13 AÑOS DE CRÓNICAS EN ‘CATALIBANES’ 

29 de diciembre de 2010

Amanecer zulú

La Navidad se ha adelantado unos días y les ha traído un preciado regalo: otro agravio imaginario. Llegó envuelto en el papel de la sentencia del Tribunal Supremo donde reconoce inapelablemente el derecho en Cataluña a la enseñanza en español. Tras casi tres décadas termina, al menos en teoría, la inmersión lingüística. ¿Que qué es eso de la inmersión lingüística? Pues algo diseñado en la era Pujol por políticos inmersos en el latisueldo, el cochazo oficial y la mamandurria, que enviaban a sus hijos a caros colegios privados para librarles del monolingüismo en catalán que imponían a los hijos de los demás.

Queda por fin ilegalizada la absurda anormalidad de que en esta parte de España no se pueda estudiar en el idioma oficial, lo cual no ocurre en ningún país del mundo. La reciente sentencia no impedirá a quienes así lo deseen continuar escolarizando a su descendencia en catalán, ni impondrá a ésta absolutamente nada, al contrario. Lo que hace es ordenar a la Generalidad la articulación de un sistema educativo con dos lenguas vehiculares en igualdad, las dos cooficiales en esta comunidad autónoma. Posibilita, en definitiva, la libre elección del ciudadano.

Pero la tribu está que ruge y alzada en pie de guerra. Ha hecho sonar bien fuerte la vuvuzela para congregar a todos, lanza en mano, a entonar el Unga-unga identitario. Y los hechiceros han redoblado sus invocaciones a la secesión con las palabras mágicas de siempre: humillación, agresión cultural, extermino de nuestro pueblo.

Victimismo en estado puro, lo que les gusta y necesitan.

Y mucho de cinismo también, al acusar falsamente a los demás de hacer lo que llevan ellos perpetrando hace años: patear los derechos constitucionales. Patearlos con el consentimiento de los sucesivos gobiernos de la nación, pues ya sabemos que la fuerza del separatismo reside en la debilidad de los políticos que en Madrid le vienen comprando apoyos parlamentarios con la moneda de nuestras libertades.

A la tribu le irrita la libertad de elección lingüística en la escuela. Le irrita profundamente esta sentencia. ¿Por qué? Porque interfiere sus planes de borrar de la faz de su poblado ese habla por ellos considerada extranjera, y que están extirpando para descoyuntar lo que vertebra a España como nación: nuestro idioma común.

Organizaciones tan inútiles como subvencionadas y líderes de opinión abrevados en el fanatismo pecuniariamente rentable están llamando a la chulería colectiva, al boicot comercial y la insumisión judicial; a desacatar a los magistrados del Supremo, a no reconocerles legitimidad alguna en esta región que actúa ya de facto como independiente. Y el recién coronado jefe Artur ha corrido a ponerse al frente del contingente, desafiando públicamente con que mantendrá el excluyente sistema ahora condenado.

No hay duda, estos tipos son verdaderos demócratas.

(En la imagen: noticia publicada el 12 de mayo de 2009, en el diario argentino La Capital).

15 de diciembre de 2010

La Cicciolina de Lérida

Estas elecciones autonómicas han sido de todo menos aburridas. Hemos tenido a líderes disfrazados de supermán (José Montilla), spots de féminas penetrando urnas con sus papeletas entre sonoros orgasmos (PSC), candidatas demandando el sufragio sensualmente envueltas en una toalla (la Nebrera). Y hasta el compromiso electoral en firme de construir aeropuertos para ovnis que ofreció Carmen de Mairena a bordo del CORI.

Uno de los jolgorios más celebrados vino con la noticia de que Joan Laporta había fichado a la estrella del porno María Lapiedra como imagen de su campaña electoral. Y ella, que se tomó muy a pecho su cometido, lanzóse breve de indumentaria a protagonizar un videoclip propagandístico, trotando por Madrid cual cervatilla en celo (cosa harto meritoria, pues hace allí un frío que pela). La música recuerda bastante al Time After Time de Cyndi Lauper; y la letra es de gran sofisticación, como ahora comprobaremos. Comienza con la sentida interpretación de un coro que deja chico al de Nabuco:
«Cataluñaaaaa, / Canta libreeeee / Con Laportaaaaa / presidenteeeee».
A continuación, aparece María con una bandera separatista delante del Estadio Santiago Bernabeu, derrochando dotes vocales:
«Es tiempo de luchar por lo que es nuestro, / El cielo de Cataluña es azul. / Es tiempo de luchar por nosotros, / Es tiempo de amar, / Es tiempo de amar. / La vida es muy corta / Y tienes que ganar. / Si quieres resultados: / Laporta presidente, ¡aaaaah!».
Ahí, justamente ahí y no antes, es cuando María Lapiedra, la nuestra, nuestra María, manotea para abanicarse, enardecida por la sola mención de su idolatrado.
«Laporta presidente, ¡uuuuuh! / Laporta presidente. / Si llevó al Barça a lo más alto, / Si en Guardiola confió. / Ya es tiempo de pasar de todos / Los que se aprovechan de nuestra bondad, / Los que se aprovechan de nuestra bondad».
Y acomete otra vez el estribillo:
«La vida es muy corta / Y tienes que ganar. / Si quieres resultados: / Laporta presidente, ¡aaaaah! / Laporta presidente, ¡uuuuuh! / Laporta presidente».
Porque conocemos a María hace tiempo y la sabemos incapaz de engañarnos; que si no, sospecharíamos que ha copiado estas estrofas de alguna antología poética de Juan Ramón Jiménez.


El vídeo corrió por las redacciones periodísticas e Internet como gasolina incendiada. El 27 de noviembre, apenas ocho días después de haber sido colgado en YouTube, ya sumaba 236.897 hilarantes visionados y era motivo de pitorreíllo generalizado. Pero poco antes de esa fecha, el día 22, la dirección del partido había renegado de la cantante a través de Facebook y desautorizado sus iniciativas mediante una nota oficial cruelmente titulada «aviso importante sobre las mentiras y difamaciones contra Solidaritat Catalana», que constaba de cuatro puntos como cuatro mazazos:
«1. La Sra. María Lapiedra manifestó que quería votar a Solidaritat Catalana de forma personal y apoyó un acto de SI [siglas de la formación] en Begas a través de un comunicado del cual se hicieron eco algunos medios de comunicación ajenos a SI.
2. María Lapiedra no tiene ningún tipo de relación de colaboración ni de ningún otro tipo con Solidaritat Catalana, ni la ha tenido nunca más allá de la de una mera votante entre tantos que han manifestado querer votar a SI.
3. María Lapiedra ha realizado un vídeo promocionándose con el nombre de SI que nada tiene que ver con nosotros y ya le hemos advertido en diversas ocasiones de que ni puede utilizar el nombre de Solidaritat Catalana, ni el de Joan Laporta para sus actividades públicas.
4. Pedimos a todos que no utilicen el nombre de Solidaritat Catalana ni de Joan Laporta para intereses personales sin autorización del partido y, en particular, a los medios de comunicación que contrasten las informaciones que divulgan».
La repudiada artista viene desmintiendo desde entonces esa versión: alega que le propusieron presentar el mitin del municipio barcelonés de Begas y varios más, que contaba con carta blanca para promocionar Solidaritat como mejor estimase, y que mantuvo puntualmente informado al ex presidente azulgrana sobre la elaboración de su polémica canción. «Si a mí me ha engañado, puede hacerlo con cualquier catalán», nos previene la pobrecilla desde una entrevista al diario Marca.

Sólo cabe desear que este desagradable traspié político no trunque su prometedora carrera lírica.

26 de noviembre de 2010

¡Que vuelven los del 3%!

Algunas personas con no pocas dosis de candidez creen que si esta vez Convergència i Unió consigue formar gobierno tras las elecciones autonómicas, la situación de las libertades en Cataluña mejorará. Craso error. Sus formas son algo menos zafias que las del tripartito, eso es cierto. Pero sigue siendo una candidatura nacionalista. Y, dejemos de engañarnos, no existe el nacionalismo moderado. El nacionalismo responde a una única mentalidad y persigue un solo fin: la secesión. Indiferentemente de bajo qué siglas se presente y de cuánto se haya propuesto exprimir al resto de España antes de la ruptura.

Lo que nos trae CiU es todavía más liberticidio y persecución lingüística servidos en vistoso estuche por un vendedor de aspiradoras a domicilio que se llama Artur. Por uno con corbata de seda y sonrisa falsa. Más falsa que las cuentas del Palau y de Banca Catalana juntas. Casi tanto como la estructura del túnel de El Carmelo.

Totalitarismos como erradicar el español de las escuelas (la célebre inmersió; Ley 7/1983, de 18 de abril, de normalización lingüística en Cataluña), exigir cuotas de emisión en catalán para la concesión de frecuencias de radio y televisión, y las multas por no rotular en la lengua de Lluís Prenafeta (Ley 1/1998, de 7 de enero, de Política Lingüística) los instauró el pujolismo. Que también tejió el vasto entramado de medios periodísticos domesticados mediante generoso subvencioneo, el célebre “pesebre”. Lo que han hecho los gobiernos posteriores de los dos tripartitos es continuar la aplicación de esas leyes y directrices. Con enorme celo, desde luego.

Además, esta CiU no es ni mucho menos la misma que la de antes. Aquélla jugaba a la ambigüedad, a amagar y no dar, al sí pero no, al quizás aunque tal vez... Eso pasó a la historia. Actualmente, la formación se ha definido ya como abiertamente separatista. Cuelga banderas secesionistas (estelades) en sus sedes, y las ondea en sus mítines y en el spot de su campaña. Oriol Pujol, el hijo del Molt Honorable expresident —el biológico, se entiende; pues el hijo ideológico es y será siempre don Artur—, chilló a favor de la independencia en la manifestación del 10 de julio («yo, personalmente, la quiero», anunciaba la criatura ante los micrófonos de Catalunya Ràdio). Esa misma independencia por la que Mas viene diciendo en los últimos meses que votaría afirmativamente en un referéndum. Y fue la Convergència de ambos la que presionó a la Entidad Metropolitana del Transporte para que multase a quienes festejaron nuestro triunfo en el Mundial de Sudáfrica colgando muy irritantes banderitas españolas en sus taxis.

En el debate televisado el domingo 21 por TV3, Artur Mas hizo el mejor resumen posible de su doctrina e intenciones en tan sólo una frase que dirigió a dos de sus oponentes (y que es como para salir corriendo a pedir asilo político en alguna dictadura africana):
«Miren si este país es tolerante que ustedes vienen a la televisión nacional de Cataluña y hablan en castellano, y no pasa nada».
Qué gran corazón el suyo. Cuán indulgente. Ésa es la auténtica faz de nuestra realidad aquí en la región, que quienes no somos nacionalistas y encima nos expresamos en tan antipático idioma, somos simplemente “tolerados”. Y durante el periodo electoral nada más, que nadie se ilusione. Mientras nos piden el voto.

12 de noviembre de 2010

Llévate lo que quieras pero no escribas más

Inmerso ya en su campaña preelectoral, el 31 de octubre Joan Laporta perpetró un artículo en un subvencionadísimo diario separatista, que he traducido íntegramente para compartirlo aquí en cuanto he parado de reírme:
«Estoy plenamente convencido de lo que quiero para nuestro país [por Cataluña]. Estoy plenamente convencido desde la sinceridad y el convencimiento más profundo».
Vamos a ver ―porque mal empezamos―, ¿cómo se puede estar «plenamente convencido» desde «el convencimiento más profundo»? ¡Joan! ¡¡Joan!! Ay, si es que es sacarle del ligoteo, los jets y el champán caro, y se queda en nada. Será para arreglarlo que osa echar mano de un icono mundial de la lucha por los derechos civiles:
«Como Martin Luther King, yo también tengo un sueño. Tengo el sueño de una Cataluña libre, rica, llena, próspera, dichosa y orgullosa de su pasado, de su presente y de su futuro».
Sí, precisamente el pasado es lo que le están investigando a Laporta los jueces, sí. Prosigamos:
«Tengo el sueño de una patria capaz de gestionar su destino. Tengo el sueño de un país donde todos los agravios sufridos por las personas que viven y trabajan en Cataluña sean sólo el mal recuerdo de un pasado que pronto olvidaremos. Mirando hacia delante y trabajando juntos por nuestro futuro como nación, pronto habremos dejado atrás tiempos de injusticias impuestas».
¿Se puede ser más cursi?
«Tengo el sueño de ver a mi tierra querida como el próximo estado de la Unión Europea y del mundo. Tengo el sueño de ver a nuestros hijos y nietos vivir su lengua, su cultura y su identidad con la naturalidad de cualquier otro ciudadano de cualquier país con personalidad propia».
Yo no me puedo creer que esta bazofia literaria haya salido de él. Sin duda, debe de habérsela escrito su compañera de partido Isabel-Clara Subvenció. Digooo, Simó.
«Tengo el sueño de verlos crecer en una tierra próspera con mar, ríos, montaña, campo [como el país de los Pitufos, entonces], industria y, sobre todo, con una gente noble y orgullosa que se crece ante el trabajo y los retos, ante las adversidades y las humillaciones, una gente que sabe vivir los éxitos con medida y solidaridad voluntaria».
Es una alusión a la queja nacionalista de la solidaridad impuesta, el famoso «¡España nos roba!».
«Para que este sueño se convierta en realidad necesitamos un primer paso [ahora es cuando empieza a pedir el voto]. Hay que asumir responsabilidades y contemplar nuestro país no como una región empobrecida de un estado que no nos soluciona nuestros problemas sino como un estado con voz propia en el mundo. Hay que reclamar el bienestar que se merece nuestro trabajo: mejores pensiones para la gente mayor, mejores salarios para los trabajadores, más oportunidades para los jóvenes, más incentivos para las empresas, más recursos para los emprendedores, más sanidad, más enseñanza, más infraestructuras...».
Y esto lo está prometiendo uno que, según la auditoría de KPMG, ha dejado al FC Barcelona con una deuda de 552 millones de euros, la mayor de su historia.
«Nos lo merecemos. Tenemos, como reza la constitución norteamericana, derecho a la felicidad [suponemos que se refiere a la de Estados Unidos, porque es que en Norteamérica hay además otros dos regímenes constitucionales: los de Canadá y México. Ni de geografía sabe]. O, como proclama nuestro himno, necesitamos segar las cadenas que nos mantienen atados».
Está refiriéndose a Els Segadors, ese canto violento y fratricida que los políticos del Parlamento autonómico elevaron a himno “nacional” de Cataluña en 1993.
«Sólo depende de nosotros, de todos nosotros, tanto de los que hemos nacido en Cataluña como de los que habéis escogido este país para vivir. El próximo 28 de noviembre podemos iniciar un camino que nos lleve decididamente hacia nuestro futuro en plena libertad. El 28 de noviembre podemos dar el primer paso para conseguir el pasaporte hacia la plena prosperidad».
Impresionante. Difícil encontrar un texto con tal cúmulo de palabrería vana y memeces grandilocuentes para narcotizar a las mentes débiles. Nótese su apelación a la sensiblería patriotera del vulgo recurriendo intencionadamente nada menos que cuatro veces en su discurso ―publicado en catalán― a la palabra plena, la cual goza de especial significación en la primera estrofa de la letra de Els Segadors.

El título de esto es Fem del somni una realitat (‘Hagamos del sueño una realidad’). Pues sigue soñando, Joan. Que, como diría el Humphrey Bogart de Casablanca: siempre te quedará Uzbekistán.

3 de noviembre de 2010

Berlusporti

Coincidiendo con el advenimiento de Joan Carretero, el otro candidato que ha dado un paso al frente en la mesiánica tarea de conducir al Pueblo Elegido hacia la Tierra Prometida de la secesión y podría obtener también representación parlamentaria en las próximas autonómicas según algunos sondeos, es Joan Laporta. Por la amplia proyección pública de su figura, una numerosa facción ha depositado esperanzas en este polémico ex presidente del FC Barcelona que exhibe maneras de playboy de urbanización y aglutina en sí idénticos ingredientes a los de su colega Silvio Berlusconi: fútbol, política y mujeres.

No es la primera vez que Laporta emprende una aventura electoral. En 1996, fundó el Partit per la Independència (‘Partido por la Independencia’) junto a dos escindidos de ERC: Àngel Colom y Pilar Rahola. La formación se disolvía apenas tres años después por el estrepitoso fracaso en los primeros y únicos comicios a los que concurrió.

Vuelve ahora a intentarlo desde una posición mediática incomparablemente mejor. Él es el presidente que más ha politizado la institución azulgrana, utilizándola como activa plataforma del separatismo. Y el que más ha difundido sus posturas personales catalanistas también. Un catalanismo que sin embargo no le llevó a sacar al Barça de la Liga española de fútbol. Ni a preferir el cava de su amada tierra en vez del caro champán francés Mumm que se tiraba encima en la discoteca Luz de Gas para celebrar las victorias de su equipo (la misma marca que está degustando en la foto, mientras ejerce de Don Joan Tenori con esta joven de 22 años llamada Sana Khouja).

Mas si el otro día decíamos de su rival Joan Carretero que no se presenta a las urnas ligero de equipaje en cuanto a escándalos y procesos judiciales, éste de hoy trae maletas para parar un tren y veremos si al final no termina hospedado en el Rejas Resort. Fue acusado en 2009 de espionaje y escuchas ilegales a cuatro de sus vicepresidentes. Y por esas mismas fechas, una supuesta ex amante brasileña, de nombre Flavia Massoli, copó las páginas de la crónica rosa con detalles de su relación al tiempo que le interponía una demanda por despido improcedente de su puesto en el club, donde estaba percibiendo 2.541 euros mensuales.

Aunque peores tragos le ha deparado 2010 a nuestro galán. El socio barcelonista Lluís de Val denunció irregularidades inmobiliarias en la compra de unos terrenos en Viladecans: de las 30 hectáreas adquiridas en 2007 por 18,5 millones de euros, precio 4 veces superior al de mercado, 27 resultaron inservibles para la edificación del complejo lúdico que se proyectaba porque están enclavadas en una reserva natural. Meses más tarde, el pasado 18 de octubre, el agente Bayram Tutumlu reclamaba judicialmente 10 millones de euros al ahora candidato a presidir la Generalidad, por presuntas comisiones de intermediación en Uzbekistán. Precisamente bajo el títular «Laporta y la diva uzbeca: el presidente del Barcelona ha hecho negocios con la hija del presidente del régimen del país asiático y uno de los peores tiranos del mundo, donde existen la tortura y el esclavismo», John Carlin había publicado el 9 de mayo de este año en El País un sustancioso reportaje sobre sus andanzas en la mencionada ex república soviética, con párrafos tan espeluznantes como el siguiente:
«El régimen que preside su padre es considerado por las principales organizaciones internacionales de derechos humanos como uno de los peores del mundo. Más allá de la tortura, el asesinato y la intimidación como herramientas institucionales de persuasión, con el fin de perpetuar el poder y la riqueza de la élite de Gobierno, lo que distingue a Uzbekistán es el abuso sistemático de los niños, millones de los cuales han sido obligados a trabajar como esclavos en la cosecha del algodón, principal fuente de ingresos del “atroz” “mafia estado” uzbeco, según la definición del último informe sobre el país de Human Rights Watch».
La auditoría encargada a KPMG por el presidente entrante Sandro Rosell revela que la junta directiva laportista, tras siete años de mandato, ha dejado unas pérdidas de 48,7 millones de euros en el club deportivo. Más de 3 de esos millones (insuficientemente documentados a nivel contable, informa la prensa) se pagaron a detectives y empresas de seguridad en sólo tres años, al margen del coste de los servicios de vigilancia propios con que ya contaban las instalaciones. Han aparecido además astronómicos gastos de la temporada pasada en alquiler de aviones privados (362.000 euros), catering (576.000), entradas a un concierto de U2 para amigos y familiares (90.000), joyerías (420.000), marisquerías, hoteles, cigarros puros, perfumes y locales nocturnos, por citar algunos.

En la asamblea de compromisarios del Barcelona celebrada el 16 de octubre, la mayoría aprobó que los tribunales decidan si Joan Laporta se ha pegado la gran vida a costa de los socios. El 28 de noviembre los electores de Cataluña tenemos que decidir si en adelante se la va a pegar a costa del contribuyente.

21 de octubre de 2010

Año I d.C.

Por sorprendente que parezca, existen en Cataluña extremistas que consideran a Esquerra Republicana un insufrible partido “españolista” vendido a ese imperialismo castellano imaginario por el que tan oprimidos y atormentados se sienten. Para ellos, para los más descontentos y recalcitrantes, han aparecido dos grupúsculos con posibilidades de obtener representación parlamentaria el próximo 28 de noviembre según las encuestas.

El primero en montar el suyo ha sido Joan Carretero, un escindido de ERC que llegó a conseller (el equivalente a ministro) en el tripartito de Maragall, y terminó destituido por unas polémicas declaraciones al diario La Vanguardia. Lo ha bautizado como Reagrupament ('Reagrupamiento'), partido sin mayores objetivos que desgajar esta región de España y rebañar desencantados de las “moderadísimas” maneras de Puigcercós y su troupe.

Y es que la secta le ha visto las orejas al lobo y ha cambiado de estrategia: ya no pretende, como antes, la realización de un referéndum secesionista oficial, vinculante, pues se saben minoritarios y dudan de que lo ganasen. Varias dosis de realidad les han disuadido de ello. Por ejemplo, el masivo seguimiento y las celebraciones de las victorias de la selección española en el Mundial de fútbol protagonizadas por los catalanes. Pero sobre todo el fracaso cosechado con las consultas extraoficiales que llevan escenificando desde hace un año. La quinta oleada se ha saldado el domingo con una ridícula participación del 6%, que evidencia el desinterés de la población por experimentos disgregadores.

En lo que andan poniendo actualmente sus esperanzas los separatistas es en la obtención de una mayoría suficiente de diputados en el Parlamento autonómico (un mínimo de 68, la mitad más uno de la Cámara) que proclame unilateralmente la secesión. Después, en un plazo máximo de seis meses, convocarían un referéndum para —tal y como explicó el propio Carretero en una entrevista televisiva la semana pasada— legitimar el proceso y granjearse la aceptación internacional. Pero existe trampa en dicho planteamiento, como suele suceder cuando hablamos de estos personajes: lo que los electores harían en las urnas no sería decidir la independencia (ésta ya no tendría vuelta atrás, sería irreversible, un hecho consumado), sino votar una Constitución catalana que formalizase y prestase apariencia democrática al engendro.

Joan Carretero, que lleva también en su programa un proyecto de regeneración de la política por él llamada «nacional», no concurre a las elecciones ligero de equipaje en este sentido. En 2009, a solicitud de los querellantes, la Audiencia de Gerona ha reabierto una archivada causa penal contra él por prevaricación en la recalificación de unos terrenos cuando era alcalde de Puigcerdà. Mas no acaba ahí la cosa. Unos meses antes, en noviembre de 2008, la prensa publicaba que tras su salida de la Generalidad, estuvo cobrando durante casi dos años un abultadísimo sueldo de 32.000,04 euros como codirector de un hospital que aún no había empezado a construirse y del cual sólo existía una maqueta.

Hemos entrado en una nueva era de mayor radicalidad nacionalista si cabe y líderes mesiánicos. Estamos en el año I después de Carretero.

10 de octubre de 2010

Le llamaban Pérez

Aprovechando que estaba en España en vez de por Perpiñán charlando con la ETA, este jueves pasado la emisora COMRàdio entrevistó a Josep-Lluís Carod-Rovira. Podría haber resultado sumamente interesante, una impagable ocasión para preguntarle, por ejemplo, qué requisitos cumplía su hermano Apel∙les cuando lo colocó de embajador de Cataluña en París, la plaza más codiciada; o si le parece bien que los monitores de un campamento financiado por su Govern prohibieran a los niños seguir por televisión la victoria de la selección española en la final del Mundial; o incluso, ya puestos, cómo prefirió el café Josu Ternera durante la reunión entre ambos, si corto de leche, o largo de pólvora y muerte. Pero no. Muy al contrario, se trató de una entrevista obediente, sumisa, servil, felpudesca. Milimétricamente diseñada por el locutor-geisha para el lucimiento y la promoción política del personaje en cuestión, como suelen hacer los medios de comunicación del Régimen con los suyos, con el cacicazgo. Periodismo de altura. A la altura del betún.

Una de las cosas que le escuché al insigne invitado desde su micrófono fue agitar a la audiencia con otro insufrible agravio en la ya interminable lista: que la Generalidad no tiene competencias sobre un aeropuerto tan importante como el de Barcelona. ¿Y para qué quiere manejar el aeropuerto? Vamos a ver, ¿qué capacidad gestora han demostrado él y los suyos? Porque estamos hablando del vicepresidente de un gobierno autonómico que, tras siete años en el poder, ha empobrecido y desindustrializado aún más la región catalana. Del hombre que regaló un millón de euros nuestros a un jefe indio asomado de una selva ecuatoriana. Del mismo que viene enviando muchísimos millones al sur de Francia, a Valencia y Baleares para catalanizarlos. De esa especie de Phileas Fogg con barretina, constantemente embarcado en carísimos viajes transoceánicos que le costeamos aquellos a quienes la crisis nos tiene vedado hacer turismo.

Como acertadamente escribiera Carmen Rico Godoy en Diario 16, el 22 de enero de 1990, sobre los nacionalistas catalanes y vascos:
«Disfrutan de unos estatutos de autonomía con bastantes más competencias de las que son capaces de gestionar de manera adecuada, precisamente porque son incompetentes. Cuantas más competencias tienen, más incompetentes».
El final de esta genuflexa interviú fue apoteósico, auténtico recital de la chulería habitual en nuestro simpatiquísimo trotamundos: especificó que algunos tienen motivos identitarios y culturales para anhelar secesionarse de España; otros, de índole económica. Pero que no se necesitan en realidad razones. Simplemente, se pide la independencia porque a uno le «da la gana». Ea.

La verdad es que los de mi población estamos pensando seriamente independizarnos de Cataluña. ¿Debido a que estamos hartos de golfos envueltos en cuatribarradas, de políticos ávidos de competencias transferidas para mangonear más y mejor?, ¿hastiados de corrupciones, de treses por ciento y teuvetreses, de periodismo simulado y comprado a granel desde los despachos oficiales? Innecesario detallar. Queremos decir adiós porque sí, porque nos da la gana. Según la lógica de Carod-Rovira, ¿también tenemos derecho a ello, verdad? ¿O nosotros no?