13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 

9 de julio de 2012

Paisaje antes de la batalla

Regreso tras varios meses de ausencia. Esta larga pausa me ha regalado el suficiente distanciamiento como para reflexionar qué hacer con el blog, para plantearme si realmente merece la pena continuarlo. Y he llegado a la conclusión de que, si bien resulta siempre loable combatir cualquier clase de totalitarismo que esté, además, basado en mentiras y falsificaciones históricas, me he equivocado de dirección hasta ahora. La mayoría de quienes realizamos humildes esfuerzos a diario mediante blogs como éste, o a través de las redes sociales, nos estamos equivocando. Incluso algunas asociaciones que con encomiable heroicidad defienden las libertades y derechos lingüísticos en Cataluña jugándose literalmente la vida, yerran también su estrategia. ¿Por qué?

Porque tendemos a considerar el nacionalismo como un problema específico y aislado. Como si de la lucha contra el Alzheimer o contra el bacilo de Koch se tratase. Pero no es así. De los desmanes y desafíos antidemocráticos que con creciente virulencia perpetran los separatistas son culpables quienes se los consienten: el Partido Popular, el Partido Socialista Obrero Español y el rey Juan Carlos I.

A ellos deberíamos todos exigirles responsabilidades.

De nuestro monarca mejor olvidarnos, más preocupado como está en cazar animales por parajes africanos mientras aquí en Cataluña disparan contra nuestras libertades. Nadie diría que sobre él pesa el mandato constitucional de velar por nosotros y por la democracia.


Noticia de la agencia Europa Press del 4 de julio de 2012
Aunque el papel de los dos grandes partidos nacionales no viene siendo menos indigno. La grave situación en que nos hallamos es el producto de su constante retroceso ante las embestidas secesionistas a lo largo de tres décadas, por una mezcla de cobardía y de conveniencia política a partes iguales. Porque formaciones como CiU o el PNV, parlamentariamente sobrerrepresentadas debido a nuestro injusto sistema electoral, son y han sido siempre prostitutas complacientes de las cuales se conocía su tarifa: más transferencias, más poder, más dinero. Es el chantaje nacionalista, en el que tanto el PSOE como el PP han sucumbido cada vez que necesitaron apoyos transitorios para gobernar.

La moneda de cambio con que han pagado esos caros servicios la sabemos.

Nunca antes el PP y el PSOE se habían parecido tanto. El uno es la imagen especular del otro. Son ya la misma cosa, dos pesadísimas maquinarias engrasadas para conquistar el poder a cualquier precio, que han ido desprendiéndose del lastre de sus principios ideológicos. Y actúan en la práctica como grandes empresas o corporaciones, mediante criterios exclusivamente de rentabilidad. De rentabilidad política, en este caso.

Sólo así se comprende que un candidato de cualquiera de los dos partidos pueda lanzar un determinado mensaje al electorado en un sitio, prometer justamente lo contrario en otro, y terminar no cumpliendo ninguno de ambos compromisos tras ganar. Los ciudadanos como rehenes de una partitocracia podrida por completo.

Durante los ocho años de su mandato, José Luis Rodríguez Zapatero se lo dio todo a los nacionalistas. Desde un Estatuto de Autonomía absolutamente aberrante y lesivo para la soberanía nacional, hasta prebendas que ni ellos mismos habían soñado tener jamás. Por no mencionar la permisividad cómplice con sus atropellos sistemáticos (sanciones lingüísticas, exclusión del español en la educación, imposiciones a los castellanohablantes, propagandismo del odio, fomento de la desafección a España, desacato de las sentencias judiciales, etc.). Pero lo cierto es que su sustituto en el cargo no lleva distinto camino.

Pese a no necesitarle para nada, ya que cuenta con diez escaños por encima de la mayoría absoluta, al presidente Rajoy le ha faltado tiempo para correr a pactar con Artur Mas. El mismo Artur Mas que ha anunciado abiertamente su intención de romper en breve nuestra nación y la legalidad secesionando la región catalana. Ese personaje caciquil que envalentonadamente nos golpeaba con otra nueva chulería hace escasos días, al anunciar su férrea determinación de seguir desobedeciendo las numerosas sentencias del Tribunal Supremo que declaran inconstitucional la “inmersión lingüística” y le instan a introducir el español también como lengua vehicular de la enseñanza. Y lo ha cometido con total impunidad. Sin que la Fiscalía General del Estado haya actuado contra él, ni por decirlo ni por hacerlo. ¿Imaginaría alguien a un condenado proclamando que va a saltarse la orden de alejamiento recién impuesta por un juez? No transcurrirían ni veinte segundos antes de que muy merecidamente diera con sus huesos en prisión. Pero al jefe de la Generalidad no le pasa nada, porque nada le hacen.

Y así, paso a paso, vamos caminando hacia un desastre cierto. La historia, tozuda, nos recuerda cómo aquellos políticos que nos han conducido a cada catástrofe han sido luego los primeros en quitarse de en medio en cuanto la situación estallaba. Dejándonos aquí solos a los españoles, para que diésemos rienda suelta a nuestro ancestral cainismo. La próxima vez no será diferente.

18 de enero de 2012

Intolerancia

A finales de los años 80 y principios de los 90, el fenómeno musical del Rock català vive su época dorada. Grupos como Els Pets, Sau, Sangtraït o Lax’n’Busto (el cual ha tomado su nombre de una antigua marca de laxantes) sitúan sus discos muy alto en las listas de ventas. La juventud nacionalista hace bandera de ellos y los venera.

En pleno éxito, una de las principales formaciones, Sopa de Cabra, anuncia su decisión de grabar en castellano para abrirse mercados. Aspiran a triunfar también en el resto de España. Y hasta en Hispanoamérica. La noticia no puede sentar peor entre los sectores radicales, que rápidamente se movilizan por lo que interpretan como una gravísima e imperdonable traición a Cataluña. Acuñan agresivos lemas contra el grupo, como «La sopa estrangera provoca vomitera» (‘La sopa extranjera provoca vómitos’), que llegan a exhibir en forma de pancartas incluso durante sus conciertos; y otros dirigidos específicamente contra el vocalista: «Gerard Quintana, et trencarem les cames!» (‘¡Gerard Quintana, te vamos a romper las piernas!’).

El 17 de agosto de 1991, Sopa de Cabra tiene programado tocar en la barcelonesa población de Cardedeu con motivo de su fiesta mayor. El ambiente aparece caldeado ya antes del comienzo: la policía ejerce un estricto control en el acceso, mientras decepcionados fans mantienen colgadas tres pancartas ofensivas a la entrada del recinto. La televisión local entrevista a uno de ellos, que —con evidentes síntomas de no se sabe muy bien qué— acusa a los artistas de haberse vendido.

El vídeo muestra a continuación (minuto 4:34 en adelante) la interrupción del concierto por el lanzamiento de una piedra. Un indignadísimo Gerard Quintana insta al anónimo agresor a subir adonde está él para dar la cara. Nadie se atreve. Tras una larga y tensa espera, los componentes optan por olvidar el incidente y seguir tocando. Pero la actuación se interrumpe de nuevo momentos después: el bajista ha recibido una pedrada en la cara. Esta vez sí sube alguien. Una chica que, exaltada, se enfrenta al líder del grupo reprochándole unas supuestas declaraciones hechas a los medios y el cantar en español. Varios jóvenes saltan entonces al escenario. Uno se lanza violentamente contra Quintana gritándole: «Tu ets un fill de puta!» (‘¡Eres un hijo de puta!’). Y estalla una trifulca con el personal de seguridad.

En fechas más recientes, en octubre de 2011, Gerard Quintana (quien, curiosamente, apoya de manera pública la causa separatista colaborando con diversas organizaciones y plataformas) ha sido objeto de las críticas del catalanismo a raíz de la emisión de un reportaje por TV3 donde aparecía en familia, hablándole a sus hijos en español.

25 de diciembre de 2011

Cuento de Navidad

Hay gente que cree que existe el nacionalismo moderado. Que Artur Mas es un moderado. Que al nacionalismo se le puede contentar a base de darle y darle continuamente. Hay gente que cree.

Que cree que en Cataluña no hay dictadura porque cada cuatro años votamos. Que cada minuto que pasa nos roba España. Pero que el nacionalismo, no. Que Laporta es honesto y que tiene ideales catalanistas. Hay gente que cree que Laporta tiene ideales.

Hay gente que cree que Millet desviaba fondos del Palau en solitario para su exclusivo beneficio personal. Que el pueblo es sabio y que nunca se equivoca al elegir a sus gobernantes. Que el catalán está en extinción y por eso se impone. Que lo del 23-F fue un golpe de Estado, y que el Rey nos salvó de él.

Es gente que cree.

Gente que cree que la ETA ha dejado las armas y ahora es bondadosa. Que los atentados del 11-M los cometió Al Qaeda. E incluso que esto es una democracia.

Que Pujol no se llevó el dinero de Banca Catalana. Y que contribuyó valiosísimamente a la gobernabilidad de España. Que no es un mero negocio el nacionalismo, y que Rajoy meterá en cintura a los nacionalistas. Que con un concierto económico se acabaría el separatismo catalán para siempre. Se lo creen.

Por lo significativo de las fechas en que estamos, a ninguno de ellos, absolutamente a ninguno, le contaremos quiénes son en realidad los Reyes Magos para no pervertirle la inocencia.

11 de diciembre de 2011

Manual del buen catalibán

Hará un par de inviernos, leí un recomendable libro sobre los mercados de valores escrito por el analista financiero y ex comandante del Ejército José Antonio Fernández Hódar, que se titula Manual del buen bolsista. Bueno, pues esto que viene a continuación es algo parecido, pero en versión “paleto”: un compendio de comportamientos que ningún nacionalista de pro debería dejar de cumplir. La lista se abre con este encabezamiento:
«Un camino para avanzar hacia la normalización social y política».
Es decir, que la situación de Cataluña es “anormal”. El descriptivo subtítulo tampoco hay que perdérselo:
«Pequeñas acciones cívicas y sociales que debemos hacer todos los catalanes conscientes para defendernos».
Desconocemos de qué tienen que “defenderse”. Pero como ellos viven en otra dimensión, plagada de invasiones castellanas, expolios, agravios históricos y monstruos imaginarios varios, es muy probable que nunca lleguemos a enterarnos. La suya es una realidad paralela a la nuestra, en la que se debaten librando febril batalla contra molinos de viento un día sí y al siguiente, lo mismo. El documento en cuestión lleva varios años circulando en ambientes fanáticos y por Internet. Ha sido bautizado con el nombre de Fórmula de Girona, y dicta lo siguiente:
«Entorno lingüístico:
1. Hablar catalán con todos, aunque no lo entiendan mucho, y hacer que nuestra lengua sea necesaria para vivir en los Países Catalanes. No cambiar jamás de lengua.
2. Animar a los inmigrantes a hablar en catalán y a integrase haciendo que dejen pronto de ser unos forasteros. Son parte también del futuro de nuestro país.
3. No entrar en tiendas que tengan el rótulo en español, o bien reclamar la lengua propia.
4. Reclamar el uso del catalán en todos sitios: actas notariales, menús de restaurantes, propaganda recibida, estanterías y carteles guía de los supermercados y establecimientos, etc.
5. No pagar facturas, recibos, letras de cambio, tickets de caja, etc. en lengua española si se han reclamado antes en catalán, con el argumento “cada lengua en su país”.
6. Mejorar el dominio de la lengua leyendo prensa, libros y acudiendo al teatro y al cine en catalán.
7. Suscribirse a diarios y revistas catalanas como El Punt, Avui, Serra d'Or, El Temps, L'Avenç, Sàpiens, etc., y Cavall Fort y Tretzevents para los niños.
8. Cambiar los nombres castellanos en el Registro Civil y en el DNI español. Resulta vergonzoso que un Joan sea Juan; una Caterina sea una Catalina; un Jordi, Jorge; o una Roser, Rosario.
9. Catalanizar los apellidos españolizados por la ignorancia y el centrismo de hace siglos. Por ejemplo: Castañer, Alsina, Carreras, Suñer, etc. Mejor con el acuerdo previo de familiares y parientes.
10. Conectar exclusivamente con cadenas de radio y TV catalanas. Nos mejoran el habla».
En el ámbito económico manda hacer:
«1. Denunciar y combatir, de palabra y por escrito, el expolio fiscal que padece Cataluña. Nos empobrece y es el más injusto de Europa, según manifiestan los economistas.
2. Comprar artículos de producción catalana o de los Países Catalanes, y dar preferencia a los etiquetados en catalán. La buena marcha económica nos beneficia a todos.
3. Retirar las cuentas de los bancos españoles, que, si bien hacen un servicio, se llevan lejos los beneficios; hacerse cliente de cajas y bancos catalanes, que incrementan la riqueza del país y realizan Obra Social».

Publicidad de un modelo de ficticio carné de
identidad de los Países Catalanes a la venta
Para el capítulo denominado «entorno cívico», el último, reserva estas otras edificantes actuaciones:
«1. Hacerse el DNI catalán, utilizarlo siempre. No sacar nunca el carné español. Si nos piden otro documento, hay que identificarse con el carné de conducir.
2. Propagar el DNI catalán entre familiares, amigos y compañeros de trabajo. Debemos lograr que lo tenga y lo utilice entre el 25 % y el 40 % de la población. Por el momento, sólo tenemos una identidad: la propia.
3. Pegar el adhesivo CAT en las placas de matrícula de los vehículos. No podemos dimitir de lo que somos.
4. Ingresar en asociaciones de probada catalanidad, como por ejemplo: Òmnium Cultural, Noves Bases de Manresa, Amics de Joan Ballester, Plataforma per la Llengua, etc., y propagarlas.
5. Presionar a los políticos y a los ayuntamientos para que cambien los nombres de las calles y plazas que resultan no idóneos, o incluso ofensivos, para la catalanidad.
6. Antes de votar en las elecciones, considerar a fondo qué políticos y partidos defenderán siempre los intereses de los Países Catalanes, y cuáles son claramente sucursales del españolismo.
7. En viajes turísticos y de vacaciones, dar preferencia a poblaciones y comarcas de los Países Catalanes. Es muy conveniente conocer bien el propio país.
8. Colocar un banderín de las cuatro barras en vuestra mesa del despacho y en un lugar de honor de vuestro domicilio. En las fiestas de Sant Jordi y el 11 de septiembre, honrar el hogar y las oficinas colgando la bandera en balcones y ventanas.
9. Al franquear las cartas, pegar boca abajo el sello de Juan Carlos de Borbón, que dijo que la lengua española jamás había sido impuesta.
10. Fomentar el baile de la sardana, los castillos humanos, y otras tradiciones y costumbres que honran a nuestra cultura. Apoyar a las asociaciones que las fomentan.
11. Reclamar, de palabra y por escrito, la devolución de los “Papeles de Salamanca” robados a Cataluña en 1939 y retenidos “por derecho de conquista”. Los actos de guerra deben corregirse para que haya paz.
12. Enviar protestas escritas, o por otros medios, a los políticos, periodistas y prensa escrita que se refieran al gobierno español como gobierno central. Nuestro gobierno central es el de la Generalidad.
13. Combatir políticamente para que Cataluña pueda tener selecciones deportivas nacionales.
14. Memorizar y hacer que los niños memoricen poesías patrióticas catalanas.
15. En todos los sitios donde sea apropiado y conveniente, poner el rótulo Can Felip [‘Casa Felipe’, en alusión al Borbón que se alzó con el trono de España tras la Guerra de Sucesión: el rey Felipe V] en el WC».
Escalofriante. La radiografía de la paranoia. Una lectura que es puro descenso hacia los confines del catetismo psicopatológico.

20 de noviembre de 2011

El fin de una era

Hoy, día de las elecciones generales, termina uno de los periodos más negros de nuestra historia. Por fin se va del poder el que iba a salvar al mundo mediante la Alianza de Civilizaciones... y ha acabado hundiendo a España. El que dijo que gozábamos del sistema financiero más saludable. El que negó la crisis. El que dijo que Francia e Italia envidiaban nuestra economía. El que dijo que por la izquierda habíamos ya rebasado a los italianos, y se jactó de conducirnos hacia una renta per cápita superior a la de los galos. El que dijo y dijo. El que no dijo una verdad: José Luis Rodríguez Zapatiesta.

El que en 2004 fue elegido presidente del Gobierno por el terrorismo. El que resucitó a las dos Españas a base de reabrir viejas heridas, y las echó de nuevo a pelear. El que reivindicó la memoría histórica mientras se olvidaba de las víctimas del terrorismo. Y hasta las pateaba dejándolas sin subvenciones.

El de la ceja, el cejista, el chequista. El anticlerical. El guerracivilista. El vallisoletano que se ha hecho pasar por leonés. El de la cúpula de su amigo Barceló, a 80.000 la estalactita. El mecenas de la SGAE. El de la Z, el de la P. El del Plan E. Con e de estafa, de engaño, de embuste. De total esperpento.

El cursi de lo de que la tierra no pertenece a nadie, salvo al viento.

El que consiguió localizar a la mayor colección jamás conocida de inútiles, y les nombró ministros. El papá de Leire, de Moratinos, de Bibiana Aído. Y también del gasolinero Pepiño.

El hijo de Rubalcaba. Y hermano de cuantos tiranos hay desde Venezuela hasta Irán, pasando por La Habana; no nos olvidemos de La Habana. El promotor del inconstitucional Estatuto de Cataluña. El que se declaró conforme con las multas lingüísticas a los comerciantes, y ha excitado como nadie antes la voracidad de los nacionalismos. Que de aquellos polvos vienen estos lodos, y estamos como estamos por eso.

El del “proceso de paz”, antes y después de la voladura de la T4. El arrodillado ante los asesinos de la ETA, ante los secuestradores y mutiladores de la ETA. El que ha sentado de nuevo a Batasuna en las instituciones. El del chivatazo del Bar Faisán. Por fin se va.

El peor inquilino de La Moncloa. El bobo que se creyó listísimo. El que no sirve para el bien, pero bordaba como nadie hacer el mal. La vergüenza de España. La vergüenza del PSOE. La vergüenza de donde caiga. El que hasta ha sido ocultado por sus compañeros de partido durante la campaña electoral. El ausente, aquél cuya falta no se siente. Menos mal que ya no está.

Muchos de sus destrozos son irreversibles, carecen de solución. Otros, podrían tal vez restaurarse tras décadas de medidas drásticas y buenos gobiernos. Tal es el dañino alcance de su legado.

Ahora bien, que quien viene, y que no accede al cargo por méritos propios, sino por demérito del anterior, causará multitud de decepciones. Sobre todo en lo referente al gravísimo problema nacional de los separatismos. Al tiempo. Tiempo al tiempo.

31 de octubre de 2011

Arturo Manostijeras

Llevamos meses de drásticas restricciones presupuestarias en el oasis catalán. Hay que reducir el enorme agujero dejado por los políticos del tripartito, uno casi tan hondo como aquél que engulló al barrio de El Carmelo. Y las consecuencias del dispendio estamos pagándolas los súbditos, naturalmente. No podía ser de otro modo. Cualquier dirigente medianamente sensato, y que no fuese un desalmado, combatiría el déficit reduciendo gastos superfluos: televisiones y radios públicas, ingeniería identitaria, pancatalanismo anexionista, aquelarres victimistas como los del 11 de septiembre, actos institucionales ostentosos, o subvencioneo multimillonario a asociaciones de amiguetes y prensa servil (casi toda aquí), por citar sólo algunos. El nuevo inquilino del Palacio de la Generalidad, no. Al contrario, lo que está haciendo es aumentar la cantidades para muchas de esas partidas, mientras cercena en educación y sanidad. Lejos de cerrarlas, se plantea fundar todavía más pesudoembajadas (en Nueva York, el Vaticano... y reabrir la de Rabat). A la vez que ha duplicado las ayudas económicas a la muy necesaria, e incluso imprescindible, promoción del catalán en el extranjero. Arturo Caracemento.

Quien no se ha bajado el sueldo y sigue cobrando el doble que el Presidente del Gobierno de España, recordémoslo, ha suspendido temporalmente los pagos a los abogados del turno de oficio, las farmacias, y las residencias de ancianos y discapacitados. Está cerrando ambulatorios, quirófanos, y plantas hospitalarias. Y servicios de urgencias también, entre otras muchas cosas. Y nos tienen advertidos de que esto no ha hecho más que empezar. Los minutos que tarda hoy una ambulancia en acudir por una emergencia médica se han multiplicado, y hay ya pacientes en listas de espera de hasta un año y medio para operarse de según qué males. Medidas todas éstas que, para un enfermo o accidentado, pueden representar la diferencia entre vivir y morir.

¿Y cuál está siendo la reacción popular a tan singular elección de prioridades en el gasto, que antepone la construcció nacional a lo vital? Pues los de barretina vertical la justifican y apoyan incondicionalmente, que ya sabemos todos cuán libidinoso placer les provoca a ellos eso de jugar a las nacioncitas; a otra parte de la sociedad le importa un pepino, un rábano, un calçot —o nada dice, al menos—; y el resto, el resto... la indignación del resto es convenientemente apagada por el sonido ambiente del Régimen para que apenas resulte audible.


Vista interior del Gran Teatro del Liceo
Pero algo resulta harto sospechoso. Mientras quienes no podemos permitirnos enseñanza ni medicina privadas por carecer de patrimonio en Liechtenstein venimos padeciendo esta canallesca situación, la plantilla al completo de alcahuetes, creadores de opinión y voluntarios anónimos del propagandismo, nos acribillan más que nunca con la patraña del expolio fiscal. Con lo del robo, el saqueo, el atraco. Con esos 22.000 millones de euros que, supuestamente, cada año parten de tierras catalanas cual golondrina de Becquer, para no regresar jamás —60 millones al día, 2,5 millones por hora, 3.000 euros anuales por persona, han calculado por nosotros, a ver si así nos alteramos más—. Y nos insisten, nos remachan, nos repiten hasta la saciedad, desde todos los minaretes desinformativos funcionando a pleno rendimiento, cuantísimas infraestructuras podrían construirse en esta Autonomía con todo ese dineral, y el elevadísimo nivel de atención médica y educativa de que gozaríamos. La inabarcable cantidad de hospitales, residencias para ancianos, colegios y parvularios, que se extendería ante nuestros alborozados corazones. La de fondos que nuestros líderes derramarían sobre nosotros en forma de gasto social para probarnos lo mucho que nos aman y centuplicar nuestro bienestar. Cataluña transformada en la Shangri-La del Mediterráneo.

Todo este atronador trompeteo coincide, además, en el tiempo con unos pronósticos de creciente y masivo apoyo de la población catalana a la secesión que a la Generalidad le ha dado por venir publicando trimestralmente, a través de unos dudosos sondeos de un engendro bautizado como Centro de Estudios de Opinión.

Más que pretender el ahorro y la contención, tal parece que esta estrategia de recortes precisamente en las áreas fundamentales busca, en realidad, soliviantar a la población de Cataluña contra el resto de España. Agitar a las masas, fomentar un clima de descontento y desafección, que poder luego esgrimir como elemento de presión en la negociación del concierto económico a la vasca con el que CiU acecha al próximo Ejecutivo que salga de las urnas el 20-N.

El pasado 4 de mayo, según consta en el expediente de adjudicación de abono número 2011042, la Presidencia del Gobierno de la Generalidad formalizó la renovación del alquiler del palco número 16 en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, al precio de 91.788,00 euros, para que los gerifaltes de la taifa puedan continuar solazándose durante la temporada 2011-2012. A eso no le han aplicado tijeretazo alguno. A eso, no.

23 de septiembre de 2011

¿Periodismo de pacotilla?

Si Pepe Gotera y Otilio colgasen sus bártulos y herramientas para dedicarse al periodismo, sin duda trabajarían en la ACN. Y Pinocho, probablemente también.

Fundada en 1999, la ACN (Agència Catalana de Notícies) surgió como un intento del nacionalismo imperante por crear una especie de Agencia EFE, pero en versión catalanista. Una década más tarde, a principios de 2010, esta empresa pública de información difundió un vídeo promocional para anunciar que había abierto nuevas delegaciones en el extranjero y presentar a sus cinco corresponsales. Lo que aparece en él es del todo sorprendente.

Después de visionarlo, alguien podría caer en la tentación de considerar que este vídeo ilustra a la perfección dos de los rasgos característicos de los nacionalistas: que no le dicen una verdad ni a su médico, y cuánto nos toman por idiotas a los demás. Pero nosotros no compartimos esa opinión ni vamos a pensar mal; no, no, de ninguna manera. Optaremos por creer, simplemente, que es que se orientaron mal con el GPS durante la grabación.