13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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5 de febrero de 2017

Cuento: ‘Procesus interruptus’

Gonzalo Guijarro Puebla es un apasionado de la literatura. Y del mar, que sale a surcar en velero siempre que puede. Autor de numerosos artículos en prensa y de libros, ha ganado el Certamen de Cuentos Villa de Mijas 2002, las ediciones IX (2001) y XXI (2014) del Certamen de Relato Breve Fantástico de la Universidad del País Vasco; el primer premio Vigía de la Costa de Benalmádena en 2001, con el relato breve Involución, y el tercero al año siguiente, con Desalmados; se ha alzado en dos ocasiones con el Premio Nostromo de narrativa marítima: en 2007, por Memorias difusas de Isidro Blanco, y en 2012 por Faro Villano, una novela de aventuras ambientada en la Costa de la Muerte, en la Galicia de posguerra, donde se entreteje una intrigante trama de espionaje, nazis, submarinos y oscuros intereses internacionales. Y fue distinguido con la mención de honor en el XXIX Premio Nacional de Cuentos José Calderón de Reinosa.

«Divertidísima. Ya era hora de que alguien se atreviera a ironizar con tanta gracia y valentía sobre la corrección política», opina en Internet un lector de Hispacíborg, su última obra de ficción publicada, una delirante sátira escrita «con brillantez» —valora otro— sobre el sistema educativo. Sector este, el de la enseñanza, que conoce bien porque ha ejercido la docencia durante más de 35 años y fue portavoz de la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía (APIA).

Nostromo, una expresión náutica con la que
el concurso quiere homenajear al escritor
y marino Joseph Conrad (1857-1924) por
su celebérrima novela así titulada
Don Gonzalo es también seguidor de este blog. Y ha tenido la gentileza de ponerse en contacto conmigo para regalarnos una creación inédita y desternillantemente cáustica. Me comenta en su carta que encontró inspiración en un suceso luctuoso protagonizado en Cataluña por un menor de edad y acerca del cual escribió un razonado análisis en el diario El Mundo, que cuestionaba la versión oficial dada por las autoridades desde la Generalidad («¿Un brote psicótico?», 24-04-2015).

Seguro que todos disfrutarán leyendo este retrato fiel del nacionalismo, y de nuestra sociedad en general, logrado merced al delicioso prisma del humor. Y que se lo agradecerán tanto como yo:

Procesus interruptus
Todavía falta más de una hora para la llegada del Molt Honorable, pero la Ciutat Vella de Barcelona es ya un hervidero de hombres, mujeres y niños que portan pancartas triunfales y tremolan esteladas en el aire claro y sereno de la mañana de otoño. La multitud enfervorizada converge desde la periferia de la ciudad hacia la ya abarrotada plaza de Sant Jaume, que será el epicentro del alborozado advenimiento que está a punto de producirse; el mágico lugar en que ha de proclamarse, urbi et orbi, la inminente buena nueva. En las hermosas calles del barrio gótico resuenan los jubilosos cánticos coreados por una muchedumbre que se compacta por momentos: Ánim companys, que aquesta vegada sí que és la bona!
Aferrándose con tenacidad a una de las farolas que enmarcan la puerta principal del Palau de la Generalitat, dos parejas de mediana edad defienden su privilegiada posición, resistiendo como pueden los embates de quienes, no habiendo madrugado tanto como ellos, intentan ahora con malas artes hacerse un hueco en primera fila.
Jordi escolta, que es volen colar! —le advierte con alarma Remei a su pareja de hecho.
A veure, home, no empenyi, que aquí tots som patriotes però nosaltres hem arribat abans —se encara Jordi civilizadamente con el que empuja, que resulta ser un venerable y atildado anciano de blanca barba.
—Usted perdone, es por mi nieto —replica en perfecto catalán el anciano, haciendo gala de una beatífica expresión y señalando al chaval que lo acompaña—. Sólo deseo que las imágenes de este día inolvidable se graben para siempre en su joven memoria, y así, dentro de cincuenta años, pueda contarle a sus nietos que su abuelo lo trajo a contemplar el feliz nacimiento de la patria. Si fueran ustedes tan gentiles de hacerle un hueco, yo le esperaría en el bar más próximo, que ni mis piernas ni mi corazón están ya para estos trotes.
Conmovido en lo más hondo por tan entrañable súplica, Jordi consulta democráticamente con la mirada a sus tres acompañantes, que se avienen de inmediato a conceder lo demandado.
—No faltaría más —le dice con voz quebrada la Remei al anciano, al tiempo que se enjuga con disimulo una lágrima—. Váyase usted tranquilo a ese bar y descanse, que bien ganado se lo tiene; y descuide, que su nieto verá el nacimiento de la patria en primera fila, como corresponde a los que han de ser su futuro.
—Sí, y no se preocupe, que nosotros cuidaremos de su nieto —le aseguran al unísono la Dolors y su marido, también emocionados.
—Se llama Antoni. —les informa el anciano, y se despide muy digno con un amago de cortés reverencia, antes de desaparecer entre la muchedumbre.
—¿Tienes sed, quieres un zumo? —le pregunta solícita la Dolors al chaval, que mira tímidamente al suelo—. Aleix, dame la nevera.
El muchachito acepta con expresión desconfiada el pequeño recipiente que le ofrecen, chupa un poco de zumo a través de la pajita de plástico y se sitúa junto a la valla portátil que delimita el espacio destinado al público. Los cuatro espontáneos encargados de su protección lo observan con arrobo e intercambian miradas de tierna complicidad.
—Tienes un abuelo maravilloso, Antoni, se nota que te quiere muchísimo —le dice Remei—. ¿Sois de Barcelona o habéis venido de fuera?
El chico farfulla algo incomprensible y hace un vago gesto que los otros interpretan como que vive fuera de la ciudad.
—No seas tan vergonzoso, Antoni, que nosotros queremos ser tus amigos —lo anima con maternal dulzura Dolors.
—Claro, hombre —tercia Jordi con viril aplomo—, que hoy no es día de timideces. Todo lo contrario; hoy es día de alegría y de decir en voz bien alta para qué hemos venido aquí.
Por toda respuesta, el chaval cabecea afirmativamente, se bebe de una larga chupada el resto del zumo y le entrega el recipiente vacío a Dolors.
—Pobrecillo —comenta ésta en voz baja a sus amigos—; es comprensible que esté un poco cohibido de verse solo entre desconocidos.
—Oye —le dice Aleix con expresión dubitativa—, y no será que es... Ya sabes, un poco...
—¿Retrasado? —completa la frase Jordi.
—¡Jordi! Mira que eres burro —se escandaliza su compañera sentimental—. En todo caso tendrá alguna pequeña discapacidad, padecerá algún síndrome, habrá sufrido un trauma debido a la opresión mesetaria.
Un lejano clamor interrumpe la interesante discusión terminológica. Repentinamente electrizada, la muchedumbre que desborda la plaza alza las pancartas y prorrumpe con renovado entusiasmo en apasionados cánticos. Un par de minutos más tarde, la comitiva oficial hace su entrada en la plaza. La reluciente hilera de automóviles se detiene y el Molt Honorable desciende solemnemente de uno de ellos. Los cánticos arrecian en un éxtasis de fervor colectivo. El President, tras recorrer con su complacida mirada la primera línea de patriotas, saluda levemente, compone un vigoroso gesto épico alzando su poderoso mentón y comienza a avanzar hacia la puerta principal del Palau de la Generalitat, pasando revista al destacamento de Mossos que rinde honores.
—Mira Antoni, ya viene el President. Y va a pasar a nuestro lado, casi le vamos a poder tocar. ¿No le quieres decir algo? —anima cariñosamente Remei al chaval.
El chico ni la mira, está pegado a la valla y parece totalmente absorto en el espectáculo. Algo molesta, Remei se desentiende de él y se suma a los aplausos y vítores de sus compañeros; el Molt Honorable, acompañado por sus más íntimos colaboradores y rodeado por una nube de agentes de seguridad, continúa avanzando majestuosamente y ya casi está frente a ellos. Es en ese preciso instante cuando el chaval se cuela entre dos tramos de la valla, da una breve carrera mientras saca del bolsillo y empalma una navaja automática, y le tira al President un golpe que tiene muy entrenado: la clásica puñalada trapera, que secciona la femoral y es mortal de necesidad. Sin embargo, en el último momento, los buenos reflejos de uno de los de seguridad alcanzan a desviar ligeramente la trayectoria de la estocada y el acero se hunde en el pantalón del mandatario a unos centímetros de su inicial destino. Un alarido de dolor descompone el semblante patricio del Molt Honorable, que adquiere de inmediato una lividez alarmante. Tras una fracción de segundo de aterrado estupor, la comitiva reacciona y se activan de inmediato los protocolos previstos para casos de intento de magnicidio. El precoz sicario es fulminantemente reducido a la postura de decúbito prono sobre el empedrado por un experimentado agente de seguridad de noventa kilogramos, al tiempo que el que ha desviado la puñalada le retuerce el brazo para que suelte la navaja. Otros cuatro de seguridad se llevan en volandas hacia el Palau al maltrecho President, que va dejando un reguero de manchas de sangre. Los Mossos del destacamento de honores se apresuran a crear un cordón a lo largo de las vallas que contienen al espantado público, entre el que ya se alzan algunas voces airadas:
—Ha sido un mesetari; seguro que es de Madrit.
Entretanto, en primera línea, Jordi, Remei y sus amigos ya están hablando con el Jefe de seguridad.
—...lo trajo un señor mayor que dijo que era su abuelo. Nos pidió que le dejáramos un sitio... —le relata ordenadamente y con rigor Jordi a los de seguridad.
—Nos dio pena, era tan mono... —le interrumpe Remei.
—Tenía pinta de charnego —comenta uno de la segunda fila.
—¿El abuelo? —se desorienta el de seguridad.
—Usted cállese, que el niño nos lo dejó a nosotros —le dice la Dolors al de la segunda fila.
—Por algo sería —deja caer la esposa del de la segunda fila.
—Oiga, oiga, ¿qué insinúa? —se alarma Aleix.
—A ver, ustedes cuatro acompáñennos —concluye el Jefe de seguridad.
Diez minutos más tarde, las añosas y emblemáticas dependencias del Palau de la Generalitat contemplan la febril actividad de otra jornada histórica. En una pequeña sala de la planta baja, tres médicos, que estaban entre el público y se han presentado de inmediato para ayudar, examinan la entrepierna del President.
—La hemorragia ya está contenida y la herida limpia y desinfectada. Afortunadamente no ha alcanzado la femoral. No es que la herida sea leve, pero desde luego no hay que temer por la vida de su excelencia —Tranquiliza al corro de altos cargos uno de los doctores.
—Pero le ha cortado un huevo... ¿No? —precisa con voz espantada un Conseller.
—Bueno, por desgracia... Sí, así es; pero ha sido un corte limpio que no... —empieza a explicar en tono apesadumbrado el galeno.
—¡Quééé! ¡Que me ha cortado un huevo ese fill de cabra! ¡A mí, al President! ¡Niñato de mierda! ¡Me cago en la madre que lo parió! ¡Y en la hora H del día D del proceso! Ara sí que m'ha fotut! —estalla de pronto el President, que va recuperando la color y las dotes de mando—. Y cúbranme los bajos con algo, coño, que con corbata y sin calzoncillos estoy haciendo un papelón.
Tranquilizados respecto a la gravedad de las heridas del Molt Honorable, los altos cargos, tras breve conciliábulo, se dispersan por los pasillos del vetusto e histórico edificio, en pos del cumplimiento de las complejas tareas que la delicada situación demanda. Seguir de cerca la investigación policial es competencia del Conseller de Interior, pero dada la edad escolar del frustrado magnicida, se ha considerado oportuno que su homóloga de Enseñanza lo acompañe, y ambos se dirigen presurosos a una amplia sala del sótano en la que se ha instalado provisionalmente la oficina en la que se realizarán las primeras pesquisas.
—A ver, ¿qué han averiguado? —le espeta el de Interior al Jefe de seguridad, tan pronto abre la puerta.
—De momento, poco —reconoce el experimentado funcionario—. Por lo visto al chico lo trajo un anciano de barba blanca y lo dejó al cuidado de esos cuatro. Pero del anciano no hay ni rastro. Al chico, por lo demás, no ha habido manera de sacarle más que tiene trece años. Incluso nos ha entregado una copia certificada de su inscripción en el Registro Civil, para que no hubiera dudas. Se llama Antoni Carmona Arrizabalaga, y es de Palafrugell. Los Mossos ya están buscando a sus padres.
—¡Maldita sea! No podemos esperar a encontrar a sus padres, hay que sacarle quiénes están detrás de esto antes de que puedan volver a interferir en el proceso —se irrita el Conseller.
—Entonces... ¿Se lo dejo a los Mossos para que lo interroguen? —inquiere dubitativo el de seguridad.
—No, por Dios, que es un menor —tercia horrorizada la de Enseñanza.
—¡Ah! Pues yo lo que ustedes decidan, pero que conste que por las buenas no dice ni pío —se desentiende el de seguridad.
—¡Pero qué menor ni qué ocho cuartos! Ese niñato le ha cortado un huevo al President. Y precisamente, el día en que iba a declarar la independencia. Hay que sacarle quiénes han sido los instigadores como sea —se desespera el máximo responsable de la seguridad ciudadana.
—¡Ay! Bueno, claro, que se trata de una cuestión de estado... Pero, en todo caso, que lo interrogue un pedagogo... O un psicólogo. O uno de cada. ¿Quieren que llame al presidente de la asociación de orientadores de secundaria, que tiene mucha empatía con los alumnos disruptivos? A lo mejor a él sí se lo dice —aporta su colaboración la de Enseñanza.
—Escuche, ¿de verdad que el crío le ha cortado un huevo al President? —interviene la Dolors.
—Señora, eso es un secreto de estado —se alarma el de Interior—. Apelo a su patriotismo y a su discreción para no divulgarlo; el futuro de la patria podría depender de ello.
—¡Uy! Pues yo ya lo he guasapeado —reconoce, contrita, la Remei, con el móvil todavía en la mano.
—¡Me cago en la leche! —explota el Conseller—. ¿Pero es que intentan ustedes sabotear el proceso? ¡Estamos rodeados de idiotas y de botiflers!
—Hombre, pues a estos cuatro sí que los podríamos interrogar a fondo —apunta el de seguridad—, que ya son cuarentones.
—¡Uy, nosotras qué va, no señor! Es solo que estamos un poco demacradas por el madrugón y el disgusto —protestan al unísono Remei y Dolors, al tiempo que extraen de sus bolsos las barras de carmín.
—¡Cállense! —truena el Conseller, y dirigiéndose a su homóloga de Enseñanza, añade—: Está bien, dejo en tus manos lo del interrogatorio, pero quiero resultados antes de una hora. Y que investiguen los posibles antecedentes de esos cuatro. Yo tengo que ir a leer ante los medios el comunicado oficial sobre el atentado.
Cinco minutos más tarde, el de Interior está repasando el comunicado oficial que han redactado entre sus cuarenta y nueve asesores, antes de salir a leerlo al balcón de las grandes solemnidades.
—Disculpe Señor Conseller —le interrumpe con expresión precavida un funcionario, presentándole un móvil—. El coronel de la Guardia Civil don Mandonio Arribas España al teléfono. Dice que es de la máxima importancia.
—¡Vaya hombre, lo que faltaba! —alza al cielo los ojos el de Interior—. El brazo de la opresión centralista que se aprovecha de nuestra momentánea debilidad. Seguro que gracias a esas taradas lo del huevo del President está ya hasta en el Facebook.
Y, armándose interiormente de sus más firmes convicciones, acepta el aparato y se dispone a rebatir cualesquiera insidias con que el poder central intente retrasar todavía más la anhelada culminación del proceso.
—Coronel, le ruego que vaya al grano y sea breve —dice secamente—. ¡Cómo! Que los padres del puñetero crío se han marchado hace dos días a Siria a luchar a favor del Estado Islámico. ¿Pero está seguro? Sí, sí. Ya, ya. ¡Hay que ver lo que son las cosas! ¡Ah! Pues sí, tiene usted razón, lo más raro es lo de la madre; porque siendo ella vasca... Oiga, ¿y de un anciano con barba blanca no saben ustedes nada? ¡Ah! Claro, que eso es ya competencia de la policía autonómica... Sí, sí, por supuesto que lo sabía, coronel; en realidad lo he dicho solo para ver si picaba. Pues muy amable, muchas gracias. Adéu, adéu.
Tras colgar, el de Interior devuelve el móvil maquinalmente al funcionario, mientras reflexiona sobre las consecuencias de lo que acaba de escuchar. Unos segundos más tarde, expone a sus expectantes subordinados la conclusión a la que ha llegado.
—¡Jodíos picoletos! Que preparen otro comunicado en el que no se insinúe que han sido los del Real Madrid, que ahora eso ya no va a colar —ordena, al tiempo que tira a la papelera el rimero de folios.
—Entonces, ¿le echamos la culpa directamente al gobierno central? —Pregunta el portavoz de los asesores.
—Hombre, eso tampoco Garriga, eso tampoco... Todavía no es el momento... Hasta que esto no se aclare un poco más, yo creo que lo mejor es la indefinición. Escriban algo que hable de la España negra. Ya sabe —matiza ecuánime el Conseller.
—Muy bien, como usted diga —asiente el asesor—. ¿Qué le parece un comunicado hablando del machismo del Cid Campeador y de los crímenes de Puerto Hurraco?
Da su beneplácito el de Interior a la idea y corre a informar al Molt Honorable de la situación, pero se encuentra con que el mandatario ya ha sido trasladado a un hospital, para ver de recoserle la gónada, que ha sido felizmente encontrada en una pernera del pantalón. Consciente de que el timón del proceso está momentáneamente en sus manos, comunica las últimas novedades a tres consellers que encuentra en el bar tomándose unas barreges y retorna al sótano para seguir de cerca los progresos de la investigación.
—Los padres del mocoso se han ido hace dos días a Siria a luchar por el Estado Islámico —le suelta abruptamente a la de Enseñanza.
—¡Ah! Pues entonces haré que lo interrogue también la Jefa del Departamento de Interculturalidad —decide de inmediato la Consellera, y le hace seña de que la avisen a un subordinado.
—Pero... ¿Le han sacado ya algo? —inquiere esperanzado el de interior.
—Bueno, estamos en ello. Pero ya tenemos aquí su expediente escolar completo. La criatura tuvo al principio algunos problemas de integración en su centro, debido a que sólo hablaba euskera y a su empeño en bailar zapateados y tocar las castañuelas en la clase de música. Afortunadamente, la inmersión lingüística surtió su efecto y actualmente el alumno Antoni Carmona Arrizabalaga es perfectamente capaz de repetir cualquier consigna, por absurda que sea, en correcto catalán. También puedo decirle que, según reza el informe del orientador de su centro, las agresiones de Antoni a sus profesores están bastante por debajo de la media. A mi entender, está claro que la criatura ha sufrido un brote psicótico —concluye la de Enseñanza.
—¡Pero qué brote ni brote! —se rebota el de Interior—. ¿Es que estás sorda? Te he dicho que sus padres se han ido con los del Estado Islámico. ¿Suena eso a brote psicótico?
—¡Anda este, con lo que me sale ahora! —exclama alzando la nariz su compañera de gobierno—. Pues cuando aquel otro chaval se cargó al profesor de un machetazo, tú fuiste el que se empeñó en decir lo del brote, a pesar de que estaba claro que lo había planeado.
—¡Ay! Sí que lo había planeado, ¿verdad? —interviene la Remei—. A nosotros ya nos sonó a cuento aquello del brote psicótico, pero como nos dijeron que era por el bien del proceso...
—¡Pero todavía están estos aquí! —se desespera el Conseller—. Venga, envíenlos a su casa y vamos a ver cómo marcha el interrogatorio —le ordena al Jefe se seguridad.
El de seguridad traslada con un gesto la orden a un subordinado y conduce a los dos Consellers hasta el recóndito cuartucho en que se lleva a cabo el interrogatorio. En su interior, encuentran al chaval y a dos adultos manejando muy excitados sendas play stations.
—¡Toma ya! Otro invasor desintegrado, y este tenía cañón de rayos. Ya casi pasamos al tercer nivel, Antoni —proclama entusiasmado el presidente de la asociación de orientadores.
—Sí, y en cuanto yo me cargue el súper tanque cuántico que guarda la puerta de la fortaleza de Mordor, podrás enfrentarte al emperador con tu espada láser —proclama el psicólogo, pulsando febrilmente su teclado.
—¿Se puede saber qué cojones están haciendo? —pregunta exasperado el de Interior.
—Calla, calla, no les interrumpas —le dice al oído la Consellera—. Están empatizando con el muchacho, haciéndole ver que están de su parte, que comparten intereses, ganándose su confianza, vamos.
—Mira guapo —ruge el Conseller, arrebatándole al chaval su teclado—, ahora mismo me vas a responder a lo que te pregunte, o te arreo una guantá que te desencuaderno. ¿Tú sabes que tus padres te han abandonado y se han ido a Siria?
—Mis papás no me han abandonado, mis papás son muy buenos —declara indignado el mozalbete—. Y se han ido a Siria para realizarse vitalmente como seres humanos, para cumplir lo que para ellos es una obligación moral.
—¿Sí, eh? ¿Y tú por qué le has cortado un huevo al President? ¿También por obligación moral?
—No, lo he hecho porque mis papás me dijeron que así la Generalitat me llevaría a un albergue en el podría estudiar y en el que me cuidarían hasta que sea mayor y pueda irme con ellos si me apetece.
—Hombre, señor Conseller —tercia el pedagogo—, la verdad es que el chico tiene razón; estrictamente no puede hablarse de abandono. Los padres del muchacho han sido responsables, han respetado las preferencias de su hijo y se han preocupado de dejarlo en buenas manos.
—Es cierto —lo apoya el psicólogo—. Y preciso es reconocer que, equivocados o no, los padres han obrado de manera consecuente con sus más íntimas convicciones, lo que habla en favor de su calidad humana. Está claro que no es un caso de familia desestructurada.
Salam Aleikum —saluda desde el interior de su burka la Jefa del Departamento de Interculturalidad, que llega en ese momento—. ¿En qué puedo ayudarles?
—¡Pero es que me quieren volver loco! —lloriquea el de Interior.
—Hombre, señor Conseller, es que mi obligación es aproximarme en lo posible a la cultura de la familia del muchacho; no querrá usted que peque de eurocentrista —se justifica la de Interculturalidad.
—¿Y quién es el anciano que te trajo? —prosigue el interrogatorio el responsable de la seguridad ciudadana, desentendiéndose de los demás.
—No sé. Mis padres me dijeron que esperase en casa, que vendría un señor a recogerme, y ese es el que vino.
—Pues sí que estamos bien —concluye el Conseller—. Bueno, encárguense ustedes del puñetero crío, que yo tengo que ir a leer el comunicado oficial.
Ante la puerta del balcón de las grandes solemnidades, el portavoz de los asesores ya está esperando con un nuevo rimero de folios.
—Aquí tiene, señor Conseller —le dice al entregárselos—. Además de lo del Cid y lo de Puerto Hurraco, también hemos puesto que don Pelayo era de Manresa. Espero que le parezca adecuado.
—Pero hombre, Garriga, no se da cuenta de que eso podría indisponernos con los inmigrantes magrebíes, que ahora empiezan a apoyarnos.
—¡Ah! Pues es verdad, no lo había pensado. No se le pasa a usted una, señor Conseller. Hay que ver qué visión política la suya. Bueno, entonces pondremos que el de Manresa era Almanzor.
—Deje, deje, ya lo corregiré yo sobre la marcha, que no podemos hacer esperar más a las masas —se impacienta el President en funciones, y sale al balcón.
Para su asombro, en la plaza de Sant Jaume apenas quedan unas docenas de personas, que se entretienen bailando sardanas y haciendo castellets.
—¡Pero bueno! ¿Y esto? —exclama decepcionado el de Interior.
—Pues ya ve usted —le dice, compungido, el asesor—. Es que como lo del huevo ha trascendido, los mesetaris y los botiflers han montado tal rechifla en las redes sociales que se están riendo de nosotros en medio planeta. Ahora sí que nos han puesto en el mapa. Por lo demás, las feministas radicales nos han retirado su apoyo, porque dicen que haber interrumpido el proceso por un huevo más o menos es una clara muestra de machismo. Los transexuales también nos han retirado el suyo, por lo menos mientras el President no se corte también el otro huevo. Y por si fuera poco, el Barça va perdiendo en casa tres a uno contra el Rayo Vallecano. Como usted comprenderá, eso no hay espíritu soberanista que lo soporte.
—¡Pues sí que estamos buenos! ¡Otra vez vuelta a empezar!
Por Gonzalo Guijarro Puebla.

11 de julio de 2016

Colaboradores necesarios

Desemboco en la lectura de un artículo a través de una tuitera que sigo y que me sigue. Antinacionalista ella, lo ha enlazado en la red social del pajarito azul para divulgarlo. Porque ha debido de entusiasmarle, sin duda. Llega firmado por Javier García Fernández y no es el primero que escribe en El País. «El renacer del referéndum», se titula:
«El referéndum sobre la independencia de Cataluña ha vuelto a emerger cuando parecía superado tras la Declaración del Parlamento catalán de 9 de noviembre de 2015. Con Podemos, Izquierda Unida y En Común Podem, el referéndum renace y lo asume Puigdemont en sus últimas declaraciones. Se entiende que Puigdemont vuelva a admitir el referéndum, pues sería una salida al estancamiento en que ya ha caído la operación independentista. Se entiende menos para qué lo propugnan Podemos y sus aliados.
»El referéndum se ideó en Cataluña para intentar la ruptura con el Estado sin infringir el ordenamiento. Alguien descubrió el referéndum de Quebec y, sin apreciar las grandes diferencias constitucionales e históricas entre Canadá y España, se vio como la vía legal hacia la independencia. Quienes en ese momento estaban más interesados en el referéndum eran los independentistas que pensaron que era una opción aséptica y democrática. Y para vender mejor la mercancía se inventaron un envoltorio atractivo, el derecho de decidir».
Para extrañeza de muchos, que no le creyeron, ya en
la década de 1990 el escritor Antonio Robles advirtió
públicamente de que los maestros constituirían el
“ejército” del nacionalismo catalán
No vamos mal. De momento parece que el señor, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid según se nos informa al pie, expone una sensata visión.
«Aunque el Tribunal Constitucional, en su sentencia de 25 de marzo de 2014, admitió la conformidad constitucional del derecho a decidir si no estaba vinculado a la declaración de soberanía del pueblo catalán, todos los textos independentistas lo conciben como un prius que antecede y legitima el proceso hacia la independencia, un principio que legitimaría el derecho a salirse del Estado. Por eso hay razones democráticas para rechazar un referéndum.
»En primer lugar, a diferencia de Canadá (donde solo se planteó en Quebec), en España un referéndum provocaría similares peticiones en el País Vasco y en Galicia. Pondríamos a España en almoneda, a disposición de cualquier propuesta que surgiera, con riesgo de romper un Estado que, a diferencia de Canadá o de Checoslovaquia, empezó a asentarse hace cinco siglos. Con un Estado casi tan descentralizado como Alemania, fomentar una cadena de consultas es una frivolidad tan irresponsable como el juego de Cameron con consultas oportunistas.
»En segundo lugar, un referéndum puede conducir a una ruptura irreversible de la convivencia. Antes de que se hablara en España del consenso en la Transición, la ciencia política anglosajona había elaborado la noción de consensus como aceptación de los fundamentos esenciales de la sociedad, contrapuesto a las subculturas políticas que fragmentan la convivencia nacional. Un referéndum sobre la independencia provocaría en Cataluña una fragmentación tan elevada que dividiría a la sociedad catalana en dos bloques difíciles de soldar en mucho tiempo. En el mejor de los supuestos, la independencia alcanzaría un 50 y poco por ciento y así no se puede gestionar el consensus, pues siempre habrá una mitad que no asumirá los resultados».
Y de repente ¡zas!, sorpresón:
«En tercer lugar, un referéndum solo debe convocarse cuando la crisis de la sociedad impide totalmente otras salidas constitucionales. Pero en Cataluña las hay, a través de la reforma constitucional, aunque para ello hace falta que el Gobierno se implique y los partidos no independentistas ofrezcan sus alternativas.
»Por esos motivos, es incongruente pedir que se celebre el referéndum para votar en contra de la independencia. En Podemos, que igual que sus aliados ha descubierto tardíamente la plurinacionalidad española, se detecta un fenómeno de pereza intelectual, pues no han hecho el esfuerzo de superar la visión franquista de España y creen que los símbolos del Estado democrático, las Fuerzas Armadas y la propia unidad nacional son propios de la dictadura. ¿Qué mezcla de pereza y de ignorancia lleva a confundir la España descentralizada de la Constitución con la España franquista?».
¡Cómo que la «plurinacionalidad española»! ¿Otro que ha asumido la tramposa identificación de lengua con nación [1] y pretende endilgarnos eso de que en nuestro país coexisten varias naciones privadas de reconocimiento oficial, piedra angular del relato secesionista?
«En cuanto a Barcelona en Comú e Iniciativa, parecen creer que una Cataluña independiente sería la arcadia que cuentan algunos publicistas catalanes, pero el permanente triunfo electoral de Pujol les debería hacer reflexionar. En realidad han hecho renacer el modelo marxista-nacionalista del B.O.C. y del P.O.U.M., pero estos partían de unos supuestos ilusorios como se vió [sic] en Els moviments d'emancipació nacional de Andrés Nin, que en 1935 intentaba cohonestar movimiento nacional catalán y movimiento obrero.
»Desde 2000, el independentismo ha crecido por una sucesión de errores, el último de los cuáles [sic] fue la decisión del Gobierno de Maragall de promover un Estatuto que no era una necesidad para la mayoría de los catalanes. No acrecentemos el error con el referéndum cuando el camino de la reforma constitucional está abierto».
Desde 2000 no, sino desde mucho antes viene creciendo el separatismo. A partir de 1980 para ser precisos, año de la entronización de Jordi Pujol. Fue precisamente el periódico donde García Fernández vehicula esta pieza periodística el que, en la lejana fecha del 28 de octubre de 1990, reveló al público el célebre Programa 2000, diseñado por el entonces presidente de la Generalidad y hoy imputado por varios delitos junto con su mujer e hijos. Las directrices del plan, de 20 folios de extensión, eran inculcar el sentimiento nacionalista en la sociedad catalana mediante un férreo control en casi todos los ámbitos; completándolo con la infiltración de elementos nacionalistas en puestos clave de los medios de comunicación («incidir en la formación inicial y permanente de los periodistas y de los técnicos de comunicación para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana», prescribe textualmente), así como de los sistemas financiero y educativo («reorganizar el cuerpo de inspectores de forma que vigilen la correcta cumplimentación de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza» e «incidir en las asociaciones de padres»).

Tras décadas de funcionamiento a todo gas de la maquinaria propagandística y de adoctrinamiento, ante el más que previsible resultado de aquella estrategia nos hallamos. Varias generaciones han sido ya educadas en el rechazo a España y a los españoles. Cuando no directamente en el odio. Y la solución jamás podrá consistir en una reforma de nuestra Carta Magna como propone el autor del artículo, quien, o nos toma por ilusos, o lo es él en grado sumo. Otro incauto más tragándose la falacia del "encaje de Cataluña en España" que tan jugosos réditos ha proporcionado a los chantajistas de la estelada desde la Transición, trasladándonos a los demás la responsabilidad de buscar acomodo legal a quienes no se quieren contentar.

Reforma constitucional, dice. ¿Para qué?, ¿para otorgar todavía mayores privilegios a la oligarquía catalana? ¡Pero si llevamos 40 años de concesiones y no ha funcionado! Al revés, con cada transferencia de poder y de dinero, se ha entregado al enemigo un nuevo instrumento con que destruir la nación española; se le ha acercado a sus dos objetivos declarados: la secesión de Cataluña y la anexión de otros territorios. Imprudente además de inútil se antoja cualquier fórmula intermedia.

Cada día me convenzo más de que el mal llamado problema catalán no es tal, sino un problema nacional. Y no solamente porque seamos todos los españoles quienes padecemos la permanente extorsión, los desprecios y las chulerías del movimiento separatista, sufragado encima con el dinero de nuestros impuestos. Lo es, principalmente, por la complicidad —buenista y cándida en unos casos, interesada en otros— de aquellos que definiéndose como no nacionalistas, les han posibilitado llegar tan lejos en su desafío.

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1. «Madre de la nacionalidad, podríamos decir de la lengua. De todos los elementos que forman la nacionalidad, la lengua es el más potente, el más influyente, el más decisivo. […] La lengua constituye la más fuerte señal de la nacionalidad. El mapa lingüístico de Europa es, en sus grandes líneas, y aparte de unas pocas excepciones, el mapa de las nacionalidades». Antoni Rovira i Virgili. El principi de les nacionalitats. 1932.
«La lengua es la manifestación más perfecta del espíritu nacional y el instrumento más poderoso de la nacionalización, y por lo tanto de la conservación y vida de la nacionalidad». Enric Prat de la Riba. La nacionalitat catalana. 1906.

1 de septiembre de 2015

Déjà vu

Ante la intolerable oleada de difamaciones que pueblan Internet ―junto con otros espacios donde también florece el siempre deseable debate público como producto de la convergencia de diferentes corrientes de opinión―, y actuando en mi calidad de autor y administrador únicos del blog, me siento en la obligación moral de precisar lo siguiente: que NO existen similitudes entre el nacionalismo catalán y el nazismo alemán fundado por Adolf Hitler.


Ninguna, ni la más remota; por mucho que algunos se obstinen en buscarlas.


No son en absoluto comparables, ni en sus métodos ni en la escenificación de sus multitudinarias movilizaciones.


Tampoco en su iconografía.


Desconozco a quién puede habérsele ocurrido tan disparatadas ignominias.


Pero albergo el convencimiento de que tales acusaciones responden, sin duda, a un ánimo infamante contra esa nobilísima y democrática opción ideológica de la Cataluña de nuestros días.


Y creo que es así porque resulta imposible encontrar puntos en común entre ambos movimientos políticos.


¡Como si alguna vez hubiera podido alguien demostrar lo contrario, vamos!


Nuestra postura ética, la mía y la de todos, no debe ser otra que la de hacer prevalecer la verdad negando cualquier semejanza.


Combatir esas malintencionadas analogías sin descanso, con denuedo, vigorosamente... más aun, ¡febrilmente! En todo momento, circunstancia y lugar.


Desmentirlas, sea cual sea la clase de mentes calenturientas de las que provengan.


A mí se me hace muy difícil comprender cómo puede haber gente capaz de inventar maledicencias así, la verdad.


Sirva la presente aclaración como comunicado oficial de este sitio web y procúrese en adelante su máxima divulgación a iniciativa de los amables lectores que lo deseen.

En Cataluña, a primero de septiembre del año de Nuestro Señor de dos mil quince.

14 de diciembre de 2014

Paseo por el rencor y la paranoia

Una de las secciones más escalofriantes del blog es Flores del desierto, abundantísima recopilación de opiniones de los lectores vertidas en diversos diarios que se publican en Cataluña. A modo de termómetro, el carácter de tales aportaciones anónimas señala el grado de odio inoculado en las masas por la maquinaria propagandística de la Generalidad a lo largo de los años. De odio a España y a los españoles; pero también de desinformación, pues en ninguna otra región, ignorancia y visceralidad van tan estrechamente ligadas como aquí:
«ZP debería saber que el castellano es un dialecto del catalán. ¡Incultos españoles!». (Nació Digital. 20-01-2011, 10:18).
«Es normal que siendo el catalán una lengua mucho más elaborada culta y anterior que la variante esta que se habla en el centro y que llaman castellano, se exija de forma preferente a los taxistas. Todo el mundo sabe que los bárbaros españoles comenzaron a adoptar el latín a partir de la entrada de este por el área mediterránea, por tanto es evidente que Cataluña recibió la influencia mucho antes que Castilla y el resto de la península. Si una lengua hay que sea dialecto de la otra, esa es el castellano, sin duda, que no es más que una manera más elemental de hablar catalán». (Nació Digital. 01-09-2011, 09:55).
«España no existe, es un mito. El Cid Campeador era un moro. América fue descubierta por catalanes. España es un estado tercermundista con un 70% de descendientes directos de árabes». (Nació Digital. 07-09-2011, 22:18).
«España es horrible. Horterada, peineta, toros, caspa, chulería barata, bronca, mala educación, colonias perdidas, inquisición, negatividad, chusma chulesca y grosera, insultos, fracaso escolar, drama de religiones, intolerancia, corrupción franquista, empresas mediocres y subvencionadas, lacra impositiva amarga, tradiciones horrorosas y torpes, la idea de España es un fracaso histórico monumental. La historia de España está falsificada. Cervantes escribió “El Quijote” en catalán y después fue traducido por la fuerza, Colón era catalán y se ha ocultado». (Nació Digital. 26-04-2011, 13:31).
«¡Seremos el estado más fuerte del mundo! los U.S.A. vendrán a aprender de nosotros y de nuestro sistema político, económico e industrial, además del social y laboral. La pensión mínima y el salario mínimo será [sic] de 1.800 euros en Cataluña y el paro habrá sido una pesadilla, porque ya no existirá más». (Nació Digital. 10-07-2012, 16:04).

Tres décadas de propaganda, adoctrinamiento político
y mentiras han fomentado el cainismo y envenenado
ideológicamente a gran parte de la sociedad catalana
La paranoia (del griego, παράνοια) es una perturbación mental caracterizada por la presencia de delirios, percepciones y creencias equivocadas y totalmente desconectadas de la realidad. Una manifestación de esta enfermedad ―inducida, en estos casos― es la manía persecutoria, que el Diccionario de la Real Academia Española define como la «preocupación maniática de ser objeto de la mala voluntad de una o varias personas»:
«Desde hace 300 años los castellanos no pretenden más que consumir y extinguir a Cataluña y los Catalanes». (Nació Digital. 17-06-2011, 15:13).
«LOS ESPAÑOLES NO ESTÁN LOCOS, SINO DECIDIDOS A EXTERMINARNOS. SABEN BIEN LO QUE SE TRAEN ENTRE MANOS Y CÓMO QUIEREN HACERLO POR LO TANTO LO QUE TENEMOS QUE HACER ES ESTAR UNIDOS Y ATACAR POR TODOS LOS FRENTES Y EMPEZAR A REPARTIR LEÑA. NO HAGÁIS CASO DE SUS PODRIDAS PALABRAS AMABLES ACTÚAN COMO LOS PSICÓPATAS, PARECEN SERIOS, MODERADOS, ETC... PERO YA TE LA HAN METIDO. SE LES DEBE ATACAR Y VERÉIS COMO RESPONDEN CON LA RABIA PROPIA DE LOS DOBERMAN HAMBRIENTOS EN EL INFIERNO DE SU VIDA HISPÁNICA CASPOSA Y PODRIDA. LOS CATALANES YA HEMOS PERDIDO EL MIEDO Y AHORA HAY QUE COMENZAR A INTIMIDARLES Y A EXPULSARLES DE CATALUÑA». (Nació Digital. 03-09-2011, 19:28).
«España y los españoles no existen. España es un seudónimo maligno que se inventaron los castellanos para disimular sus crímenes. La nación castellana hace más de 300 años que quiere destruir a la nación catalana». (Nació Digital. 08-01-2012, 13:24).
«El forjador del Estado español fue un sádico, un enfermo mental que tenía odio patológico a los catalanes, por eso resulta del todo incomprensible que hoy en día haya catalanes que crean en este proyecto repugnante. España es un invento de Castilla, España es Castilla y el papel de los catalanes dentro del Estado español es callar, no molestar y aceptar que los castellanos nos lo roben todo. A partir del siglo XVIII Cataluña pasa a ser un territorio conquistado, una colonia, se acaba la soberanía y comienza la dependencia, 300 años de dependencia y de robo». (La Vanguardia. 11-04-2011, 03:14).
«Se equivoca alguno diciendo aquí que España nos roba y que continuará robándonos. No. España nos robará hasta que ya no pueda sacar más de Cataluña. Entonces dejará de robarnos y habrá logrado su anhelo: destruirnos para siempre». (Nació Digital. 03-01-2012, 16:57).
«ESPAÑA ES LA RUINA, CATALUÑA SIEMPRE LA SUPERVIVENCIA.
ESPAÑA ES LA INCULTURA Y EL RETROCESO, CATALUÑA ES ES EL AVANCE.
ESPAÑA ES LA HERENCIA DE LA CASTILLA INQUISIDORA, CATALUÑA ES LA LLAMA DE LA LIBERTAD.
ESPAÑA ESTÁ ENFERMA Y MALTRATA A QUIEN MÁS PAGA, CATALUÑA PAGA Y RECIBE LOS GOLPES.
LA LENGUA CASTELLANA ES IMPUESTA, LA CATALANA ES NATURAL.
LOS MACARRAS ESPAÑOLES ATACAN A LA CATALUÑA POSITIVA Y FINA.
¿¿¿QUÉ CARAY HACEMOS CON ESTA PANDA DE CERDOS ESPAÑOLES QUE SÓLO SIRVEN PARA HACER PIENSO BARATO QUE ECHAR A LAS RATAS???
CATALUÑA, TE HAS DE DIVORCIAR DE ESE PAÍS ESCLAVO QUE ES ESPAÑA. ESPAÑA ES LA RUINA DE LOS CATALANES Y DE SUS HIJOS. NADIE LA SALVARÁ, NI ELLOS MISMOS, LOS CATALANES HEMOS DE SALVARNOS Y PUNTO. QUE CHILLEN Y BRAMEN COMO TARADOS COMO SIEMPRE, NINGÚN PROBLEMA, ¡¡¡DAN ASCO!!! ¡¡ESTADO CATALÁN!!».
(Nació Digital. 04-08-2011, 20:25).
«Esperemos que los catalanes, en este proceso de rearme moral e ideológico contra el ocupante, invasor y enemigo español, podamos hacernos cada vez más fuertes y permanecer más unidos porque la guerra será larga. Sin tregua y a muerte si es preciso». (La Voz de Barcelona. 15-10-2011, 18:21).
«ES LA GUERRA, y debemos ser coherentes con la situación. Se ha acabado la tontería. Cada uno que elija un lado de la trinchera. Hemos de enseñarles los dientes de una vez y para siempre. Se ha terminado tanta chulería castellana como quieren imponernos». (Nació Digital. 03-09-2011, 11:50).
«Aquí tenéis a uno dispuesto a combatir en primera línea, hasta la muerte si preciso fuera, en la trinchera a la que se le envíe». (Nació Digital. 05-01-2012, 19:04).
Lejos de provocar repulsa general, los mensajes mas aberrantes son habitualmente premiados con numerosas calificaciones positivas por parte de otros foreros. Comentarios que rezuman el complejo de superioridad propio del nacionalismo catalán, una arcaica ideología basada en la supremacía étnica, que ha pervivido hasta nuestros días (en 1906, el fundador del catalanismo Enric Prat de la Riba escribió lo siguiente en su obra La nacionalitat catalana: «Cada nación ha de tener un Estado, pero Cataluña tiene además una misión imperialista cuyo marco son los pueblos ibéricos desde Lisboa hasta el Ródano. […] Los pueblos bárbaros han de ser sometidos de buen grado o a la fuerza. Las potencias cultas tienen el deber de expansionarse sobre las poblaciones retrasadas»):
«Los españolitos dais pena y lástima europea, en todos los sentidos. Lástima y asco absolutos, por mucha chulería que tengáis. Los catalanes generamos más, pagamos más, somos más fuertes y ¡¡cuidado, que aún os invadiremos, panda de cagaladrones de los cojones!! ¡¡A ver si os arrasaremos, imbéciles!!». (Nació Digital. 26-04-2011, 14:02).
«¡¡¡España es la chusma de Europa, y hablan el sudamericano, un idioma de miserables!!! ¡España, país sin futuro, donde todos son gandules, borrachos y andaluces!». (Nació Digital. 26-05-2011, 14:55).
«Más vale estar muerto que ser español». (Nació Digital. 19-07-2011, 12:49).
«El castellano, idioma que sólo hablan gente miserable, mayoritariamente golfa, gandula, borracha e inculta, sólo sirve para ser inmigrante; todos los castellanos residentes en Cataluña son emigrantes españoles, bolivianos o de Ceuta o de las Hurdes [sic]; eso da igual; llegan sin calzoncillos y aquí se los damos; llegan con hambre y les damos de comer, llegan analfabetos y les enseñamos a leer; y encima son desagradecidos los pobres miserables españoles; España, país de miserables, y suerte tienen de que la Selección es básicamente Catalana». (Nació Digital. 02-07-2012, 15:19).
«Está más que demostrado que una lengua es una forma de entender el mundo. Cuantas más lenguas, más inteligente es uno. Razón por la cual y hablando en general, los españoles monolingües sois inferiores a los catalanes bilingües». (Nació Digital. 17-06-2011, 23:12).
«La pregunta... cómo es posible que en los Estados Unidos tengan a los negros como inmigración, y en Cataluña tengamos a los españoles... simplemente, ellos pudieron escoger primero». (Nació Digital. 01-09-2011, 07:39).
«Charnegos, cholos e inmigrantes diversos habéis perdido la vergüenza; amparados por el reinado de la estupidez de Tele5, medio idiotas de nacimiento y rematados durante vuestra juventud, os creéis con el más mínimo derecho a aterrizar en estas tierras catalanas y comenzar a modificar la realidad del país. NO SOIS CATALANES, SOIS FORASTEROS, Y NO VALÉIS NADA DE NADA». (La Voz de Barcelona. 19-09-2011, 16:38).
Comentarios todos que componen la trágica crónica de nuestro declive como nación por la felonía de nuestra casta política, y preludian algo que, sea lo que sea, no resultará bueno:
«Ojalá todos los españoles se muriesen, viva cataluña [sic] libre». (Directe!cat. 09-06-2013, 18:02).
«¡¡¡Son unos putos españoles, en una tierra que no es la suya!!!
¡¡¡Marchaos a vuestra puta España!!!, asquerosos, y pudríos con vuestras tradiciones asquerosas».
(Nació Digital. 08-09-2011, 20:48).
«La Humanidad subiría un escalón en el nivel de Evolución si los Españoles desapareciesen del mapa». (Nació Digital. 14-01-2011, 11:54).
«Cada vez os odiamos más. Y si me entero de que en el aula de mis hijos un castellanazo solicita que las clases se den en castellano, yo le [sic] haré la vida imposible al niño y a sus padres». (La Voz de Barcelona. 10-04-2013, 19:52).
«Comencemos a marginar a los castellanoparlantes unilingües desde ahora mismo. Lo pedimos a gritos. […] Hagámosles ver, por la vía de los hechos, que sin el catalán no se es nadie en Cataluña». (Nació Digital. 27-12-2010, 00:47).
«Cada vez que veáis a un español, escupid en el suelo». (Nació Digital. 03-01-2012, 15:52).
«Tal y como está la cosa, yo el dinero que se destina a promover el catalán lo destinaría directamente a pegarles palizas de muerte a los castellanoparlantes, comenzando por la panda de hijos de puta que cada día escriben docenas de ofensas en este espacio». (e-Notícies. 08-11-2011, 14:54).
«¿Qué sentido tiene en estos momentos de crisis que haya españoles? Destripémoslos a todos, total sólo comen y yacen, y hablan como perros jjjj. Son mucho, pero mucho peores, que sus antepasados, los árabes, de quienes sólo aprendieron los vicios pero no las virtudes». (Nació Digital. 29-07-2011, 05:30).