13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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11 de julio de 2016

Colaboradores necesarios

Desemboco en la lectura de un artículo a través de una tuitera que sigo y que me sigue. Antinacionalista ella, lo ha enlazado en la red social del pajarito azul para divulgarlo. Porque ha debido de entusiasmarle, sin duda. Llega firmado por Javier García Fernández y no es el primero que escribe en El País. «El renacer del referéndum», se titula:
«El referéndum sobre la independencia de Cataluña ha vuelto a emerger cuando parecía superado tras la Declaración del Parlamento catalán de 9 de noviembre de 2015. Con Podemos, Izquierda Unida y En Común Podem, el referéndum renace y lo asume Puigdemont en sus últimas declaraciones. Se entiende que Puigdemont vuelva a admitir el referéndum, pues sería una salida al estancamiento en que ya ha caído la operación independentista. Se entiende menos para qué lo propugnan Podemos y sus aliados.
»El referéndum se ideó en Cataluña para intentar la ruptura con el Estado sin infringir el ordenamiento. Alguien descubrió el referéndum de Quebec y, sin apreciar las grandes diferencias constitucionales e históricas entre Canadá y España, se vio como la vía legal hacia la independencia. Quienes en ese momento estaban más interesados en el referéndum eran los independentistas que pensaron que era una opción aséptica y democrática. Y para vender mejor la mercancía se inventaron un envoltorio atractivo, el derecho de decidir».
Para extrañeza de muchos, que no le creyeron, ya en
la década de 1990 el escritor Antonio Robles advirtió
públicamente de que los maestros constituirían el
“ejército” del nacionalismo catalán
No vamos mal. De momento parece que el señor, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid según se nos informa al pie, expone una sensata visión.
«Aunque el Tribunal Constitucional, en su sentencia de 25 de marzo de 2014, admitió la conformidad constitucional del derecho a decidir si no estaba vinculado a la declaración de soberanía del pueblo catalán, todos los textos independentistas lo conciben como un prius que antecede y legitima el proceso hacia la independencia, un principio que legitimaría el derecho a salirse del Estado. Por eso hay razones democráticas para rechazar un referéndum.
»En primer lugar, a diferencia de Canadá (donde solo se planteó en Quebec), en España un referéndum provocaría similares peticiones en el País Vasco y en Galicia. Pondríamos a España en almoneda, a disposición de cualquier propuesta que surgiera, con riesgo de romper un Estado que, a diferencia de Canadá o de Checoslovaquia, empezó a asentarse hace cinco siglos. Con un Estado casi tan descentralizado como Alemania, fomentar una cadena de consultas es una frivolidad tan irresponsable como el juego de Cameron con consultas oportunistas.
»En segundo lugar, un referéndum puede conducir a una ruptura irreversible de la convivencia. Antes de que se hablara en España del consenso en la Transición, la ciencia política anglosajona había elaborado la noción de consensus como aceptación de los fundamentos esenciales de la sociedad, contrapuesto a las subculturas políticas que fragmentan la convivencia nacional. Un referéndum sobre la independencia provocaría en Cataluña una fragmentación tan elevada que dividiría a la sociedad catalana en dos bloques difíciles de soldar en mucho tiempo. En el mejor de los supuestos, la independencia alcanzaría un 50 y poco por ciento y así no se puede gestionar el consensus, pues siempre habrá una mitad que no asumirá los resultados».
Y de repente ¡zas!, sorpresón:
«En tercer lugar, un referéndum solo debe convocarse cuando la crisis de la sociedad impide totalmente otras salidas constitucionales. Pero en Cataluña las hay, a través de la reforma constitucional, aunque para ello hace falta que el Gobierno se implique y los partidos no independentistas ofrezcan sus alternativas.
»Por esos motivos, es incongruente pedir que se celebre el referéndum para votar en contra de la independencia. En Podemos, que igual que sus aliados ha descubierto tardíamente la plurinacionalidad española, se detecta un fenómeno de pereza intelectual, pues no han hecho el esfuerzo de superar la visión franquista de España y creen que los símbolos del Estado democrático, las Fuerzas Armadas y la propia unidad nacional son propios de la dictadura. ¿Qué mezcla de pereza y de ignorancia lleva a confundir la España descentralizada de la Constitución con la España franquista?».
¡Cómo que la «plurinacionalidad española»! ¿Otro que ha asumido la tramposa identificación de lengua con nación [1] y pretende endilgarnos eso de que en nuestro país coexisten varias naciones privadas de reconocimiento oficial, piedra angular del relato secesionista?
«En cuanto a Barcelona en Comú e Iniciativa, parecen creer que una Cataluña independiente sería la arcadia que cuentan algunos publicistas catalanes, pero el permanente triunfo electoral de Pujol les debería hacer reflexionar. En realidad han hecho renacer el modelo marxista-nacionalista del B.O.C. y del P.O.U.M., pero estos partían de unos supuestos ilusorios como se vió [sic] en Els moviments d'emancipació nacional de Andrés Nin, que en 1935 intentaba cohonestar movimiento nacional catalán y movimiento obrero.
»Desde 2000, el independentismo ha crecido por una sucesión de errores, el último de los cuáles [sic] fue la decisión del Gobierno de Maragall de promover un Estatuto que no era una necesidad para la mayoría de los catalanes. No acrecentemos el error con el referéndum cuando el camino de la reforma constitucional está abierto».
Desde 2000 no, sino desde mucho antes viene creciendo el separatismo. A partir de 1980 para ser precisos, año de la entronización de Jordi Pujol. Fue precisamente el periódico donde García Fernández vehicula esta pieza periodística el que, en la lejana fecha del 28 de octubre de 1990, reveló al público el célebre Programa 2000, diseñado por el entonces presidente de la Generalidad y hoy imputado por varios delitos junto con su mujer e hijos. Las directrices del plan, de 20 folios de extensión, eran inculcar el sentimiento nacionalista en la sociedad catalana mediante un férreo control en casi todos los ámbitos; completándolo con la infiltración de elementos nacionalistas en puestos clave de los medios de comunicación («incidir en la formación inicial y permanente de los periodistas y de los técnicos de comunicación para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana», prescribe textualmente), así como de los sistemas financiero y educativo («reorganizar el cuerpo de inspectores de forma que vigilen la correcta cumplimentación de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza» e «incidir en las asociaciones de padres»).

Tras décadas de funcionamiento a todo gas de la maquinaria propagandística y de adoctrinamiento, ante el más que previsible resultado de aquella estrategia nos hallamos. Varias generaciones han sido ya educadas en el rechazo a España y a los españoles. Cuando no directamente en el odio. Y la solución jamás podrá consistir en una reforma de nuestra Carta Magna como propone el autor del artículo, quien, o nos toma por ilusos, o lo es él en grado sumo. Otro incauto más tragándose la falacia del "encaje de Cataluña en España" que tan jugosos réditos ha proporcionado a los chantajistas de la estelada desde la Transición, trasladándonos a los demás la responsabilidad de buscar acomodo legal a quienes no se quieren contentar.

Reforma constitucional, dice. ¿Para qué?, ¿para otorgar todavía mayores privilegios a la oligarquía catalana? ¡Pero si llevamos 40 años de concesiones y no ha funcionado! Al revés, con cada transferencia de poder y de dinero, se ha entregado al enemigo un nuevo instrumento con que destruir la nación española; se le ha acercado a sus dos objetivos declarados: la secesión de Cataluña y la anexión de otros territorios. Imprudente además de inútil se antoja cualquier fórmula intermedia.

Cada día me convenzo más de que el mal llamado problema catalán no es tal, sino un problema nacional. Y no solamente porque seamos todos los españoles quienes padecemos la permanente extorsión, los desprecios y las chulerías del movimiento separatista, sufragado encima con el dinero de nuestros impuestos. Lo es, principalmente, por la complicidad —buenista y cándida en unos casos, interesada en otros— de aquellos que definiéndose como no nacionalistas, les han posibilitado llegar tan lejos en su desafío.

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1. «Madre de la nacionalidad, podríamos decir de la lengua. De todos los elementos que forman la nacionalidad, la lengua es el más potente, el más influyente, el más decisivo. […] La lengua constituye la más fuerte señal de la nacionalidad. El mapa lingüístico de Europa es, en sus grandes líneas, y aparte de unas pocas excepciones, el mapa de las nacionalidades». Antoni Rovira i Virgili. El principi de les nacionalitats. 1932.
«La lengua es la manifestación más perfecta del espíritu nacional y el instrumento más poderoso de la nacionalización, y por lo tanto de la conservación y vida de la nacionalidad». Enric Prat de la Riba. La nacionalitat catalana. 1906.

5 de agosto de 2015

2

Anda la secta muy silenciosa últimamente. Apenas se les oye. El año pasado por estas fechas ya estaban anunciando a bombo y platillo el show con que tenían pensado amenizarnos en la Diada del 11 de septiembre: un gigantesco mosaico humano a lo norcoreano en forma de v, con adultos y niños —¡muchos niños, muuuchos!— obedientemente uniformados, con camisetita amarilla unos; de color rojo la otra mitad.

Este año en cambio ni siquiera me he enterado de qué preparan. Alguna mamarrachada de las suyas, eso seguro, profusa en grititos histéricos, chutes de victimismo y semblantes con mirada perdida. Pero el caso es que su ímpetuosa omnipresencia de antaño en los medios parece haberse esfumado. No se les ve organizar hitlerianas marchas nocturnas con antorchas, ni conciertos “por la libertad” en el estadio del Barça. Los referéndums con urnas de cartón son cosa del pasado. Y en las carreteras uno ya sólo se cruza con vehículos y no con cadenas humanas. Todo lo cual abona en bastantes optimistas la convicción de que cayeron abatidos por la derrota. ¡Nada más lejos de la realidad!


Además de para adoctrinar políticamente al pasaje,
el reparto gratuito de periódicos en los transportes
públicos sirve a la Generalidad para subvencionar
encubiertamente a la prensa afín
Los admiradores de los golpistas Lluís Companys y Francesc Macià están, simplemente, agazapados, al acecho. En paciente espera de su oportunidad... tras las elecciones. Pero de las generales más que de esas autonómicas convocadas anteayer para el próximo 27-S, porque es cuando planean extorsionar a placer al previsiblemente débil Gobierno de la nación emergido de las urnas.

Lo que se ha dado en mal llamar «proceso soberanista [sic]» no es sino un acelerón imprimido por Artur Mas a la operación separatista puesta en marcha 35 años atrás por Jordi Pujol («hoy paciencia, mañana independencia», coreaban sus colaboradores directos y sus acólitos, mientras en Madrid el Molt Honorable cleptócrata fingía contribuir a la estabilidad del Estado con su interesadísimo apoyo parlamentario y era elegido «El español del año»).

E intuyo que el chulesco desafío de Mas, o pisotón de gas a fondo, viene siendo apoyado desde el principio por dos clases de nacionalistas: los líderes iluminados y el populacho persuadido por la propaganda, de una parte; y un segundo grupo, más realista, integrado por políticos catalanistas de diversas tendencias y por determinada élite empresarial, que pese a haber atisbado la improbabilidad de una secesión inmediata, con la agitación provocada buscan arrancarle al Gobierno todavía más privilegios a través de un estatus especial para esta Autonomía (el blindaje de competencias en materia lingüística y educativa, el reconocimiento oficial de Cataluña como “nación”, unas estructuras judiciales desconectadas de las del resto de España ―para garantizarse la impunidad de sus corruptelas perpetradas y por cometer― y derecho de veto en ciertas decisiones del Ejecutivo son algunas de las reivindicaciones que ya intentaron colar en la elaboración del último Estatuto).

Así como un pacto fiscal o concierto económico, por supuesto; con una agencia tributaria propia. ¿Para conseguir definitivamente el famoso “encaje de Cataluña en España” con el que tanto nos han machacado? No, al revés: para poder sufragar los enormes costes que conlleva una secesión.

Porque para crear una nación de la nada y ponerla en el mundo (esto es: obtener la aceptación de la ONU y de las potencias de mayor peso, incluirla en los principales foros y tratados internacionales habiéndola dotado antes de sus preceptivas estructuras de Estado para cubrir las apariencias, establecer acuerdos comerciales con otros países, emitir deuda pública con posibilidades de éxito, etc.) hay que comprar muchas, pero que muchas voluntades. Y a muy caro precio.

Ni existe ese espejismo de una versión moderada del nacionalismo, ni resulta posible contentar a este con nada. Quienes proponen soluciones a base de fórmulas federales y asimetrías se engañan o nos engañan. Porque es un movimiento político con dos objetivos irrenunciables: desgajar Cataluña de España y anexionarse después otros territorios (fantasmagoría imperialista de los «Países Catalanes»). Y no parará hasta alcanzarlos, sin reparar en tiempo ni en gastos.

Mientras tanto seguirá creciendo en número de adeptos, fanatizando a las masas, inoculando odio cainita, acaparando cuotas de poder político y social, y colonizando culturalmente las regiones de las que pretende apropiarse. Continuará sobornando a medios de comunicación mediante subvenciones. Y las escuelas catalanas nunca dejarán de proveer generaciones de fieles con la mente convenientemente programada, merced a la competencia de Enseñanza que hace décadas fue transferida a la Generalidad.

20 de junio de 2014

Los miserables

Anda la secta contentísima y con la barretina en erección porque nuestra selección nacional de fútbol ha sido eliminada de la Copa de la FIFA que está disputándose en Brasil. Y eso es cosa que gusta a los enemigos de España.

La noticia, bajo el hiriente titular «Ridículo mundial de España», en el diario Nació Digital —una especie de Gara a la catalana y en plan bestia—, aloja toda clase de regodeos e improperios de los lectores:
«¡Qué alegría! ¡Que se jodan!». (18/06/2014, a las 22:54).
«Hoy es un gran día». (18/06/2014, a las 23:01).
«Qué penaaaa, ji, ji». (19/06/2014, a las 00:16).
«Qué contento estoy. ¡Esto es mejor que un orgasmo!». (18/06/2014, a las 23:06).
«Hahahahahaha.... Hohohohohoho... Así llevo desde que ha terminado el partido... Hohohohoho... Hahahahahaha...». (18/06/2014, a les 23:02).
Aunque pueda parecer que este último autor homenajea al célebre burro o ruc catalán rebuznando, en realidad no es así: es como acostumbran ellos a escribir la onomatopeya de una carcajada, rehuyendo la utilización de la letra jota para evitar coincidencias con la grafía del idioma español.
«Me han fastidiado ya que unas buenas celebraciones harán que mañana tenga más sueño ya se sabe cava, priorato y cosas de esas». (19/06/2014, a las 12:39).
«Hoy sin beber alcohol paresia un borracho de felicidad y alegria Mucha alegria he gastadolos petardos que tenia y he pitado fuerte una trompeta . Me he desahogado de mi amargura y frustaciones PENSAR QUE MADRID LLORA .. QUE ESPAÑA LLORA PERO NO LLORA CATALUÑA Esta esta muy muy FELIZ JE JE [sic]». (19/06/2014, a las 08:01).
«¡Qué orgasmo de 96 minutos! ooooh, aaaah, uuuuummmm. y chof chof y chof uuuiiii [sic]». (19/06/2014, a las 00:07).
«Marca España, ¡sí señor! Hacía años que no veía un partido de de fútbol, y hoy lo he visto entero... y he disfrutado. Lástima que los jugadores catalanes no regresen todos con las piernas rotas... ¡traidores!». (18/06/2014, a las 22:57).
Adhesivo sobre un cartel publicitario captado con
la cámara de mi móvil en la esquina de la Ronda
Universidad con la calle Balmes, en Barcelona;
traducción: ‘Caña a los ocupantes’
El comentario anterior ha sido automáticamente destacado con un letrero como «interesante», gracias a la elevada cantidad de puntos positivos otorgada por los demás. La inquina hacia los futbolistas catalanes integrantes de la selección por no negarse a representar a su país en los terrenos de juego es una constante. A continuación, tres mensajes de afecto hacia los dos países cuyas victoriosas selecciones han dejado a la española fuera de la competición:
«Gracias, Chile. Gracias, Holanda. Os queremos. Mercenarios catalanes, traidores». (18/06/2014, a las 23:13).
«CHILE TE QUEREMOS». (19/06/2014, a las 05:01).
«¡Viva Holanda y Viva Chile, ex colonias españolas, como muy pronto lo será Cataluña!». (19/06/2014, a las 00:42).
Algunos, esgrimen la ironía:
«Me ha sorprendido la cantidad de chilenos que hay en Barcelona. ¡Cuántos petardos!». (18/06/2014, a las 23:13).
Y no faltan quienes han aprovechado la práctica simultaneidad de esos dos grandes eventos para trazar paralelismos y han presentado la derrota deportiva como un mal augurio de la coronación del príncipe Felipe, programada para el día siguiente:
«Oh, qué gran gozo, qué alegría. Se lo merecen, es el principio de la desintegración de escanya [juego de palabras con España y el verbo en catalán escanyar, que significa asfixiar, oprimir], mañana el borboncito comienza con muy mal fario». (18/06/2014, a las 23:00).
«Cambio de reyes y España derrotada. Evidentemente esto es un presagio». (18/06/2014, a las 23:32).
«Felipe sexto [sic] comienza su reinado con mal pie. El nueve de noviembre referéndum y otro trozo de su imperio que les manda a la porra. En estos momentos ya debe de estar maldiciendo los huesos del marido de su madre». (18/06/2014, a les 23:04).
«A la mierda la roja. Mal augurio para el nuevo monarca Felipe VI. ¡Y yo que me alegro!». (19/06/2014, a las 01:39).
La abdicación del rey Juan Carlos incluso ha inspirado chistes irreverentes a algún que otro graciosillo:
«Cómo es la vida: ayer se marchó la “coja” y hoy el “cojo”». (19/06/2014, a las 20:08).
Y numerosos son los ya tradicionales comentarios que rezuman prepotencia, complejo de superioridad y desprecio hacia los demás:
«He ahí los “méritos” de Del Bosque. Queda claro que la Selección Española ha funcionado mientras los españoles parasitaron al Barça. Ahora, que aquellos jugadores de Guardiola están en horas bajas, la “Roja” naufraga». (18/06/2014, a las 23:01).
«Nunca fue La Roja siempre fue el Barça. Siempre fue el Barça y La Roja gano porque el Barça tenia un momento espectacular. El eclipse del Barça fue el fracaso de la llamada Roja». (18/06/2014, a las 23:42).
«El fracaso de la selección espaÑola [sic], es la Crónica de una muerte anunciada trasladada al mundo del fútbol. El equipo espaÑOl y su seleccionador han demostrado que no son más que unas sanguijuelas que se han aprovechado durante 8 años del mejor equipo de la historia y del mundo, pero todo tiene un final […]. Y ahora chavales, voy a comprobar que la botella de cava con la que celebro el ridículo espaÑOl, está bien fresquita». (19/06/2014, a las 12:57).
«¡Casi toda “la roja” del 2010 era del Barça, imbéciles!». (18/06/2014, a las 23:19).
En 2013, la Generalidad de Cataluña, a través de su departamento de la Presidencia, que encabeza el Consejero Francesc Homs, concedió subvenciones por valor de 45.056,19 euros a la empresa propietaria de este medio digital. Para que publique estas cosas. Dinero que, como tantas veces se ha comentado, Artur Mas está dejando de destinar a la sanidad y la educación, partidas presupuestarias para áreas fundamentales ahogadas por feroces recortes del Ejecutivo autonómico. Probablemente el nuestro sea el único lugar de Europa donde el dinero de los impuestos pagados por los ciudadanos sirve para financiar que se les insulte, a ellos y al propio país.
«¡España, vaya mierda de país! ¡La Coja parecía una banda de analfabetos borrachos y golfos!». (19/06/2014, a las 09:20).
«Los Catalanes Celebramos siempre Grandes Derrotas como LA DEL 11 DE SEPTIEMBRE Claro pues también queremos CELEBRAR LA GRAN DERROTA DE ESPAÑA Esta la celebramos con mucha más alegría y petardos y Cava [sic]». (19/06/2014, a las 08:07).
«¡España, ridículo y golfos! ¡Eso es es españa [sic], una puta mierda! ¡Vayámonos ya de este montón de mierda constitucional-franquista!». (19/06/2014, a las 09:20).
Vivir así, con todo ese odio corroyéndoles cada día del año, debe de ser horroroso.

20 de abril de 2014

No mienten más porque no tienen más tiempo

Lo ha desentrañado públicamente en su cuenta de Twitter el usuario con el alias Ferran D’Antequera (quien tiene además un excelente blog donde tritura, uno por uno, los timos del secesionismo con abundante e incontestable documentación histórica: Las Barras de Aragón); y Víctor, lector de Catalibanes, ha tenido la gentileza de enviarme por correo electrónico información y enlaces sobre el asunto: se trata de la última estafa, engañifa, falacia, trola, filfa, bribonada, vileza o adulteración separatista.

Versión con el falso colorido en los navíos que
protagonizan el bombardeo naval
La Generalidad de Cataluña y el Centro Cultural Blanquerna —lugar que acogerá el evento hasta finales de abril— anuncian en sus respectivos sitios web la exposición itinerante 1714. Memoria gráfica de una guerra, compuesta por cerca de 80 reproducciones de grabados y diversos textos explicativos, así como material audiovisual. Y que se encuadra en los actos conmemorativos del Tricentenario de la Guerra de Sucesión Española proyectados por el Ejecutivo catalán para mayor cultivo del odio y el victimismo (a esto va parte del dinero público de los recortes en sanidad y educación, y el adeudado por Artur Mas a los farmacéuticos de esta región desde hace meses).

Lo asombroso —y por algo nacionalismo e ignorancia caminan siempre de la mano— es que la propaganda de la exposición y del libro sobre la misma que la complementa (Memòria Gràfica del 1714), está ilustrada con el ataque al puerto de Barcelona de una flota en la cual ondea, roja y gualda, la bandera española. Cuando resulta que en 1714 nuestra enseña nacional ni siquiera existía aún con esos colores y franjas.

No fue hasta tiempos de Carlos III (1759-1788) que dicho monarca, mediante la promulgación del Real Decreto de 28 de mayo de 1785, adoptó el diseño actual tras una elección entre los doce bocetos presentados al concurso público que a tal efecto se convocó:
«Para evitar los inconvenientes, y perjuicios, que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera nacional, de que usa mi Armada naval, y demas Embarcaciones Españolas, equivocándose á largas distancias, ó con vientos calmosos con las de otras Naciones; he resuelto, que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida á lo largo en tres listas, de las que la alta, y la baxa sean encarnadas, y del ancho cada una de la quarta parte del total, y la de en medio amarilla, colocándose en esta el Escudo de mis Reales Armas reducido á los dos quarteles de Castilla, y Leon con la Corona Real encima; y el Gallardete con las mismas tres listas, y el Escudo á lo largo, sobre quadrado amarillo en la parte superior: Y de las demas Embarcaciones usen, sin Escudo, los mismos colores, debiendo ser la lista de en medio amarilla, y del ancho de la tercera parte de la Bandera, y cada una de las restantes partes dividida en dos listas iguales encarnada, y amarilla alternativamente, todo con arreglo al adjunto diseño. No podrá usarse de otros pavellones en los Mares del Norte por lo respectivo á Europa hasta el paralelo de Tenerife en el Océano, y en el Mediterraneo desde primero del año de mil setecientos ochenta y seis: en la América Septentrional desde principio de Julio siguiente; y en los demas Mares desde primero del año de mil setecientos ochenta y siete. Tendréislo entendido para su cumplimiento».
Pero es que además de en esos dos sitios señalados por Ferran D'Antequera, la misma burda manipulación aparece también en Barcelona 1714. Els gravats de la guerra de Successió (‘Barcelona 1714. Los grabados de la Guerra de Sucesión’), libro coeditado en 2013 por el Ayuntamiento de Barcelona, que rige el alcalde Xavier Trias, de Convergència i Unió.

Grabado original, en blanco y negro y unas medidas
de 34 x 51,5 cm; a la derecha, puede observarse
la fortificación de la Ciudadela
La lámina original es en blanco y negro, data de 1750 y fue realizada en París, por el retratista Pierre-Alexandre Aveline (1702-1760) y el estampador Jacques Chéreau (1688-1776).

El libro publicado en 1995 con el título Historia de Barcelona, de Josep L. Roig, contiene una reproducción más verosímil, por cuanto los pabellones de los buques han sido pintados con los colores de la bandera de Holanda y, efectivamente, hubo un ataque naval anglo-holandés a Barcelona en el marco de la Guerra de Sucesión. Ocurrió en 1705, cuando la oligarquía catalana todavía no había traicionado su juramento de lealtad al rey Felipe V y la Ciudad Condal luchaba en el bando borbónico. Mas la trayectoria de Aveline sugiere que ese aguafuerte no reproduce en realidad una batalla de dicha contienda, ni ningún otro episodio histórico en concreto. Y que, simplemente, el artista francés tendía a añadir escenas bélicas en algunas de sus creaciones como mero ornamento. La inclusión de la Ciudadela en el paisaje barcelonés, un fortín cuya construcción no concluyó hasta 1718, cuatro años después del fin del enfrentamiento sucesorio por el trono de España, otorgaría consistencia a esta tesis.

Lo que desde luego no pudo representar es una bandera todavía inexistente.

29 de enero de 2013

Decidiendo

Para comprender la mentalidad separatista, algo no logrado aún por ningún Gobierno de la nación, resulta imprescindible partir de la base de que es un movimiento profundamente cínico. De un cinismo inmenso, descomunal, sin parangón. Que ha encontrado en la mentira y en la manipulación sus armas preferidas.

Especialidad suya es vestir con palabras biensonantes cosas ilegales y antidemocráticas. Por ejemplo, a la imposición del catalán la denominan normalización lingüística ―quienes en Cataluña nos resistimos a dejar de hablar habitualmente en español debemos de ser, por tanto, “anormales”―; al soborno institucionalizado de la prensa lo bautizan con cada golpe de subvención como ayudas al catalán, o protección de una lengua minoritaria también; y tomar de la legalidad sólo aquello que les conviene mientras desacatan el resto recibe de boca de ellos el eufemístico nombre de soberanismo.


Entre la infantilidad y el golpismo, tapan el
retrato del Rey en la toma de posesión de
Artur Mas como presidente autonómico
el 24 de diciembre de 2012
Su más reciente timo en marcha, lo último con lo cual están retorciendo la semántica, es el tan cacareado dret a decidir (‘derecho a decidir’), un eslogan repleto de connotaciones positivas que hábilmente esgrimen para confundir a los incautos y acomplejar a los constitucionalistas. Porque ¿quién sería capaz de oponerse a que el pueblo resuelva sobre cualquier asunto en libertad, quién? ¿Un malvado, un incivilizado, un monstruo? ¿Alguien con profunda aversión hacia la democracia? ¿Quién? Pues, para empezar, ellos. Que con tan artero truco pretenden hurtarnos nuestra soberanía a todos los españoles en cuestiones fundamentales como un cambio en nuestro modelo de Estado, o la modificación de las fronteras de España asociada al desgajamiento de una parte. Además de aspirar a quedarse con infraestructuras pagadas por todos.

Con su concepción totalitaria y su nacionalismo exacerbado, serían precisamente los separatistas los primeros en impedir violentamente que cualquier pueblo, ciudad o comarca actual optase por segregarse de Cataluña. Es decir, que ni ellos mismos se creen esa patraña del derecho a decidir. Es el obsceno montaje de quienes se han anexionado virtualmente las Baleares, Valencia, parte de Murcia y la franja oriental aragonesa dentro del delirio imperialista de los Països Catalans sin escuchar la decisión de sus habitantes.

Pero la argucia funciona y, cuando no están llevándose el dinero a Suiza o Liechtenstein, andan envalentonados los del cártel reclamando a gritos un referéndum de autodeterminación bajo esa tramposa envoltura. Porque existe ya una mayoría social en Cataluña favorable a la secesión según algunas encuestas y cuentan con ganarlo. Decía el rey Balduino que bastan veinte segundos de guerra para destruir a un hombre, pero se necesita veinte largos años de paz para crearlo. Pues bien, han sido muchos más de treinta los años de adoctrinamiento nacionalista, en las escuelas y a través de los medios de comunicación controlados por la Generalidad ―prácticamente todos―, que han producido varias generaciones de hombres y mujeres fanatizados en el pensamiento único y dispuestos para la batalla. Ahora es el tiempo de los frutos.

Engaños aparte, la verdad es que la facultad decisoria existe desde muchísimo antes de que los separatistas la invocasen espuriamente mediante su perversión del lenguaje: Artur Mas está decidido a sublevarse, y todos los días decide recortar en sanidad y educación para seguir tirando dinero en su costosísimo andamiaje identitario; y los votantes, por su parte, han decidido poner al frente de la Autonomía a unos maleantes. Por eso ésta es una sociedad enferma.

31 de octubre de 2011

Arturo Manostijeras

Llevamos meses de drásticas restricciones presupuestarias en el oasis catalán. Hay que reducir el enorme agujero dejado por los políticos del tripartito, uno casi tan hondo como aquél que engulló al barrio de El Carmelo. Y las consecuencias del dispendio estamos pagándolas los súbditos, naturalmente. No podía ser de otro modo. Cualquier dirigente medianamente sensato, y que no fuese un desalmado, combatiría el déficit reduciendo gastos superfluos: televisiones y radios públicas, ingeniería identitaria, pancatalanismo anexionista, aquelarres victimistas como los del 11 de septiembre, actos institucionales ostentosos, o subvencioneo multimillonario a asociaciones de amiguetes y prensa servil (casi toda aquí), por citar sólo algunos. El nuevo inquilino del Palacio de la Generalidad, no. Al contrario, lo que está haciendo es aumentar la cantidades para muchas de esas partidas, mientras cercena en educación y sanidad. Lejos de cerrarlas, se plantea fundar todavía más pesudoembajadas (en Nueva York, el Vaticano... y reabrir la de Rabat). A la vez que ha duplicado las ayudas económicas a la muy necesaria, e incluso imprescindible, promoción del catalán en el extranjero. Arturo Caracemento.

Quien no se ha bajado el sueldo y sigue cobrando el doble que el Presidente del Gobierno de España, recordémoslo, ha suspendido temporalmente los pagos a los abogados del turno de oficio, las farmacias, y las residencias de ancianos y discapacitados. Está cerrando ambulatorios, quirófanos, y plantas hospitalarias. Y servicios de urgencias también, entre otras muchas cosas. Y nos tienen advertidos de que esto no ha hecho más que empezar. Los minutos que tarda hoy una ambulancia en acudir por una emergencia médica se han multiplicado, y hay ya pacientes en listas de espera de hasta un año y medio para operarse de según qué males. Medidas todas éstas que, para un enfermo o accidentado, pueden representar la diferencia entre vivir y morir.

¿Y cuál está siendo la reacción popular a tan singular elección de prioridades en el gasto, que antepone la construcció nacional a lo vital? Pues los de barretina vertical la justifican y apoyan incondicionalmente, que ya sabemos todos cuán libidinoso placer les provoca a ellos eso de jugar a las nacioncitas; a otra parte de la sociedad le importa un pepino, un rábano, un calçot —o nada dice, al menos—; y el resto, el resto... la indignación del resto es convenientemente apagada por el sonido ambiente del Régimen para que apenas resulte audible.


Vista interior del Gran Teatro del Liceo
Pero algo resulta harto sospechoso. Mientras quienes no podemos permitirnos enseñanza ni medicina privadas por carecer de patrimonio en Liechtenstein venimos padeciendo esta canallesca situación, la plantilla al completo de alcahuetes, creadores de opinión y voluntarios anónimos del propagandismo, nos acribillan más que nunca con la patraña del expolio fiscal. Con lo del robo, el saqueo, el atraco. Con esos 22.000 millones de euros que, supuestamente, cada año parten de tierras catalanas cual golondrina de Becquer, para no regresar jamás —60 millones al día, 2,5 millones por hora, 3.000 euros anuales por persona, han calculado por nosotros, a ver si así nos alteramos más—. Y nos insisten, nos remachan, nos repiten hasta la saciedad, desde todos los minaretes desinformativos funcionando a pleno rendimiento, cuantísimas infraestructuras podrían construirse en esta Autonomía con todo ese dineral, y el elevadísimo nivel de atención médica y educativa de que gozaríamos. La inabarcable cantidad de hospitales, residencias para ancianos, colegios y parvularios, que se extendería ante nuestros alborozados corazones. La de fondos que nuestros líderes derramarían sobre nosotros en forma de gasto social para probarnos lo mucho que nos aman y centuplicar nuestro bienestar. Cataluña transformada en la Shangri-La del Mediterráneo.

Todo este atronador trompeteo coincide, además, en el tiempo con unos pronósticos de creciente y masivo apoyo de la población catalana a la secesión que a la Generalidad le ha dado por venir publicando trimestralmente, a través de unos dudosos sondeos de un engendro bautizado como Centro de Estudios de Opinión.

Más que pretender el ahorro y la contención, tal parece que esta estrategia de recortes precisamente en las áreas fundamentales busca, en realidad, soliviantar a la población de Cataluña contra el resto de España. Agitar a las masas, fomentar un clima de descontento y desafección, que poder luego esgrimir como elemento de presión en la negociación del concierto económico a la vasca con el que CiU acecha al próximo Ejecutivo que salga de las urnas el 20-N.

El pasado 4 de mayo, según consta en el expediente de adjudicación de abono número 2011042, la Presidencia del Gobierno de la Generalidad formalizó la renovación del alquiler del palco número 16 en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, al precio de 91.788,00 euros, para que los gerifaltes de la taifa puedan continuar solazándose durante la temporada 2011-2012. A eso no le han aplicado tijeretazo alguno. A eso, no.

29 de diciembre de 2010

Amanecer zulú

La Navidad se ha adelantado unos días y les ha traído un preciado regalo: otro agravio imaginario. Llegó envuelto en el papel de la sentencia del Tribunal Supremo donde reconoce inapelablemente el derecho en Cataluña a la enseñanza en español. Tras casi tres décadas termina, al menos en teoría, la inmersión lingüística. ¿Que qué es eso de la inmersión lingüística? Pues algo diseñado en la era Pujol por políticos inmersos en el latisueldo, el cochazo oficial y la mamandurria, que enviaban a sus hijos a caros colegios privados para librarles del monolingüismo en catalán que imponían a los hijos de los demás.

Queda por fin ilegalizada la absurda anormalidad de que en esta parte de España no se pueda estudiar en el idioma oficial, lo cual no ocurre en ningún país del mundo. La reciente sentencia no impedirá a quienes así lo deseen continuar escolarizando a su descendencia en catalán, ni impondrá a ésta absolutamente nada, al contrario. Lo que hace es ordenar a la Generalidad la articulación de un sistema educativo con dos lenguas vehiculares en igualdad, las dos cooficiales en esta comunidad autónoma. Posibilita, en definitiva, la libre elección del ciudadano.

Pero la tribu está que ruge y alzada en pie de guerra. Ha hecho sonar bien fuerte la vuvuzela para congregar a todos, lanza en mano, a entonar el Unga-unga identitario. Y los hechiceros han redoblado sus invocaciones a la secesión con las palabras mágicas de siempre: humillación, agresión cultural, extermino de nuestro pueblo.

Victimismo en estado puro, lo que les gusta y necesitan.

Y mucho de cinismo también, al acusar falsamente a los demás de hacer lo que llevan ellos perpetrando hace años: patear los derechos constitucionales. Patearlos con el consentimiento de los sucesivos gobiernos de la nación, pues ya sabemos que la fuerza del separatismo reside en la debilidad de los políticos que en Madrid le vienen comprando apoyos parlamentarios con la moneda de nuestras libertades.

A la tribu le irrita la libertad de elección lingüística en la escuela. Le irrita profundamente esta sentencia. ¿Por qué? Porque interfiere sus planes de borrar de la faz de su poblado ese habla por ellos considerada extranjera, y que están extirpando para descoyuntar lo que vertebra a España como nación: nuestro idioma común.

Organizaciones tan inútiles como subvencionadas y líderes de opinión abrevados en el fanatismo pecuniariamente rentable están llamando a la chulería colectiva, al boicot comercial y la insumisión judicial; a desacatar a los magistrados del Supremo, a no reconocerles legitimidad alguna en esta región que actúa ya de facto como independiente. Y el recién coronado jefe Artur ha corrido a ponerse al frente del contingente, desafiando públicamente con que mantendrá el excluyente sistema ahora condenado.

No hay duda, estos tipos son verdaderos demócratas.

(En la imagen: noticia publicada el 12 de mayo de 2009, en el diario argentino La Capital).