13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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1 de febrero de 2018

Tractoruña

23 de enero del corriente: una usuaria publica en Facebook un vídeo denuncia sobre una de las tantas mamarrachadas de Carles Puigdemont en la capital belga, donde el ex presidente golpista permanece huido desde hace ya tres meses. Apenas cuatro minutos transcurren hasta que un separatista escocido asoma en el muro de esta para despotricar:
«Como chinchan dejar en paz s Cataluña y luchar por lo vuestro que bastante tenéis la spain disney [sic]».
Sin nada mejor que hacer en aquellos momentos, me lanzo a responderle; y con no poca sorna:
«“Ayyyyyy, jooooo. ¡Dejadle en paaaaz!”. Mira, Santi: como todavía no he hecho mi buena acción del día voy a demostrarte que, pese a vuestras falsas acusaciones, los no nacionalistas no somos “catetos” y corregiré gramaticalmente tu deposición para que aprendas a escribir: “Cómo chinchan. Dejad en paz a Cataluña y luchad por lo vuestro, que bastante tenéis la Spain Disney”. Y una vez corregido te diré que eso de identificar “Cataluña” con “separatismo”, de manera que presentáis toda crítica al prófugo de la Justicia Puigdemont, El Dioni de Gerona, como ataques contra Cataluña y contra los catalanes, es un truquito casposo que ya está muy visto y no cuela. No pierdas más tiempo en Facebook y vuelve al cole».
De este modo amaneció la Plaza del Ayuntamiento de San Feliú de Llobregat (Barcelona), el 21 de diciembre de 2017, fecha de
las últimas elecciones autonómicas en Cataluña. Para exigir la liberación de los golpistas encarcelados, a quienes, cínicamente,
el movimiento separatista, así como los medios de comunicación públicos de la Generalidad y los subvencionados por esta,
califican de ‘presos políticos’ y también de ‘represaliados’

Lo cual originó entre él y yo algo parecido a un diálogo, grotesco, que transcribo textualmente a continuación y donde el significado de numerosas palabras de mi interlocutor (a quien por piedad mantendré en el anonimato) a menudo es necesario inferirlo del contexto debido a su catastrófica ortografía:
LA CRIATURITA: «Los catalanes pasamos de la España cobarde llena de parásitos. Mucha banderita pero no defendéis lo vuestro».
MENDA: «¿“Los catalanes”? ¿Quién te ha dado a ti permiso para hablar en nombre de los catalanes? ¿Les representas acaso? Y “cobarde”, cobarde... lo que se dice cobarde... más bien ese del vídeo, que ha salido huyendo a esconderse en Bruselas».
C: «Es muy fácil criticar lo que no se entiende».
M: «Yo entiendo perfectamente la situación de Cataluña porque vivo en Cataluña. Y te la explico enseguida: una panda de garrulos totalitarios se han alzado contra la legalidad. Explicado queda».
C: «Mucho 155 mando y ordeno».
M: «Exactamente, un artículo constitucional plenamente legal, similar al que existe en otras muchas Constituciones del mundo para este tipo de desobediencias. Como por ejemplo, en la Carta Magna de Alemania».
C: «Hay que respetar las ideas con el gobierno que tenemos no vamos bien hay que cambiar».
M: «“Hay que respetar las ideas”. ¡Ah!, ¿sí? ¿Igual que las respetáis vosotros los nacionalistas? [y le enlazo la escalofriante sección de este blog Violencia integrista, que recopila numerosas agresiones y amenazas perpetradas por sus correligionarios]. Hay que respetar las ideas. Y se os respetan. Y no solamente son respetadas vuestras ideas secesionistas sino que hasta pagamos auténticos dinerales a gente como Gabriel Rufián y Joan Tardà para que vayan a Madrid, al Congreso de los Diputados, a exponerlas. Pero que una minoría nos impongáis a una mayoría vuestro ideario supremacista y tractoril es cosa distinta. ¡Vosotros los de la banderita estrellada sois quienes no respetáis las ideas de la mayoría!».
C: «Pues nada a callar y sufrir. Es la España del futuro».
M: «Te fastidias. Vete a Bruselas con Puchi si no te gusta esto».
C: «Pues eso parásitos pero cada vez hay mas y no se pone remedio».
M: «¿Por “parásitos” te refieres por ejemplo al Presidente de la Generalidad, que cobra el doble que el Presidente del Gobierno de España? ¿O a los Consellers quizás, que cobran bastante más que Rajoy?».
C: «Prefiero quedarme en Cataluña y luchar por lo nuestro. Por lo menos hvemos aigop. Hacer si nos sacamos el lastre de encima. Alos del pp. Tu presidente. Y a tu rey».
M: «Mi rey y mi presidente, sí. Como en muchos países donde también hay monarquía (Gran Bretaña, Dinamarca, Suecia, Holanda, Noruega, etc.), y como en todos los países del mundo, donde tienen presidente del Gobierno o del Ejecutivo. ¿Este es siempre tu nivel dialéctico, tu capacidad de debatir? ¿O es que te has tomado algo?».
C: «Pues eso pa ti la perra gorda».
M: «Eres de pena, chaval. Sinceramente, no entiendo en qué os basáis para creeros superiores al resto de los españoles. Jamás lo comprenderé».
C: «Superiores no mas éticos. Y mas guapos. Bueno me boy a trabajar un rato ya abkamos luego».
M: «¡Vaya tela! Sí, chaval: “Bete” (con B) a trabajar, sí. Y ya luego si acaso “Ablamos” (sin H). Este es el nivel que imparte la Generalidad en Cataluña en los colegios e institutos: tíos que no saben ni siquiera escribir para que permanezcan lo más ignorantes posible, y así poder manipularlos con facilidad. Tipos incapaces de razonar y debatir; que se limitan a ir saltando de eslogan en eslogan y de mantra en mantra a medida que se los vas desmintiendo con datos. Masa aborregada por el régimen nacionalista desde su más tierna infancia a través del sistema educativo. Qué lástima de región».
Una hora y media después, tan agudo oponente regresó para hacerse la víctima expresando resignación y paciencia con esta especie de suspiro mal escrito:
«Hay señor».
Impresionante, señores. Pero ¡atención!, atención a lo que viene ahora porque no es asunto menor: a la derecha, en el vídeo, unos reporteros de Antena 3 que andaban por Barcelona captan con su cámara una fulminante conversión al separatismo para el programa Espejo Público: «No la quería [la secesión], pero me han convencido esta noche», detalla esta moza de mirada sagaz. Quien es rotunda al asegurar que España les quita «dinero» a los catalanes:
«Nos están robando lo que es nuestro. […] Un chico me lo ha razonado todo en una hora».
En esta clase de mentalidades han arraigado los dogmas y engañifas; estas son las mentalidades que han fabricado 40 años de régimen nacionalista.

5 de marzo de 2017

Ecos raros en tiempos revueltos

Tras haber adquirido la mayoría de las acciones de la empresa editora, el 1 de julio de 2015 Xavier Salvador asumió la dirección de Crónica Global, el diario surgido de la fusión entre dos cabeceras digitales catalanas que se habían distinguido por su línea editorial contraria al nacionalismo: La Voz de Barcelona y El Debat. Desde su llegada, Salvador —de quien se ha publicado que un mes antes había sido relevado como director de Economía Digital— acometió una profunda renovación, mediante la reestructuración de la plantilla y diversas incorporaciones —incluyendo la de varios miembros de su anterior equipo—, así como una alianza con El Español, el último proyecto periodístico de Pedro J. Ramírez.

La columna que el flamante director firmó el pasado 15 de febrero, con el título «Una salida para Cataluña», ha levantado en Internet sonoras críticas de lectores indignados. Pues resulta ciertamente desafortunada:
«Interesante conversación con Javier Vega de Seoane, presidente del Círculo de Empresarios, de visita por Barcelona para pronunciar una conferencia. El hombre fuerte de la histórica institución empresarial madrileña tiene un mensaje que los catalanes debemos escuchar: al conflicto, al contencioso abierto no se le debe aplicar una solución, sino darle una salida.
»Es una visión que vale la pena escuchar, porque tal y como nos explicó a los periodistas de Crónica Global en su visita a nuestra redacción se ampara en cuatro ejes. Esas cuatro soluciones parten de un común denominador: el PP no ha estado a la altura de las circunstancias hasta la fecha y en Madrid, entendido como concepto global de las Españas, se ha entendido con dificultades algunas reivindicaciones de un nacionalismo catalán que si hubiera seguido la senda de la moderación era comprensible en sus pretensiones».
«Comprensible en sus pretensiones»; «senda de la moderación». ¿Pero cuándo ha sido moderado el nacionalismo? ¿A finales de los años 70, quizás, cuando los militantes de Convergència coreaban: «Avui paciència, demà independència» (‘Hoy paciencia, mañana independencia’)? ¿O cuando Oriol Pujol desplegó la megapancarta «Catalonia is not Spain» en la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1992 que habíamos pagado todos los españoles? ¿Sería tal vez cuando los colaboradores de su padre, Jordi Pujol, plasmaron en el Programa 2000 las pautas para infiltrar el sentimiento catalanista en absolutamente todas las capas de la sociedad? A ver si fue durante el intento de extirpación de la lengua materna compartida por más de la mitad de los catalanes que todavía dura bajo el nombre de Inmersión Lingüística. ¿Era antes moderado el nacionalismo, o más bien le convino fingirlo mientras afianzaba su poder acaparando competencias y completando el adoctrinamiento de las masas?
«Así, Vega de Seoane apuesta por dar respuesta a cuatro cuestiones fundamentales: las infraestructuras (aquí cabe desde el Corredor del Mediterráneo que el empresariado desea con urgencia hasta la falta de inversión en líneas ferroviarias de cercanías, por ejemplo), la lengua y la cultura, la situación de la fiscalidad autonómica en la que se equiparen los conceptos de solidaridad y, finalmente, un nuevo Estatuto de autonomía».
O sea, que da por válidos prácticamente todos los falsos agravios y las reivindicaciones que sirven de coartada al movimiento separatista. Ni un solo dato comparativo respecto de otras Comunidades autónomas para argumentar esa supuesta «falta de inversión» en los trenes de cercanías; sobre lo de la lengua, si alguna hay aquí subyugada es el castellano, ¿propone legalizar su erradicación?; y las causas de la catastrófica situación financiera de la Generalidad más hay que buscarlas en lo mucho que roban y despilfarran los políticos nacionalistas, que en un injusto reparto del erario entre las regiones españolas, que además no es tal (eso de «un nuevo Estatuto» ni siquiera vale la pena comentarlo).

Inauguración del Mobile World Congress 2017, este lunes, en Barcelona. Posan juntos: Carme Forcadell, Carles Puigdemont, el rey
Felipe VI, y Oriol Junqueras, tomando por los hombros a la vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría, quien hace unos meses se
habilitó un despacho en la capital catalana para escenificar la voluntad de diálogo del Gobierno con los golpistas
«El cómo se llega hasta esa solución en los momentos actuales es difícil de vislumbrar a estas alturas de la película y, sobre todo, después del papelón que Artur Mas y los suyos han desarrollado en los últimos tiempos».
El actualmente procesado ex presidente de la Generalidad no ha hecho sino acometer el tramo final del proceso secesionista iniciado por Jordi Pujol en 1980. Y ejecutado con disimulo hasta hace poco, para ir timando a los políticos y periodistas crédulos con el espejismo de la moderación.
«Pero lo que está claro es que esa salida al tema catalán, por llamarlo de alguna forma, no pasa por los antiguos convergentes, sino por los seguidores de Oriol Junqueras, que eran jóvenes y hoy son maduros votantes moderados a la par que independentistas posibilistas y pragmáticos».
Y si no, que se lo pregunten a Joan Tardà, al recientemente dimitido de su cargo de senador Santiago Vidal, a la dos veces querellada por desobediencia y prevaricación Carme Forcadell, o al siempre comedido Gabriel Rufián y a sus acólitos, dechados todos ellos de «pragmatismo» y de «moderación».
«La opinión de un digno representante del mundo empresarial, presidente de la aseguradora DKV, entre otras ocupaciones mercantiles, merece ser tenida en cuenta. Ayer conferenció en Barcelona e intentó convencer a un buen número de catalanes sobre su visión y análisis de la situación».
Si precisamente algo merece la opinión de Vega de Seoane es que nadie la tenga en cuenta, ni pierda su tiempo considerándola. Porque consiste en más de lo mismo, en continuar la política de sumisión al nacionalismo y de cesiones constantes que nos ha llevado hasta aquí; que lo ha sufragado e impulsado en vez de saciarlo y reducirlo.
«El Círculo de Empresarios, antaño uno de los reductos más casposos de la derecha española, hoy tiene ideas propias y una no desdeñable postura sobre el asunto de Cataluña y España».
Esperemos que el columnista y actual intendente del medio no haya sucumbido de forma definitiva a la neolengua separatista, que impone la dicotomía «Cataluña y España» como si de dos entes distintos se tratara. Por otra parte, venir a entonar los mismos plañidos y mantras con que los de la estelada nos achicharran a diario, no coincide demasiado con lo que comúnmente entendemos como tener «ideas propias».
«Quizá esa salida, en vez de solución, merezca la pena ser escuchada».
¿Y de qué sirve entonces si no es ninguna solución? ¿Para prolongar nuestra agonía como nación, aumentando encima la capacidad destructiva de quienes ya han mostrado sobradamente sus intenciones?

Confluye la circunstancia de que esa conferencia de Javier Vega de Seoane a la cual se refiere y que tuvo lugar en el Círculo Ecuestre, estuvo patrocinada por Sociedad Civil Catalana. Cuyo nuevo presidente —desde el 25 de octubre de 2016—, Mariano Gomà, publicó un artículo con propuestas similares que fue objeto de atención en la penúltima crónica del blog (Inocencia Perdida. 09-01-2017).

Y ahora viene Xavier Salvador y escribe eso. Ya en la declaración de intenciones con que comenzó su jefatura en el diario («Crónica, un medio digital sin ataduras». 05-07-2015) proclamó su equidistancia («Sin complejos ante los nacionalismos de uno y otro signo que tanto daño han inflingido [sic] en los últimos siglos»; ¿significa eso que quienes defendemos la unidad de España somos también nacionalistas, pero de signo contrario, como arguyen los que están dando el golpe de Estado?), le cantaba al entendimiento («Aspiramos a ampliar la voz de esa ciudadanía crítica, inconformista e informada que anhela el debate y el diálogo por encima de confrontaciones, victimismos e intransigencias») y trasladaba parte de la culpa a la “inflexibilidad” del Ejecutivo («El proceso soberanista ha disparado la radicalidad de la sociedad. El detonante fue el órdago político que desde el propio Gobierno de la Generalitat se lanzó contra un Estado menos sensible a las reivindicaciones periféricas desde que lo gobierna el Partido Popular sin necesidad de apoyos parlamentarios»). Acusación esta que reiteró un año depués, al ser entrevistado por sus socios de El Español:
«El PP no ha sabido gestionar la cuestión catalana de los últimos años. […] Cataluña no hubiera llegado al grado de crispación de los últimos meses si en Madrid hubiera existido un liderazgo político al frente del Gobierno y de la propia oposición con capacidad para transaccionar y ejercer realmente la política».
«Transaccionar», claro que sí; cualquier cosa, por indigna que sea, antes que aplicar la Ley. Más recientemente, ha sido el presidente del Cercle d'Economia (‘Círculo de Economía’), Antón Costas, quien desde La Vanguardia llamaba públicamente al cambalache y a la claudicación («Divisibilidad del conflicto catalán». 22-02-2017):
«Artur Mas dejó caer que podría haber una alternativa a la independencia, pero que, en todo caso, correspondía al “Estado” el formularla. Y el Gobierno de Madrid parece aprestarse a explorar ese camino. […] Se trataría de transformarlo en un “conflicto divisible”, del tipo de “más o menos”. En este tipo de conflictos todos ceden algo y todos ganan algo. Se hace po­sible la negociación y el acuerdo. […] El inventario de 46 cuestiones que en su momento Carles Puigdemont, como presidente de la Generalitat, presentó al presidente Mariano Rajoy es un buen punto de partida […]. Desde la perspectiva de los intereses y preferencias del conjunto de la sociedad el llamado problema catalán no es, como he dicho, independencia si o no, sino disponer de mayor capacidad de decisión y de más instrumentos para un mejor autogobierno».
Aunque el propio Costas termina reconociendo que apenas sería un apaño temporal, no la solución:
«En todo caso, no se trata de que nadie renuncie a sus ideales o preferencias políticas últimas, sino de posponerlas para explorar la posibilidad de lograr avances en beneficio del bien común».
Se diría que a lo que aspira es a que el tinglado aguante un par de añitos más, para ir haciendo negoci mientras tanto con una Cataluña aún más privilegiada fiscalmente.

Dos son las metas que los nacionalistas tienen, lo he dicho en muchas ocasiones a lo largo de estas páginas y seguiré repitiéndolo, incluso a riesgo de resultar pesado: la secesión de Cataluña y la anexión de otros territorios (la sección Mapa del imperio ofrece un instructivo repaso de sus pulsiones expansionistas declaradas, nada ocultas, desde hace más de un siglo). Y jamás optarán por detenerse; hay que pararles, desarticulándolos. Que nadie se engañe, ni nos engañe.

14 de marzo de 2016

Mintiendo

En un país donde el caprichoso destino ha querido que una ministra de Sanidad se apellidase Mato y que una saga de prósperos banqueros comparta el nombre de familia Botín, surge alguien que hace honor a su apellido: Gabriel Rufián.

El pasado día 4, en la segunda sesión del debate de investidura de Pedro Sánchez, se estrenó en el Congreso de los Diputados con su primer discurso: dio vergüenza ajena. Nadie le había avisado de que ese estilo enfático y parsimonioso que emplea no hace sino subrayar su inanidad. Y su incultura, porque lo cierto es que acuchilló el idioma a placer:
«Uséase» (minuto 2:24 del vídeo).
«Una gente que nos nega ser». (min. 3:47).
«Espero que sea tan benóvelo como con el señor Rajoy» (min. 8:31; en un rifirrafe con el presidente de la Cámara Baja, Patxi López, por haber sobrepasado su tiempo).
Teniendo en cuenta que a un Parlamento se va a parlamentar, a hablar, enviarle a él (número 1 en la lista electoral de ERC por Barcelona), a su compañero de partido Joan Tardà (Ramón de España le llama sarcásticamente «el hombre jabalí»), y al diputado de Democràcia i Llibertat Francesc Homs, con las dramáticas deficiencias expresivas que arrastra («La posición oficial que hay por parte de la Unión Europea es que mientras no se plantee, por parte de un Estado miembro, qué se hace en una circunstancia como esta en el caso que se produjera... produciera, perdón... pues no se va a emitir opinión. Esta es la posición oficial de la Unión Europea. Con lo cual, ya se verá. ¡Tántas cosas se han resuelto! Fíjense un dato: si fuera por los Tratados, España no habría sido rescatada, porque se ha incumplierto todo»; 6 de febrero de 2014, en la La Mañana de COPE), no deja de constituir una falta de respeto a la nacion. Probablemente intencionada. Aunque lo peor es que Rufián encima se dedica en Twitter a afearles pedantemente sus errores ortográficos a otros usuarios de la red social: en concreto, a uno que había colocado mal una tilde en una palabra.

Pero es que además los apenas nueve minutos de duración de su bochornosa intervención rebosan embustes:
«Podríamos seguir hablando de una gente que tiene a mi compañero Santi Vidal impugnado, inhabilitado, por ser independentista».
Gabriel Rufián posa junto a Eduardo Reyes,
presidente de la asociación separatista de
castellanohablantes Súmate y diputado
autonómico de Juntos por el Sí
Dejando de lado este nuevo vapuleo a la gramática ―ya que el verbo impugnar no significa lo que él pretende, está mal escogido―, su señoría se refiere a Santiago Vidal i Marsal, Magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona, a quien en febrero de 2015, el Consejo General del Poder Judicial sancionó con una suspensión de empleo durante tres años y la pérdida de su plaza. Pero no «por ser independentista» como dice, sino debido a su participación en la redacción del esbozo de una futura Constitución catalana y a que apoyó el referéndum de autodeterminación del 9-N (infracción de «ignorancia inexcusable en el cumplimiento de los deberes judiciales», contemplada como muy grave en el artículo 417.14 de la Ley Orgánica del Poder Judicial).

Vidal, que ahora ocupa el cargo de senador de Esquerra Republicana de Catalunya, es también el “inventor” de aquella falsa sentencia del Tribunal de La Haya sobre la secesión de Kosovo (momento recogido en este vídeo de un acto de la ANC de 2013), ampliamente difundida y la cual todavía hoy muchos separatistas intentan colar como auténtica en las discusiones.

Y quizás porque el flamante diputado con maneras de macarrita pomposo no se había quedado a gusto, siguió tergiversando:
«Que digan que el problema del sistema educativo es que los niños estudian catalán en Cataluña, aparte de mentirosos son unos miserables».
Lo que él hace sí que es miserable. Pues sabe perfectamente que la triste realidad —perpetrada con la complicidad de los sucesivos Gobiernos de España— consiste en que en Cataluña sólo se puede estudiar en catalán; que a los niños se les niega el derecho constitucional a recibir educación en español.

A continuación arremetió contra los de Ciudadanos, quienes, según él, «salen pitando del Parlament [sic] de Cataluña para no condenar el franquismo». Por fortuna para la formación de Albert Rivera, una nota de prensa colgada en su sitio web desde hace dos años y medio informa de que en esa fecha, la del 27 de septiembre de 2013, votaron a favor de la propuesta de CiU y ERC para condenar los regímenes totalitarios:
«El Parlament condena solemnemente toda declaración o actividad que comporte algún tipo de trivialización, alusión comparativa injuriosa, exculpación o negación del nazismo, el franquismo y el resto de regímenes fascistas y/o totalitarios» (https://www.ciudadanos-cs.org/prensa...arlament/6255/).
Y cuando creíamos que ya no se podía caer más bajo, nuestro protagonista se empeñó en demostrarnos cuán equivocados estábamos, calumniando desde la tribuna a los presentes en el hemiciclo:
«Yo soy nieto e hijo de andaluces llegados hace 55 años desde Jaén y desde Granada a Cataluña. Soy lo que ustedes llaman charnego y soy independentista. He aquí su derrota y he aquí nuestra victoria».
Xarnego (‘charnego’) es un término acuñado en Cataluña, recogido por el lingüista barcelonés Joan Coromines i Vigneaux (1905-1997) en el Diccionari Etimològic i Complementari de la Llengua Catalana (‘Diccionario Etimológico y Complementario de la Lengua Catalana’) y que no se utiliza en el resto de España. Estas son las dos acepciones que ofrece el Diccionario de la lengua catalana del Instituto de Estudios Catalanes (Institut d'Estudis Catalans, 2ª edición):
«1 m. y f. [LC] Hijo de una persona catalana y de una no catalana, especialmente francesa, dicho despectivamente.
»2 m. y f. [LC] Immigrante castellanoparlante residente en Cataluña, dicho despectivamente».
El Gran Diccionari de la llengua catalana, publicado por el grupo de empresas Enciclopèdia Catalana, que es tradicionalmente conocido por su sesgo nacionalista, contiene una definición aún más racista:
«Persona de lengua castellana residente en Cataluña y no adaptada lingüísticamente a su nuevo país».
Deplorable. La asignación de un escaño a Gabriel Rufián rubrica la implantación en las altas instituciones del Estado del chulopiscinismo y de la mendacidad.

13 de febrero de 2014

Histerismo en el oasis

Anteayer, martes, unos sesenta empresarios alemanes radicados en Cataluña emitieron un manifiesto donde alertan sobre las graves consecuencias económicas de una posible secesión (Declaración de Barcelona). Los firmantes se han constituido en la plataforma ¿Cataluña sin Europa? ¡No!, y entre ellos se encuentran directivos de renombradas multinacionales, como BASF y la siderúrgica ThyssenKrupp. Cataluña cuenta con más del 45% de las empresas de Alemania con sede en España.

Las respuestas ante tan mayúscula “afrenta” no se hicieron esperar. Esa tarde Isabel Vallet, diputada autonómica de la Candidatura d'Unitat Popular (CUP), partido que podríamos definir como catasuno, usó las instalaciones del Parlamento regional para rebatir de forma sesuda y razonada ante la prensa tales advertencias:
«Nos la trae floja lo que digan los alemanes».
Aunque han sido los chicos de ERC, socios de gobierno de Artur Mas en la actualidad, quienes han protagonizado las reacciones más comentadas. El diputado Joan Tardà, que aquella misma mañana se había hartado de invocar los conceptos «democracia», «pueblo» y «votación» en el programa Los desayunos de TVE, lanzaba un injuriante mensaje desde su cuenta en Twitter:
«Penoso que directivos de empresas alemanas, enriquecidas gracias al nazismo y cómplices de millones de asesinatos, critiquen al nacionalismo catalán».

BASF, que posee una importante planta petroquímica
en Tarragona, se ha desvinculado del manifiesto y del
debate político en Cataluña comunicando hace apenas
unas horas que su directivo actuó a titulo personal
Su compañero de formación política Josep Huguet no le ha ido a la zaga. Por algo apodado como el Lenin del Bages (su comarca de origen), de él se recuerdan sus briosos intentos de prohibir la venta de figuritas de flamenca e imaginería taurina en las tiendas barcelonesas de souvenirs cuando fue Consejero de Comercio, Turismo y Consumo de la Generalidad —para erradicar de los turistas «la impresión de que están en España», argumentaba el fulano—. Ahora, no ha dudado en comparar a esa sesentena de directivos con la temible Legión Cóndor, enviada por Hitler en la Guerra Civil y responsable del bombardeo aéreo de diversas poblaciones españolas.

La moraleja es clara: los separatistas respetan la libertad de expresión... mientras se opine igual que ellos.

Estas reacciones, del todo histéricas e impropias de quienes luego se hacen las víctimas cuando alguien halla semejanzas entre sus métodos y los del ominoso Tercer Reich, no concuerdan con la sensación de seguridad y triunfo que el movimiento secesionista está constantemente esforzándose en transmitir. Ni parecen tampoco la más inteligente manera para recomponer el tejido industrial de la maltrecha economía catalana (con 820.400 desempleados, el 22,26% de la población activa). Sobre lo de recabar la complicidad de otros países y sumar adhesiones a su causa dentro de esa estrategia que, en lenguaje netamente etarra, llaman internacionalización del conflicto ya mejor ni hablar.

Y es que muy espabilados nunca han sido, la verdad.

18 de agosto de 2010

De tahúres, apóstoles y togados

Este señor que luce estética a medio camino entre Harpo Marx y Super Mario Bros es Joan Tardà, diputado de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso. Sabe bien lo que es hacer el ridículo, no hay más que escuchar cualquiera de sus intervenciones parlamentarias. Seguramente ha sido en su calidad de experto sobre este tema en la que ha tachado de «ridículo» que el pasado 25 de julio, con motivo de la tradicional Ofrenda Nacional que viene celebrándose desde 1643 en la capital compostelana, el Rey le pidiera al Apóstol Santiago ayuda para superar las dificultades de la crisis, para favorecer la cohesión y el entendimiento entre los españoles. Se la solicitó también para «erradicar el odio, la violencia y la sinrazón de la barbarie terrorista», y, por supuesto, no vamos a creer que fuera esta parte la que irritó especialmente al republicano porque en su partido hay ex terroristas sin juzgar ni arrepentir, ingresados en los años noventa tras la disolución de la banda Terra Lliure.

Pero don Joan no sólo hace el ridículo desde la tribuna de oradores del hemiciclo. El 6 de diciembre de 2008, en el calor de un mitin, gritó «¡Muera el Borbón!», para luego desdecirse y alegar ridículamente esquivando su responsabilidad que no se refería a Don Juan Carlos, no, sino a su lejanísimo antepasado de hace tres siglos: Felipe V. Nada más lógico y natural.

Pero justo antes de compartir con todos nosotros sus “buenos” deseos hacia el Monarca, este lenguaraz independentista lanzó una grave acusación que no le ha acarreado consecuencias políticas, ni judiciales tampoco:
«El Tribunal Constitucional es un órgano corrupto».
Si viajamos en la cápsula del tiempo, encontramos que el 9 de diciembre de 1986 unas declaraciones mucho menos graves le valieron al entonces alcalde de Jerez, Pedro Pacheco, una condena de la Audiencia Territorial de Sevilla de seis años y un día de inhabilitación para ejercer cargos públicos, dos meses de arresto mayor y 40.000 pesetas de multa. El tribunal consideró que su ya célebre frase «la Justicia es un cachondeo», declarada a los medios de comunicación a raíz de una sentencia sobre urbanismo adversa para él, era «tendenciosa y difamante», y que el gaditano había intentado una campaña de descrédito a los magistrados. Finalmente se libró dos años después, el 21 de enero de 1988, porque la Sala Segunda del Tribunal Supremo le absolvió en apelación. Pero fue por los pelos, con los votos particulares en contra de dos de los cinco magistrados. Y el caso es que ya nadie le quitaba el mal trago de haberse tenido que sentar en el duro banquillo de los acusados por aquella salida de tono.

Con Tardà no ha pasado igual. Él y sus compañeros de ideología parecen tener licencia para esto y para otras muchas cosas más. Y es que algún malpensado observador podría deducir que en este régimen de Rodríguez Zapatero, donde el PSOE necesita de los nacionalismos para apuntalar su insuficiente mayoría en el Parlamento, hay quienes juegan con las cartas marcadas.

31 de mayo de 2010

De Manolita a Joan

El Teatro Chino de Manolita Chen fue un famosísimo espectáculo de variedades que encontró acomodo durante el Franquismo y hasta bien entrada la Transición, e inundó de alegría la geografía española. En un trayecto largo por carretera, resultaba del todo imposible no toparse con pueblos y capitales de provincia jalonados con carteles anunciadores de su próximo paso por el lugar, del feliz acontecimiento de su visita. No había feria que se preciase que no albergara su carpa. En lugar preferente además, entre la noria y la tómbola. Sus funciones, mezcla de circo y cabaré ambulante, combinaban géneros tan dispares como la copla, la magia o las acrobacias, sin escatimar el picante aderezo de algún número considerado -para la época- transgresor.

Ya de mayor, supe que la tal Manolita no era otra que un célebre transexual galardonado con cierta vena artística. O sea, de nombre y género tan falsos como la simulada caligrafía asiática de sus rótulos. Aunque china sí era, sí; de la Pekín de Cádiz, para más señas.

Hoy compruebo con júbilo cómo el espíritu de aquello pervive con admirable energía. Sólo que, en nueva prestidigitación de su sexo, Manolita ya no es Manolita y ahora se hace llamar Joan. Joan Puigcercós, Joan Tardà, Joan Laporta, Joan Carretero, Joan Ridao... Pero continúa como siempre, paseando su teatrillo portátil por doquier para deleite popular. La localidad agraciada este domingo ha sido, nada menos, que Sabadell, otrora conocida por sus tejidos, desde ahora también por sus atracciones. Y es que Joan Chen, con un censo mangado y varias urnas indebidamente utilizadas, les ha montado una representación de lo más entretenida. Las cifras de la taquilla cantan: un entusiasta 13% de ciento setenta mil habitantes ha asistido. No se trata, la verdad sea dicha, de un éxito tan rotundo como el obtenido en el debut, en Arenys de Munt, donde se sobrepasó el 40%. Pero encontraríamos injusto que, aun así, el subvencionado productor teatral se quejase.

El programa, el de siempre: al númerito de la democracia travestida, le han seguido el del niño votante y la muy aplaudida actuación del inmigrante ilegal que, sin siquiera entender nuestro idioma, sabe decidir nuestro futuro. Aunque el artista más esperado fue, sin duda, el ilusionista, capaz de hacer aparecer de la nada un carné de los Països Catalans y colarlo como auténtico para identificarse. No cabe duda, la calidad del entretenimiento sigue siendo la misma que hace cinco décadas.

La prensa ha tomado buena nota de todo y ya se publicita que la gira continuará por el resto de la región catalana. Y el público, el público regresó satisfecho a sus casas, que es lo importante.