13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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23 de septiembre de 2011

¿Periodismo de pacotilla?

Si Pepe Gotera y Otilio colgasen sus bártulos y herramientas para dedicarse al periodismo, sin duda trabajarían en la ACN. Y Pinocho, probablemente también.

Fundada en 1999, la ACN (Agència Catalana de Notícies) surgió como un intento del nacionalismo imperante por crear una especie de Agencia EFE, pero en versión catalanista. Una década más tarde, a principios de 2010, esta empresa pública de información difundió un vídeo promocional para anunciar que había abierto nuevas delegaciones en el extranjero y presentar a sus cinco corresponsales. Lo que aparece en él es del todo sorprendente.

Después de visionarlo, alguien podría caer en la tentación de considerar que este vídeo ilustra a la perfección dos de los rasgos característicos de los nacionalistas: que no le dicen una verdad ni a su médico, y cuánto nos toman por idiotas a los demás. Pero nosotros no compartimos esa opinión ni vamos a pensar mal; no, no, de ninguna manera. Optaremos por creer, simplemente, que es que se orientaron mal con el GPS durante la grabación.

27 de junio de 2011

Nazi.org

Imagen de la página inicial del sitio Nazi.org, capturada hace apenas unos instantes. A la izquierda, en el lateral, puede observarse qué banner o enlace aparece en segunda posición: uno del Partido Nacionalista Vasco.

Desconozco cuánto tiempo lleva ahí. De lo que sí doy fe es de que en el año 2005 ya estaba. Y nadie podría decir que las ideas del fundador del PNV, Sabino Arana, no habrían sintonizado con la corriente política patrocinadora de esa web.

A lo largo de sus 38 años de vida (que comenzó el 26 de enero de 1865), Sabino Policarpo Arana Goiri, procedente del carlismo, divulgó su doctrina a través de casi medio centenar de obras literarias y más de seiscientos artículos: un maniqueísmo de vascos (bizkainos) virtuosos y étnicamente superiores, esclavizados desde antiguo por todos los demás españoles (para quienes recuperó y popularizó el despectivo calificativo montañés de maketos, y a los cuales definía como «la raza más vil y despreciable de Europa»).

La siguiente es una selecta muestra de su pensamiento, que discurre entre la xenofobia, el racismo, la misoginia y el retraso mental:
«La fisionomía del bizkaino es inteligente y noble; la del español inexpresiva y adusta.
»El bizkaino es de andar apuesto y varonil; el español, o no sabe andar (ejemplo, los quintos) o si es apuesto es tipo femenil (ejemplo, el torero).
»El bizkaino es nervudo y ágil; el español es flojo y torpe.
»El bizkaino es inteligente y hábil para toda clase de trabajos; el español, es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos. Preguntádselo a cualquier contratista de obras, y sabréis que un bizkaino hace en igual tiempo tanto como tres maketos juntos».
(«¿Qué somos?». Arana Goiri, Sabino. Obras Completas.
Editorial: Sabindiar-Batza. Buenos Aires, 1965).

«El bizkaino es laborioso (ved labradas sus montañas hasta la cumbre); el español, perezoso y vago (contemplad sus inmensas llanuras desprovistas en absoluto de vegetación). […] El bizkaino degenera en carácter si roza con el extraño; el español necesita de cuando en cuando una invasión extranjera que le civilice. […] Ved un baile bizkaino presidido por las autoridades eclesiásticas y civiles y sentiréis regocijarse el ánimo al son del “txistu”, la alboka o la dulzaina y al ver unidos en admirable consorcio el más sencillo candor y la loca más alegría; presenciad un baile español y si no os causa náuseas el liviano, asqueroso y cínico abrazo de los dos sexos queda acreditada la robustez de vuestro estómago, pero decidnos luego si os ha divertido el espectáculo o más bien os ha producido hastío y tristeza. […] El aseo del bizkaino es proverbial (recordad que, cuando en la última guerra andaban hasta por Nabarra, ninguna semana les faltaba la muda interior completa que sus madres hermanas les llevaban recorriendo a pie la distancia); el español apenas se lava una vez en su vida y se muda una vez al año».
(ibíd.).

«La familia bizkaina atiende más a la alimentación que al vestido, que aunque limpio siempre es modesto; id a España y veréis familias cuyas hijas no comen en casa más que cebolla, pimientos y tomate crudo, pero que en la calle visten sombrero, si bien su ropa interior es “peor menealla”. […] Oídle hablar a un bizkaino, y escuchareis la más eufónica, moral y culta de las lenguas; oídle a un español, y si sólo le oís rebuznar, podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes ni blasfemias».
(ibíd.).

«Antiliberal y antiespañol es lo que todo bizkaino debe ser».
(Revista Bizkaitarra, nº 1).

«Si a esta nación latina la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas, como agobia y aflige al ánimo del náufrago el no divisar en el horizonte ni costa ni embarcación, el que España prosperara y se engrandeciera».
(Bizkaitarra, nº 5).

«Etnográficamente hay diferencia entre ser español y ser euskeriano, la raza euskeriana es sustancialmente distinta a la raza española».
(Bizkaitarra, nº 11).

«Nosotros odiamos a España con toda nuestra alma, mientras tenga oprimida a nuestra Patria con las cadenas de la esclavitud».
(Bizkaitarra, nº 16).

«Les aterra el oír que a los maestros maketos se les debe despachar de los pueblos a pedradas. ¡Ah, la gente amiga de la paz...! Es la más digna del odio de los patriotas».
(Bizkaitarra, nº 21).

«En odio al español como invasor andamos muy cortos los bizkainos patriotas de hoy, comparados con aquéllos de otros siglos que en su idioma llamaban extranjeros a los españoles y los recibían a flechazos y a tiros».
(Bizkaitarra, nº 22).

«Gran número de ellos parece testimonio irrecusable de la teoría de Darwin, pues más que hombres semejan simios poco menos bestias que el gorila: no busquéis en sus rostros la expresión de la inteligencia humana ni de virtud alguna; su mirada sólo revela idiotismo y brutalidad».
(Bizkaitarra, nº 27).

«¡Ya lo sabéis, euzkeldunes, para amar el Euzkera tenéis que odiar a España!».
(Bizkaitarra, nº 31).

«Vuestros usos y costumbres eran dignos de la nobleza, virtud y virilidad de nuestro pueblo; y vosotros, degenerados y corrompidos por la influencia española, o los habéis adulterado por completo, o los habéis reemplazado por los usos y costumbres de un pueblo a la vez afeminado y embrutecido».
(Reglamento de la Euskeldun Batzokija, centro político que fundó en julio de 1894
bajo la apariencia de sociedad cultural. Capítulo 4, punto 81).

«Al señalar al destructor de nuestras libertades y nuestras cosas, al dominador de nuestra raza, al opresor de nuestra Patria, no podemos fijarnos en una región determinada, con exclusión de las demás, sino en el conjunto de todas ellas que se llama pueblo español, estado español, nación española, en ese todo que se llama España. No es precisamente Castilla, ni Andalucía, ni Galicia, ni Cataluña, ni ninguna otra región española, la que nos ha sometido; sino el poder de la nación que, unidas todas ellas, constituyen y a la cual en lenguaje vulgar llamamos Maketania».
(Reglamento de la sociedad Euskeldun Batzokija. Capítulo 5, punto 121).

«Tanto nosotros podemos esperar más de cerca nuestro triunfo, cuanto España se encuentre más postrada y arruinada».
(Reglamento de la sociedad Euskeldun Batzokija. Capítulo 5, punto 129).

«No el hablar éste o el otro idioma, sino la diferencia del lenguaje es el gran medio de preservarnos del contagio de los españoles y evitar el cruzamiento de las dos razas. Si nuestros invasores aprendieran el Euskera, tendríamos que abandonar éste, archivando cuidadosamente su gramática y su diccionario, y dedicarnos a hablar el ruso, el noruego o cualquier otro idioma desconocido para ellos, mientras estuviésemos sujetos a su dominio».
(Reglamento de la sociedad Euskeldun Batzokija. Capítulo 7, punto 186).

«El roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón, apartamiento total, en una palabra, del fin de toda humana sociedad. Y muerto y descompuesto así el carácter moral de nuestro pueblo, ¿qué le importa ya de sus caracteres físicos y políticos?».
(Periódico Baserritarra, nº 11).

«Esos defectos de esta infeliz mitad del género humano son ingénitos en ella e inseparables de su sexo: si la mujer, con lo vana que es, amara, el mundo sería una orgía continua y de sus locuras estaría saturada la vida social; y si es vana e inferior al hombre, es decir, si no tiene tanto seso y corazón como éste, es porque, de suceder lo contrario, la lucha entre el hombre y la mujer sería terrible desde el hogar doméstico hasta las esferas más elevadas del gobierno de los pueblos. La mujer, pues, es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades de la naturaleza humana: por eso fue ella la que primeramente cayó. Pero por eso de ser precisamente inferior al hombre en cabeza y corazón, por eso el hombre debe amarla: ¿qué sería de la mujer si el hombre no la amara? Bestia de carga, e instrumento de su bestial pasión; nada más».
(Carta a un amigo, datada el 13 de noviembre de 1897).

«Nosotros, los vascos, evitemos el mortal contagio, mantengamos firme la fe de nuestros antepasados y la seria religiosidad que nos distingue, y purifiquemos nuestras costumbres, antes tan sanas y ejemplares, hoy tan infestadas y a punto de corromperse por la influencia de los venidos de fuera».
(Semanario La Patria, nº 39).
En la ciudad de Barcelona, una transitada calle de la zona alta de la Diagonal honra a Sabino Arana llevando su nombre. A doña Emilia Aldomà Sans, asesinada el 10 de septiembre de 1987 por la organización terrorista separatista Terra Lliure a la edad de 62 años, no le han dedicado ninguna.

12 de junio de 2011

Las cárceles de la ignorancia

Ayer, escogí convertirme en hombre-masa orteguiano y diluirme entre la muchedumbre que dedica las tardes del sábado a realizar la compra semanal en el supermercado. Como primero siempre hago, encaminé los pasos hacia la sección de pescadería, por ver si la habitaba alguna lubina de buen tamaño que mereciera acomodo en mi cesta. Me confieso admirador culinario de esa exquisita especie. Su nombre deriva de aquél en latín con que la bautizara el naturalista romano Plinio el Viejo, después de observar las similitudes entre su comportamiento depredador y el del lobo.

Mientras los mayores compraban, tres niños se entretenían en jugar con unos bogavantes aún vivos que aguardaban su fatal destino sobre hielo picado. La escena me pareció bastante cómica. La más pequeña del grupo debía de tener siete u ocho años. Me miró, y de sus labios nacieron una sonrisa y una frase ininteligible.

—¿Cómo dices? —le pedí.

Repitió lo dicho, pero nada, yo seguía sin entenderla. Me incliné todavía más para intentar oírla mejor. Y ella correspondió amablemente a mis esfuerzos con un tercer y definitivo intento:

—¿Qué risas?

Mi hilaridad inicial se tornó en lástima y desazón: a la muchacha la estaban educando únicamente en catalán y lo que intentaba preguntarme, sin atinar, es: ¿de qué te ríes?

Ésa es la sociedad que está creciendo en Cataluña, con unas generaciones que hablan el español como los apaches de las películas del oeste. Y todo en aras del delirio identitario y cateto, de la colectivización de la gran memez nacionalista. Generaciones que, casi con toda probabilidad, quedarán condenadas al cautiverio, a no poder salir de este triangulito geográfico, que es la región catalana, para buscarse la vida laboralmente o ir a hacer lo que les venga en gana allá donde prefieran. Imposibilitadas hasta para mantener una simple conversación telefónica con cualquier otra parte de España en reclamación de ese pedido que no llega, o buscando corregir el típico guarismo mal transcrito en el albarán de la única empresa en la que van a poder encontrar trabajo: en una empresa de Cataluña.

Al final van a tener razón quienes sostienen que las barras de la bandera catalana son, en realidad, barrotes.

26 de noviembre de 2010

¡Que vuelven los del 3%!

Algunas personas con no pocas dosis de candidez creen que si esta vez Convergència i Unió consigue formar gobierno tras las elecciones autonómicas, la situación de las libertades en Cataluña mejorará. Craso error. Sus formas son algo menos zafias que las del tripartito, eso es cierto. Pero sigue siendo una candidatura nacionalista. Y, dejemos de engañarnos, no existe el nacionalismo moderado. El nacionalismo responde a una única mentalidad y persigue un solo fin: la secesión. Indiferentemente de bajo qué siglas se presente y de cuánto se haya propuesto exprimir al resto de España antes de la ruptura.

Lo que nos trae CiU es todavía más liberticidio y persecución lingüística servidos en vistoso estuche por un vendedor de aspiradoras a domicilio que se llama Artur. Por uno con corbata de seda y sonrisa falsa. Más falsa que las cuentas del Palau y de Banca Catalana juntas. Casi tanto como la estructura del túnel de El Carmelo.

Totalitarismos como erradicar el español de las escuelas (la célebre inmersió; Ley 7/1983, de 18 de abril, de normalización lingüística en Cataluña), exigir cuotas de emisión en catalán para la concesión de frecuencias de radio y televisión, y las multas por no rotular en la lengua de Lluís Prenafeta (Ley 1/1998, de 7 de enero, de Política Lingüística) los instauró el pujolismo. Que también tejió el vasto entramado de medios periodísticos domesticados mediante generoso subvencioneo, el célebre “pesebre”. Lo que han hecho los gobiernos posteriores de los dos tripartitos es continuar la aplicación de esas leyes y directrices. Con enorme celo, desde luego.

Además, esta CiU no es ni mucho menos la misma que la de antes. Aquélla jugaba a la ambigüedad, a amagar y no dar, al sí pero no, al quizás aunque tal vez... Eso pasó a la historia. Actualmente, la formación se ha definido ya como abiertamente separatista. Cuelga banderas secesionistas (estelades) en sus sedes, y las ondea en sus mítines y en el spot de su campaña. Oriol Pujol, el hijo del Molt Honorable expresident —el biológico, se entiende; pues el hijo ideológico es y será siempre don Artur—, chilló a favor de la independencia en la manifestación del 10 de julio («yo, personalmente, la quiero», anunciaba la criatura ante los micrófonos de Catalunya Ràdio). Esa misma independencia por la que Mas viene diciendo en los últimos meses que votaría afirmativamente en un referéndum. Y fue la Convergència de ambos la que presionó a la Entidad Metropolitana del Transporte para que multase a quienes festejaron nuestro triunfo en el Mundial de Sudáfrica colgando muy irritantes banderitas españolas en sus taxis.

En el debate televisado el domingo 21 por TV3, Artur Mas hizo el mejor resumen posible de su doctrina e intenciones en tan sólo una frase que dirigió a dos de sus oponentes (y que es como para salir corriendo a pedir asilo político en alguna dictadura africana):
«Miren si este país es tolerante que ustedes vienen a la televisión nacional de Cataluña y hablan en castellano, y no pasa nada».
Qué gran corazón el suyo. Cuán indulgente. Ésa es la auténtica faz de nuestra realidad aquí en la región, que quienes no somos nacionalistas y encima nos expresamos en tan antipático idioma, somos simplemente “tolerados”. Y durante el periodo electoral nada más, que nadie se ilusione. Mientras nos piden el voto.

29 de septiembre de 2010

Los señoritos de la guerra

Durante los años difíciles, un buen hombre a quien conocí muy bien alquiló unas tierras para cultivarlas. En ello estaba cuando el apero de labranza tropezó con algo. Le imprimió más fuerza y, del impulso, afloró el cadáver de un soldado que se hallaba semienterrado. Tras la sorpresa por tan horrendo descubrimiento, tiró de él para apartarlo a un lado y continuó la labor mientras pensaba qué destino darle. Unos metros más allá, el instrumento volvió a atascarse. Era otro combatiente muerto. Repitió la penosa operación y no pasó mucho tiempo hasta que apareció un tercero. Luego, el cuarto. Otros después. Al finalizar, los cuerpos apilados sumaban una veintena. Aquella finca, convertida hoy en un polígono industrial a seis kilómetros de Toledo, había sido escenario de una de las más terribles batallas de la Guerra Civil.

Ese suceso y otros mucho peores que se contaban sobre nuestra contienda, han recobrado vida en mi memoria a raíz de los acontecimientos de estos días. En una entrevista a medida que la prensa del régimen nacionalista le ha dedicado al consejero de la Generalidad, Josep Huguet (apodado por su grey como el Lenin del Bages), este republicano escupe su particular fórmula para la obtención de su ansiada independencia:
«Sin tanques, necesitamos ser persistentes».
«Sin tanques», dice. Sin tanques. No sé ni cómo se atreve siquiera a frivolizar con algo así. Cualquiera pensaría que casi que lamenta no tener un ejército a su disposición para conseguir el asunto por la vía rápida, aplastando calaveras. ¿Le gustaría que volviéramos a matarnos entre nosotros, como en el 36? ¿A qué viene entonces hablar de tanques? Por ahora desconocemos si en caso de conflicto armado Huguet se encaramaría a un blindado para derramar hasta la última gota de sangre por su amada Cataluña, o si, por el contrario, seguiría los pasos de su correligionario de ERC, Lluís Companys. Aquel mesiánico y agitador presidente de la Generalidad que con sus discursos incendiarios envió a muchos catalanes a la muerte, pero que luego cargó a la querida en el coche oficial bajo el amparo de la noche y huyó a esconderse en Francia, abandonando a los suyos frente al avance de las tropas franquistas comandadas por el general Yagüe.

En la manifestación del pasado 10 de julio en Barcelona, junto a consignas proterroristas a favor de la banda Terra Lliure, se coreó otra que también pone los pelos de punta:
«¡Guerra, guerra, guerra; guerra por la tierra!», invocaba un amplísimo sector.
¿Llamamientos a matar y morir por un palmo de suelo? Imagino que quienes más alto chillaban tal cafrería debían de ser esos mismos que a la hora de la verdad se asustan hasta de una polilla, los que para quemar una bandera, un símbolo monárquico o encadenarse en la puerta de la COPE, se encapuchan u ocultan tras una careta porque no se atreven si no. O sea, quienes nunca se han distinguido precisamente como valerosos y aguerridos.

Estamos en 2010 y resulta muy triste descubrir que desoímos totalmente las enseñanzas de la Historia, de nuestro pasado común. Seguimos cometiendo los mismos errores y no aprendemos que, en las guerras, casi nunca mueren quienes las provocaron.

1 de agosto de 2010

Visita inesperada y yo, sin botijo que ofrecerle

Anoche, al consultar las estadísticas de la jornada, me sorprendió el registro de una afluencia infrecuentemente alta de visitantes españoles al blog. ¿Qué ha pasado, a qué se debe? Seguí revisando y resultó que había entrado una cincuentena de probables gañancitos monoceja procedente del foro de RacoCatala.cat; sí, sí, ése donde algunos se carcajean y celebran los asesinatos de la ETA, la fabricación a bombazos de huérfanos y viudas. Alguien ha colgado allí un enlace a esta dirección el 31 de julio y les empujó la curiosidad de comprobar qué se decía de ellos, sobre sus comentarios y desbordada alegría de aquel día del atentado terrorista ahora hace un año.

¡Pues nada, sed bienvenidos al sitio! Dejad la estelada y la falç en el recibidor, y disponeos a contemplar vuestra obra: se llama Cataluña, una región que, de ser la más rica de España, tras treinta años de nazionalismo cerril ha pasado a ser la cuarta —después de Madrid, Vascongadas y Navarra—, y bajando.

No sabéis bien, catasunos míos, el regalo que me hacéis colocando enlaces hacia aquí: cuantos más pongáis, posiciones más altas escalará este blog en Google y en los demás buscadores, de mejor calificación gozará en Alexa, y más personas normales vendrán a conocerlo. De esta manera es como funciona Internet. Os animo a continuar enlazándolo. Yo, a cambio, como favor con favor se paga, prometo seguir mostrándoos el espejo que refleja vuestro aldeanismo mísero y cobardón, vuestros lloriqueos perpetuos por no conseguir una independencia que ni os merecéis ni jamás tuvisteis, y manteneros así entretenidos sin que salgáis a amenazar y agredir al projimo que no opine como vosotros.

Acomodaos, por tanto, y sentíos como en vuestra casa, pues en ella estáis. Y no olvidéis apartaros de la cara el pelo de dehesa para no perder detalle de nada cuanto aparezca en la pantalla. Empecemos por ver los muertos de quienes tanto os reíais:

16 de julio de 2010

La ‘manguifestación’

Acostumbrados como están a inventarse naciones, imperios mediterráneos y héroes que huyen, no les debe de costar demasiado a los separatistas inventarse un millón y medio de adeptos en una marcha donde los análisis aseguran que acudió —en realidad— veinte veces menos gente. Además de que el lema de la convocatoria no era a favor de la independencia, sino para defender el Estatuto. Pero les da igual, ellos adelante con la mentira numérica, ufanándose como aquél del “¡mira, mira, mira qué larga la tengo!”, utilizándola estos días como arma política en los parlamentos —el catalán y el nacional—, y también para augurar una pronta e inevitable secesión de España en fechas próximas.

En cualquier democracia lo que cuenta son los resultados salidos de las urnas (cuantificables), y no las exhibiciones callejeras de masas, que es a lo que recurrió Benito Mussolini durante dos días consecutivos para arrebatar el poder en Italia. Además, aunque nos emborrachásemos con vino de Montilla y diésemos por buena la exageración del millón y medio de asistentes, ¿qué importancia tendría frente a los casi siete millones y medio de habitantes de Cataluña, o comparado con los 2.828.332 que en esta región votaron a favor de la Constitución?

Los embusteros no han dado una sola prueba objetiva en la cual apoyar su disparatado cálculo sobre la protesta, que discurrió por una vía (Paseo de Gracia) con sólo ocho travesías. «Es que los manifestantes iban muy juntos y en un m² caben hasta 8 personas», he leído comentar a alguien en los medios. ¡Hombre!, pues, si fue así, preparémonos para recibir una auténtica explosión demográfica dentro de nueve meses, porque con tanto roce...

La cifra definitiva que ha proporcionado la empresa Lynce, especializada en la medición de concentraciones humanas mediante recuento informático de fotografías aéreas, es de 62.000 personas. Con una estimación de error al alza del 20%, que podría elevar la asistencia hasta un máximo de 74.400. Pero no más. Estos datos, así como las imágenes del recorrido y su metodología de contabilización, pueden consultarse en su página www.lynce.es/es/manifadetalle.php?cod=44. Allí encontramos también argumentos que tiran por tierra la falacia, como los siguientes:
«Entendemos el sentimiento de frustración de quienes, obsesionados con el millón “prometido”, no admiten ningún aumento que sólo sea de unas pocas “decenas de miles”. Pero la realidad es una cuestión observable y nosotros mostramos nuestros datos y explicamos el procedimiento por el que llegamos a ellos.
»Nos gustaría que otros “fabricantes” de cifras también pudieran explicar pormenorizadamente sus propios procedimientos».
Pues, ni pío han dicho hasta el momento esos mangantes que fabrican cifras, no. Nada han explicado. Sigamos:
«Lo decimos porque el problema no es esta manifestación de Barcelona, ni cualquier otra de Madrid, Valencia, Bilbao o Zaragoza. El problema reside en quienes propalan la idea de que el millón es fácilmente alcanzable en cuanto vemos que la multitud que podamos tener ante nosotros es realmente MASIVA.
»Créannos, porque es pura física: una foto con un millón de personas en ella es un diamante en bruto. Y mucho me temo (aunque esto es sólo una opinión y no un dato) que ninguno de nosotros ha visto nunca ese diamante en todo lo que llevamos de democracia. Y antes (en la Plaza de Oriente) aún menos.
»Para los aficionados a las cifras millonarias, hemos hecho un pequeño cálculo: la Diagonal es una de las principales avenidas de la ciudad de Barcelona y corta en dos el distrito central del Eixample. Tiene una longitud de unos 11 km y una anchura de 50 metros.
»Pues bien, ni siquiera con una densidad media de 1,7 personas / metro cuadrado (cifra altísima para una multitud en movimiento) podríamos concentrar en todo ese espacio a un MILLÓN de personas».
En fin, lo de siempre cuando hablamos de nacionalismo: muchos fuegos de artificio con pólvora mojada.

6 de julio de 2010

Premeditada indignación

Si algo caracteriza a los separatistas es el cinismo. Un cinismo proverbial, descarado, sin medida. Están instalados en la mentira, que es el líquido amniótico donde evolucionan hacia formas asombrosas de desvergüenza. Y lo mismo falsean la historia, que tergiversan la actualidad en obsceno ejercicio de lo que han bautizado eufemísticamente como patriotisme català.

En el referéndum celebrado el 18 de junio de 2006, votaron en contra del nuevo Estatuto de Autonomía siguiendo las consignas de la oficina parlamentaria del secesionismo, Esquerra Republicana. Consideraban eso del “estatutet” una engañifa colonialista amasada desde Madrid que de ningún modo les interesaba. Porque a ellos lo que les va es lo hard, lo duro. Quieren directamente una Constitución Catalana subsiguiente a la proclamación de su tan ansiada independencia.

Por ello sorprende la última desfachatez que han protagonizado: el pasado martes 29 de junio, escasas horas después de conocerse que el Tribunal Constitucional les iba a recortar un poquitín su repudiado texto estatutario, varios centenares se echaron a la calle con banderas secesionistas (estelades) para protestar enérgicamente en la Plaza de San Jaime de Barcelona, sede del Palacio de la Generalidad y del Ayuntamiento. Vivir para ver. Y es que acechan cualquier mínima circunstancia que poder aprovechar incendiariamente para la explotación del victimismo, para argüir otra vez:

—¿Veis?, España odia a Cataluña. No respeta nuestro autogobierno ni nuestra voluntad popular. Despertad. No nos dejan otra opción que marcharnos porque no cabemos dentro de su excluyente y fascista concepto de la democracia —ellos, precisamente ellos que votaron en contra.

La cita (en la imagen) tuvo más de Rave Party que de manifestación política, ya que los “indignadísimos” vociferantes escenificaron un multitudinario brindis por la independencia con cava de una entidad autodenominada como Red de Establecimientos con Conciencia Nacional, al nada barato precio de 5 euros cada vaso. Es decir, se aprovechó para hacer caja. Pues no debemos olvidar que, en el fondo, todo esto del nacionalismo no es más que un monumental negocio urdido por cuatro espabilados —y algún robahuevos— y sustentado sobre una masa de tontos útiles.

7 de junio de 2010

A vueltas con los toros

Los políticos nacionalistas llevan décadas intentando prohibir en Cataluña las corridas. Y ahora se encuentran más cerca que nunca de conseguirlo.
1º) Estoy totalmente en contra de la fiesta de los toros. Considero que espectacularizar el sufrimiento de un ser vivo es inmoral, gozar con el dolor ajeno y, encima, cobrar entradas para presenciarlo nos degenera, nos devuelve como sociedad a la barbarie.
2º) A quienes defienden la tauromaquia alegando que es una tradición, les recordaría cómo la historia está llena de tradiciones inhumanas que han sido, afortunadamente, abolidas gracias al progreso. La esclavitud, la lapidación de las adúlteras, los galeotes, echar cristianos a los leones, las peleas de gladiadores, la crucifixión, la explotación infantil en minas y fábricas, quemar a los esquizofrénicos en la hoguera, el vasallaje, pedir permiso al rey para mantener un coito (de donde proviene la célebre voz inglesa fuckFornication Under Consent of the King, que los agraciados debían colgar en las puertas de sus casas durante el desfogue—, el derecho de pernada, o ponerles capirote a los tontos en los pueblos, son hoy sólo un mal recuerdo.
3º) De todas formas, siempre podríamos dar gusto a los defensores del toreo y evitar que se pierda tan “artística” tradición lidiándoles a ellos en el coso.
4º) La verdad es que los políticos de Cataluña no están impulsando esta iniciativa legislativa por piedad, no. Y la prueba la encontramos en que dentro de su articulado blindan los correbous (toros embolados), también atroces con el animal, pues consisten en prenderle las astas y hacerle correr entre los festejantes aterrorizado por las llamas, tradición que —ésta sí— consideran autóctona. El verdadero motivo de su cruzada cabe buscarlo en el profundo rechazo que los catalanistas sienten hacia todo lo que consideran símbolo de españolidad. La misma razón por la cual:
- Derriban repetidamente las vallas publicitarias del toro de Osborne instaladas en Cataluña. Cuando dan con ellas en el suelo, los autores las patean e insultan entre histéricas risotadas, según ellos mismos relatan luego en Internet.
- Gobernantes de la Generalidad (el más recalcitrante, el consejero de ERC Josep Huguet, conocido como el Lenin del Bages) han realizado varias tentativas de prohibición de la venta de figuritas de flamencas e imaginería taurina en las tiendas de souvenirs de la Sagrada Familia y Las Ramblas de Barcelona, para que ofrezcan sólo artículos puramente catalanes y —según argumenta— los turistas «no reciban la impresión de que están en España».
En definitiva: hipocresía, hipocresía e hipocresía. Hipocresía separatista de la de siempre. Que nadie se lleve a engaño.

30 de abril de 2010

¿Nazismo actual?

Causa horror, tristeza e indignación a partes iguales. Esto es lo que hemos creado entre todos por un concepto mal entendido de la democracia y una chapucera transición desde el régimen anterior:

12 de abril de 2010

Nace otro reducto de oposición

Hoy, 12 de abril de 2010, pretendo con éste crear un espacio de libertad, tribuna necesaria desde donde denunciar los abusos y persecuciones que vienen perpetrándose aquí, en Cataluña, con el electoralmente interesado beneplácito de los poderes de la nación: el gobierno del PSOE y el principal partido opositor, el PP.

Habitualmente, cuando converso con personas de otras zonas de España, constato con pesar el desconocimiento que la mayoría tiene sobre las atrocidades diariamente cometidas en esta región. Ello se debe a que la dictadura nacionalista está realizando muy bien su labor de intoxicación, de proyección de una falsa imagen al exterior que nada tiene que ver con la realidad, convenientemente ocultada o adulterada por los subvencionados medios de comunicación catalanes.

En la medida de mis modestas posibilidades, pretendo contrarrestarlo proporcionando desde dentro del Régimen información puntual y detallada de la situación.

Soy consciente de que me enfrento a una saturación de blogs que ha cansado al internauta, quien termina por no frecuentar ninguno. A menudo me pregunto si tal exceso resulta beneficioso, pues lo contrario de la luz no es la oscuridad, sino el deslumbramiento. Por eso, intentaré elaborar el mío con concisión, de forma siempre amena, a fin de crear amigos que nos visiten asiduamente en lugar de lectores despavoridos huyendo de textos largos y farragosos, de aburridísimas disertaciones íntimas que a nadie interesan y —como diría el gran Julián Marías— hacen florecer los bostezos.

Hechos y opinión, con brevedad.

Bienvenidos todos.