13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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16 de enero de 2016

Presidente por accidente

Anda la secta cabreada porque al “desconocido” elegido por el dedazo de Artur Mas —que no por el pueblo— para sustituirle al frente de la Generalidad como resultado de su rendición ante el chantaje de la CUP, pronto han empezado a desenterrarle su pasado. Y eso de mostrar la tramoya de cartón piedra de la nacioncita de pitiminí en ciernes, donde todo se nos ha venido presentando como pacífico, democrático, sonriente y dulzón, es cosa que les descompone sobremanera.

La presidenta del Parlamento regional, Carme Forcadell, inviste presidente a Puigdemont mediante una fórmula
de juramento del cargo ilegal y mamarrachenta, en un
salón del Palacio de la Generalidad donde previamente
se había tapado el retrato del Rey con un velo negro
De Carles Puigdemont —así se llama— estamos enterándonos de alarmantes aspectos; como que durante años ha estado vendiéndose en su currículum como filólogo cuando en realidad jamás obtuvo esa titulación universitaria, según explica Carles Enric López desde Crónica Global en su artículo: «Puigdemont, ¿un licenciado o un bachiller?» (15-01-2016).

Pero la peor irritación, aquello que con mayor cólera ha lanzado a cuantos ideólogos y periodistas orgánicos cobran del Régimen a arroparle entre histéricos bramidos, en los medios subvencionados (¡hipersubvencionados!) y a través de las redes sociales, está siendo la recuperación y circulación de declaraciones suyas, reveladoras de una mentalidad tan fanática como radical. En especial, una frase proferida dos años antes de su investidura, el 16 de marzo de 2013:
«Los invasores serán expulsados de Cataluña».
Cínicamente alegan en su defensa que no hacía sino recitar un texto ajeno, del escritor Carles Rahola, referidos a la participación militar extranjera en el bando franquista. Pero es que el ahora presidente de la Generalidad no soltó eso precisamente en un simposio sobre la Guerra Civil; ni rodeado de historiadores, dentro de una didáctica tertulia sobre nuestra más reciente contienda. Puigdemont pronunció estas palabras en un marco y un contexto bien distintos. Así que el endeble argumento no cuela.

Un lector habitual de Dolça Catalunya que firma sus comentarios bajo el nombre F:Llopis, ha elaborado un formidable análisis del asunto en dicho blog:
«Esta es, textualmente, la frase de Carles Rahola que, citada por el nuevo President de la Generalitat [sic], tanta polémica ha despertado.
»“Els alemanys, junt amb els italians, es dediquen avui a la destrucció metòdica, científica i sistemàtica de Catalunya i les altres terres germanes. I avui, com ahir, la nostra esperança d’alliberament és ferma i fervorosa. Els invasors seran foragitats de Catalunya, com ho foren de la pacífica Bèlgica, i la nostra terra tornarà a ésser, sota la República, en la pau i el treball, senyora de la seva llibertat i els seus destins”. [‘Los alemanes, junto con los italianos, se dedican hoy a la destrucción metódica, científica y sistemática de Cataluña y las otras tierras hermanas. Y hoy, como ayer, nuestra esperanza de liberación es firme y fervorosa. Los invasores serán expulsados de Cataluña, como lo fueron de la pacífica Bélgica, y nuestra tierra volverá a ser, bajo la República, en la paz y el trabajo, señora de su libertad y sus destinos’]. — Carles Rahola, “L’Heroisme”, L’Autonomista, 6 d’agost de 1938.
»En referencia a la misma, cabría hacer varias consideraciones:
»-Es significativo que Rahola (tío abuelo de Pilar Rahola) hablara de que Catalunya [sic] estaba siendo ‘invadida’ por los alemanes y los italianos, sin hacer la más mínima mención a los soviéticos o a los brigadistas internacionales (¿ó [sic] es que estos últimos eran catalanes de ‘socarrel’, de pura cepa?).
»-Es significativo que Rahola hable de los bombardeos sobre Girona [sic] como si de una guerra internacional se tratase. Son los alemanes y los italianos los que están invadiendo nuestra tierra, y no se trata de una guerra civil —por bien que ambos bandos buscasen sus respectivos apoyos en el exterior— que divide a hermanos contra hermanos, a compatriotas contra compatriotas. Y es que, si Rahola no hubiese falseado la realidad en sus artículos, hubiese necesariamente tenido que reconocer que los bombardeos de los que se quejaba formaban parte de un conflicto en el que los españoles luchaban contra los españoles y los catalanes contra los catalanes. Esto es lo que Carles Rahola y demás fanáticos nacionalistas (los de antes y los de ahora) jamás querrán reconocer. Rahola jamás podía admitir que muchos catalanes, muchos gerundenses, varios miembros incluso de su propia familia. dieran soporte al bando de los ‘malos’, al de los ‘invasores’. Para Rahola Cataluña era unívoca. No podía existir una Cataluña distinta a la suya. Sólo quien como él pensaba era un auténtico catalán. El resto eran ‘invasores’. O, peor aún, ni siquiera existían.
»-Obviamente, cuando Carles Puigdemont sacó a relucir esta frase en un acto de la ANC en 2013 no lo hizo pensando en los alemanes ni en los italianos de 1938. Ni en ningún otro peligro inminente de invasión extranjera de Cataluña. ¿Quiénes son, pues, los ‘invasores’ actuales a los que Puigdemont implícitamente se refería y a los que habría que expulsar de nuestra tierra? Está clarísimo: Los [sic] catalanes (y resto de españoles) que no pensamos como él. Los que no somos independentistas. Por desgracia, el tiempo pasa, pero ciertas ideas (desde Carles Rahola a Carles Puigdemont) permanecen inalterables. Y aún son más graves en el caso del segundo pues, en el caso del primero, por lo menos podríamos esgrimir como excusa que, efectivamente, su ciudad estaba siendo bombardeada (toda mi familia sufrió dichos bombardeos, pues residía en Girona, y podría dar muchos detalles en torno a los mismos, así como en torno al ‘terror rojo’ en la ciudad, del cual nadie ahora quiere acordarse)».
Efectivamente el sucesor de Mas en el cargo y por aquel entonces alcalde de Gerona por CiU, estaba discursando, el 16 de marzo de 2013, en la segunda convención de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Organización que un año después redactó y aprobó en Tarragona una “hoja de ruta” de carácter golpista encaminada a la proclamación unilateral de la secesión, que, junto con otras acciones insurreccionales, había «de concretarse en elementos como el control, por parte de las autoridades [autonómicas, se entiende], de las grandes infraestructuras y fronteras —puertos, aeropuertos,...—, la seguridad pública, las comunicaciones, etc.»; y cuya máxima dirigente, Carme Forcadell, delimitó públicamente con diáfana claridad en un mitin quiénes eran catalanes y quiénes de ningún modo merecían ostentar tal condición:
«Nuestro adversario es el Estado español, hemos de tenerlo muy claro; y los partidos españoles que hay en Cataluña, como Ciudadanos y el Partido Popular, que no debería llamarse Partido Popular “de” Cataluña, sino Partido Popular “en” Cataluña. Por lo tanto, estos son nuestros adversarios. El resto, somos el pueblo catalán. Y el resto somos quienes conseguiremos la independencia».

13 de febrero de 2014

Histerismo en el oasis

Anteayer, martes, unos sesenta empresarios alemanes radicados en Cataluña emitieron un manifiesto donde alertan sobre las graves consecuencias económicas de una posible secesión (Declaración de Barcelona). Los firmantes se han constituido en la plataforma ¿Cataluña sin Europa? ¡No!, y entre ellos se encuentran directivos de renombradas multinacionales, como BASF y la siderúrgica ThyssenKrupp. Cataluña cuenta con más del 45% de las empresas de Alemania con sede en España.

Las respuestas ante tan mayúscula “afrenta” no se hicieron esperar. Esa tarde Isabel Vallet, diputada autonómica de la Candidatura d'Unitat Popular (CUP), partido que podríamos definir como catasuno, usó las instalaciones del Parlamento regional para rebatir de forma sesuda y razonada ante la prensa tales advertencias:
«Nos la trae floja lo que digan los alemanes».
Aunque han sido los chicos de ERC, socios de gobierno de Artur Mas en la actualidad, quienes han protagonizado las reacciones más comentadas. El diputado Joan Tardà, que aquella misma mañana se había hartado de invocar los conceptos «democracia», «pueblo» y «votación» en el programa Los desayunos de TVE, lanzaba un injuriante mensaje desde su cuenta en Twitter:
«Penoso que directivos de empresas alemanas, enriquecidas gracias al nazismo y cómplices de millones de asesinatos, critiquen al nacionalismo catalán».

BASF, que posee una importante planta petroquímica
en Tarragona, se ha desvinculado del manifiesto y del
debate político en Cataluña comunicando hace apenas
unas horas que su directivo actuó a titulo personal
Su compañero de formación política Josep Huguet no le ha ido a la zaga. Por algo apodado como el Lenin del Bages (su comarca de origen), de él se recuerdan sus briosos intentos de prohibir la venta de figuritas de flamenca e imaginería taurina en las tiendas barcelonesas de souvenirs cuando fue Consejero de Comercio, Turismo y Consumo de la Generalidad —para erradicar de los turistas «la impresión de que están en España», argumentaba el fulano—. Ahora, no ha dudado en comparar a esa sesentena de directivos con la temible Legión Cóndor, enviada por Hitler en la Guerra Civil y responsable del bombardeo aéreo de diversas poblaciones españolas.

La moraleja es clara: los separatistas respetan la libertad de expresión... mientras se opine igual que ellos.

Estas reacciones, del todo histéricas e impropias de quienes luego se hacen las víctimas cuando alguien halla semejanzas entre sus métodos y los del ominoso Tercer Reich, no concuerdan con la sensación de seguridad y triunfo que el movimiento secesionista está constantemente esforzándose en transmitir. Ni parecen tampoco la más inteligente manera para recomponer el tejido industrial de la maltrecha economía catalana (con 820.400 desempleados, el 22,26% de la población activa). Sobre lo de recabar la complicidad de otros países y sumar adhesiones a su causa dentro de esa estrategia que, en lenguaje netamente etarra, llaman internacionalización del conflicto ya mejor ni hablar.

Y es que muy espabilados nunca han sido, la verdad.

29 de septiembre de 2010

Los señoritos de la guerra

Durante los años difíciles, un buen hombre a quien conocí muy bien alquiló unas tierras para cultivarlas. En ello estaba cuando el apero de labranza tropezó con algo. Le imprimió más fuerza y, del impulso, afloró el cadáver de un soldado que se hallaba semienterrado. Tras la sorpresa por tan horrendo descubrimiento, tiró de él para apartarlo a un lado y continuó la labor mientras pensaba qué destino darle. Unos metros más allá, el instrumento volvió a atascarse. Era otro combatiente muerto. Repitió la penosa operación y no pasó mucho tiempo hasta que apareció un tercero. Luego, el cuarto. Otros después. Al finalizar, los cuerpos apilados sumaban una veintena. Aquella finca, convertida hoy en un polígono industrial a seis kilómetros de Toledo, había sido escenario de una de las más terribles batallas de la Guerra Civil.

Ese suceso y otros mucho peores que se contaban sobre nuestra contienda, han recobrado vida en mi memoria a raíz de los acontecimientos de estos días. En una entrevista a medida que la prensa del régimen nacionalista le ha dedicado al consejero de la Generalidad, Josep Huguet (apodado por su grey como el Lenin del Bages), este republicano escupe su particular fórmula para la obtención de su ansiada independencia:
«Sin tanques, necesitamos ser persistentes».
«Sin tanques», dice. Sin tanques. No sé ni cómo se atreve siquiera a frivolizar con algo así. Cualquiera pensaría que casi que lamenta no tener un ejército a su disposición para conseguir el asunto por la vía rápida, aplastando calaveras. ¿Le gustaría que volviéramos a matarnos entre nosotros, como en el 36? ¿A qué viene entonces hablar de tanques? Por ahora desconocemos si en caso de conflicto armado Huguet se encaramaría a un blindado para derramar hasta la última gota de sangre por su amada Cataluña, o si, por el contrario, seguiría los pasos de su correligionario de ERC, Lluís Companys. Aquel mesiánico y agitador presidente de la Generalidad que con sus discursos incendiarios envió a muchos catalanes a la muerte, pero que luego cargó a la querida en el coche oficial bajo el amparo de la noche y huyó a esconderse en Francia, abandonando a los suyos frente al avance de las tropas franquistas comandadas por el general Yagüe.

En la manifestación del pasado 10 de julio en Barcelona, junto a consignas proterroristas a favor de la banda Terra Lliure, se coreó otra que también pone los pelos de punta:
«¡Guerra, guerra, guerra; guerra por la tierra!», invocaba un amplísimo sector.
¿Llamamientos a matar y morir por un palmo de suelo? Imagino que quienes más alto chillaban tal cafrería debían de ser esos mismos que a la hora de la verdad se asustan hasta de una polilla, los que para quemar una bandera, un símbolo monárquico o encadenarse en la puerta de la COPE, se encapuchan u ocultan tras una careta porque no se atreven si no. O sea, quienes nunca se han distinguido precisamente como valerosos y aguerridos.

Estamos en 2010 y resulta muy triste descubrir que desoímos totalmente las enseñanzas de la Historia, de nuestro pasado común. Seguimos cometiendo los mismos errores y no aprendemos que, en las guerras, casi nunca mueren quienes las provocaron.