13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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26 de julio de 2011

Un millón y medio de pacíficos

La primera mitad del título es mentira. Y la segunda, también. Ya ha transcurrido un año desde la tan cacareada manifestación contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto —que no para pedir la secesión de Cataluña, como arteramente la han presentado luego; pues no era ése, ni muchísimo menos, el lema de la convocatoria— y los separatistas continúan repitiendo incesantemente la falacia del millón y medio de asistentes, de que en unas pocas calles se congregaron casi tantos manifestantes como habitantes tiene Barcelona (1.621.537 censados, según datos del Instituto Nacional de Estadística a 1 de enero de 2010).

Nadie ha aportado todavía una sola prueba que corrobore tan disparatada cifra: ni un análisis de fotografías aéreas, ni un recuento informático efectuado a partir de imágenes, ni un cálculo de superfícies y densidad humana, ni la cuantificación de un organismo oficial u entidad —del extranjero o de aquí— independiente y medianamente fiable. Nada, absolutamente nada. Sólo la misma gran trola, burda y manoseada, que ya hasta hiede de tanto tiempo como lleva en descomposición. Recordemos que ni llenando de manifestantes la Diagonal de Barcelona, una avenida 7 veces más larga (10,2 kilómetros de longitud) y 8 metros más ancha que el Paseo de Gracia (50 metros), sería posible reunir siquiera a un millón (con una proporción de 1,7 personas/m², muy elevada para una masa en movimiento si aspiramos a que no vayan pisándose los talones unas a otras durante la marcha).

Pero es que tampoco resultó una manifestación tan civilizada y modélica como nos la han querido pintar: se produjeron varios incidentes violentos, el más grave de los cuales fue, sin duda, el intento de agresión al entonces presidente de la Generalidad, José Montilla. Sus cincuenta escoltas pasaron verdaderos apuros para repeler a los energúmenos que se abalanzaron sobre él para obsequiarle unas obleas. Frustrados en su propósito, éstos hubieron de contentarse con perseguir al de Iznájar en su huida por la calle Caspe, chillándole irreproducibles lindezas de las que se aprenden en los clubs de carretera, junto con el peor insulto de todos, aquél que los separatistas reservan sólo para sujetos especialmente odiados: español.

Además de dicho conato de linchamiento, ocurrieron otras acciones reprobables, e incluso ilegales. Entre ellas, el ultraje de banderas nacionales, pisoteándolas (como aparece arriba, en la fotografía tomada ese día y publicada en un hipersubvencionado foro secesionista) y quemándolas, delito contemplado con severas penas en el artículo 543 del Código Penal. En diversos puntos del recorrido de la manifestación, se cometió también apología del terrorismo y fratricida incitación a levantarse en armas contra el resto de la nación al irracional grito de: «¡Guerra por la tierra!».

El vídeo (a la derecha), muestra cómo unos embozados prenden fuego a una bandera española de grandes dimensiones —con bastante torpeza, por cierto—, en la confluencia de la calle Aragón con el Paseo de Gracia. Visiblemente excitados por las llamas —no hay concentración catalanista donde no incendien algo—, los presentes prorrumpen en aplausos, y corean vivas a la extinta organización terrorista Terra Lliure y consignas contra España. Hasta que alguien descubre a unos policías de paisano entre la multitud, y ésta reacciona airadamente contra ellos insultándoles, acorralándoles y lanzándoles objetos.

15 de enero de 2011

Desamparados

El triunfo de CiU en las elecciones ha supuesto una auténtica hecatombe económica para los integrantes del tripartito. El diario e-Notícies publicaba el pasado 29 de noviembre, que Esquerra Republicana anda preocupada por ver cómo recoloca a unos 400 altos cargos del anterior gobierno pertenecientes a su partido. Los 562.673 parados que según las últimas estadísticas del Ministerio de Trabajo hay en Cataluña que se fastidien. Aquí lo importante es enchufar de nuevo a esos altos cargos, que son altos precisamente porque han demostrado su enorme valía empobreciendo y desindustrializando la región a velocidad meteórica.

Y eso que antes ésta era una tierra de oportunidades: en 2003, por ejemplo, un mero conserje como Ernest Benach podía llegar incluso a presidente del Parlamento autonómico. Ahora él es uno de los numerosos desafortunados que se enfrentan a una difícil situación, porque durante los próximos 4 años únicamente va a cobrar 104.008,95 euros brutos anuales. Cuando cumpla los 65 años de edad tendrá que arreglárselas con una pensión vitalicia de 78.006,71 euros al año. Y para colmo ni siquiera le han dejado llevarse a casa el mp3, el bluetooth, la televisión y el reposapiés en maderas nobles que se instaló en el coche oficial (un Audi A8 Limusina, parecido al de la imagen), y que las presiones de la incomprensiva opinión pública le obligaron a retirar.

Todavía más desesperanzador es el destino que aguarda a José Montilla. Durante cuatro largos años se ha sacrificado cobrando sólo el doble que el Presidente del Gobierno de España: 144.030,12 euros anuales en el momento de dejar su cargo. Junto con otros 19.989 netos al año en concepto de dietas por desplazamientos, aunque éstos los realizaba a bordo de su vehículo oficial. A partir de ahora recibirá una paga de apenas 115.224,96 euros brutos anuales en los 2 bienios venideros (el 80% de lo que ha sido hasta ahora su sueldo, «por un período equivalente a la mitad del tiempo que han permanecido en el cargo y, como mínimo, por una legislatura») en virtud del artículo 2 del Estatuto de los Ex Presidentes de la Generalidad, aprobado en la era Pujol (Ley 6/2003, de 22 de abril). Y una asignación vitalicia a partir de los 65 años consistente en el 60% del sueldo que esté cobrando el presidente de la Generalidad en activo (artículo 3 del citado estatuto).

Pero bien sabido es que en los malos tiempos, ésos que según Chesterton a todos los hombres les tocó vivir, las familias se cohesionan fuertemente para afrontar las adversidades. Por ello es de esperar que la esposa de nuestro catalanista ex presidente de Iznájar, doña Ana Hernández, contribuya al fondo común del hogar con las muy merecidas retribuciones de sus 15 cargos públicos. Que tampoco es cuestión de que Anna y Héctor, hijos suyos y del hombre que durante su mandato ha impedido estudiar en español a las proles ajenas, no puedan continuar asistiendo al elitista Colegio Alemán (Deutsche Schule Barcelona), donde sólo les imparten una hora de catalán a la semana («Dan poco catalán, ésta es la verdad, una hora a la semana es poquísimo. Pero bueno, ya lo supliré yo más adelante. Prefiero que sepan alemán», explicó en su día a la prensa la pluriempleada mamá).

Esperemos que consigan salir adelante y superen esta dura cuesta de enero en que ya nos encontramos.

8 de septiembre de 2010

Zoraida Nebrera

Montserrat Nebrera es ese satélite que Josep Piqué dejó orbitando en el Partido Popular de Cataluña, incluso después de que él implosionara. Ahora que ha salido despedida de la Galaxia Gaviota, vaga como un meteorito. De buen ver, sí; pero meteorito al fin.

El viernes 27 de agosto presentó en Granollers su recién montada formación política, Alternativa de Govern. Se distinguirá de las demás opciones por ostentar en el logotipo una enorme letra “n”, desconocemos si por la inicial de su apellido, o por la de la cantidad de escaños que se prevé sacará si finalmente concurre a las próximas elecciones autonómicas: ninguno. Pero antes de eso, su postrera incursión la había realizado en el periodismo vérité enfundándose en un burka para luego plasmar su experiencia a modo de denuncia en el diario El Mundo, que es algo que queda muy progre y se está llevando mucho esta temporada.

Y así, cual mora de La venganza de Don Mendo, se paseó por las céntricas calles de Barcelona viviendo la diferencia.

Puestas a hacer experimentos sociológicos, mejor servicio a la comunidad hubiera hecho disfrazándose de comerciante multado con 1.200 euros —en estos terribles tiempos de crisis— por no rotular su negocio en la lengua que el sultán Montilla apenas alcanza a balbucear. O tratando de meterse en la piel, aunque hubiese sido únicamente durante 24 horas, de un padre desesperado que no encuentra en toda la región ni un colegio donde escolarizar a su hijo en español. Pero cada una se entretiene como quiere.

Cataluña está llena de burkas. Burkas ideológicos. Sólo hay que fijarse un poco para verlos.

(En la imagen, Montsita en plena performance: —Que me lo pongo, que me lo pongo, ¡uuuuuuuuy, qué cosa!).