13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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5 de marzo de 2014

Vengan de donde vengan

¿Quién a estas alturas no conoce a Santiago Espot, quién? El autor de los chillidos más furibundos proferidos en un plató, para un contertulio que osó cuestionar la mitificada figura del ex presidente Companys. Casi tres años y medio después, el explosivo fragmento de aquel debate televisivo («Calli! Calliiii!») sigue atrayendo con fuerza a los degustadores de extravagancias en Internet.

Si viviésemos en la época de fray Tomás de Torquemada, ejercería de entusiasta alguacil inquisitorial. Si en la Francia revolucionaria, sería el mismísimo Robespierre. Por su fanatismo y cerrilidad, Santiago Espot encarna como nadie la clase de individuos que dan nombre a este blog. Ante la nutrida audiencia del programa del Canal Català donde participaba, se jactó de haber cursado —tan solo en el año 2009 y a través de su organización, Catalunya Acció— la friolera de 3.000 denuncias lingüísticas contra comerciantes y empresarios. Sin importarle los estragos económicos que en sus víctimas estaba causando ya esta terrible crisis.

Por mis peores pecados —de esos que son rojos «como la grana», según se describe en Isaías 1:18—, jornadas atrás me impuse a mí mismo la penitente lectura de un nuevo artículo suyo, el titulado: Ganarse el voto (Guanyar-se el vot).


Artículo, publicado el 09-02-2014
Y deshonesto sería no admitir que me gustó. O negar las grandes dosis de razón que contenía.

Independientemente de la calaña del personaje y de sus obras —deplorables hasta donde conozco—, lo cierto es que ese en concreto, era un buen artículo. He procedido a traducirlo del catalán. Es una lástima no encontrar reflexiones así más a menudo, vengan de donde vengan:
«Hace unos días estaba en Basilea por motivos laborales y tuve ocasión de hablar de política con un compañero suizo de profesión. Además de constatar que estaba bien informado sobre el clima independentista que vivimos en Cataluña, también sirvió la conversación para hacerme ver, una vez más, que todavía estamos en pañales en cuestiones democráticas.
»Digo esto porque una de las primeras cosas que me contó respecto a su país es que allí, el voto, cuesta mucho de ganar para cualquier candidato. Su afirmación provenía del hecho de que los ciudadanos tenían el firme y verídico convencimiento de que eran los propietarios del país, y los políticos sus trabajadores. Quizás a algunos catalanes puede parecerles un planteamiento simplista y un poco arrogante. Lo normal después de vivir tantas décadas bajo regímenes totalitarios o pseudodemocráticos tutelados por borbones degenerados, corruptos y necios. Aquí, por los gobernantes, o bien tenemos una especie de reverencia provinciana o bien hay quien mira como puede aprovecharlos en beneficio propio. En ningún momento los consideramos como nuestros servidores y garantes de unas libertades. Fijémonos si no en lo poco habitual que es entre nosotros dirigirnos solos a un político en plena calle y pedirle explicaciones sobre aquello que nos preocupa o estamos en desacuerdo. Generalmente lo hacemos en el marco de una manifestación o concentración con decenas, cientos o miles de conciudadanos. Claro, entonces se convierte en un problema de orden público y la policía impide cualquier discusión porque significamos una amenaza, según ellos.
»Si en Suiza cuesta ganarse el voto es porque el ciudadano sabe que su papeleta tiene la capacidad de regenerar o cambiar las cosas. Se lo garantiza y lo promociona el mismo sistema de democracia directa y participativa del que se han dotado. Por esta razón el político debe ganarse la confianza del ciudadano cada día y en todo momento. Nadie puede camuflar su mediocridad e inoperancia detrás de unas listas cerradas o las estructuras monolíticas de partido.
»En Cataluña, excepto el líder, prácticamente nadie más debe dar explicaciones de nada. Todo es opacidad y que las cosas pasen cuanto más desapercibidas mejor. Así, por ejemplo, los ciudadanos de una capital de primer orden como es Barcelona no conocen, más allá del alcalde, quién conforma el gobierno municipal. Son llamados a las urnas para elegir una papeleta con una relación de personas de las cuales no saben ni en qué barrio viven. La distancia entre elector y elegido es tan grande que anula cualquier posibilidad de que el ciudadano se sienta auténticamente representado.
»De todo ello no podemos echarle la culpa a España. A pesar de los escasos y mejorables mecanismos de representación política que tenemos, lo cierto es que ni se ha querido elaborar una ley electoral propia que supere la deplorable actual que tenemos ni se ha querido acabar tampoco con los tics caciquiles que a menudo caracterizan muchas de las actitudes de parte de los partidos actuales. Aquí el voto, salvo a los cabezas de lista (y ni a ellos en algunos casos), sale gratis. El único esfuerzo que debe hacer el elegido es de puertas adentro del partido. Situarse bien, conspirar contra los rivales internos y ser buen chico con quien confecciona la lista son los únicos méritos necesarios para ser elegido. La perversidad y la nula excelencia del sistema han hecho que se haya promocionado a auténticas calamidades. Así nos va...».

13 de diciembre de 2013

Al final del camino

Continuamente oigo hablar de la «deriva independentista de CiU». La expresión, repetida hasta el hastío en prensa, radio y televisión, habita el omnipresente discurso de articulistas y comentaristas de sesuda apariencia. Y con perplejidad y pesar compruebo que no han entendido nada. Pero nada de nada. Que, a estas alturas, siguen sin enterarse de qué va el asunto: Convergència no puede haber “derivado” hacia el independentismo por la sencilla razón de que es una formación separatista desde su misma fundación. ¿Deriva independentista de CiU?, nuestra nación sí que va a la deriva; y hacia un seguro hundimiento.

En la transición del franquismo a esta mal llamada democracia (o paso de una dictadura a otra) hubo dos clases de partidarios de la secesión de Cataluña: los que querían proclamarla inmediatamente... y Jordi Pujol. El ex banquero de los tics nerviosos metido a político comprendió que precipitar las cosas hubiera acabado, con toda seguridad, en un monumental fracaso. Al tiempo que hubiera cerrado la puerta a cualquier intento futuro. No quedaba entonces otra opción que edificar pacientemente los pilares de una nueva nación sin que se notase demasiado. A base de sutil adoctrinamiento de la población durante generaciones y de ir rebañando cuotas de poder, en forma de transferencias autonómicas, a los sucesivos gobiernos. Es decir, la zapa silenciosa del Estado. El corredor de fondo en contraposición con quienes pretendían lanzarse a un sprint.

Artur Mas, en visita oficial a la India, haciendo el indio
Ahora asistimos al desenlace. Estamos en el tramo final de su proyecto, y no ante una lógica e incluso disculpable sublevación motivada por la “incomprensión” de Madrid, como ―en línea con el tradicional cinismo nacionalista, que hasta de sus propias canalladas culpa a los demás― se intenta que creamos.

Hace solo unas horas que Artur Mas ha alumbrado la tan esperada pregunta de su ilegal referéndum. Y ha sido un parto múltiple, además, pues dos serán las interrogaciones que planteará, una dentro de la otra, formando una combinación tan enrevesada y mamarrachenta como su progenitor. Pero a mí la pregunta que de verdad me ha interesado siempre es por qué España se encuentra en esta situación. Y esa ya la respondió de manera admirable Antonio Robles en un artículo titulado precisamente así: ¿Cómo hemos llegado a esto? Con acierto, el profesor señala como culpables a todos aquellos dirigentes que, con su cómplice inacción, llevan más de tres décadas permitiendo las fechorías del régimen nacionalista: desde las corruptelas económicas de sus líderes, hasta inconstitucionalidades como la erradicación del español de la enseñanza o las multas lingüísticas.

Resultaría casi imposible encontrar un solo lugar en el mundo que careciera de un equivalente de Mas, de Junqueras, o de cualquiera de los políticos que con ellos dos se reunieron ayer en el Palacio de la Generalidad para delinquir quebrantando el orden constitucional. La diferencia estriba en que los otros países mantienen recluidos en la marginalidad a ese tipo de sujetos, y de ningún modo se les consiente 30 años de constante desafío al Estado. Pero aquí, todos los presidentes del Gobierno de España, sin excepción, han cometido los tres mismos errores:
1.ºCreer en la existencia de un nacionalismo moderado con el cual se podía pactar (no existe el nacionalismo moderado, se trata de un espejismo; lo que sí hay es una facción del movimiento secesionista que, hipócrita y hábilmente, ha venido disimulando sus intenciones).
2.ºPensar que al nacionalismo se le aplaca mediante concesiones de dinero y poder.
3.ºLa convicción ―por un exceso de confianza en las capacidades personales propias, quizás― de que, llegado el momento, podrían dominar al monstruo que estaban alimentando.
Por eso ellos pasarán a la historia como los máximos responsables del terrible desastre que se nos avecina.

21 de diciembre de 2012

Año Mariano

Se cumple hoy el primer aniversario de la toma de posesión de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, y la verdad es que en estos doce meses de mandato del PP la situación en España ha dado un vuelco espectacular.


Mariano Rajoy haciendo la rana en el mitin celebrado en la plaza
de toros de Valencia el 13 de noviembre de 2011, una semana
antes de su victoria electoral
Espectacular:
-El paro y la destrucción de empleo crecían con José Luis Rodríguez Zapatero y crecen con Mariano Rajoy, el cual sigue sin acometer, entre otras cosas, una imprescindible reestructuración de la Administración del Estado que la aligere de su insostenible exceso de políticos, cargos públicos y burocracia.
-España estaba al borde del rescate económico de la Unión Europea con ZP, y continúa a punto de ser rescatada ahora que gobierna Rajoy. De hecho, ya éste solicitó fondos europeos hace pocos meses para sanear nuestro sistema financiero.
-Tanto aquel que negó la crisis como su sucesor en el cargo han inyectado dinero público ―de nuestros impuestos― a la banca.
-El presidente de los «brotes verdes» subió los impuestos, y quien vino detrás los ha subido más aún.
-Pese a la grave situación económica del país y los recortes en áreas tan básicas como sanidad y educación, se sigue tirando dinero para traducción simultánea en el Senado.
-Burlando los informes policiales y la sentencia en contra del Tribunal Supremo, Rodríguez Zapatero legalizó a Batasuna y la sentó en las instituciones del Estado. Y ahí continúa con Rajoy.
-El anterior inquilino del Palacio de la Moncloa despreció y traicionó vergonzosamente a las víctimas del terrorismo, y el actual está obrando de la misma manera.
-El 7 de marzo de 2008, en el transcurso de una entrevista en la Cadena Ser, el presidente Zapatero se declaró partidario de las multas lingüísticas en Cataluña. Y Mariano Rajoy no evita ni se opone a que sigan imponiéndose.
-La Generalidad de Cataluña desacataba antes las numerosas sentencias del Tribunal Supremo (seis, hasta el momento) que ilegalizan la inmersión lingüística y las desacata ahora. Con total impunidad y jactándose públicamente, además, de perpetrarlo.
-Los niños de la región catalana no podían ser escolarizados en español con el Ejecutivo socialista, ni pueden serlo con el de los Populares. Ni uno ni otro han obligado a cumplir la legalidad.
-Artur Mas cobraba el doble que el presidente Zapatero, y el presidente Rajoy cobra la mitad que Artur Mas.
-El español, lengua oficial, sigue totalmente excluido de la vida pública por las Administraciones catalanas, que se comunican con los ciudadanos (señalizaciones de tráfico, indicadores viarios, paneles informativos, cartelería en los servicios y transportes públicos, correos, impresos...) sólo en catalán. Y ni el presidente compostelano está haciendo nada para impedirlo, ni el vallisoletano que se fingía leonés lo hizo tampoco. La complicidad, que no permisividad, de ambos con los secesionistas en su desafío permanente al orden constitucional y la conculcación sistemática de los derechos fundamentales podría calificarse de total.
-Con el PP, igual que con el PSOE, quienes de verdad mandan en España son los separatistas.
-Tanto con José Luis Rodríguez Zapatero como con Mariano Rajoy Brey, la cara maquinaria propagandística separatista ha ido incrementando peligrosamente su fomento del odio y la desafección a España entre la población. El enfrentamiento entre españoles es mayor cada día y todos parecemos abocados a un inminente desastre.
Entonces, ¿qué ha cambiado? ¿Qué es lo que ha cambiado?