13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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18 de octubre de 2016

¿Levitaron alguna vez 100.000 separatistas?

En la noche del 11 de septiembre, un eufórico Gabriel Rufián se homenajeaba a sí mismo y a la secta colgando en su muro de Facebook este mensaje tan cursi, junto con una captura del momento en que la manifestación de la Diada desarrollada horas antes en Barcelona llegaba a Arco de Triunfo:

El controvertido portavoz adjunto de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados es especialmente activo
en la red social de Mark Zuckerberg y en Twitter, donde cuenta con 59.000 y 96.000 seguidores respectivamente

Su épica ocurrencia recaudó cuatrocientos comentarios; la mayoría de ellos jubilosos, de correligionarios suyos puestos de catalaína, intercambiándose mensajes de ánimo para mantener erguida la moral. Mas no le faltaron varias decenas de acusaciones de trucar la escena atiborrándola de gente mediante un programa de retoque informático, en lo que jocosamente algunos bautizaron como: el Caso de los separatistas voladores.


Montaje sarcástico en Internet
Efectivamente desconcierta en la foto ese cúmulo de personas sospechosamente agolpadas hacia la parte superior de la puerta, en un ángulo que no parece concordar con las líneas verticales del decimonónico monumento de estilo neomudéjar. Bien sabido es que los secesionistas poseen superpoderes, como el de la transcorporeidad. Sólo así puede comprenderse que mientras los matemáticos advierten del límite de manifestantes que una superficie dada puede albergar, año tras año los organizadores de la Asamblea Nacional Catalana y de Òmnium aseguren reunir en sus aquelarres a cuatro veces más. Pero el don de suspenderse en el vacío aún no les ha sido concedido. ¿Se le fue entonces la mano a Rufián con el Photoshop?

La verdad es que no. Entre la veintena de imágenes del reportaje sobre la conmemoración nacionalista publicado ese día en la edición digital del Mundo Deportivo, aparece una idéntica, incluso en proporciones, cuyos créditos atribuyen la autoría al periodista Alberto Estévez, de la agencia EFE: la posición y la forma de las banderas ondeantes coinciden, así como el resto de los elementos contenidos. Aunque definitiva para la resolución del asunto resulta el sitio web de la Corporación de Radio y Televisión Española (RTVE) porque, también firmada por EFE, muestra la misma fotografía con un encuadre mayor, que permite comprender el curioso efecto óptico producido.

La toma debió de realizarse desde gran altura usando un teleobjetivo, sistema de lentes que reduce la sensación tridimensional y proporciona una imagen más plana porque tiene mayor distancia focal. En otras palabras: comprime la perspectiva, la aplasta.

Podemos concluir por tanto, sin temor a equivocarnos, que el diputado de ERC y miembro de la plataforma secesionista de castellanohablantes Súmate no nos ha engañado. Esta vez. Quizás haya sido víctima de su merecidísima fama de trolero, que ha jugado en su contra.

La panorámica de la web de RTVE incluye en su parte inferior el escenario frente al cual acabó la manifestación, que en esta cita
anual había discurrido por el Paseo de San Juan (dos kilómetros de longitud) bajo el lema: ‘A punto’ para la República Catalana

A la Antiespaña que él representa le gusta mucho restregarnos las instantáneas de sus multitudinarias movilizaciones callejeras. Y jactarse comparándolas con las de las concentraciones convocadas en Cataluña un mes después con motivo del Día de la Hispanidad, a todas luces mucho menos numerosas. Con la fiesta celebrada el lluvioso miércoles pasado no han hecho una excepción.


Al fondo, edificio donde probablemente
se situó el fotoperiodista con su cámara
Nació Digital, por ejemplo, titula despreciativamente «El unionismo no es capaz de llenar la plaza Cataluña el 12-O» su información sobre el acto programado en el centro de la Ciudad Condal. Y enfatiza que la Guardia Urbana, al servicio del consistorio de Ada Colau, estimó en tan sólo 5.000 los asistentes. Pero a mí esa cifra me parece muy meritoria. Sobre todo en una maltrecha región como esta, campada por la intolerancia y el totalitarismo, donde por acudir a una manifestación y no a la otra, en lugar de una subvención de la Generalidad te puede caer una hostia. Un lector del hipersubvencionado panfleto (205.484,28 euros) se atreve a razonarles a contracorriente:
«Si los que queréis cambiar el estado actual sois vosotros y no nosotros, ¿por qué tenemos que salir a la calle a hacer nada?
»Bien tranquilo que he estado en casa sin mojarme, viendo la charlotada de Badalona por la televisión [se refiere al desacato cometido por seis concejales que se presentaron a trabajar y escenificado ante los periodistas por el teniente de alcalde José Téllez, quien rompió la resolución judicial que obligaba a cerrar las dependencias del Ayuntamiento debido a la festividad] y con la bandera española en el balcón. Y como yo la mayoría de gente no secesionista. ¿U os creéis que los 5.000 o los que fuesen hoy en la calle son los únicos que no quieren la secesión? ¿De verdad lo creéis? :D
»Las performances y charlotadas son vuestras, a nosotros no nos hacen falta. Ni tampoco el victimismo perenne».
Similar opinión expresa otro comentarista:
«No necesitamos salir a la calle, ya tenemos lo que queremos, una Cataluña buena, dentro de una España plural».
A continuación, un “pueblo” que, parafraseando a Gabriel Rufián, también “estaba haciendo historia”; durante el congreso del NSDAP en la Núremberg de 1937, más concretamente:


Esta es otra imagen a cuyo lado también languidece la ritualística con que los de la estelada se empeñan machaconamente en obsequiarnos, y que sería muy de su agrado porque rebosa colorines, mosaicos humanos y obediente marcialidad:


Las demostraciones de fuerza mediante la exhibición de masas siempre plantean el interrogante sobre si revisten de razón una reivindicación, o si, por el contrario, no logran otra cosa que evidenciar el grado de adoctrinamiento conseguido por la propaganda en una población convenientemente acrítica.

20 de agosto de 2014

El tiranuelo ante el espejo

En 1995, con CiU todavía ocupando el Gobierno autonómico de Cataluña —no sería hasta diciembre de 2003 que el primer tripartito vino a terminar con su hegemonía de 23 largos años—, la compañía de teatro Els Joglars estrenó Ubú president, una sátira sobre Jordi Pujol grotesca, mordaz, feroz, afilada, demoledora, corrosiva. Divertidísima.

La trama arranca cuando el Excels (‘Excelso’, en catalán) toma conciencia de que cada día se le entiende menos y decide someterse a psicoterapia para no seguir privando a su pueblo de la comprensión de sus mesiánicos discursos. La megalomanía, el despotismo, los complejos y tics, el desprecio hacia sus subordinados, el racismo intrínseco de la ideología nacionalista, la corrupción generalizada del régimen y la red clientelar que instauró para perpetuarse en el poder... jalonan este hilarante descenso al Pujolismo, el cual incluye hasta una ardiente cópula del protagonista con la senyera en vez de con su señora (la caracterización de Ramon Fontserè, actual director de la compañía, quien en algunos momentos llega a ser más Pujol que el mismo ex president, sólo puede calificarse de prodigiosa).

Ahora, casi dos décadas después de su primera representación en los escenarios, esta pieza teatral cobra actualidad a raíz de la seudoconfesión del Molt Honorable y de las noticias que están aflorando sobre los millonarios latrocinios de su clan familiar. A propósito de ello y sin apearse de su tradicional sentido del humor, el fundador de Els Joglars Albert Boadella se refirió así a los Pujol en unas declaraciones a la agencia EFE hace escasas fechas:
«En sicilia hubieran tenido un éxito espectacular, habrían sido los amos».
Nadie debería perderse el vídeo de la representación (completa) de esta obra donde ningún parecido con la realidad es casual, aunque sí desternillante:

‘Ubú president’, de Els Joglars

Artista incómodo para el nacionalismo,
Albert Boadella posa junto a pintadas
callejeras con amenazas e insultos
contra él en Barcelona, en 2006

23 de septiembre de 2011

¿Periodismo de pacotilla?

Si Pepe Gotera y Otilio colgasen sus bártulos y herramientas para dedicarse al periodismo, sin duda trabajarían en la ACN. Y Pinocho, probablemente también.

Fundada en 1999, la ACN (Agència Catalana de Notícies) surgió como un intento del nacionalismo imperante por crear una especie de Agencia EFE, pero en versión catalanista. Una década más tarde, a principios de 2010, esta empresa pública de información difundió un vídeo promocional para anunciar que había abierto nuevas delegaciones en el extranjero y presentar a sus cinco corresponsales. Lo que aparece en él es del todo sorprendente.

Después de visionarlo, alguien podría caer en la tentación de considerar que este vídeo ilustra a la perfección dos de los rasgos característicos de los nacionalistas: que no le dicen una verdad ni a su médico, y cuánto nos toman por idiotas a los demás. Pero nosotros no compartimos esa opinión ni vamos a pensar mal; no, no, de ninguna manera. Optaremos por creer, simplemente, que es que se orientaron mal con el GPS durante la grabación.