secesión], pero me han convencido esta noche», detalla esta moza de mirada sagaz. Quien es rotunda al asegurar que España les quita «dinero» a los catalanes:
«Nos están robando lo que es nuestro. […] Un chico me lo ha razonado todo en una hora».
En esta clase de mentalidades han arraigado los dogmas y engañifas; estas son las mentalidades que han fabricado 40 años de régimen nacionalista.

9 de enero de 2018

Argumentario de emergencia

Fruto del sarcasmo y rápidamente difundido a través de la redes sociales, el cansancio tras años y años oyéndoles siempre los mismos mantras se ha materializado de manera jocosa en este Generador automático de frases indepes, que retrata la inanidad dialéctica del separatismo que llevamos aguantado:
«¿Los unionistas te agobian con sus argumentos y no sabes cómo responder? ¿Tabarnia te da tanta rabia que te quedas bloqueado? Si tu cerebro ya no da más de sí... ¡TENEMOS LA SOLUCIÓN!».
Es lo que propone su imaginativo eslogan para salir airoso de cualquier debate, y hasta brillar.

El generador automático viene lujosamente ilustrado con la decepción de dos adeptos en el preciso instante en que el presidente
de la Generalidad Carles Puigdemont suspendía la República Catalana, sólo unos segundos después de haberla proclamado

El funcionamiento del artilugio no puede ser más sencillo: de izquierda a derecha, se escoge al azar un elemento de cada columna ¡y ya tiene uno listo su razonamiento imbatible!:

«España
El PP
FAES
C's
El IBEX 35
Arrimadas
es una creación
es un invento
es un mecanismo
es una construcción
es un producto
es una imposición
fascista
imperialista
falangista
de Franco
de los Borbones
de los botiflers [1]
para esclavizar
para destruir
para oprimir
para expoliar
para dejar sin futuro
para continuar robando
a Cataluña
a nuestro pueblo
a nuestra tierra
a nuestro país
a los catalanes
a nuestra nación».
Y ofrece infalibilidad garantizada. Porque tal como humorísticamente se informa al final:
«¡A partir de ahora, responder a los unionistas será coser y cantar!».
________________________________________________________________
1. Termino aplicado durante la Guerra de Sucesión Española (1701-1713) a los partidarios del aspirante al trono Felipe V y proveniente, al parecer, de la expresión francesa beauté fleur (‘bella flor’), por la flor de lis visible en el blasón de los Borbones. En boca de un separatista, equivale despectivamente a: traidor, colaboracionista, vendido o renegado.

5 de marzo de 2017

Ecos raros en tiempos revueltos

Tras haber adquirido la mayoría de las acciones de la empresa editora, el 1 de julio de 2015 Xavier Salvador asumió la dirección de Crónica Global, el diario surgido de la fusión entre dos cabeceras digitales catalanas que se habían distinguido por su línea editorial contraria al nacionalismo: La Voz de Barcelona y El Debat. Desde su llegada, Salvador —de quien se ha publicado que un mes antes había sido relevado como director de Economía Digital— acometió una profunda renovación, mediante la reestructuración de la plantilla y diversas incorporaciones —incluyendo la de varios miembros de su anterior equipo—, así como una alianza con El Español, el último proyecto periodístico de Pedro J. Ramírez.

La columna que el flamante director firmó el pasado 15 de febrero, con el título «Una salida para Cataluña», ha levantado en Internet sonoras críticas de lectores indignados. Pues resulta ciertamente desafortunada:
«Interesante conversación con Javier Vega de Seoane, presidente del Círculo de Empresarios, de visita por Barcelona para pronunciar una conferencia. El hombre fuerte de la histórica institución empresarial madrileña tiene un mensaje que los catalanes debemos escuchar: al conflicto, al contencioso abierto no se le debe aplicar una solución, sino darle una salida.
»Es una visión que vale la pena escuchar, porque tal y como nos explicó a los periodistas de Crónica Global en su visita a nuestra redacción se ampara en cuatro ejes. Esas cuatro soluciones parten de un común denominador: el PP no ha estado a la altura de las circunstancias hasta la fecha y en Madrid, entendido como concepto global de las Españas, se ha entendido con dificultades algunas reivindicaciones de un nacionalismo catalán que si hubiera seguido la senda de la moderación era comprensible en sus pretensiones».
«Comprensible en sus pretensiones»; «senda de la moderación». ¿Pero cuándo ha sido moderado el nacionalismo? ¿A finales de los años 70, quizás, cuando los militantes de Convergència coreaban: «Avui paciència, demà independència» (‘Hoy paciencia, mañana independencia’)? ¿O cuando Oriol Pujol desplegó la megapancarta «Catalonia is not Spain» en la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1992 que habíamos pagado todos los españoles? ¿Sería tal vez cuando los colaboradores de su padre, Jordi Pujol, plasmaron en el Programa 2000 las pautas para infiltrar el sentimiento catalanista en absolutamente todas las capas de la sociedad? A ver si fue durante el intento de extirpación de la lengua materna compartida por más de la mitad de los catalanes que todavía dura bajo el nombre de Inmersión Lingüística. ¿Era antes moderado el nacionalismo, o más bien le convino fingirlo mientras afianzaba su poder acaparando competencias y completando el adoctrinamiento de las masas?
«Así, Vega de Seoane apuesta por dar respuesta a cuatro cuestiones fundamentales: las infraestructuras (aquí cabe desde el Corredor del Mediterráneo que el empresariado desea con urgencia hasta la falta de inversión en líneas ferroviarias de cercanías, por ejemplo), la lengua y la cultura, la situación de la fiscalidad autonómica en la que se equiparen los conceptos de solidaridad y, finalmente, un nuevo Estatuto de autonomía».
O sea, que da por válidos prácticamente todos los falsos agravios y las reivindicaciones que sirven de coartada al movimiento separatista. Ni un solo dato comparativo respecto de otras Comunidades autónomas para argumentar esa supuesta «falta de inversión» en los trenes de cercanías; sobre lo de la lengua, si alguna hay aquí subyugada es el castellano, ¿propone legalizar su erradicación?; y las causas de la catastrófica situación financiera de la Generalidad más hay que buscarlas en lo mucho que roban y despilfarran los políticos nacionalistas, que en un injusto reparto del erario entre las regiones españolas, que además no es tal (eso de «un nuevo Estatuto» ni siquiera vale la pena comentarlo).

Inauguración del Mobile World Congress 2017, este lunes, en Barcelona. Posan juntos: Carme Forcadell, Carles Puigdemont, el rey
Felipe VI, y Oriol Junqueras, tomando por los hombros a la vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría, quien hace unos meses se
habilitó un despacho en la capital catalana para escenificar la voluntad de diálogo del Gobierno con los golpistas
«El cómo se llega hasta esa solución en los momentos actuales es difícil de vislumbrar a estas alturas de la película y, sobre todo, después del papelón que Artur Mas y los suyos han desarrollado en los últimos tiempos».
El actualmente procesado ex presidente de la Generalidad no ha hecho sino acometer el tramo final del proceso secesionista iniciado por Jordi Pujol en 1980. Y ejecutado con disimulo hasta hace poco, para ir timando a los políticos y periodistas crédulos con el espejismo de la moderación.
«Pero lo que está claro es que esa salida al tema catalán, por llamarlo de alguna forma, no pasa por los antiguos convergentes, sino por los seguidores de Oriol Junqueras, que eran jóvenes y hoy son maduros votantes moderados a la par que independentistas posibilistas y pragmáticos».
Y si no, que se lo pregunten a Joan Tardà, al recientemente dimitido de su cargo de senador Santiago Vidal, a la dos veces querellada por desobediencia y prevaricación Carme Forcadell, o al siempre comedido Gabriel Rufián y a sus acólitos, dechados todos ellos de «pragmatismo» y de «moderación».
«La opinión de un digno representante del mundo empresarial, presidente de la aseguradora DKV, entre otras ocupaciones mercantiles, merece ser tenida en cuenta. Ayer conferenció en Barcelona e intentó convencer a un buen número de catalanes sobre su visión y análisis de la situación».
Si precisamente algo merece la opinión de Vega de Seoane es que nadie la tenga en cuenta, ni pierda su tiempo considerándola. Porque consiste en más de lo mismo, en continuar la política de sumisión al nacionalismo y de cesiones constantes que nos ha llevado hasta aquí; que lo ha sufragado e impulsado en vez de saciarlo y reducirlo.
«El Círculo de Empresarios, antaño uno de los reductos más casposos de la derecha española, hoy tiene ideas propias y una no desdeñable postura sobre el asunto de Cataluña y España».
Esperemos que el columnista y actual intendente del medio no haya sucumbido de forma definitiva a la neolengua separatista, que impone la dicotomía «Cataluña y España» como si de dos entes distintos se tratara. Por otra parte, venir a entonar los mismos plañidos y mantras con que los de la estelada nos achicharran a diario, no coincide demasiado con lo que comúnmente entendemos como tener «ideas propias».
«Quizá esa salida, en vez de solución, merezca la pena ser escuchada».
¿Y de qué sirve entonces si no es ninguna solución? ¿Para prolongar nuestra agonía como nación, aumentando encima la capacidad destructiva de quienes ya han mostrado sobradamente sus intenciones?

Confluye la circunstancia de que esa conferencia de Javier Vega de Seoane a la cual se refiere y que tuvo lugar en el Círculo Ecuestre, estuvo patrocinada por Sociedad Civil Catalana. Cuyo nuevo presidente —desde el 25 de octubre de 2016—, Mariano Gomà, publicó un artículo con propuestas similares que fue objeto de atención en la penúltima crónica del blog (Inocencia Perdida. 09-01-2017).

Y ahora viene Xavier Salvador y escribe eso. Ya en la declaración de intenciones con que comenzó su jefatura en el diario («Crónica, un medio digital sin ataduras». 05-07-2015) proclamó su equidistancia («Sin complejos ante los nacionalismos de uno y otro signo que tanto daño han inflingido [sic] en los últimos siglos»; ¿significa eso que quienes defendemos la unidad de España somos también nacionalistas, pero de signo contrario, como arguyen los que están dando el golpe de Estado?), le cantaba al entendimiento («Aspiramos a ampliar la voz de esa ciudadanía crítica, inconformista e informada que anhela el debate y el diálogo por encima de confrontaciones, victimismos e intransigencias») y trasladaba parte de la culpa a la “inflexibilidad” del Ejecutivo («El proceso soberanista ha disparado la radicalidad de la sociedad. El detonante fue el órdago político que desde el propio Gobierno de la Generalitat se lanzó contra un Estado menos sensible a las reivindicaciones periféricas desde que lo gobierna el Partido Popular sin necesidad de apoyos parlamentarios»). Acusación esta que reiteró un año depués, al ser entrevistado por sus socios de El Español:
«El PP no ha sabido gestionar la cuestión catalana de los últimos años. […] Cataluña no hubiera llegado al grado de crispación de los últimos meses si en Madrid hubiera existido un liderazgo político al frente del Gobierno y de la propia oposición con capacidad para transaccionar y ejercer realmente la política».
«Transaccionar», claro que sí; cualquier cosa, por indigna que sea, antes que aplicar la Ley. Más recientemente, ha sido el presidente del Cercle d'Economia (‘Círculo de Economía’), Antón Costas, quien desde La Vanguardia llamaba públicamente al cambalache y a la claudicación («Divisibilidad del conflicto catalán». 22-02-2017):
«Artur Mas dejó caer que podría haber una alternativa a la independencia, pero que, en todo caso, correspondía al “Estado” el formularla. Y el Gobierno de Madrid parece aprestarse a explorar ese camino. […] Se trataría de transformarlo en un “conflicto divisible”, del tipo de “más o menos”. En este tipo de conflictos todos ceden algo y todos ganan algo. Se hace po­sible la negociación y el acuerdo. […] El inventario de 46 cuestiones que en su momento Carles Puigdemont, como presidente de la Generalitat, presentó al presidente Mariano Rajoy es un buen punto de partida […]. Desde la perspectiva de los intereses y preferencias del conjunto de la sociedad el llamado problema catalán no es, como he dicho, independencia si o no, sino disponer de mayor capacidad de decisión y de más instrumentos para un mejor autogobierno».
Aunque el propio Costas termina reconociendo que apenas sería un apaño temporal, no la solución:
«En todo caso, no se trata de que nadie renuncie a sus ideales o preferencias políticas últimas, sino de posponerlas para explorar la posibilidad de lograr avances en beneficio del bien común».
Se diría que a lo que aspira es a que el tinglado aguante un par de añitos más, para ir haciendo negoci mientras tanto con una Cataluña aún más privilegiada fiscalmente.

Dos son las metas que los nacionalistas tienen, lo he dicho en muchas ocasiones a lo largo de estas páginas y seguiré repitiéndolo, incluso a riesgo de resultar pesado: la secesión de Cataluña y la anexión de otros territorios (la sección Mapa del imperio ofrece un instructivo repaso de sus pulsiones expansionistas declaradas, nada ocultas, desde hace más de un siglo). Y jamás optarán por detenerse; hay que pararles, desarticulándolos. Que nadie se engañe, ni nos engañe.

16 de diciembre de 2015

Ayer no había mantequilla en Moscú


«Un demagogo es aquel que predica doctrinas que sabe que son falsas
a hombres que sabe que son idiotas».
Henry Louis Mencken (1880-1956).


Cuando hace más de cinco años fundé este blog, me propuse convertirlo en un lugar de encuentro donde todos aquellos preocupados por los desmanes del separatismo pudiesen sentirse a gusto: los de izquierdas y los de derechas, los ricos y los pobres, los humildes y los poderosos, los creyentes y los impíos, los pecadores y los temerosos de Dios, las mentes privilegiadas y los que escuchan Reggaetón; los heterosexuales, los gays, las casquivanas y las virtuosas... ¡Todos sin excepción! Porque aquí no se va contra ninguno de ellos, al contrario: todo el mundo es bienvenido. De ahí, entre otras razones, que siempre haya yo evitado significarme desde estas páginas con siglas de ningún tipo y he criticado por igual a todos los partidos políticos cada vez que lo he estimado necesario.

Pero hay cosas ante las cuales no puedo permanecer callado. El último sondeo publicado por El Mundo (16-12-2015) sitúa a Podemos como cuarta fuerza parlamentaria tras el 20-D, con una intención de voto del 16%, capaz de otorgarle entre 56 y 60 escaños de los 350 con que cuenta la Cámara baja. Aún más triunfal es la irrupción en el hemiciclo que le pronostica hoy El Periòdic d'Andorra, diario extranjero, y no sujeto por tanto a la prohibición de difundir nuevas encuestas cinco días antes de las elecciones que establece la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (BOE-A-1985-11672): aúpa a esa formación hasta la tercera posición merced al 19'6% de los sufragios, y le augura de 66 a 70 diputados; un significativo aumento por efecto de la campaña, pero sobre todo del insatisfactorio debate recientemente televisado entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy.

El anunciado auge del populismo, que encarna la formación de Pablo Iglesias, sin duda debería movernos a todos a profunda y preocupada reflexión.

El desabastecimiento de alimentos y de medicinas, así como las interminables colas para adquirirlos y el racionamiento,
han sido una constante en Venezuela durante los largos años de Revolución Bolivariana

La frase que da título a esta crónica de Catalibanes está extraída de una muy comentada advertencia que Felipe González bramó en un mitin electoral para descalificar el programa político defendido por Izquierda Unida en plena era soviética («Señores, ayer no había mantequilla en Moscú»), el 26 de octubre de 1989.

Pues bien, ayer en Caracas no había mantequilla. Ni carne, ni harina, ni jabón, ni pasta dentífrica, ni papel higiénico. Fruto de fórmulas económicas desastrosas, ayer en Venezuela entera faltaban productos básicos. Aunque abundaban el despotismo y la corrupción. ¿Y esa es la solución milagrosa que nos proponen los chicos con el logotipo morado, chavismo pasado por el barrio de Lavapiés? ¿Las mismas medidas que Fidel Castro ha exportado al continente sudamericano, aunque hábilmente maquilladas? ¿Cómo puede algo así haber encandilado a las masas?

Pero es que además, Pablo Iglesias, para quien la mera existencia de medios de comunicación privados supone un ataque a «la libertad de expresión» —según afirmó el 21 de noviembre de 2013 en la televisión de Galiza Ano Cero, ¡tal es su concepción de la democracia!—, representa una seria amenaza para la unidad de España. Partidario declarado del derecho de autodeterminación («Frente a los que plantean el inmovilismo como PP, PSOE o Ciudadanos, nosotros decimos que estamos orgullosos de ser una formación política plurinacional»; 09-12-2015), en los mítines está comprometiéndose a autorizar un referéndum si llega a La Moncloa:
«Son los catalanes los que tienen que decidir».
Lo cual es tanto como decir que piensa hurtarnos a todos los españoles nuestra soberanía sobre el territorio nacional. Y el pasado 26 de octubre, la sucursal podemita Catalunya Sí que es Pot (‘Cataluña Sí que se Puede’) invistió presidente del Parlamento autonómico a la ex lideresa de la ANC, Carme Forcadell, con el apoyo de cinco de sus once diputados. De ahí que muchos capitostes e ideólogos del separatismo catalán y del vasco, anden enfrascados estos días en pedir públicamente el voto para Iglesias con denodado entusiasmo.

Completamente de acuerdo creo que estaríamos todos en que los partidos tradicionales, aquellos provenientes de la Transición, se tienen bien ganado su desprestigio. Por indiscutibles merecimientos se han hecho acreedores de un sonoro desprecio en las urnas, de un revolcón. Pero lanzarse en brazos del primer embaucador que se presenta prometiendo imposibles sólo puede empujarnos al abismo. De hecho el nacionalismo no es más que eso: un populismo con tintes palurdistas y terruñeros.

Miles de años desde que los sabios atenienses alumbraron la democracia, para terminar así, con un cardumen de desavisados eligiendo sin criterio.

12 de agosto de 2015

Golpismo del caro

Es el último artículo de Josep-Lluís Carod-Rovira, aparecido el 6 de agosto bajo el título «Contra la legalitat» (‘Contra la legalidad’), de una repugnancia tal que empujaría a cualquiera a agotar la gama completa de antieméticos disponibles en las farmacias catalanas, esas a las que Artur Mas no les paga los medicamentos desde ni se sabe cuándo. Y constituye además un claro llamamiento a la rebelión, que difícilmente quedaría sin respuesta de la fiscalía en otros países de nuestro entorno:
«Buena parte de los argumentos recurrentes contra la independencia de Cataluña, por el lado español, da igual en Madrid que en Barcelona, ​​se basan en la afirmación de que este propósito es incompatible con la legalidad. Y, por tanto, que será el uso de esta legalidad lo que impedirá las aspiraciones nacionales de nuestro pueblo. Lo dicen y se quedan tan anchos pensando, tal vez, que tan solo mencionando la ley ya nos tiemblan las piernas. Curiosa legalidad esta que va contra los intereses de los ciudadanos cuando, de hecho, es la ley la que debe estar al servicio de la gente y no la gente al servicio de la ley. Las leyes deben facilitar la vida a las personas y contribuir a hacer posibles sus objetivos, no complicárselos o bien impedirlos u obstaculizarlos. Se habla de la ley como si fuera del libro en mayúscula en las religiones monoteístas (la Torá, la Biblia, el Corán), con lo que se llega a sacralizar, como es el caso de la constitución [sic] española, cuando resulta, además, que la Alianza Popular de la época no votó a favor...».
Las leyes democráticas se han revelado, con el transcurso del tiempo, como la única fórmula comprobada de convivencia pacífica en sociedad. Salvaguardan nuestras vidas y haciendas, garantizan nuestros derechos y nos protegen frente a arbitrariedades o abusos del poder. Son lo único que consigue alejarnos de la barbarie. Y merecen el máximo respeto de todo demócrata auténtico.

Por otra parte, Carod-Rovira no es el primer separatista en propalar esa falacia sobre AP: precisamente fue Manuel Fraga Iribarne (1912-2012), fundador de Alianza Popular —el 9 de octubre de 1976—, uno de los siete ponentes encargados de la redacción del anteproyecto de Constitución por la Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas del Congreso de los Diputados. El texto definitivo (Boletín Oficial de las Cortes, número 170) fue aprobado en el Congreso el 31 de octubre de 1978, por 325 votos afirmativos, con 6 votos en contra, 14 abstenciones y 5 ausencias (Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, núm. 130). De los 16 representantes de la formación antecesora del Partido Popular en la Cámara Baja, 8 votaron a favor, 5 en contra y 3 se abstuvieron. Los dos senadores del partido, Abel Matutes y Francisco Cacharro, manifestaron su apoyo en la votación celebrada ese mismo día en la Cámara Alta (Diario de Sesiones del Senado, núm. 68).
«Y se hace pasando por alto, generalmente, el origen de la legalidad, quién la ha hecho, quién la ha aprobado, con qué objetivos, en qué contexto histórico y con qué condicionantes».
El “origen de la legalidad” reside y residía entonces en la nación española, que el 15 de junio de 1977 había elegido libremente a sus representantes políticos en las Cortes Constituyentes y que, posteriormente, el 6 de diciembre de 1978, refrendó con el 87,78% de votos afirmativos (15.706.078) el Proyecto de Constitución aprobado por estas, con una elevada participación del 67,11% (17.873.301); el respaldo obtenido en Cataluña rebasó la media española: 90,46% (2.701.870 sufragios), con una participación que fue también más alta, del 67,91%. Los “objetivos” no eran otros que dejar atrás el franquismo y construir un sistema democrático. Y el “contexto histórico” lo conoce él perfectamente: transitar hacia el régimen actual, donde ha podido defender sus ideas políticas sin cortapisas y con total libertad (y vivir muy bien de ello), a pesar de que su partido, ERC, fue responsable de la tortura y el asesinato de miles de civiles en Cataluña durante la Guerra Civil.

En octubre de 2011, hizo el siguiente
balance de la reunión que en 2004
había mantenido con la cúpula de
ETA en Francia: «Valió la pena»
El que fuera vicepresidente de la Generalidad en el primer tripartito continúa con su manida artimaña de contraponer legalidad a voluntad popular, cuando en las democracias aquella emana siempre de esta:
«Las leyes, en democracia, siempre son el resultado de la correlación de fuerzas establecida por los ciudadanos en las urnas. La democracia es, en buena parte, una cuestión de demografía, demografía de las ideas, si se quiere, pero demografía al fin. En este caso, pues, es obvio que la opinión del pueblo catalán nunca podrá ser tenida en cuenta y respetada, en España, porque siempre seremos minoría demográfica. Y en caso de que consigamos alguna victoria parcial, como el último estatuto, para lo cual tienen su tribunal constitucional pensado para filtrar la voluntad popular, siempre que les plazca».
“La opinión del pueblo catalán”, por lo demás diversa y —afortunadamente— nunca única, recibe la misma consideración que la del resto de españoles cada vez que somos convocados a unas elecciones, sean municipales, autonómicas, generales o europeas; así como también en los referendos. Y resulta lógico que las minorías no puedan imponer su voluntad a la mayoría. En ninguna nación sucede lo contrario, de hecho. Un burdo intento de confundir el suyo, luego del cual Carod-Rovira enarbola otro clásico del separatismo: la invocación de la sentencia del Estatuto como casus belli y eterno motivo para la falsa victimización. Los artículos modificados, y los total o parcialmente derogados por el Tribunal Constitucional, lo fueron porque colisionaban con nuestra Carta Magna. El principio de la jerarquía normativa impide que las normas contravengan a aquellas de mayor rango. Teniendo el Estatuto de Cataluña, de 2006, carácter de Ley Orgánica, no podía vulnerar la Constitución, de donde emanan todas las leyes, las instituciones y los poderes del Estado. Los políticos nacionalistas no cumplieron su deber de elaborar un texto estatutario conforme a esta.

Como al parecer no tenía pendiente reunirse con ningún jerarca etarra, siguió escribiendo:
«No tener en cuenta el origen de la legalidad vigente en un territorio, en cada momento, es hacer trampa. Durante el franquismo, el derecho de asociación era inexistente porque iba contra la legalidad y afiliarse a un partido político o a un sindicato era ilegal, el derecho de reunión también lo era, como la libertad de expresión, de manifestación o el derecho de huelga, justamente porque iban en contra de la legalidad vigente. Era tras el amparo de esta legalidad antidemocrática donde se refugiaban los capitostes de la dictadura. Ahora que hay derechos básicos individuales reconocidos, pero no colectivos, el pueblo catalán se ve impedido para avanzar en su proceso de emancipación nacional porque este es ilegal, según la constitución española. Y quizá sea necesario que recordemos el origen del actual sistema institucional español: una monarquía nombrada a dedo por el dictador y una constitución que fue hecha en inferioridad de condiciones por parte de los partidos de tradición democrática, bajo la mirada atenta de los militares, “padres de la constitución”, también, en algunos artículos fundamentales. Fingir que todo esto no existe es esconder la cabeza bajo el ala».
Por cuarta vez en su pieza periodística escribe el término Constitución con la c en minúscula, lo cual podría ser intencionado: siendo el autor licenciado en Filología Catalana por la Universidad de Barcelona, y habiendo desempeñado el puesto de Técnico superior de planificación lingüística de la Generalidad entre 1981 y 1988, sin duda conocerá los preceptos ortográficos del catalán, lengua original del artículo, que señalan su incorrección. La psicología infantil ha estudiado cómo en sus dibujos los niños tienden a representar mediante figuras más pequeñas (y alejadas del centro del papel) a las personas que detestan. Curiosamente, no resulta infrecuente encontrar en foros de Internet a separatistas que, en su afán despreciativo, incluso llegan a poner, literalmente, «espanya».
«Desde el punto de vista legal, pues, estamos en un callejón sin salida, porque, además, el tribunal constitucional ha frenado, frena y frenará cualquier aspiración colectiva que, a su juicio, no encaje en el marco constitucional. Un tribunal, recordémoslo, profundamente político y con miembros designados por los mismos partidos que usan la constitución como amenaza y como freno. Hay momentos en que la democracia y la legalidad no van por el mismo camino. Hay momentos en que legalidad y justicia tienen muy poco que ver».
¿Y quién decide qué leyes son justas y cuáles, injustas? ¿Cada uno escoge las que más le gusten y las que no, simplemente, se las salta? Las normas pueden cambiarse, pero nunca transgredirse. Independientemente de la palabrería con que adorne sus intenciones, desde el momento en que alguien se cree legitimado para violentar el orden constitucional estamos ante un vulgar golpista.
«Hay que ser conscientes, pues, de que se acerca el momento en que el pueblo catalán tendrá que actuar de acuerdo con sus intereses y aspiraciones, diga lo que diga la legalidad española. Y que el camino que decidimos recorrer sólo podrá ser hecho contra la legalidad actual, una legalidad que sustituiremos por una propia, catalana y democrática. La legitimidad de esta nueva legalidad catalana se levantará frente a la legalidad española hija de la transición. Cuando es todo un pueblo el que va contra la legalidad es que ya ha llegado el momento en que, precisamente, se puede decir en voz alta que es la legalidad la que va contra todo un pueblo».
Recurre impúdicamente Carod-Rovira a suplantar la voz de Cataluña, ocultando a los lectores la polarización, la profunda división de opiniones existente en la sociedad sobre este asunto de la secesión.

La bajísima factura intelectual de sus razonamientos esgrimidos de ningún modo justificaría que se le tildase de golpista barato, por cuanto la maquinaria propagandística y de agitación de la que forma parte el medio que publica su torticero artículo nos cuesta a todos los contribuyentes un dineral: Nació Digital, un Egin en versión catalanista que incluso aventaja en la cantidad y en el tono de las aberraciones al extinto periódico batasuno, recibió durante el segundo semestre de 2014 del departamento de la Presidencia de la Generalidad 132.325,71 euros (22.017.146 pesetas) en subvenciones (Resolución PRE/725/2015, de 13 d'abril; DOGC núm. 6858, 24/04/2015).

Una cifra en la que, obviamente, no están incluidas las cantidades cobradas además por la inserción de publicidad institucional del Gobierno autonómico.

9 de julio de 2012

Paisaje antes de la batalla

Regreso tras varios meses de ausencia. Esta larga pausa me ha regalado el suficiente distanciamiento como para reflexionar qué hacer con el blog, para plantearme si realmente merece la pena continuarlo. Y he llegado a la conclusión de que, si bien resulta siempre loable combatir cualquier clase de totalitarismo que esté, además, basado en mentiras y falsificaciones históricas, me he equivocado de dirección hasta ahora. La mayoría de quienes realizamos humildes esfuerzos a diario mediante blogs como éste, o a través de las redes sociales, nos estamos equivocando. Incluso algunas asociaciones que con encomiable heroicidad defienden las libertades y derechos lingüísticos en Cataluña jugándose literalmente la vida, yerran también su estrategia. ¿Por qué?

Porque tendemos a considerar el nacionalismo como un problema específico y aislado. Como si de la lucha contra el Alzheimer o contra el bacilo de Koch se tratase. Pero no es así. De los desmanes y desafíos antidemocráticos que con creciente virulencia perpetran los separatistas son culpables quienes se los consienten: el Partido Popular, el Partido Socialista Obrero Español y el rey Juan Carlos I.

A ellos deberíamos todos exigirles responsabilidades.

De nuestro monarca mejor olvidarnos, más preocupado como está en cazar animales por parajes africanos mientras aquí en Cataluña disparan contra nuestras libertades. Nadie diría que sobre él pesa el mandato constitucional de velar por nosotros y por la democracia.


Noticia de la agencia Europa Press del 4 de julio de 2012
Aunque el papel de los dos grandes partidos nacionales no viene siendo menos indigno. La grave situación en que nos hallamos es el producto de su constante retroceso ante las embestidas secesionistas a lo largo de tres décadas, por una mezcla de cobardía y de conveniencia política a partes iguales. Porque formaciones como CiU o el PNV, parlamentariamente sobrerrepresentadas debido a nuestro injusto sistema electoral, son y han sido siempre prostitutas complacientes de las cuales se conocía su tarifa: más transferencias, más poder, más dinero. Es el chantaje nacionalista, en el que tanto el PSOE como el PP han sucumbido cada vez que necesitaron apoyos transitorios para gobernar.

La moneda de cambio con que han pagado esos caros servicios la sabemos.

Nunca antes el PP y el PSOE se habían parecido tanto. El uno es la imagen especular del otro. Son ya la misma cosa, dos pesadísimas maquinarias engrasadas para conquistar el poder a cualquier precio, que han ido desprendiéndose del lastre de sus principios ideológicos. Y actúan en la práctica como grandes empresas o corporaciones, mediante criterios exclusivamente de rentabilidad. De rentabilidad política, en este caso.

Sólo así se comprende que un candidato de cualquiera de los dos partidos pueda lanzar un determinado mensaje al electorado en un sitio, prometer justamente lo contrario en otro, y terminar no cumpliendo ninguno de ambos compromisos tras ganar. Los ciudadanos como rehenes de una partitocracia podrida por completo.

Durante los ocho años de su mandato, José Luis Rodríguez Zapatero se lo dio todo a los nacionalistas. Desde un Estatuto de Autonomía absolutamente aberrante y lesivo para la soberanía nacional, hasta prebendas que ni ellos mismos habían soñado tener jamás. Por no mencionar la permisividad cómplice con sus atropellos sistemáticos (sanciones lingüísticas, exclusión del español en la educación, imposiciones a los castellanohablantes, propagandismo del odio, fomento de la desafección a España, desacato de las sentencias judiciales, etc.). Pero lo cierto es que su sustituto en el cargo no lleva distinto camino.

Pese a no necesitarle para nada, ya que cuenta con diez escaños por encima de la mayoría absoluta, al presidente Rajoy le ha faltado tiempo para correr a pactar con Artur Mas. El mismo Artur Mas que ha anunciado abiertamente su intención de romper en breve nuestra nación y la legalidad secesionando la región catalana. Ese personaje caciquil que envalentonadamente nos golpeaba con otra nueva chulería hace escasos días, al anunciar su férrea determinación de seguir desobedeciendo las numerosas sentencias del Tribunal Supremo que declaran inconstitucional la “inmersión lingüística” y le instan a introducir el español también como lengua vehicular de la enseñanza. Y lo ha cometido con total impunidad. Sin que la Fiscalía General del Estado haya actuado contra él, ni por decirlo ni por hacerlo. ¿Imaginaría alguien a un condenado proclamando que va a saltarse la orden de alejamiento recién impuesta por un juez? No transcurrirían ni veinte segundos antes de que muy merecidamente diera con sus huesos en prisión. Pero al jefe de la Generalidad no le pasa nada, porque nada le hacen.

Y así, paso a paso, vamos caminando hacia un desastre cierto. La historia, tozuda, nos recuerda cómo aquellos políticos que nos han conducido a cada catástrofe han sido luego los primeros en quitarse de en medio en cuanto la situación estallaba. Dejándonos aquí solos a los españoles, para que diésemos rienda suelta a nuestro ancestral cainismo. La próxima vez no será diferente.