13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 
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29 de junio de 2018

Una profesión antiquísima (III)

«Si no logras desarrollar toda tu inteligencia, siempre te queda la opción de hacerte político». Gilbert Keith Chesterton.
«La osadía de los tontos es ilimitada, y su capacidad para arrastrar a las masas, insuperable». George Bernard Shaw.
«¿Sabes lo que les pasó a los antiguos griegos? La homosexualidad los destruyó. Aristóteles era un homo, todo el mundo lo sabe. Sócrates también lo era... ¿Ves cómo acabaron los romanos? Pues los seis últimos emperadores de Roma eran maricones». Richard Nixon.
Adolf Hitler ensaya su gestualidad en los
discursos ante su fotógrafo personal,
Heinrich Hoffmann, en 1927
«Sigo el camino que me marca la Providencia con la precisión y seguridad de un sonámbulo». Adolf Hitler.
«El comunismo no es amor. El comunismo es un martillo, que se usa para aplastar al enemigo». Mao Zedong.
«En política lo importante no es tener razón sino que se la den a uno». Konrad Adenauer.
«De cuando en cuando la democracia debe bañarse en sangre para que pueda seguir siendo democracia». Augusto Pinochet.
«El 75% de los hogares de México tienen una lavadora, y no precisamente de dos patas o de dos piernas, sino una lavadora metálica». Vicente Foix.
«La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos». Louis Dumur.
«La gratitud es una enfermedad que padecen los perros». Iósif Stalin.
«La oposición dice que me vaya a mi casa: ¿a cuál? Tengo veinte». Silvio Berlusconi.
«El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal». Ernesto “Che” Guevara.
«En todo el mundo, allá donde haya capitalistas, la libertad de prensa significa libertad para comprar periódicos, para pagar a escritores, sobornarlos, para sufragar y falsear la “opinión pública” en beneficio de la burguesía». Lenin.
«Nunca vistas mal por consideración hacia los pobres, porque así no te ganarás su respeto. Ellos quieren que su primera dama luzca como un millón de dólares». Imelda Marcos.
«¿El contribuyente? Es alguien que trabaja para el Gobierno, pero sin haber hecho oposiciones a funcionario». Ronald Reagan.
«Cualquier hombre que quiera ser presidente es o un ególatra o un loco». Dwight D. Eisenhower.
«Frente al desaparecido en tanto esté como tal, es una incógnita el desaparecido. Si el hombre apareciera, ¡bueno!, tendrá un tratamiento X. Y si la desaparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento, tiene un tratamiento Z. Pero mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial: es una incógnita, es un desaparecido. No tiene entidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido». Jorge Rafael Videla.
«En política, una absurdez no es ningún obstáculo». Napoleón Bonaparte.
«Sigo siendo el Hitler de esta época». Robert Mugabe.
«Que me odien, con tal de que me teman». Calígula.
«A todos nos gustaría votar por el mejor hombre, pero nunca es candidato». Kin Hubbard.
«Mientras los hombres veneren a los césares y los napoleones, los césares y napoleones continuarán surgiendo, y les harán desgraciados». Aldous Huxley.
«Soy bastante modesto, no quiero decirle a la gente que soy un líder». Pol Pot.
«Un político divide a las personas en dos grupos: en primer lugar, instrumentos; en segundo, enemigos». Friedrich Nietzsche.
«Los que se han encontrado con el señor Hitler cara a cara en asuntos públicos o en términos sociales han podido apreciar que se trata de un político altamente competente, ponderado, bien informado, de modales agradables y una desarmante sonrisa». Winston Churchill.

Una profesión antiquísima: I - II - III - IV 

12 de junio de 2011

Las cárceles de la ignorancia

Ayer, escogí convertirme en hombre-masa orteguiano y diluirme entre la muchedumbre que dedica las tardes del sábado a realizar la compra semanal en el supermercado. Como primero siempre hago, encaminé los pasos hacia la sección de pescadería, por ver si la habitaba alguna lubina de buen tamaño que mereciera acomodo en mi cesta. Me confieso admirador culinario de esa exquisita especie. Su nombre deriva de aquél en latín con que la bautizara el naturalista romano Plinio el Viejo, después de observar las similitudes entre su comportamiento depredador y el del lobo.

Mientras los mayores compraban, tres niños se entretenían en jugar con unos bogavantes aún vivos que aguardaban su fatal destino sobre hielo picado. La escena me pareció bastante cómica. La más pequeña del grupo debía de tener siete u ocho años. Me miró, y de sus labios nacieron una sonrisa y una frase ininteligible.

—¿Cómo dices? —le pedí.

Repitió lo dicho, pero nada, yo seguía sin entenderla. Me incliné todavía más para intentar oírla mejor. Y ella correspondió amablemente a mis esfuerzos con un tercer y definitivo intento:

—¿Qué risas?

Mi hilaridad inicial se tornó en lástima y desazón: a la muchacha la estaban educando únicamente en catalán y lo que intentaba preguntarme, sin atinar, es: ¿de qué te ríes?

Ésa es la sociedad que está creciendo en Cataluña, con unas generaciones que hablan el español como los apaches de las películas del oeste. Y todo en aras del delirio identitario y cateto, de la colectivización de la gran memez nacionalista. Generaciones que, casi con toda probabilidad, quedarán condenadas al cautiverio, a no poder salir de este triangulito geográfico, que es la región catalana, para buscarse la vida laboralmente o ir a hacer lo que les venga en gana allá donde prefieran. Imposibilitadas hasta para mantener una simple conversación telefónica con cualquier otra parte de España en reclamación de ese pedido que no llega, o buscando corregir el típico guarismo mal transcrito en el albarán de la única empresa en la que van a poder encontrar trabajo: en una empresa de Cataluña.

Al final van a tener razón quienes sostienen que las barras de la bandera catalana son, en realidad, barrotes.

29 de diciembre de 2010

Amanecer zulú

La Navidad se ha adelantado unos días y les ha traído un preciado regalo: otro agravio imaginario. Llegó envuelto en el papel de la sentencia del Tribunal Supremo donde reconoce inapelablemente el derecho en Cataluña a la enseñanza en español. Tras casi tres décadas termina, al menos en teoría, la inmersión lingüística. ¿Que qué es eso de la inmersión lingüística? Pues algo diseñado en la era Pujol por políticos inmersos en el latisueldo, el cochazo oficial y la mamandurria, que enviaban a sus hijos a caros colegios privados para librarles del monolingüismo en catalán que imponían a los hijos de los demás.

Queda por fin ilegalizada la absurda anormalidad de que en esta parte de España no se pueda estudiar en el idioma oficial, lo cual no ocurre en ningún país del mundo. La reciente sentencia no impedirá a quienes así lo deseen continuar escolarizando a su descendencia en catalán, ni impondrá a ésta absolutamente nada, al contrario. Lo que hace es ordenar a la Generalidad la articulación de un sistema educativo con dos lenguas vehiculares en igualdad, las dos cooficiales en esta comunidad autónoma. Posibilita, en definitiva, la libre elección del ciudadano.

Pero la tribu está que ruge y alzada en pie de guerra. Ha hecho sonar bien fuerte la vuvuzela para congregar a todos, lanza en mano, a entonar el Unga-unga identitario. Y los hechiceros han redoblado sus invocaciones a la secesión con las palabras mágicas de siempre: humillación, agresión cultural, extermino de nuestro pueblo.

Victimismo en estado puro, lo que les gusta y necesitan.

Y mucho de cinismo también, al acusar falsamente a los demás de hacer lo que llevan ellos perpetrando hace años: patear los derechos constitucionales. Patearlos con el consentimiento de los sucesivos gobiernos de la nación, pues ya sabemos que la fuerza del separatismo reside en la debilidad de los políticos que en Madrid le vienen comprando apoyos parlamentarios con la moneda de nuestras libertades.

A la tribu le irrita la libertad de elección lingüística en la escuela. Le irrita profundamente esta sentencia. ¿Por qué? Porque interfiere sus planes de borrar de la faz de su poblado ese habla por ellos considerada extranjera, y que están extirpando para descoyuntar lo que vertebra a España como nación: nuestro idioma común.

Organizaciones tan inútiles como subvencionadas y líderes de opinión abrevados en el fanatismo pecuniariamente rentable están llamando a la chulería colectiva, al boicot comercial y la insumisión judicial; a desacatar a los magistrados del Supremo, a no reconocerles legitimidad alguna en esta región que actúa ya de facto como independiente. Y el recién coronado jefe Artur ha corrido a ponerse al frente del contingente, desafiando públicamente con que mantendrá el excluyente sistema ahora condenado.

No hay duda, estos tipos son verdaderos demócratas.

(En la imagen: noticia publicada el 12 de mayo de 2009, en el diario argentino La Capital).

21 de junio de 2010

Clamor popular

Permanecieron desiertas las playas; los parques, sin gente; cines y cafeterías hubieron de cerrar por ausencia de público; y en los bingos de 48 municipios catalanes, ayer domingo no se cantó otra cosa que un hondo lamento ante la inexistencia de clientes.

Al grito de “¡Libertad, libertad, por el fin de la colonización, libertad!”, una inmensísima, enorme, abrumadora, desmedida, masiva, excesiva, desbordada, descomunal, inabarcable y nunca antes vista muchedumbre se lanzó literalmente contra las urnas para votar a favor de la secesión de Cataluña. Las colas resultaron kilométricas, e interminables las horas de espera para depositar el anhelo desmembrador en forma de papeleta dentro de una libertadora urna. Después, todos regresaron emocionados a sus casas dando pequeños saltitos —que eran, en realidad, pasos de sardana— y, al llegar, abrazaron fuertemente contra su pecho un retrato de Santiago Espot mientras se disponían a aguardar la inminente proclamación de la República Catalana desde algún balcón institucional.

Las cifras no pueden ser más elocuentes, 86 de cada 100 mayores de 16 años (inmigrantes ilegales incluidos) pasaron cantidad de ir a votar por considerar, quizás, que tienen otras prioridades en sus vidas. Y de entre quienes se acercaron a las mesas, el 7,5% eligió la continuación del orden constitucional vigente. Y es que, al igual que en las anteriores tandas de pseudoreferéndums, quedó demostrado lo que tanto tiempo llevan repitiendo los separatistas de forma rotunda, inapelable: que la población de Cataluña ansiamos mayoritariamente la independencia, ¡claro que sí!

Ahora, una vez apagados los focos y barridos los restos del aquelarre, flotan dos preguntas en el aire: ¿con qué dinero se está pagando todo esto? ¿Por qué se les permite utilizar indebidamente los censos oficiales, con los que podrían estar confeccionándose una lista negra de desafectos a la causa?

30 de abril de 2010

¿Nazismo actual?

Causa horror, tristeza e indignación a partes iguales. Esto es lo que hemos creado entre todos por un concepto mal entendido de la democracia y una chapucera transición desde el régimen anterior: